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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del viernes, 20 de abril del 2001
Novillada con picadores

FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Novillos de Torrealta, bien presentados, buenos y nobles. Con peligro sobre todo el segundo.

Diestros: 

Entrada: menos de tres cuartos.

Banderilleros que saludaron: Joaquín Jiménez, de la cuadrilla de Luis Vilches, en el 3º; Manolo Peña, de la cuadrilla de Fernández Pineda, en el 6º.

Incidencias: El banderillero Francisco Javier García, de la cuadrilla de Fernández Pineda, pasó a la enfermería por resultar lesionado con hematoma en la rodilla al poner su par en el 4º de la tarde.

Crónicas de la prensa: PortalTaurino, La Razón, El Mundo


Francisco Mateos. PortalTaurino. Vilches deja abierta la puerta

No llegó la rivalidad que se supone en todo mano a mano. Luis Vilches, en todo caso, le ganó a los puntos el supuesto combate a Fernández Pineda. Cada uno fue a lo suyo, a dejar las cosas lo mejor puestas posibles de cara a sus inmediatas alternativas en esta Feria de Abril. Tampoco los novillos de Torrealta, sin ser un encierro malo, revalidaron lo que sus hermos mayores lograron hacer el pasado domingo.

Fue una faena para aficionados la primera de Luis Vilches. El torero estuvo perfecto con un astado noble pero que se paró en la muleta. El trasteo estuvo claramente dividido en dos bloques; la línea de división entre el uno y el otro lo marcó un inoportuno desarme cuando mejor estaba toreando. En esa primera mitad de faena recordó mucho el toreo de otro sevillano de puro estilismo, Luis de Pauloba. Incluso el apoderado actual de Vilches –que ya ayudara en una etapa al propio utrerano– es el que lo fuera durante diez años de Pauloba, José Luis Cazalla. Vilches asentó los pies y bajó mucho la mano. Estiró la muñeca y el brazo y desplazó con suavidad al astado. Tras el inoportunísimo desarme que hizo acallar la música, el novillo fue mucho más remiso a embestir y llegó una fase de acercamiento y de toreo en corto; tanto que, en alguna ocasión, ahogó al animal. Con la espada erró tres veces y hubo de

El segundo se echó a los lomos a los dos sevillanos. Vilches voló por los aires al ser empalado en un quite, cuando el viento le descubrió, y Fernández Pineda fue feamente cogido en el primer muletazo, también descubierto por el viento. No obstante, el animal aprendió una barbaridad y expuso muchas complicacciones. Pineda estuvo valiente y aseado, sin agobios, aunque en alguna ocasión no lograba quitarse de encima la pegajosa y muy molesta embestida del ejemplar de Torrealta.

Y si buena fue la primera faena de Vilches, no desmejoró en absoluto en la segunda. Novillo complicado pero al que le pudo el torero sevillano. Arrancó tandas ligadas y, sobre todo, una buena estocada al encuentro.

El cuarto sí le dejó a Fernández Pineda mostrar parte de su contenido taurino. El novillo fue noblón pero le faltó transmisión, algo que también le faltó al torero. Se gustó más por el izquierdo en algunas tandas, pero supo a poco. Correcto con la espada.

Encastado

El lidiado en quinto lugar tuvo la emoción que siempre proporciona un animal encastado. En los primeros muletazos de probaturas se le subió a las barbas a Luis Vilches, que pasó a castigarlo un poco de forma tan efectiva que con sólo tres muletazos logró hacerse con su embestida. La faena se basó en el pitón derecho, con tandas muy vibrantes. No bajó de tono el trasteo, a pesar de que el utrerano pecó de alargarse con la franela y trazar tandas de muchos muletazos, con demasiados pases de pecho encadenados para rematar las series. El nivel fue tan bueno que la oreja estaba al caer... al caer si hubiera caído el novillo, pero Vilches acertó a dejar una estocada al tercer intento y, además, el toro se levantó en varias ocasiones, amorcillado. La oreja se esfumó, pero ha dejado una buena tarjeta de presentación –excepto con la espada– para su alternativa.

