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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del martes, 24 de abril de 2001
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de El Pilar, bien presentados y justos de fuerza. El segundo fue devuelto por inválido. El quinto es devuelto al romperse un asta. El primer sobrero de Los Derramaderos (Carlos Núñez), devuelto por inválido.

Diestros: 

Incidencias: el festejo tuvo que ser suspendido durante 15 minuntos por romperse un portón de la barrera al ser golpeado por el caballo del picador, en el 2º de la tarde.

Entrada: más de media entrada

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, Marc Lavie, El País, ABC


PortalTaurino. FRANCISCO MATEOS. Murieron con las botas puestas

Fue premonitorio. El caballo encargado de ejercer la suerte de varas en el segundo toro se desbocó y partió el cerrojo del portón del era de triunfo. La obsoleta plaza de Sevilla, tan incómoda ella, puso de manifiesto que no es normal que tenga página en Internet y se le caigan los cerrojos, o que haya que parar media hora la corrida para intentar arreglar el desaguisado, o que se pase una tablilla a tiza –es prehistórico; ¿para cuándo la megafonía?– tan tarde que cuando los últimos la leían ya habían pasado los diez minutos que anunciaba de aplazamiento.

Y de los de El Pilar, al menos tres se debieron ir sin una oreja: primero, segundo y, sobre todo, tercero. Con el primero falló a espadas Eugenio de Mora, y con los otros dos no llegaron a sus calidades, en distintos grados, Juan Bautista y El Cid.

El primero de Eugenio de Mora se dejó por el lado derecho. El toledano lo aprovechó en tandas de muletazos seguidos y ligados con los de pecho o bien algún cambio de mano. Cuanto mayor proyección tomaba la faena, el torero decidió probarlo por el lado izquierdo, pitón por el que se le coló dos veces con el capote. Y no había corregido el defecto, por lo que bajó de tono el trasteo. De nuevo con la pañosa en la derecha, el trasteo tomó bríos. Buena actuación –como ya hiciera el pasado año en esta misma fecha de comienzo del ciclo– de Eugenio de Mora, que dejó una estocada desprendida que pronto expulsó, precisando del uso del verduguillo.

No fue fácil estar delante del cuarto, que era pegajoso y se colaba. Muy firme de nuevo Eugenio de Mora, más técnico en esta ocasión. La faena fue bien valorada por el público maestrante. En esta ocasión cobró una buena estocada a la primera, la que le faltó en el primero.

El segundo de la tarde fue devuelto por inválido. El sobrero, sin ser un dechado de virtudes, se dejó por los dos pitones, se desplazaba, pero Juan Bautista no lo entendió. Se dejó enganchar la muleta y no le bajó la mano, sin cogerle el pulso necesario al temple que exigía el toro. No estuvo bien el joven diestro francés, que se dejó ir la oportunidad en este primero de su lote. El silencio de su balance fue de los que duelen.

El quinto se partió un pitón y fue devuelto por un sobrero de Los Derramaderos, una mierda de toro por dentro y por fuera, que rodó como una peonza y fue devuelto. Salió otro sobrero de Los Derramaderos, sin trapío alguno y soso. Dio tantos muletazos, todos vulgares, que viendo a su apoderado, Roberto Espinosa, creo que hasta a él lo aburrió. 

Se acordará durante mucho tiempo El Cid, sevillano hecho en Madrid que debutaba como matador en Sevilla, del tercero de la tarde, de muy buen juego, con recorrido y nobleza por los dos pitones, desplazándose con calidad. Pero El Cid se lo dejó ir. Tardó en entrar en faena y cuando entró no estuvo al nivel que el buen toro salmantino de El Pilar exigía. Mejor por el derecho, pero sin llegar a sacar todo lo que tenía. Además, falló con la espada. En algunos momentos parecía que el toro, que no le hizo ni un solo extraño, era el auténtico artífice de la faena. Ya digo,sin ser un petardo del torero, se lo dejo ir; en Sevilla, en Feria de Abril.

Con el inválido y noble sexto, con altibajos, pero más correcto. Pero ninguno de sus muletazos interesaron.


PortalTaurino. Marc Lavie. LONGUE ATTENTE.

Corrida interminable où les intermèdes ont pris doucement le pas sur le temps de spectacle effectif. Il n'y a qu'à Séville qu'on arrête la corrida pendant demi-heure pour changer la serrure d'une porte sans être importuné par une seule protestation. Il est vrai qu'on est si bien dans cette Maestranza, à voir le ciel changer et la Giralda doucement s'éclairer dans la nuit.

Divers incidents ont donc émietté une intéressante corrida de "El Pilar", qui n'était pas encore à point au niveau du trapío mais qui a considérablement servi les toreros.

