La pinturería y alegría de Azuquita, con frescura en
el manejo de la muleta, refrescó en lo taurino una tarde asfixiante en
temperatura, en la que el termómetro lanzó uno de sus primeros hachazos
agosteños. Los vendedores de agua y cocacola trabajaron a destajo. Hasta
el mismísimo Giraldillo parecía derretirse en una tarde calurosa, muy
calurosa. Azuquita fue obsequiado espléndidamente con dos orejas y una
salida a hombros más que holgada. Iván Romero, con más voluntad que
acierto, cumplió, y José Manuel Berciano, con el peor lote, discreto. La
novillada de Conde de la Maza no salió tan dura y correosa como muchos
esperaban; aunque siempre tuvo su picantito.
Iván Romero manejó con suficiencia el capote ante el novillo que abrió
plaza, un astado con movilidad, pero que no humillaba. Tampoco metió la
cara con franqueza en la muleta y el novillero sevillano no consiguió
imponerse.
Romero recibió al cuarto a portagayola y tras una larga cambida de
rodillas dio otra hacia los adentros para torear eléctricamente con la
capa. Derrochó voluntad en banderillas, aunque con desacierto en los
terrenos. En la muleta no consiguió domeñar la codicia y aspereza del
cornúpeta, sufriendo un par de volteretas, la segunda con un varetazo en
la nalga derecha.
El gaditano José Manuel Berciano cumplió a la verónica con el
segundo, un toro en trapío. No obtuvo frutos en la labor con la franela,
con un astado mirón, que se lo pensaba al embestir y que le puso en
aprietos en más de una ocasión.
Con el quinto, afloró el pundonor. Faena dilatada, con un astado que
se quedaba muy corto por ambos pitones. A ambos toros los mató mal.
Azuquita ganó terreno en los lances de recibo al tercero. Con la
franela consiguió una tanda de calidad, con un gran pase de pecho y
algunos pasajes pintureros. Mató de una gran estocada para cobrar la
primera oreja.
Ante el sexto, pésimamente picado, el trianero, en las afueras, esbozó
un trasteo con pases sueltos con gracia, con más adornos y desplantes que
toreo, ante un animal distraído y remolón. Estuvo bien; pero faltó una
labor más rotunda, con mayor solidez, para considerar que aquella faena
fuera para premio. En esta ocasión mató en los medios, pero de estocada
caída. La generosidad del palco sirvió de pasaporte para su salida a
hombros.
Me alegro por Azuquita, al que le han dado siempre las oportunidades
con cuentagotas. Pero también hay que dejar claro que los cerrojos de la
Maestranza se descorren cada día con mayor facilidad.
El País.
ANTONIO LORCA. Novillada
en Sevilla
El empresario
contrata los novillos del conde de la Maza, que es ganadero
reincidente en el fracaso en la Maestranza. Tiene a su favor que es
buen amigo de la empresa y vuelve a pesar de que no cría un toro al
que se le pueda dar un pase. El encierro de ayer fue grande, manso,
soso, descastado y muy complicado para la práctica del toreo.
Valor no le
falta a Iván Romero, un torero batallador, muy voluntarioso y también
un buscador de aplausos, lo que resta importancia a su labor. Maneja
con soltura el capote, pone banderillas con prisas y se la juega en la
muleta por su cercanía. Recibió dos volteretas en el cuarto y se ganó
la vuelta al ruedo. José Manuel Berciano, valiente y decidido, se
encontró con dos toros dificilísimos, que embestían a oleadas,
buscaban el cuerpo del torero y no permitían el más mínimo error.
No triunfó, pero seguro que aprendió más que en toda su corta
carrera.
Armando López,
Azuquita, es el que apuntó maneras más artistas. Tiene una
buena concepción del toreo, cortó una oreja inmerecida en su primero
porque no logró un pase completo, y estuvo muy por encima de las
escasas condiciones del sexto, al que cortó otro apéndice.