Si hasta ahora era casi imposible para un chaval
torear sin poner dinero debido a desaprensivos, resulta que con el mal de
las vacas locas el coste del festejo se ha elevado enormemente -con la pérdida
de las carnes y el incremento por incineración-. De hecho, varios
empresarios modestos han desistido en la organización. Por eso, hoy más
que nunca, hay que felicitarse de la iniciativa de estas novilladas de
promoción organizadas por la empresa Pagés, con la colaboración de la
Real Maestranza de Caballería de Sevilla.
Ahora, los dieciocho toreros que lucharán durante tres jueves por tres
puestos en la final del 26 de julio, deben estar a la altura y apretarse más
que nunca los machos. Ayer lo hicieron algunos; entre ellos José Manuel
Soto, el espada que abría cartel, un algabeño que puso toda la carne en
el asador y fue cogido; afortunadamente sin consecuencias graves.
El percance sucedió durante la faena de muleta cuando, mal colocado el
diestro, el novillo le arrolló en tres ocasiones. En la última, quedó
yerto, totalmente inmóvil en la arena, debido a la conmoción cerebral.
Fue una escena dramática que culminó con las asistencias llevándole en
volandas a la enfermería. Hasta entonces, el torero, muy animoso, recibió
al astado de rodillas a portagayola y dio además otras dos largas de
hinojos en los tercios, siendo desarmado a la verónica. Soto inició la
faena dando sitio al excelente novillo de Guardiola -bravo, pronto, noble
y repetidor-. Una labor que fue a menos, tras un desarme. Fue faena
ambiciosa en los medios.
El sevillano Jesús de Frutos, con el segundo novillo, alto y distraído,
pero con nobleza, se mostró sin confianza en el capote y muy bullidor en
la muleta.
El algecireño Ángel Tovar, aseado en el manejo del capote realizó
con la franela un trasteo porfión a un novillo que se quedaba corto por
ambos pitos.
El cacereño Emilio de Justo evidenció buenas maneras. Destacó en su
faena por el pitón derecho, el más potable. Por el izquierdo se vio
desbordado. Se volcó con decisión en la suerte suprema y mató de una
gran estocada, de la que rodó sin puntilla el novillo. Sin duda, fue
decisiva para cobrar la única oreja del festejo.
Al quinto, justito de fuerzas y manejable, el portugués Antonio Joao
Ferreira lo lanceó con lentitud a la verónica y clavó banderillas sin
acierto, a excepción del último par por los adentros. Con la franela
plasmó buenos pasajes por ambos pitones, en los que primó la pinturería.
Lamentablemente, manejó muy mal los aceros y le cayeron los tres avisos,
con la devolución del novillo al corral. Fue ovacionado cariñosamente
por el público.
Manuel Barea, El Arqueño, un chaval nacido en Arcos, pero que vive en
Guillena, escuela taurina a la que pertenece, dejó una grata impresión
por su arrojo. Lanceó de rodillas y, de hinojos, comenzó su faena,
entonada, que no remató con precisión con la espada, por la que estuvo a
punto de ganar un trofeo.