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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del jueves, 26 de abril de 2001

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Alcurrucén, de desigual presentación, mansos, sin raza, sin clase y sin fuerza. 

Diestros: 

Entrada: tres cuartos de entrada.

Banderilleros que saludaron: José Antonio Carretero, de la cuadrilla de Manuel Caballero, en el 4º de la tarde.

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, Marc Lavie, ABC, El País. 


PortalTaurino. Francisco Mateos. Como decíamos ayer...

Como decíamos ayer... La Feria de Abril sigue sin ‘romper’. No hay tregua para abatir al aburrimiento. Y ayer, además, con dos monumentales sustos en sendas volteretas. Nada, que no hay manera.

Cuando no son los toros, son los toreros, y cuando no son los toreros, entonces son los toros. Vamos, que se une el hambre con las ganas de comer. Mal asunto. Además, se palpa en el ambiente que se está esperando de nuevo a José Tomás como maná que puede caer del cielo. No está siendo, hasta ayer, una buena Feria. A partir de esta tarde llegan las figuras; y el AVE cargado de muchas chaquetas con claveles en las solapas deseosos de juerga y jarana. Ya veremos...

El primero de la tarde cantó desde su salida su condición de manso. Manuel Caballero, triunfador el año pasado del ciclo abrileño, logró agarrarlo en la muleta, que no era misión fácil. Los muletazos no tuvieron la vibración necesaria por la sosería del astado, y Caballero se justificó.

El segundo fue otro manso pero que, a diferencia del primero, quería ‘romper’ en la muleta. Sin embargo, para ello, necesitaba de un torero capaz y muy entregado, y en esta ocasión no lo encontró en Rivera Ordóñez. Las pocas veces que el torero se decidió, el toro iba; e iba por los dos pitones. Pero había que cruzarse mucho, meterse en sus terrenos, pelearse con él, a la cara o a la cruz, incitarle y provocarle la embestida. No lo hizo Rivera y el toro, un manso que podía haber sido de oreja, porque tenía mucha transmisión, con un astifino pitón derecho, se fue enterito para el camión que lo trasladará a la incineradora.

El tercero, además de mansito, estaba sin fuerzas. Le propinó a su matador, Eugenio de Mora, una fenomenal paliza al intentar lucirse en el quite; se salvó de la cornada por puro milagro, que andaba Ramón Vila encaminándose por el callejón a la enfermería. En la faena de muleta le plantó cara a un toro ya muy apagado, que protestaba a los cites y tiraba gañafones al cuerpo del torero.

Muy interesante la labor de Caballero en el cuarto astado, un animal noble pero con las fuerzas justas pero que tenía dentro dos o tres tandas buenas de muletazos. Duró muy poco, pero dio tiempo a saborear una extraordinaria tanda de toreo al natural del torero albaceteño, enganchando por delante al animal y desplazándolo con la mano muy baja, e hondos muletazos. Mató de estocada.

No sé quién tenía menos ganas, si el quinto toro o Francisco Rivera Ordóñez, su matador. El toro, soso como él solo, y el torero aburrido como un adicto a Gran Hermano. Los aficionados ya habían puesto en duda el interés taurino del toreo de Rivera Ordóñez desde hace un par de temporadas, y ahora, el globo de su popularidad entre el sector de público sin demasiados conocimientos taurinos también se va desinflando. Mal asunto. Cuesta arriba se pone la temporada de Rivera Ordóñez. Las indulgencias tienen fecha de caducidad.

El sexto, que se emplazó en los medios sin obedecer a los capotes que le enseñaban desde los burladeros, cogió de forma escalofriante en el tercio al banderillero José Ignacio Rodríguez, que salió a las afueras para pararlo. Otra vez, como en el caso de su matador en el segundo, hubo suerte y salió indemne de la voltereta. De nuevo una faena más que interesante de Eugenio de Mora, que fue desengañando al reservón y paradito toro de los hermanos Lozano. Lo fue haciendo poco a poco y logró que terminara embistiendo por el pitón derecho.


Marc Lavie. PFFF…

Corrida soporifique dans son ensemble : un lot éteint et de peu de contenu d'Alcurrucén, donnant un spectacle fade et sans relief.

Caballero a eu le lot le plus maniable : un premier qui, sans être d'une grande caste, eut une charge douce mais il n'en trouva ni la distance, ni le rythme et la faena fut grise. Il fut plus inspiré avec le quatrième, qu'il comprit bien à gauche et dont il tira deux bonnes séries de naturelles.

Rivera Ordóñez ne put briller avec le deuxième, qui se déplaçait sans classe et la faena fut transparente. Le cinquième renversa le picador Francisco López mais s'arrêta, épuisé, à la sortie des piques et n'avança pas plus qu'un meuble au dernier tiers. Les tentatives du torero, pour la bonne conscience, ne purent sortir de la torpeur ni toro, ni public.

