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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del jueves, 3 de mayo del 2001
Corrida de toros

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Parladé, bien presentados pero justos de fuerza.

Diestros: 

Entrada: hasta la bandera

Crónicas de la prensa:  PortalTaurino, Cope, Marc Levie (en francés), El País, ABC, La Razón


PortalTaurino. FRANCISCO MATEOS. A pleno corazón abierto

El Juli, que cortó una oreja a su primero, obtiene otra en el sexto tras jugarse la vida en un ruedo hecho un lago

No cabe mayor gesto. La plaza era una piscina en el sexto. Tras el segundo par de El Juli, se las vio y deseó para poder saltar la barrera, con el toro pisándole los talones, sin patinar antes de saltar. La plaza fue un clamor de 'torero, torero'. El Juli, contra viento y marea, a pleno corazón abierto, dejó su vida en manos del destino, porque allí no había ser humano que viera lógico torear a un astado, en un auténtico lago. Lo de menos es cómo estuvo, porque no cabe esa valoración. El gesto de un torero con una raza desmedida quedó demostrada. Le dieron una oreja, aunque esto es lo de menos. 
El primero de Espartaco, noble pero sin fuerzas para que tuviera el recorrido mínimo necesario en la muleta. Juan Antonio se justificó ante él al estilo moderno, ya se sabe, con tres o cuatro tandas -o similar- de derechazos ante un marmolillo que apenas se movía por mucho que intentaba el sevillano incitarlo con la voz. Con la espada cumplió. 
¿Habrá matado Ponce toros más complicados que el segundo de hoy? Pues claro que sí. Y es más, ¿era complicado el segundo de Parladé? Ahí puede estar la cuestión. Fue un toro que en banderillas entró con mucha velocidad pero que se paraba en la brega. Parecía como si de lejos fuera mejor que citándolo en corto, necesitaba 'aire'. Ponce lo sacó rápido a los medios pero no le dio distancia, y ahí pienso que estuvo el error. El toro se sintió 'ahogado', sin espacio, y comenzó a defenderse con hachazos al paño, un paño, por cierto, muy amplio y ladeado, ya que el valenciano sólo utilizó la derecha, con demasiadas precauciones, y
abusando del extremo exterior de la muleta, es decir, el controvertido
'pico'. Realmente me dejó desconcertado la labor de Ponce en este toro, porque su técnica ha sido capaz de extraer faenas de astados mucho más complicados, y de éste no sacó ni un solo muletazo. Con l  espada, además, tampoco lo vio claro.

Enmendó la plana en el quinto, con una faena mucho más entonada a un templado toro de Parladé. La suerte, sin embargo, no la tenía de cara Ponce, y antes de finalizar la faena cayó el diluvio padre, con lo que la gente ya dejó de centrarse en la faena y hubo espantada general en los tendidos.

Las banderillas que colocó El Juli al tercero fueron las mejores de toda la Feria de Abril sin duda alguna, sobre todo el segundo par, en el que el toro de Parladé le puso los pitones en la barriga, rozándole la chaquetilla. Estaba cantado que, con las condiciones del toro y cómo había puesto en pie a la gente en banderillas, el brindis iba a tener por destino Sevilla. La faena fue medida en el tiempo, con el único fallo de un desarme por un enganchón tonto a mitad del trasteo. Los últimos muletazos por la izquierda, ya con un toro más quedado, tuvieron sabor y aroma. La estocada, a ley. Una oreja cara. 


José Miguel Martín de Blas. COPE. EL PODER Y LA ÉPICA  

El Juli o la épica. El Juli o el valor. El Juli o la garantía de triunfo. El torero que ha estado por encima de todos los toros que ha matado en esta feria de Sevilla 2001. Un derroche de valor, de seguridad, de dominio de una situación que sólo él hace fácil.  

La corrida fue de Parladé, baja de raza, aunque algunos toros tuvieron movilidad e importancia, como tercero, cuarto y quinto. Los cuatro primeros fueron toros de menos presencia, muy terciados, bonitos, pero no para Sevilla. Toros sin cara de toro. Lo del sexto, bajo el diluvio, se vio con los ojos fijos en un torero que hizo suya la tarde de cabo a rabo. Mucho Juli.  

