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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del sábado, 28 de abril del 2001
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Toros de Núñez
del Cuvillo, nobles, bien presentados pero escasos de fuerza.
Diestros:
- "Joselito",
media estocada (silencio). Estocada en su sitio, que hizo rodar al
toro (leve petición de oreja, saludos). Pinchazo, media (saludos).
-
José Tomás, Estoconazo (dos orejas).
Estocada que lo hace rodar (oreja). Sale por la Puerta del Príncipe.
- Antonio Fernández
Pineda, sufre fractura de la muñeca derecha al ser volteado en el
toro de su alternativa cuando recibió a portagayola. Abandona la
lidia una vez que entró a matar y descabelló. El toro fue rematado
por el director de lidia, Joselito.
El parte médico señala: "contusión en muñeca derecha, con
probable fractura de colles. Pendiente de radiografías. Pronóstico
reservado.
Entrada: Lleno hasta la bandera
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
Marc Levie, El País, ABC,
La Razón.
PortalTaurino.
Francisco Mateos. José
Tomás, "viva el rey"
Anda un mexicano rondando los tendidos de la Maestranza.
Es algo así como el veterano granadino, ése que
lleva los bastones de plaza en plaza, pintoresco
personaje de la España cañí, la de pandereta y faralaes,
aplaudiendo y jaleando los tendidos sólo en favor de aquellos toreros
que le largan ‘tela’. Y ese mexicano que también jalea –en este caso
no sé aún con qué contrapartidas, si es altruismo sólo– le lanzó un
sombrero de su tierra a José Tomás en la vuelta al
ruedo del tercero, paseando las dos orejas. El
madrileño, un bicho raro no sólo ya por su toreo,
sino también por su intrincada personalidad, no suele coger nada de
los muchos objetos que le lanzan al ruedo; qué le vamos a hacer. En esta
ocasión, un arenero le acercó el sombrero y, sorprendentemente, hasta
lo cogió; y siguió con él en la vuelta al ruedo. Sin embargo, no se
había percatado de un detalle, y es que el sombrero azteca llevaba inscrito
en letras de oro un Viva el Rey. Cosas del destino, porque el rey
actual del toreo, sin duda, es José Tomás.
Fue en el tercero, un astado noble pero con las fuerzas
justas. Con capote ya se lució el madrileño, y en
el quite, excelente el toreo por chicuelinas,
apretadas y de verdad. En la muleta, pese a ser bien medido por
Salvador Núñez en dos buenos puyazos, se vino abajo y la faena fue muletazo
a muletazo; pero qué muletazos. Excelentes, a cual con mayor verdad
y hondura. Derecha o izquierda, que el toreo de este madrileño no entiende
de políticas. Los muletazos finales por bajo, con sevillanía.
La espada cayó caída, sí, pero se tiró de verdad y
en rectitud. Dos orejas. En el
buen quinto dictó un magisterio del toreo al natural. Fue haciendo al
toro poco a poco hasta ‘romperse’ con él en una extraordinaria tanda al
natural de final del trasteo. Perfecto con el toro, ligando los muletazos
con profundidad y la verdad desnuda de la tauromaquia eterna, la
de siempre. Pinchó arriba al primer intento y enterró el estoque a la
segunda. Un oreja que le abrió, por segunda vez este año, la Puerta del
Príncipe.
Lo que le ocurrió a Fernández Pineda en el primero
tiene que dar demasiada rabia. Toda la vida
esperando una alternativa soñada como la de ayer en
Sevilla, de auténtico lujo, para que después llegue un inoportuno
accidente y coloque todo del revés. El toricantano recibió al astado
a portagayola, actitud que, si bien demuestra su disposición a la entrega,
no es demasiado lógica, toda vez que se trataba del toro de la alternativa
y cualquier porrazo podía inhabilitarle para el doctorado. Y así
estuvo a punto de ser, porque si bien salió airoso de milagro de la larga,
de pie se embarulló tanto que salió despedido por los aires. Al caer,
el torero se apoyó con la muñeca derecha y ésta se fracturó. Sin embargo,
el sevillano no hizo ningún gesto de dolor y se lo calló. Con los
dos josés, los madrileños, el acto de la alternativa, además de corto
parlamento, resultó frío, con sendos apretones de manos. Antonio Fernández
Pineda trató de basar la faena por la mano izquierda, cuando era
el pitón menos claro, pero el motivo era la fractura. Eso la gente no
lo sabía, y por eso no se entendía que no usara la derecha, pitón más claro
y que, al tener la espada dentro, tenía mayor rigidez para combatir
el viento. Con la espada ya le fue del todo imposible soportar el
dolor, que iba en aumento. Tras dos avisos, el nuevo matador no tuvo más
remedio que dejarle el descabello a Joselito, director de lidia, para
que lo finiquitara mientras él se marchaba a la enfermería. Ya lo decía
al principio, no es lógico recibir un toro de la alternativa a portagayola.