Eugenio de Mora fut pris sèchement en tentant une caleserina au troisième, un toro faiblot, court de charge et vite éteint, ne permettant pas plus de brio. Le sixième s'avéra violent et compliqué à sa sortie, bousculant le banderillero "El Puchi". Eugenio de Mora, gêné dans sa vision de l'œil gauche par des grains de sable, le toréa avec intelligence sur la droite, le toro n'avançant plus du côté gauche, obtenant la faena la plus consistante du jour, obstinée dans les appels à la courte distance et ferme dans les positions. Il le tua d'une entière en arrière au deuxième voyage, en terminant ainsi avec deux heures d'ennui.

Les banderilleros, en particulier Curro Molina et Carretero, furent les toreros les plus brillants de la soirée. Et c'est vrai que toutes les cuadrillas mettent un point d'honneur à briller à Séville plus qu'ailleurs. (M.L.)


El País. JOAQUIN VIDAL. Fiesta morucha

Sacaron toros moruchos para estar a tono con la fiesta morucha que se tienen inventada. Morucho -ya se sabe- es la falta total de casta, de bravura, de orden y de concierto. Toros moruchos son los engendrados con dudosa paternidad, aquí te pillo, aquí te mato.

Toros moruchos en el redondel para unos aburridos pega pases: ¡Arsa!, ¡Óle!, ¡Alegría alegría!, ¡Y no tiene novio!

Y, en efecto, consiguieron aburrir de muerte al personal.

Tiene bemoles porque, aburrido y todo, el personal se ponía a aplaudir. No todo, sólo parte.Tiraba de él ese personaje que va por las plazas y las ferias poniendo en funcionamiento la claque taurina y conseguía que corearan sus palmoteos los vecinos de localidad. Cobra por ello, claro. Y lo hace con gran eficacia, pues lleva en ese curioso oficio toda la vida.

De manera que se ponía Manuel Caballero a pegar unos pases malísimos, Rivera Ordóñez a reencarnar la insustancialidad del ser en versión coletuda, Eugenio de Mora a vaciar sus desaforados afanes pegapasistas, y la plaza entera permanecía silenciosa; hasta que, al rematar cada cual su vaina, el de la claque restallaba su potente plas-plas palmoteando unas manos que tiene como adoquines, e incitaba el palmoteo de los infelices de alrededor.

A veces alguien pedía que se callaran... "¡Chist!", "Ya está bien de cuento", se oía por algún lugar del graderío.

Alternativamente se oían las llamadas de los teléfonos móviles. El año pasado, y aún el otro, si sonaba un teléfono móvil en la Maestranza los celosos custodios del arca de los tópicos se volvían indignados porque oír timbrazos en el templo del arte “no-se-pue-aguantá”. Hoy ya no se atreverían tanto, pues sería exponerse a que les dijeran "Amos anda" y los llamaran tontos de remate.

Eugenio de Mora sufrió un volteretón al iniciar un quite al tercer toro echándose el capote a la espalda. No pasó nada, afortunadamente y siguió tan pancho. Sin embargo, a poco de salir el sexto, y sin que hubiese trascendido ningún percance, Eugenio de Mora se puso a hacer gestos de dolor, se tapaba con las manos un ojo, se lo miraron las gentes del callejón... Al parecer fue un chinazo. Los toros, da igual que sean encastados o moruchos, al embestir levantan polvareda con las pezuñas y tiran chinazos.

Hasta ese sexto toro morucho hubo que llegar para ver los primeros muletazos ligados de la tarde. Manuel Caballero los había dado seguidos a una especie de mármol cuando le daba la gana de caminar, y entonces fue la banda y le tocó la música. No obstante paró poco después, al sucederse los enganchones durante el conato de naturales trapaceros que Manuel Caballero pretendía meter.

La faena de Eugenio de Mora al sexto en nada se parecía a la que le perpetró al tercero. La del tercero sumió en un intenso sopor a las buenas gentes que habían tenido el detalle de acercarse a la Maestranza. Cierto que no alcanzó tan bajas cotas como las de Rivera Ordóñez, que sentaron bastante mal a los visitantes y estuvieron a punto de poner pies en polvorosa. Y, en fin, se redimió un poquito Mora en el transcurso de su voluntarioso e interminable quehacer al sexto, provocánole la arrancada y excitándole un celo del que carecía.

Toros moruchos no hacen fiesta, salvo si se pretende que sea morucha. Y es justo reconocer que en este aspecto ofrecieron un recital. No se hicieron esperar: el primero de la tarde hubo de ser picado por chiqueros y protestó la vara tirándole coces al caballo. Estos son síntomas de mansedumbre, por supuesto, pero la mansedumbre es una particularidad -en efecto no deseada- en la casta brava, mientras la moruchez excluye cualquier parecido con el toro de lidia.

