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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 27 de mayo del 2001
Novillada con picadores

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Novillos de Benítez Cubero, inválidos. 

Diestros: 

Entrada: media plaza.

Crónicas de la prensa: El País,  Diario de Sevilla


EL País. ANTONIO LORCA. A la calle

Salió el primer novillo corretón, mareado y con el norte perdido, y no había que ser veterinario especializado en bravo para darse cuenta de que estaba inválido por enfermedad o dopaje. Se cayó de rengado tras el primer picotazo y, después de algunas dudas, el presidente, que no es veterinario, ordenó su devolución. Salió el sobrero también inválido; siguió el segundo y tampoco podía mantenerse en pie. El tercero no se cayó y el usía respiró. Pero el cuarto volvió a las andadas y el presidente miró hacia otro lado, y lo mismo ocurrió con el quinto; también se cayó el sexto, pero como era el último, lo devolvió. Estrategia se llama eso.

Así se las gastan los presidentes modernos que miran más por los intereses de las empresas que por los de los espectadores. En pura justicia, el presidente, después de devolver la novillada completa, debería haber llamado al ganadero y con la voz firme que caracteriza al policía con autoridad, haberle espetado: ¡usted también a la calle! Como no ocurrió ni una cosa ni otra, alguien debería tomar cartas en el asunto y despedir al presidente, y eso que ganaríamos todos.

Como es fácilmente imaginable la novillada resultó un tostonazo. Lo dicho: los novillos parecían enfermos o drogados, o es que esta ganadería está por los suelos. Lo cierto es que formaron un conjunto de inválidos impropios para la lidia; y allí estaban tres chavales que pasaron desapercibidos porque pagaron los platos rotos y se contagiaron pronto de los defectos de sus oponentes.

Ángel Romero mató a su segundo de una gran estocada y nadie dijo ni pío. La verdad es que había estado pesado ante un muerto en vida, pero tampoco había mejorado su actuación en el primero, también ayuno de fuerzas, al que toreó con evidente voluntad, pero sin atisbo de personalidad.

Por su parte, Abraham Barragán, muy animoso toda la tarde, cortó la primera oreja del ciclo novilleril -un triunfo de poco peso- porque fue capaz de ligar dos tandas de muletazos a una caricatura de animal bravo. Muy decidido, al novillero se le atisban buenas maneras, pero no pudo desarrollarlas porque su pelea fue muy desigual. El chaval era mucho más fuerte y más bravo que su oponente. Igualmente decidido en el quinto, alegre y pundonoroso, no pudo más que trazar algunos pases estimables antes de fallar reiteradamente con el estoque. El único novillo potable le tocó a Antonio José Blanco y lo desaprovechó. Da la impresión de que le adornan escasas cualidades y su toreo peca de celeridad. Lo intentó con más calma en el último, pero, a estas alturas, ya nada tenía remedio


Diario de Sevilla. LUIS NIETO. Abrahám Barragán se estrena en La Maestranza con un triunfo

Los derrotes del termómetro en Sevilla tiraban ayer a la yugular; cual marrajo. Por ello, a las siete de la tarde, con la piedra muy calentita, observamos abandonos de aficionados conocidos. El éxodo a las playas está a la vuelta de la esquina y a la Maestranza, en breve, sólo acudirán los cabales y güiris, que ayer hicieron acto de aparición.

Abraham Barragán -con nombre de patriarca- fue precisamente el patriarca del espectáculo, el triunfador, gracias a una faena con medida, buenas maneras y que remató acertadamente con la espada. Una faena premiada con la única oreja del festejo.

Barragán, un albacetense que se presentó ayer en Sevilla, logró el trofeo en su primer novillo, un animal muy noble y flojísimo, al que picaron mal y que tuvo clase en la muleta para dar y tomar. El torero, con verónicas eléctricas, estuvo luego muy dispuesto. Después del intento de un fallero, citando en los medios, con el novillo aculado junto a tablas sin que acudiera, replanteó la apertura de faena con tres estatuarios en los tercios. En los medios, cuajó dos buenas tandas con la derecha, cerrándose la última con el cornúpeta perdiendo las manos. Al natural, en dos series, estuvo más templado y se gustó. La faena, medida y con buenas maneras, la rubricó enterrando el acero en una estocada muy bien ejecutada para cobrar merecidamente la única oreja de la tarde.

Barragán, con el mejor lote, tuvo otro astado noble como segundo, al que le picaron lo justo; pero que tardeó una barbaridad. A este novillo le prendió dos buenos pares de banderillas Tomás Pallín. El diestro, con buen aire a la verónica, puso empeño en una labor que no pasó de porfiona por ambos pitones. En esta ocasión falló con la espada y precisó de tres pinchazos y media para liquidar al astado.

Abrió cartel otro debutante, Ángel Romero, todavía tierno. Su primer novillo, chico, nobilísimo y flojísimo, fue devuelto. El novillero, sin relieve en los lances de recibo, fue arrollado cuando intentaba llevar al caballo al astado, que le propinó una paliza. Ante la claudicación del cornúpeta, el presidente sacó el pañuelo verde y saltó un sobrero justo de trapío, que tenía las fuerzas mínimas. Le cuidaron en el caballo. Y Romero, más compuestito a la verónica, con un esparadrapo aparatoso en el muslo izquierdo se metió en una labor pródiga en cuanto a extensión, pero sin contenido. El animalito, noble, se defendía por su excesiva flojedad, pero sin maldad alguna. Romero se hartó de dar pases y pases y pases que no decían nada, con algunos enganchones e incluso un desarme. En un cite con la zurda, mal colocado, el novillo lo arrolló. Para colmo, estuvo desacertado con los aceros.

El cuarto se dejó pegar en varas y llegó a banderillas con la cara alta. Romero, vulgar en el capote, no tuvo opción al lucimiento con un morlaco que se defendió, aunque sin especial peligro. Mató de una estocada hasta la empuñadura de efecto fulminante.

Cerraba plaza Antonio José Blanco, un sanluqueño que fue cogido el año pasado en esta plaza en su presentación. Blanco, ayer, lo vio negro. Estuvo por debajo de su primero, un novillo muy noble, cumplidor en el primer tercio, que esperó en banderillas y fue repetidor en la muleta. El diestro, desigual con el percal, logró unas buenas verónicas en un quite. Con la franela le sacó dos tandas entonadas, pero aceleradas, por el pitón derecho, en una faena larga en la que el animal se rajó. Mató mal y fue silenciada su labor, entre tanto el público aplaudió al novillo.

Como sexto saltó un auténtico toro en trapío, que fue devuelto por inválido. El segundo sobrero, bien presentado y noble, hizo una aceptable pelea en varas. Luego, en la muleta, reservón, se desplomó en algún momento, otras veces topó, en algunas ocasiones salió suelto y en otras se comportó distraidamente. Blanco, en esta ocasión, se vino arriba en una labor porfiona con ambas manos, aunque pasada de metraje. Mató mal y escuchó un aviso.

Abraham Barragán fue el triunfador de un festejo en el que la dulzura de los Cubero-Pallarés fue por momentos como la mermelada; con varios astados derretidos en sus fuerzas. Y con mayor capacidad que sus compañeros, el albacetense Barragán, con nombre de patriarca -Abraham-, se marchó del templo del toreo con una sonrisa feliz.

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