Espartaco tuvo un primer toro que tuvo celo en el caballo y nobleza en la muleta, pero terminó muy apagado. Con el cuarto, su último toro en una feria de Abril, Espartaco no se confió nunca. Muy despegado, el toro le vió muchas veces y no estaba aquello para bromas con ese toro sobrero. El toro fue a peor, sacó genio, y Espartaco lo mató sin darse mucha coba. Una ovación en el brindis sonó a despedida...hasta septiembre.  

Ponce se fue de vacío, y eso que en el primero de la corrida, el valenciano pareció querer vencer ese sino que tiene en esta plaza de Sevilla. Un toro descompuesto, a oleadas, parecía el ideal para la muleta poderosa de Ponce. Y Ponce lo pudo. Tanto, que se rajó y sacó muy malas ideas, dando tornillazos y complicando al torero. Lo mató mal. Y en el quinto llegó el diluvio. Un toro muy bien armado, engatillado. Un toro que tuvo movilidad pero con el que Ponce no llegó a entenderse. No le bajó la mano, quizá para que aguantara en esa aparatosa movilidad y no se rajase, pero el segundo tramo de la faena fue a menos, con la tarde metida en agua, y la faena se diluyó. Nunca mejor dicho.  

El Juli fue otra historia en la película de esta corrida. Mandón, gallito, y GALLITO, si se quiere. Asumió la tarde como una cuestión personal, a triunfar por lo civil o por lo criminal, y fue emocionante verle embraguetarse a la verónica en su primero, un toro al que hizo un quite por gaoneras ceñidísimo (¿era respuesta implícita al de Galapagar?). El Juli tomó los palos, le dio ventajas al toro, y este por poco le arrolla en tres pares asfixiantes, con los pitones en la pechera. La plaza se puso en pie ante el despliegue total de El Juli. Se fue a por el toro a los medios, sin probaturas, y le pidió pelea desde el primer momento (El Juli al toro). Terminó acobardado ante tanto poder, ante tal determinación. El Juli demostró su capacidad muletera, su versatilidad para domar a los toros, para sacarles lo que tienen dentro. Le pudo con la derecha, y lo más intenso llegó con la mano izquierda. La estocada fue temeraria: a morir. Y partió a ese toro. Cortó la oreja.  

En el sexto, con el diluvio sobre Sevilla, El Juli asumió toda la lidia. Sólo le faltó subirse al caballo de picar. Se arrimó con el capote, llevó al toro al caballo sobre un piso impracticable. Puso banderillas, y apenas podía mantener la verticalidad. De ese tercio banderillero épico, glorioso, salía El Juli consagrado, con la Maestranza a coro, gritando “torero, torero”, rendida a un torero total, a un torero que impuso su ley aun con los elementos en contra. Un torero que se entregó en cuerpo y alma por triunfar en Sevilla. Porque Sevilla le respetase...y le quisiera, aunque fuera un poco. Y lo hizo con creces. El comienzo de faena, por alto, andando hacia fuera, mirando al suelo cuando pasaba el toro, tuvo aires cordobesistas (del Benítez, se entiende). Tiró del toro hasta que se le paró totalmente. Le sacó todo. Se vació El Juli en una actuación más allá de la épica. El Juli está empezando a hacernos creer que no hay nada imposible con él. Su regularidad ante el toro y su espíritu de lucha, su capacidad de sufrimiento, en cualquier plaza de toros confirman su talla.  

El Juli es un figurón del toreo. Lo asume, y se obliga a ello. Compite consigo mismo, con el toro, con sus compañeros, y hasta con los que le ven por televisión. Su respuesta en esta Feria de Abril ha sido indiscutible, contundente, tremenda, formidable, épica.

 
Nada nuevo, por otra parte.  


Marc Levie. TRIOMPHE AQUATIQUE DU JULI

Final épique pour ce dernier cartel fort de la feria. Les deux derniers toros furent combattus sous un impressionnant déluge, la piste étant devenue un véritable marécage ce qui n'empêcha pas le Juli de triompher.

