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REAL MAESTRANZA DE SEVILLA

Tarde del miércoles, 25 de abril de 2001
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Torrestrella, de diferente presentación y jueho. En general, con escasa fuerza. El tercero -el mejor- se echó a perder al volteretearse.

Diestros: 

Incidencias: el matador Víctor Puerto tuvo que ser atendido en la enfermería de una contusión en la región costal derecha, al ser golpeado por el 2º de la tarde. Pronóstico leve que no le impide continuar la lidia.

Entrada
: más de tres cuartos de entrada.

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, ABC


PortalTaurino. Francisco Mateos. Oreja a las ganas de Víctor Puerto

La corrida de Torrestrella fue otro desastre ganadero. A la Feria de Abril le está costando trabajo ‘romper’. Los escasos triunfos se producen por impulso del bondadoso público, pero el material está

Cuando el toro falla, aciertan los toreros, y cuando aciertan los toreros, fallan los toros. O sea, que o nos ponemos de acuerdo –vamos, ellos–, o se va al garete la cosa taurina sevillana. Bueno, aunque aquí, en esta bendita Sevilla, que es una santa e indulgente con todo Dios –ya que estamos en plan eclesiástico–, nunca pasa nada, que para eso la plaza va a seguir estando ahí.

El primero fue una tomadura de pelo, o más bien un robo a mano armada. Y lo que es peor, consentido por la autoridad. Ya se sabe que aquí, en Sevilla, eso de protestar no casa, que parece que es cosa de paletos o gente ruda, que aquí, lo del respeto se lleva hasta extremos insospechados, tanto que, en un extraño efecto boomerang, el mal se dirige contra quien no tiene culpa. ¿Es que acaso la normativa dice algo de que el toro se devolverá en función a la intensidad de las protestas por su manifiesta flojedad, o que, según el Artículo 33, la autoridad debe velar porque el espectador reciba un espectáculo íntegro? Entonces, ¿por qué razón, aunque no hubiere protestas, el presidente no devolvió un toro que desde que salió por chiqueros llevaba un palmo de lengua fuera, sin integridad física alguna? Ya digo, un robo de cartera consentida por la autoridad, la Administración andaluza en este caso. El Cordobés, creo, que hasta le vino bien, porque no pareció que se enfadara demasiado por apechar con un inválido.

El segundo se movió algo en la muleta de Víctor Puerto, pero sin calidad en su recorrido. El diestro manchego-sevillano se lució con capote, en un quite de frente por detrás tan sólo con la mitad del engaño, doblado por su centro. Puerto estuvo por encima de sus condiciones, con demostradas ganas. Al dejar la estocada fue prendido por el pecho de forma escalofriante, aunque todo quedó en el fuerte palotazo en el vientre.

Lo del tercero fue otro robo a mano armada. El astado de Torrestrella tenía mucha calidad en su embestida, bastante noble, pero se partió por la mitad en una voltereta antes de ser picado. Así, el animal ya no pudo con su alma. Allí, tan bonico, tan negro, con la boquita abierta, casi pidiendo ayuda y clemencia, daban ganas de llevárselo a casa para cuidarlo, un animal lisiado. Y la autoridad, sin decir esta boca es mía, que aquí traga hasta el apuntador. Dávila Miura, que sigue sin cogerle el aire al capote, lo intentó, ingratamente, con la muleta. 

Con el cuarto había que enfadarse y pelearse. Y así lo hizo, esta vez sí, un más animoso Manuel Díaz, que logró series sobre la mano diestra de cierto interés. No obstante, el toro tenía escasa raza y no embistió ni con claridad ni con calidad.

Ninguno como el propio Víctor Puerto creyó en las posibilidades del quinto astado, en el que se empeñó en extraer faena fuera como fuera. Y ese fuera como fuera encerraba mucha entrega y temple, así como la suficiente paciencia como para poder desengañar al astado y que rompiera en la franela. Las tandas por la mano diestra fueron medidas y tuvieron vibración y contenido. Con la izquierda se le coló en dos ocasiones y ya no volvió a intentarlo; también Puerto se dejó ver más de la cuenta. Con la espada no se precipitó y agarró una buena estocada que le valió la oreja.

El último quedó muy templadito para la muleta de Dávila Miura, que cambió su habitual poder con los toros por una suavidad en el toreo al natural, sin obligarle demasiado. Temple y gusto en el trazo de los muletazos, en buen tono. Pinchó a la primera y agarró la estocada en la segunda intentona.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Lección de toreo a dos manos de Víctor Puerto

Antes, que es indefinido, el toreo a dos manos se practicaba más. Su repertorio, amplio y torero, ha caído en desuso, en beneficio de la uniformidad y la linealidad de ideas. Ahora, se abusa del circular, invertido o no, como máxima expresión de creatividad. Pocas veces se admiran los muchos recursos que aporta el toreo ayudado. Ayer disfrutamos de una de ellas, gracias a Víctor Puerto, que impartió una lección: por alto o por bajo, genuflexo o con la verticalidad mantenida, el kikiriquí, el molinete zurdo o el pase del desdén, hasta el cambio de mano por delante, que algo de apoyo encuentra en la espada para alargar sobre la izquierda lo que se inicia sobre la derecha.

Bien por Puerto, que sigue en esa línea de seriedad y aplomo, aunque le sobren algunos tiempos muertos. De nuevo encontró el camino del triunfo, como en Valencia, con una corrida de Torrestrella que, sin ser como aquella, fue de menos a más. Al quinto le cortó una oreja a ley. Manseó el toro en el caballo, pero sacó casta en la muleta. Sobre las piernas construyó un principio de faena vibrante y pleno de torería. Luego se empeñó en cambiarle el viaje por la espalda en cite lejano y arrojado. Y lo consiguió. Empalmó redondos largos, ligados. Así, un trío de series que murió en una trincherilla de cartel de toros. Pasó por la suerte natural de puntillas: el torrestrella le había dado nones con violencia. Y llegó el cierre, explicación magistral de una variedad de muletazos olvidados. Debió matar entonces en lugar de meterse en una tanda de derechazos que no aportó nada. El espadazo en todo lo alto, perfecto en colocación aunque perdiera la muleta, precedió al premio. Atrás quedaron una primera labor con más voluntad que material para desarrollarla, un quite por gaoneras con medio capote, otro por apretadas chicuelinas y una verónica y media cabales. Aparte de un atragantón a la hora de matar que nos encogió el alma.

CON DIGNIDAD

El Cordobés anduvo digno con su gordo y parado primero y le puso ánimo al noble cuarto, que, aunque no humillara todo lo deseado, dio juego notable.

Fue una pena el volatín que sufrió el tercero. Apuntaba condiciones para ser un toro importante, pero quedó dañado de los cuartos traseros de manera irreparable. Dávila además lo atacó mucho con la muleta.

Del sexto reseñamos la brega perfecta y medida de Juan Montiel y un par de Paco Peña durante un gran segundo tercio. Ahora el diestro sevillano pulió más sus formas, a veces sobradas de violencia, y tiró con mayor temple y mando de las embestidas en loables naturales. Mas se metió después en la cosa del circular y pinchó, en ambos sentidos.


 

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