Joselito volvía al escenario de su retirada... y la
primera impresión fue la misma. Dos desarmes en
capote y varios enganchones en la muleta, tristeza
en una faena aburrido a un astado desrazado. Sin despeinarse, por
mucho fijador que llevara. Sevilla, en este toro del regreso, volvió a
poderle. En el cuarto mejoró algo la imagen, pero
duró poco. La faena comenzó muy bien y se hundió
muy pronto, de más a menos. Una lástima, porque el de Cuvillo
tenía transmisión, nobleza y movilidad.
En el último, el que mató por Fernández Pineda, dos
nuevos desarmes: uno con capote y otro con muleta.
No se entendió con el potable astado y acabó su
más que discreta tarde de regreso a Sevilla.
Marc Levie.
PORTE DU PRINCE, DEUXIÈME
José Tomás se profile comme le grand triomphateur de
cette feria d'avril et sort en triomphe, pour la deuxième fois consécutive
en moins de deux semaines, par la Porte du Prince de la Real Maestranza
dont il est devenu le nouvel idole. Porte du Prince une nouvelle fois
discutée et discutable bien sûr, avec un public prédisposé et une
exigence moindre que pour d'autres toreros, mais nouveau triomphe qui
place Tomás sur la bouche de tous les aficionados.
Le grand moment de l'après-midi fut sa première
faena. La musique avait joué pour un spectaculaire quite par chicuelinas,
pieds joints et parfaitement toréées et terminées. Joselito donna la réplique
par gaoneras avec plus de volonté que de brio. Le toro, qui avait poussé
bravement en deux rencontres, arriva sans force au dernier tiers, avec une
noblesse suave mais sans répéter ses charges. Ce défaut ne permit pas
la liaison entre les passes et le toréo de Tomás eut, comme principales
vertus, le temple et la lenteur, une lenteur parfois incroyable qui
dressa, dans la dernière série de naturelles, le public de la Maestranza
alors que la musique joua de bout en bout, clin d'œil de son chef, le célèbre
pasodoble "Manolete". Une magnifique estocade fit tomber les
deux oreilles et José Tomás fit un tour de piste triomphal en tenant
dans sa main un chapeau mexicain.
Les envolées poétiques de la littérature taurine
attribuent aux grands toreros le don d'arrêter les horloges. Lorsque sort
le cinquième toro en piste, il est presque 21 heures mais l'horloge de la
Maestranza est véritablement arrêtée à 20 h 35… Un toro protesté,
peu piqué mais qui parviendra au dernier tiers avec noblesse et mobilité.
La faena, au centre de la piste, sera exclusivement, ou presque, gauchère,
mais cette fois dénuée de temple, la muleta étant trop souvent accrochée
et le toréo en ligne droite. Le meilleur sera la dernière série, liée
sans rectifier la position des pieds et terminée par deux passes de
poitrine très serrées. Une entière au deuxième essai et… l'oreille
qui ouvre la porte mythique.
Infortunée alternative pour Fernández Pineda :
attendant à genoux face au toril le premier toro adulte de sa carrière,
il sera pris, apparemment sans mal. Pour les statistiques, le toro sera
piqué par Antonio del Amo, le travail de cape assuré par Manolo Peña et
les banderilles posées par Santi Acevedo et Manuel Jesús López. La cérémonie
d'alternative, comme c'est souvent le cas avec Joselito, se fera sans excès
de chaleur, par un simple serrement de main. Le nouveau torero se montrera
nerveux devant un toro quelque peu incommode et décomposé en touchant
trop souvent le leurre. Peinant pour tuer, Fernández Pineda, blessé au
poignet depuis la "porta gaiola", se retirera et Joselito achèvera
le toro. Il faut préciser à ce sujet un point de règlement : lorsque le
chef de lidia achève un toro mais que le torero blessé qu'il remplace a
déjà porté au moins un coup d'épée, il doit tuer également le deuxième
adversaire du blessé.