Eugenio de Mora, qui semble davantage inspiré lorsqu'il se produit à Séville, affronta en premier lieu un toro haut, lourd mais d'une douce noblesse, qu'il toréa remarquablement d'entrée par deux séries à droite qui furent, peut-être, les meilleures du jour. Il le toréa bien tant qu'il lui masqua la vue de son adversaire avec la muleta. Mais le toro, qui n'avait rien d'idiot, l'avertit sérieusement dès qu'Eugenio se découvrit à gauche, ce qui lui fit perdre les marques et délia la sauce. Le piquant du quatrième ne lui permis pas de se décontracter rapidement et il tarda à en prendre le rythme. Mais son effort, inégal en qualité, déboucha quand même sur deux séries bien centrées et une magnifique estocade.

Juan Bautista a joué de malchance dans un rendez-vous d'une grande importance pour le reste de sa temporada. Ses deux toros furent changés et il dut s'user les nerfs à attendre la réparation de la serrure. Ce n'est pas le meilleur Juan Bautista qu'on vit face au deuxième, un toro faible mais noble et de bon son. Il l'aborda par deux jolies séries à gauche, bien templées, mais fut désarmé sur une passe de poitrine et ne remonta pas ce creux devant un toro qui méritait plus d'illusion et qu'il tua d'une entière tombée. Difficile, en revanche, de lui reprocher quoi que ce soit face au cinquième ter - un Núñez petit mais manso, violent, compliqué, qu'il sut attendre avec calme, en exposant au maximum mais sans résultat artistique possible – si ce n'est qu'il tua d'une lame basse défectueuse.

Le torero qui sort de cette corrida avec le plus d'ambiance est le local.. "El Cid". Pas de Valence mais de Salteras, une bourgade près de Séville. Il est vrai que le Cid a touché en premier lieu le toro de la journée : bien fait, bravito en deux rencontres et d'une vibrante, d'une majuscule noblesse. La faena, presque exclusivement droitière, ne manqua pas de cachet, toréant avec aplomb, la main basse, par l'intérieur. Il manqua aux séries un peu plus d'intensité – une ou deux passes de plus – et davantage de naturelles pour en faire une grande faena à la hauteur du toro. Il perdit sans doute une oreille en s'y prenant à trois fois pour loger une entière tombée. Desservi par une cuadrilla d'apocalypse, Ce Cid nous plut davantage avec le sixième, haut, maigre, laid, piqué et banderillé dans la confusion, devant lequel il s'affirma tranquille et posé et qu'il toréa avec bon goût sans parvenir, à nouveau, à terminer aussi bien qu'il avait commencé. Mais il laisse une bonne impression et l'envie d'être revu.

Les deux derniers toros furent combattus de nuit, les spectateurs quittant peu à peu les gradins avant le terme de l'une des corridas les plus longues célébrées à Séville. 


El País. JOAQUIN VIDAL. Esta vez fue por una puerta

La corrida duró tres horas. Esta vez, aparte los habituales excesos derechacistas de la grey coletuda fue por una puerta. Y también por un cuerno que se rompió; por un tonto de remate que había anidado allí. A la Maestranza, templo del arte, nos queremos referir, naturalmente.

La puerta se la llevó por delante un caballo de picar. Acaecío en el transcurso de una de las múltiples caídas de inválido que soltaron en segundo lugar. Pegando batacazos, el animalito acabó a los pies del caballo, que se debió asustar, huyó hacia la barrera, chocó con la puerta que da a la del Príncipe, arrancó de cuajo el cerrojo y se metió en el callejón.

El presidente, que hasta entonces había estado haciendo el Don Tancredo, escuchó las protestas del público por la invalidez del toro y lo devolvió al corral. Pero no siguió la función sino que se detuvo para que arreglaran el cerrojo, tarea que duró media hora. La autoridad debió entenderlo de otra manera pues cuando iban lo menos 20 minutos de espera, un empleado recorrió el callejón con un cartel que decía: "Se aplaza la corrida 10 minutos".

La Maestranza es así, qué le vamos a hacer. Antes era de otra manera. Pero desde que empezaron a decir aquello de la Giralda poniéndose de puntillas para atisbar por encima de los tejadillos el arte de Pepeluí, o las palomas viniendo de la plaza de España a volcar en la vertical del albero su júbilo por la gloria del faraón de Camas, o esos silencios que no se puén aguantá, alguien se lo ha creído, o lo ha interpretado al revés, y la Maestranza lo que es de verdad es la casa de tócame Roque.

Es la plaza donde todo da igual; sacan por los chiqueros género absolutamente impresentable, preside uno que está a la orden, los sobreros tardan horrores en salir sin que nadie explique por qué. Y, mientras, un público en su mayoría de aluvión, va aplaudiendo lo que ve, aunque lo que ve no valga un duro.

Han llegado a convertir las manoletinas en monumento nacional, así está la cosa. Menos mal que lo de la Giralda asomándose por los tejadillos es literatura; pues si fuese cierto y se asomara y se encontrase con los toros inválidos y las manoletinas declaradas monumento nacional, se desmoronaba piedra a piedra.

Toros inválidos y aborregados soltaron en esta corrida absurda de las tres horas, los más inválidos y aborregados para Juan Bautista. Una alerta se ha de tener con este joven francés, a quien echan siempre los toros más inválidos y aborregados de la función.