Fernández Pineda quiso calentar los gélidos tendidos a esa hora ya de la incipiente noche. Se fue a toriles y lo recibió de rodillas, aunque lo más destacado fueron los cadenciosos lances una vez erguida la figura. A pesar del pase cambiado por la espalda de inicio de faena, los tendidos seguían fríos, un aspecto del que debe desprenderse cuanto antes el sevillano. La sosería del último utrero de Torrealta terminó por congelar los tendidos y al torero, que volverá el sábado 28 para tomar la alternativa de manos de Joselito y José Tomás.


La Razón. Sábado, 21 de abril´2001. JUAN POSADA. Novilleros conformistas en la primera de feria ayer en La Maestranza
Los novilleros Vilches y Fernández Pineda no estuvieron a la altura de las circunstancias. Cada uno dejó pasar un par de reses sin llegar a interesar fuertemente al público. Era la despedida de ambos novilleros y debieron estar más en son.
 
Luis Vilches, conservador con el capote, no forzó la máquina. Con la muleta, muy puesta, adelantó el engaño y lo dejó en la cara al final de los pases, por lo que ligó algunas series buenas. Muy tranquilo forzó los naturales y dominó la situación. Faena decidida a la que faltó entusiasmo novilleril. Su inmediata alternativa, hoy en esta plaza, pudo ser la causa de su seriedad.
 
Al tercero le bajó mucho las manos con el capote y encogió el cuerpo, mala estética que antes también mostró. Buenas formas en los muletazos por bajo iniciales y en los primeros con la derecha también bajo mucho la muleta.La segunda tanda, con menos pureza ya que no se cruzó al final de cada pase por lo que el novillo lo veía. Con la izquierda, igual, aunque los de pecho resultaron muy buenos. Faena larga y voluntariosa que adoleció de algo de genio.
 
Y se lo echó al quinto, por lo que el público respondió. Ya en los muletazos iniciales se le notaron las ganas. La primera tanda diestra, valiente y vibrante, con la mano muy baja. La segunda, de la misma factura y, menos mal, buscando el pitón contrario. Circunstancia que hizo que el público respondiera, entregado. Valeroso con la izquierda aunque menos templado. Si hubiera estado así toda la tarde la cosa le habría salido mucho mejor. Pinchó dos veces y atacó recto a la última.
 
Fernández Pineda, tampoco se esmeró con el capote porque el segundo novillo no ofreció facilidades. La voltereta que sufrió nada más iniciar la faena denotó que la res no quería filigranas. Pero Fernández Pineda, muy en novillero consecuente, lo intentó por los dos pitones a pesar de que el novillo se los puso cerca del rostro en todas las ocasiones. Machaconamente, insistió con la izquierda hasta que las malas condiciones del animal aconsejaron que entrara a matar. El chaval, que también tomará la alternativa en esta feria, demostró sus buenas condiciones anímicas para la profesión.
 
En el cuarto mostró un buen estilo con el capote y mejor aún en los muletazos ayudados por alto iniciales. Con la derecha dejó la muleta puesta y, como el novillo se la comía, los pases resultaron emotivos y estéticos, porque los remató atrás. En la segunda tanda diestra el novillo remitió su codicia y, al no cruzarse con él tras cada pase, los muletazos resultaron menos intensos. Igual, con la izquierda. Al no provocar la arrancada con ese paso adelante crucial, el público contempló su labor sin emociones.
 
Igualmente con el abecerrado y nobilísimo sexto, al que recibió a porta gayola. No se acopló con la muleta y los muchos pases que instrumentó, por debajo de las excelencias del novillete. todo transcurrió entre la indiferencia del público que no pronunció ni un sólo ole. Una auténtica lástima.