Donc trois toros pour un Joselito apathique, qui n'a
pas renoué les liens avec la Maestranza depuis son désastreux "un
contre six" de 1998. Il abrégea avec le deuxième, compliqué,
auquel Tomás avait réalisé un quite serré, et très célébré, par véroniques.
Il sembla plus décidé avec le bon quatrième, piqué sans doute par le
succès de son compagnon, commençant sa faena assis sur le marchepied
mais la faena se diluera dans les doutes et le manque de continuité mais
si une belle estocade fera sortir quelques mouchoirs (!). Le sixième ne
lui permit pas de redresser le gouvernail et son travail de muleta anodin
passera inaperçu, entre les spectateurs qui quittaient précipitamment
l'enceinte et la Croix Rouge qui s'affairait autour d'une personne ayant
souffert du soleil.
Public heureux, encore plus heureux lorsqu'il apprit
qu'au stade d'Heliopolis, le Bétis venait de battre le Lérida par 4 à
1. Même si une grève de Renfe réduit considérablement les aller-retour
du TGV espagnol, l'Ave, beaucoup de madrilènes sur les gradins :
banquiers, hommes d'affaires, haute société, tous venus voir Tomás. Après
une semaine de diète, la feria a, depuis hier, changé de visage. Depuis
que les figures sont là. Car en tauromachie comme ailleurs, il n'y a guère
de recette miracle : les bonnes corridas se font avec les bons toreros.
El País.
JOAQUIN VIDAL. Tomás
otra vez por la puerta del Príncipe
José Tomás volvió a salir a hombros por la puerta del Príncipe.
Como si estuviera abonado. A lo mejor lo está. Mañana vuelve a la feria
y lo probable es que abra de nuevo este mítico símbolo de la Maestranza
sevillana. Tiene a la gente de cara, es cierto, pero no lo es menos que el
resto del escalafón queda tan atrás que lo ha perdido de vista.
Por donde va arrasa José Tomás, hombre tranquilo, paradigma de la
quietud. Para torear se toma su tiempo... Se lo toma para torear y para
pegarles un baño a quienes le acompañan en el cartel. Entró a quitar en
el primer toro, ciñó tres chicuelinas abrochadas con media verónica,
revolera y lance a una mano, y ya le estaban tocando la música, el público
puesto en pie al borde del delirio.
Joselito, que encabezaba la terna, entró a quites también y sin
embargo se trataba de otro asunto. Perdido el temple y hasta la técnica
del arte de torear con el capote y con la muleta,era la imagen viva (y
dolorosa) de la decadencia.
Tomó la alternativa Fernández Pineda sin lucimiento. Al joven matador
ya se le vio inmaduro cuando se despidió de novillero hace ocho días, y
en esta tarde decisiva se ratificó aquella impresión. Seguramente posee
la vocación y la calidad precisas para ser gente en el escalafón de
matadores, sólo que ha entrado en él precipitadamente.
El toro de la alternativa, un jabonero sin trapío, sacó casta y ese
fue el problema que no pudo superar Fernández Pineda pese al pundonor que
aportó. Y mató mal...
La verdad es que estaba seriamente lesionado. Había recibido al toro a
porta gayola, y cuando se incorporó, le alcanzó el animal pegándole una
voltereta espantosa. Se fracturó Fernández Pineda la muñeca derecha al
caer -de lo que no nos dimos ni cuenta- y de ahí que estoqueara y
descabellara sin fuerza. Hubo de desistir y pasó a la enfermería (de
donde no volvería a salir) mientras Joselito acababa con el toro.
La que le esperaba a Fernández Pineda de seguir en el ruedo era buena.
Para remate de lo que fue una novillada sin trapío e impresentable, le
habían dejado el único toro con cierto respeto de la corrida. Es lo que
suele ocurrir: para las figuras lo mollar y para los modestos lo duro de
roer. Y a eso lo llaman sorteo. Menudos son.
Claro que a veces el destino hace una socarrona pirueta -un corte de
mangas acaso- y a los muñidores de la vaina les sale el tiro por la
culata.
De manera que el toro manso desabrido le correspondió a Joselito. Y
Joselito, sin manso ni temple, desbordado y desarmado, echó las tres
cartas, las cosas como son. Ya las había echado en su primero, que le
arrebató dos veces el capote y otra la muleta. Parecía Joselito un torpe
principiante tirando líneas en los derechazos, aliñando
precipitadamente, tirándose rápido a matar.