S'il faut juger sereinement cette corrida terminée dans la tourmente, la corrida de Parladé n'ayant pas donné le jeu espéré, on retiendra la lidia complète du Juli au troisième, un magnifique début de faena de Ponce au cinquième interrompu par le déluge et le geste, le courage et la sérénité du même Juli combattant, contre l'avis de ses compagnons, le sixième dans des conditions d'apocalypse.

Toréant sa dernière corrida de feria d'avril, Espartaco n'a pu rappeler les nombreux triomphes qui ont fait de lui, pendant une décennie, le pilier central de cette feria. Le premier, faible, enleva de selle le picador Manuel Jesús Ruiz qui appuya fortement le châtiment à la deuxième rencontre. Le toro arriva sans la moindre énergie au dernier tiers et Espartaco ne put que tourner autour sans autre résultat qu'une demie concluante.

Le deuxième s'avéra manso, violent et dangereux par une charge brusque et imprévisible. Après des efforts louables sur les deux côtés et malgré une décision évidente, Ponce dut se résoudre à le tuer, mal, d'une profonde couchée au cinquième essai.

Le Juli sort très décidé avec la cape face au troisième. Il réalise une superbe quite par gaoneras – sans mise en scène ni lévitation, sans le moindre accrochage non plus, mais parfaites dans leur exécution – et pose trois impressionnantes paires de banderilles, deux de "poder a poder" et celle du milieu en "sesgo por fuera" au fil du rasoir. L'un des meilleurs tiers de banderilles réalisé par Julián. Standing ovation. Malgré un désarmé sur l'un des premiers essais à gauche, le Juli soumettra avec autorité une charge courte et l'allongera lors d'une faena importante en exposition et réussite technique. Il se jette littéralement sur le dos du toro pour enfoncer une entière tombée, mais d'émouvante exécution.

Le beau sardo prévu en quatrième se casse la corne gauche contre un burladero et doit être remplacé. Le vent et la pluie qui commence à tomber gênent quelque peu le début de faena d'Espartaco au quatrième bis, qui se déplace sans s'employer à fond et met plusieurs fois le torero en danger. Effort méritoire de Juan, avant une mise à mort laborieuse et un salut discret de la barrière.

Le cinquième, manso au premier tiers, a une charge vibrante sur le côté droit et serre sur la gauche. Enrique Ponce réalisera un magnifique début de faena, et trois séries sur la droite, rythmées, longues et parfaitement liées, feront jouer la musique. La faena, qui semblait cheminer vers un triomphe, baissera de ton sur la gauche, corne beaucoup plus difficile. La pluie redouble, le déluge commence et Enrique a toutes les peines du monde à viser avec l'épée. Il laisse une demie au troisième voyage alors que le public, admirable de stoïcisme jusqu'au bout, se protège comme il p(l)eut.

On ouvre la porte pour le sixième. Espartaco et Ponce conseillent au Juli d'en rester là : la piste est une pataugeoire, on ne peut pas toréer… Il faut suspendre. Le Juli sort sa tête et décide d'y aller. Pieds nus, avec la lumière des projecteurs qui peine pour passer entre les gouttes, le Juli va réaliser une lidia complète, patinant dès qu'il court mais ne renonçant à aucun épisode : réception à la cape, quite par tafalleras, trois paires de banderilles et faena d'une décision et d'un aplomb renversant. La musique joue "Opera flamenca" mais la violence de la pluie la rend presque sourde. Le toro se déplace sans aller au bout de sa charge. Sans appuis non plus, il est bien difficile à juger, le comportement de ce dernier Parladé, même s'il parut, lors de ce combat aquatique, le plus maniable de la soirée. Les pieds du torero s'enfoncent dans les flaques, il change plusieurs fois de muleta et la faena, condamnée aux passes courtes, est une véritable performance. Il tue d'une demie en bonne place au deuxième essai et coupe une oreille réclamée sous les parapluies et les plastiques avant de quitter à pied la piste de la Maestranza. Grande feria de Séville pour le Juli et nouvel arrosage pour cette feria d'avril qui n'est jamais aussi mouillée que lorsqu'elle tombe en mai.