El Mundo. Sábado, 21 de abril´2001. JAVIER VILLÁN. Salutación torera a Paco Brines

Luis Vilches y Fernández Pineda van a tomar la alternativa en esta Feria, que es como la Academia de la Lengua en la que ha entrado Francisco Brines, pero en Tauromaquia. La Academia es la alternativa de poetas y literatos con méritos, y ya quisiera yo que estos neófitos candidatos tuvieran los mismos merecimientos en tauromaquia que Brines tiene en poesía. Con Paco Brines han llegado los toros a la Academia igual que habían llegado antes con Claudio Rodríguez, que se murió y nos dejó.

Algo podrá hacer en la vetusta casa por el lenguaje, fecundo y fecundante, un poeta tan acrisolado, en lo taurino y en lo poético, como Brines; es un poeta ejemplar y un aficionado modélico. Si un día reflexiona sobre su admiración por El Juli, será el aficionado perfecto: síntesis mediterránea de pasión y de equilibrio; como su poesía. Con todo, es de los pocos a los que he escuchado razonar, con visos de verosimilitud, sobre la tauromaquia de El Juli. Las palabras que defienda en la Academia no serán palabras a la oscuridad, aunque acaso tengan que ser una insistencia en Luzbel. ¡Que Dios reparta suerte!

No sé si Luis Vilches llegará a académico de fuste en Tauromaquia; sentido y aroma del toreo tiene, quizás un poco retorcido, pero caliente; tanto que en un quite al segundo éste le levantó los pies del suelo. Brines maneja las palabras con más precisión e inventiva de cómo manejaron ayer los novillos Vilches y Fernández Pineda. Un toro es también un lenguaje, más el segundo de Torrealta no era un lenguaje: era una jerga, un exabrupto continuado y sucesivo. Cazó a Vilches en el quite y luego a Fernández Pineda. Después todo fue una persecución navajera de la que éste salió milagrosamente indemne; y que dejó un mal sabor que amargó la dulcedumbre de miel que había puesto Vilches. Fue como si en el río claro del idioma hubiera entrado de golpe un turbión de blasfemias. Parecido fue el tercero, aunque menos.

Y ya no pudieron ser aquellos ayudados rodilla en tierra, torerísimas dobladas que remató con un monumental pase de pecho; ni los redondos descendentes y arremataos, ni los pases de pecho interminables y hermosos. Fueron, en cambio, los naturales arrancados de raíz y con sudores; fue el valor sin tasa, los tornillazos que el novillo le tiraba, la proximidad suicida de las astas. Y fue una estocada entera. Muy firme Luis Vilches.

No le soplaban vientos favorables a Fernández Pineda y lo mejor, en el primer tercio del cuarto, fue un quite de Luis Vilches a la verónica. Otro susto: Alcalareño entró a por uvas, fue revolcado tremebundamente y tuvieron que llevarlo a la enfermería cojeando. A Fernández Pineda le gustan menos las apreturas que a Vilches, y tiene una tendencia precoz a torear por las afueras, aunque ligando, eso sí. Los naturales, de uno en uno y a la baja. Y siguieron los sobresaltos con la pujanza brava y encastada del quinto, que sembró el desconcierto en las cuadrillas, aunque no pudo con Vilches; éste lo enganchó en una tanda soberana de redondos y en otras de naturales menos soberanos.

Más corazón que cabeza; demasiado barullo y atropello. El corazón en la boca y las urgencias en la muleta. Y la espada, roma, sólo entró a la tercera. Claro que peor fue lo del puntillero: dos veces levantó al encastado animal. Luego, así que el bicho postrado lo veía aparecer puntilla en mano, se levantaba. Peor fue también lo de Fernández Pineda en el que cerraba plaza. Fue a portagayola y tras la larga, ya de pie, se fajó a verónicas violentas y poderosas.