En el cuatro sacó tandas de derechazos muy vulgares que se jalearon y
musicaron pues abundaba el joselitismo, aunque a media faena y cuando
trapaceaba naturales cesó esa exagerada manifestación de fervor.
José Tomás traía otros poderes, eminentemente toreros, que se
ganaron al público y a la afición. Sus faenas fueron reposadas, valentísimas,
sin permitirse ni una rectificación ni una duda. Ahora bien, no acertó a
cuajar ninguna tanda completa.Los muletazos se sucedían mejores o peores,
buenos muchos, varios excelsos, mas les solía faltar el temple y la ligazón.
Los finales, en cambio, los creó perfectos: la tanda de naturales con que
remató su larga y premiosa faena primera; los naturales tambien de la
segunda, toda ella realizada sobre la mano izquierda, instrumentando suave
y honda esta suerte fundamental, rematada de maravilla con el pase de
pecho y ayudados de altos vuelos.
Tres orejas cortó José Tomás. Quizá con dos hubiese ido sobrado
pero entonces no habría abierto la puerta del Príncipe. Y la gente se la
quería regalar. Y valía además como símbolo de la distancia que media
entre este intrépido capitán y el resto de la tropa.
ABC. ZABALA DE LA SERNA José
Tomás, de la verdad a la alucinación de la Puerta del Príncipe
Otra vez la Puerta del Príncipe se abrió para José Tomás. Otra cosa
es que fuera de verdad. Aquello fue una alucinación colectiva, un todo
vale. Tanto si los pases salían limpios como si se producía el enganchón
o o si las estocadas entraban por su sitio o no, allí los oles galopaban
por los tendidos y los pañuelos flameaban.
A uno, José Tomás le parece torero de cante jondo y grande. Pero ayer
no. ¿Por qué no adelantó nunca la muleta en su primera faena? ¿Cómo
se puede valorar semejante obra, tan inconexa, con dos orejas? ¿Acaso la
obsesión por Manolete se va a imponer a su concepto de muleta adelantada?
¿Tal vez la admiración por el «monstruo» cordobés vaya a desplazar en
sus interpretaciones todas las excepcionales condiciones que le han aupado
a la cima?
Quienes hemos visto tardes gloriosas de José Tomás no las cambiamos
por nada ni por actuaciones como la de ayer. No. Porque José Tomás
siempre se ha roto con los toros, y ayer su cintura, aun rítmica, no se
quebraba. Para empezar porque no había toros. ¿Qué tiene que ver la
corrida de Núñez del Cuvillo del pasado abril con el anovillado conjunto
que nos soltaron? Bueno para los toreros y para el espectáculo, sí; mas
sus presencias eran ausencias de trapío, en la línea de la feria que
llevamos. O peor.
A José Tomás no le salió el toreo a la verónica y sin embargo la
banda del maestro Tejera —banda en el peor de los sentidos— se arrancó
en un quite por chicuelinas ceñidas y una pareja de medias verónicas de
categoría.
Pronto se abrió a los medios, donde, como dice Ignacio Aguirre, los
toros pesan más. Ahora, yo pregunto: ¿todos los toros piden esos
terrenos? Creo que no. Y este tercero era uno de ellos, cuando durante la
lidia buscó el refugio de las tablas. Claro que hubo muletazos
extraordinarios,cómo no, como los obligados de pecho o los redondos. Pero
la continuidad no se dio. La muleta esperaba siempre detrás de la cadera.
Sin embargo, el bamboleo del trapo en los cites, la colocación auténtica,
la suavidad y el desprecio a los toques y a la violencia hacen del matador
de Galapagar un ser distinto, un torero especial. De ahí, a premiar con
dos orejas, señor presidente, una labor de una, va un mundo y el
prestigio de una plaza.
Al flojito quinto, le hincó la rodilla en el albero para principiar
faena. Todo, o casi, lo planteó sobre la mano izquierda. Apenas media
docena de naturales concluyeron nítidos. Si hace una semana se negó a
salir en hombros en Barcelona, ayer, siendo coherentes, debió decirle que
no a la Puerta del Príncipe. Porque fue un regalo, una alucinación, un
flipe.Ahora pinchó, y de nuevo el acero cayó bajo. Orejita al canto.