Inválido estaba el de El Pilar que devolvieron, el del mismo hierro que le sustituyó, el sobrero de Los Derramaderos sustituto del quinto que se rompió un cuerno al derrotar en un burladero y fue devuelto, el tercer sobrero... Y además no tenían trapío ninguno.

El presidente tardó en devolver a los inválidos, por si en un momento dejaban de caerse y colaban, y los sobreros tardaron también en salir, según quedó dicho. Por qué razón, es un misterio. Sólo se sabe que una vez en la arena trastabillaban desnortados y descoordinados, como si fuera drogadictos. Juan Bautista les pegó pases, sin ningún interés ni emoción, ya ves.

Mejores pases dio Eugenio de Mora, buenos los derechazos al primer toro, aceptables los naturales al cuarto, si bien arrebataron poco dada la blandura del género derechizado y naturalizado. El Cid, en cambio, causó sensación con un toreo de corte elegante, irreprochable hondura, altos vuelos, revalorizado al instrumentar los pases de pecho.

Pudo triunfar El Cid si no llega a fallar con la espada. Y si no llega a abusar de los derechazos, reduciendo el toreo fundamental -es decir, los naturales, con la mano de los billetes- a su mínima expresión. Y si no llega a salirle en último lugar un destartalado especimen que no tenía ni media torta.

El especimen, de pelaje colorao, se cayó patas arriba al perseguir a un peón hasta el burladero, y después, hasta su muerte, estuvo dando bandazos. La gente se reía, ante la evidencia de que aquello se había convertido en una charlotada. Con el negro manto de la noche cubriendo los tejadillos, y unos focos mortecinos tiñendo el rubio albero de un feo tono verduscón. O huevo escalfado, según.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Eugenio de Mora y El Cid, por encima de gafes y mengues 

El caballo de picar se desbocó y enfiló contra la Puerta del Príncipe, igual para reivindicar a sus primos de la cuadra de Hermoso de Mendoza, que nunca disfrutan de tal honor. A partir de ahí, alguien empezó a sospechar sobre la presencia de innombrables y gafes. La «gracia» acabó con el equino metido en el callejón, mientras el toro, afortunadamente, campaba a sus anchas por el ruedo sin fijarse en el estropicio. Blandeó luego demasiado el pupilo de El Pilar, que fue devuelto por flojo. La corrida entró entonces en un espacio muerto para que arreglaran la dichosa puerta. La Autoridad velaba así por la seguridad de los habitantes del callejón, que no son pocos. Una media hora tardaron en buscar cerrojos o contrafuertes. Para colmo de males, cuando se reanudó el festejo, el sobrero dio muestras de abatimiento y flojera supina. Juan Bautista tomó pronto la izquierda y mimó a su enemigo, cada vez más apagado. Hasta que lo pasaportó de un bajonazo letal.

Eugenio de Mora había templado mucho a su grandón y noble primero, a media altura. La faena quedó lejana en la memoria de la tarde, pero tuvo sus momentos buenos, despaciosos y serenos, sobre la mano derecha. Completó su seria y firme actuación ante el cornalón cuarto, todo pitones. Lo entendió bien al natural, que por el lado contrario no tragaba. Resolvió con contundencia con la espada, y dejó un grato sabor de boca.

A El Cid, los aficionados de Madrid le hemos visto toda su carrera. Aunque joven de alternativa, el matador sevillano se ha curtido años y años en la novillería. A sangre y fuego, de domingo en domingo, justificó siempre el salario y la ilusión en Las Ventas. No le faltaron nunca ni capacidad ni maneras. Ayer lo demostró en su tierra frente a un buen toro. La faena se desarrolló limpia y diestra en casi toda su extensión. Las series desembocaban en monumentales obligados de pecho que barrían el lomo del toro y morían en la hombrera contraria. Debió, sin embargo, coger antes la izquierda, cosa que hizo poco, aunque con clase. A la hora de matar, recibió un par de topetazos que provocaron repetidos fallos. Al final, lo cazó con una estocada baja y dio la vuelta al ruedo con mucha fuerza.

IMPRESENTABLE

A la tarde le había mirado un tuerto, que ya está dicho y escrito: el quinto se partió un pitón de salida, el impresentable segundo sobrero era un inválido, como el otro que lo sustituyó luego, también de Los Derramaderos. Como a perro flaco todo son pulgas, además, Juan Bautista se puso en plan tesonero y coñazo, y con más de dos horas y media de corrida en todo lo alto. ¡Qué poca delicadeza!

La lidia del manso y escurrido sexto fue un sindiós. Lío en varas y barullo terrible en banderillas, con aquella raspa con cuernos pegando tumbos. Menos mal que El Cid pasaba de gafes y mengues y tuertos y la madre que los parió, y hasta sacó derechazos de trazo largo y empaque señero. Cuando se rajó el bruto y el sevillano fue a por la espada, vimos el cielo abierto, el final del negro e interminable túnel. Media estocada en su sitio bastó.

Ojo a este Cid sureño que incomprensiblemente no entró en San Isidro. Tanto él como Eugenio de Mora se sobrepusieron al mal fario. Madera, madera...

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