Tras el péndulo y los pases de pecho en la boca de riego, todo fue a menos. Mano a mano que no dice demasiado sobre el porvenir que les espera a estos muchachos en el escalafón superior: el sentimiento cuajado de Vilches y la garra de Fernández Pineda. Con esto se puede llegar a mucho o se puede llegar a nada. Azuquita, el sobresaliente, tuvo tres momentos de gloria fugaz en tres quites que le permitieron los maestros.


MANOLO VIERA. COMENTARIO. Extraña frialdad

La historia es ya tan conocida que apenas hace falta contarla de nuevo. No se trata de exagerar nada, sino comprobar, una vez más, el poder que sobre las masas ejerce la ‘sonoridad’ de unos nombres en tradicionales tardes de toros, sobre el público y sobre el presidente, que se ve presionado y abocado a conceder trofeos cuando su condición de aficionado le dicta lo contrario. Nada de extraño tiene que en estos otros festejos, de máximo interés para entendidos y seguidores de los espadas actuantes, influya también en el usía la extraña frialdad de característicos espectadores que ocupan privilegiados tendidos de la plaza, cuando es a estos toreros, a los que atisban calidad y buenas formas, a los que hay que ‘empujar’ para ponerlos en el camino. Que después lleguen o no, eso es otra historia. Algún día habrá que hacer un estudio sobre el comportamiento de los públicos al inicio de los espectáculos. La frialdad manifiesta cuando se torea con tanta sensibilidad y hondura no se comprende. Ni se explican las escasas ovaciones para premiar muletazos larguísimos, prolongados, dilatando con cadencial mando la embestida, bajando la mano hasta distancia inverosímil, y nadie se entera. Prólogo de faena como la que realizó Luis Vilches a su primer novillo merece algo más que unas simples palmas en el tercio. Lástima que la espada siga sin estar a tono con el toreo a compás y al ritmo del sentimiento que el utrerano realiza. No fue tarde de trofeos y triunfalismo de tradicionales días de toros en Sevilla, pero sí hubo sublimes momentos y buenos detalles, y aunque Fernández Pineda no rompiera con su sevillano pellizco, sí expuso la tauromaquia con muñeca de privilegio el nacido en Utrera. Y mañana, más.


JUAN MORENO. COMENTARIO. Mano a mano y un debú

He entrado por el patio de caballos casi al mismo tiempo que Azuquita, Luis Vilches y Fernández Pineda y me he sentido solo. He sentido una sensación extraña, mezcla de miedo, responsabilida, de incertidumbre. Como comprenderán, soy debutante en el emplazamiento taurino de Diario
de Andalucía, aunque no en la plaza, y he pretendido ponerme en el lugar de los toreros, pero menos mal que no lo he conseguido, ya que si así hubiere sido no estaría escribiendo estas líneas con pulso firme. ¡Va por ustedes mi primera Feria de Sevilla con la pluma y la cuartilla en la mano! ¿Tiene sentido este mano a mano? Para los clientes de espectáculos taurinos, no. Aire, aire hacía en la plaza y aire fresco hace falta en los entresijos de la Fiesta y... aunque nos proponemos luces -las sombras que las pongan otros- no dejo de mirar para el sol, para el patio de cuadrillas, para el de los miedos e ilusiones, buscando luces y sólo escucho... ¡chaquetones a 3.500! Es el de los helados. Un mano a mano nunca ha significado repartir tres toros, tres novillos. Los mano a mano siempre han tenido su razón de ser en la competencia, en el
pique, en ponerse el mundo por montera. Los repartos son para los tentaderos y, sin embargo, ayer se ha repartido hasta un brindis. Las luces, a las que hemos de acostumbrarnos, pusieron en el quinto y el sexto claridad. Toreros ilusionados, público deseando tocar las palmas y los clientes pensando que la empresa ha triunfado (¡qué entradón!), pero que los apoderados han fracasado. El frío nadie podía preverlo, pero otras cosas sí. Quedan pendientes dos alternativas y las ilusiones de los toreros acrecentadas, pero ¿y la de los clientes?.

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