Joselito no está mejor que cuando se retiró en el 98. El cuarto toro,
cornalón y escurrido, tal vez fue el mejor para la muleta. Pero ni en éste
ni en los otros pisó nunca territorios comprometidos. Nada le salió.
Tres o cuatro desarmes hicieron aún más triste su actuación.
A Fernández Pineda, la suerte le volvió la cara. A portagayola recibió
al toro del doctorado, un encastado jabonero sucio que apretó lo suyo en
el peto. Sufrió un percance a la verónica, que a la larga le impidió
descabellar y centrarse con un compromiso demasiado difícil para sus
novel condición.
La Razón. JUAN
POSADA. Segunda Puerta del Príncipe para José
Tomás
La expectación en Sevilla,
extraordinaria. Gente y aficionados de todo el país se dieron cita ayer
en La Maestranza, especialmente para ver la actuación de José Tomás.
El torero de Galapagar lo justificó con creces. Aparte de torear a su
primero con muchas calidades, asustó a todos por su impavidez en el
quinto.
El toricantano Fernández Pineda, todo voluntad, se
fue a porta gayola; el lance, casi arrollado. Con la muleta, todo muy rápido.
Interés puso el muchacho pero faltó más aplomo y, especialmente, técnica.
No es posible torear fuera de cacho, es decir en la línea recta, sin
dominar la situación y, lo que es peor, sin mandar al toro como es
debido. Cuando lo hizo, tres pases con la derecha al final, el público
respondió. Mal con la espada, peor con el descabello. Se lesionó en la
mano y dejó la obligación a su padrino Joselito, que lo hizo
certeramente. Pasó a la enfermería.
Joselito, intentos fallidos con el capote, y con la
muleta, desconocido. Sin ganas ni garra inició una faena impropia de su
categoría. Mal colocado, siempre al hilo con el toro, la muleta
retrasada y, la mayoría de las veces, enganchada. Fue desarmado varias
veces y dio sensación de impotencia. Encogido y sin mando resultó una
caricatura de sí mismo. La media estocada, habilidosa, lo mejor de su pésima
actuación. Además, ante unos pititos, pocos, se dirigió a la barrera
con gesto de disgusto para coger la espada. Un desprecio a la afición.
Quiso reconciliarse con el público en un quite en el
toro de José Tomás y el personal, muy condescendiente y dadivoso esta
tarde, le perdonó. Con el buen cuarto, tras un quite por gaoneras
aceptable, inició su labor en el estribo. Lo sacó fuera y algunos
derechazos resultaron buenos. Luego acortó la trayectoria y se dejó
tropezar la muleta. Con la izquierda, dos de tanteo y uno muy bueno.
Pero aquello se iba al traste, lo que pudo ser un gran triunfo quedó en
la más absoluta vulgaridad. Menos mal que marcó muy bien los tiempos
en la estocada final. El respetable estuvo mejor con él que él con el
toro.
José Tomás ya quiso con el capote sin lograr lo que
pretendía. En el quite, mejor. Con la muleta, muy cruzado desde el
principio, en la distancia y siempre con el engaño adelantado y muy
asentado en la arena. Los primeros derechazos, ceñidos y mandones. No
le importó el viento para sacar al toro al centro y allí presentarle
la zurda y cuajar naturales lentos y largos. Un toreo estético y estático
aliñado por su gran personalidad. Todas las miradas puestas en él y
predispuestas al ole. Desde luego que el torero se lo mereció. La última
tanda de naturales, con el toro al paso, sin asomo de duda ni recelo. No
le importó la proximidad de los pitones. Cuatro trincheras con la
izquierda remataron una faena que embrujó al personal. No desmereció
la expectación despertada.
En el siguiente, mejoró su actuación. En esto del
toreo todo es cuestión de valorar lo que hace el torero respecto a las
condiciones del animal. No era un barrabás, tampoco una perita en
dulce. Había que estar en el sitio, pensar mucho y, especialmente,
aguantar. Labor escalofriante por la impavidez del torero, que, sin
enmendarse en ninguna ocasión, salvó algunas tarascadas simplemente
con la muleta, que para eso está. Valor consciente que trasmite a los
tendidos una especie de desprecio por la vida que escalofría y hace que
se levante de sus asientos. Torero carismático que comulga con el toro
y con el personal.
Nota: al cierre de esta edición sólo se llevaban
lidiados cinco toros.
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Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
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