Ahora bien, cuidado con la denominación porque el vocablo morucho es totalmente racista y hasta un poco xenófobo. Morucho viene de moro, sinónimo de no bautizado o rebeco, que decían en pasadas centurias. Lexicográficamente pertenece a la categoría de la judiada, que se aplicaba para casos de perversidad.

Uno lo advierte y se apresura a declarar públicamente que no es racista ni nada y que si empleó el término es porque se trata de uno de los clásicos de la jerga taurina. Mientras, los expertos podrían estudiar su sustitución por otras voces en absoluto racista ni xenófobas, y acordes con los tiempos que corren. Uno propone, de momento, "hijo biológico de vaca soltera y su pareja de hecho"; literariamente, "fruto del amor".

Cosa buena hubo en la corrida: duró una hora menos que la abusiva función de dos días antes. Es decir, que con un par de horas se resolvió la función. Ahora bien, caía la noche. En abril, pasadas las 9, cae la noche.

Los abonados de la Maestranza están molestos con el cambio de horario de las corridas de feria, que antes empezaban a las seis y media y ahora son a las siete. Y han hecho averiguaciones. Y se ha descubierto que ha sido para suprimir las entradas de sol y sombra, que ahora son de sombra y, por tanto, más caras. Así que ¡Arsa!, ¡Óle!, ¡Alegría, alegría!, ¡Y no tiene novio!


ABC. ZABALA DE LA SERNA. La tenacidad de Eugenio de Mora

Hace falta tener más imaginación que Walt Disney para inventarse una crónica de la corrida de ayer. O ser más cabezón que Eugenio de Mora para acorralar el triunfo, pero en la persecución de la prosa en este caso. A Eugenio se le ve la constancia en la cara y en esa ceja sin interrupción, de gesto tenaz e inasequible al desaliento. A otros se les intuye por el rostro distintas virtudes, como la bondad. Como a Juan Silveti, hijo del «Tigre de Guanajuato». Al maestro mexicano le desborda ahora la ilusión por un chavalito del que habla y no para. Se llama Alejandro Amaya y, según corroboran voces cualificadas, parece que sus muñecas se rompen en cien cristales con el capote y se paran con la muleta. Habrá que verlo. Si en España hacen falta nuevos valores, ni les quiero contar en México.

Los aforos registrados durante el invierno ido en el coso de Insurgentes han hecho sonar las señales de alarma. Ojalá funcione el chamaco. Por el bien del toreo en el país hermano y de la Fiesta en general. Claro que, como algunas cosas sigan igual, aquí tampoco nos espera un porvenir halagüeño. Con muchas tardes como la de ayer, los públicos se acabarán yendo. Cómo sería la cosa que una de las más fuertes ovaciones se la llevó un picador por aferrarse a la silla como gato panza arriba.

Ahora, en la próxima semana, se producirá el aluvión, para que los voceros pregonen a los cuatro vientos que hay más afición que nunca. Pero, de momento, aquí en Sevilla no ha habido un solo lleno más que el del Domingo de Resurrección.

Desgraciadamente, los momentos de máxima emoción vinieron de la mano de volteretas y achuchones. A Eugenio de Mora, el tercero le pudo hacer mucho daño cuando se echaba el capote a la espalda en un quite. Después se desinfló como un globo. El torero de Mora de Toledo no se dio por vencido y por el camino de la mencionada tenacidad le arrancó largos muletazos sobre ambas manos al tardo sexto, que de salida se llevó por delante a Luis Fernández. Con la firmeza, la ligazón y la insistencia como armas, se inventó una faena.

VEINTE ARRANCADAS

Los toros de Alcurrucén duraban menos que un puñado de caramelos a la puerta de un colegio. Algunos, como el quinto, ni eso. Rivera Ordóñez tuvo más opciones con las veinte primeras arrancadas de su astifinísimo toro anterior, muy mal lidiado, por cierto. Curro Molina, que es de lo mejorcito de la torería plateada, se desmonteró tras repartir por el lomo los arpones. Nada nuevo.

Caballero desgranó una actuación técnica. Rivera le había enseñado el pitón izquierdo del distraído primero en un quite. Un par de series adquirieron buen tono, pero a medida que avanzaba la faena más se fijaba el morlaco en los tendidos y menos en el engaño. Al cuarto, Carretero le provocó la arrancada muy en corto, para parear valeroso. Parecía que iba a dar más de sí. Justo cuando el albaceteño le cogía el aire sobre la zurda, tras un par de series diestras, se apagó sin intermedios.

 

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