El País. JOAQUIN VIDAL . Y cayó el diluvio

La corrida transcurría "ni bien ni mal..., una de tantas", que decía el poeta Rafael Duyos, cuando cayó el diluvio.

El diluvio universal, según testigos presenciales. Quizá no fuera tanto y tampoco conviene exagerar: en peores garitas hemos hecho guardia. Pero sí es cierto que la lluvia con rabia, con mala leche; o sea, a dar.

A los de la grada no les caía nada, porque están en lo enjuto.No se crea que se trataba de un privilegio sino, por el contrario, de la justicia distributiva. Entiéndase: la grada de la Maestranza es un suplicio. En la grada de la Maestranza meten cuatro donde caben dos, el pasillo lo tienen convertido en localidad, el público está amontonado, muchos ni siquiera encuentran el sitio y han de permanecer de pie, con lo que no dejan ver a los de atrás. Y eso si entran pues el acceso es tan angosto que sólo permite pasar de uno en uno; y si comió, de lado... En el remoto supuesto de que el órgano administrativo competente pasara una inspección como es debido a la grada de la Maestranza, a alguien se le iba a caer el pelo.

Luego es justo, equitativo y saludable que si llueve los de allí no se mojen y puedan ver la corrida tan serranos; sin calarse hasta los huesos y coger una pulmonía. Que es, exactamente lo que les pudo suceder a los espectadores del tendido. Son muchos los aficionados y las personas advertidas que, por esta razón, prefieren las incomodidades de la grada, a cambio de estar a salvo de los cataclismos meteorológicos. Quizá ese fue el motivo de que acudiera allí el presidente autonómico José Bono y se sentara en la quinta fila, de puro incógnito.

Lidiábase el cuarto toro cuando cayeron unas gotas (nada del otro jueves) y el tendido entero pegó un respingo; la gente, sobresaltada, cubriéndose precipitadamente con lo que encontraba a mano, rumor del afanoso desplegar de chubasqueros, paraguas abiertos, gran alboroto... Parecía el bombardeo de Guernica. Y por el quinto el panorama ya tomó distinto cariz: lluvia torrencial empapando cuanto pillaba, embarrando el albero, diluyéndolo bajo el agua...

Y, mientras, Enrique Ponce pegando derechazos o sus conocidos ayudados. El hombre no paraba ni por caridad. Nadie puede negar el mérito que tiene un torero empapado toreando sobre el barrizal. Sin embargo la faena iba tan avanzada y llevaba en su haber tantos pases, que prolongarla carecía de sentido.

Ponce había estado insustancial y aburrido con el segundo toro, y en cambio a ese quinto de encastada embestida y noble comportamiento le encontró el sitio; principalmente al doblarse por bajo y rematar con un cambio de mano que coreó el público maestrante. Se trataba del primer olé auténtico que oía Enrique Ponce en la tarde y eso le animó para dar tandas de derechazos y naturales de voluntariosa factura aunque fuera cacho y abusando del pico. Acabó cuajando los ayudados mencionados, que son su especialidad, y apenas le hicieron caso pues la gente estaba a guarecerse de la lluvia.

Tanta caía, sin que se le viera el fin, que la suspensión se dio por descontada, habida cuenta de que días atrás una corrida estuvo parada media hora sólo porque chispeaba. Pero qué va: ante la general sorpresa, el presidente sacó el pañuelo y salió el sexto toro.

Se ve que El Juli estaba empeñado en abrir la puerta del Príncipe y esa habría de ser la ocasión. Ahora bien, no la abrió, pese a que impresionaba su valentía entrando a quites, banderilleando peligrosamente, arrimándose en los muletazos con los pies hundidos en el barro. Mató regular y se le premió con una oreja que no sumaba lo suficiente para que lo sacaran en triunfo por la mítica puerta de la Maestranza.

En su toro anterior estuvo El Juli igual de pundonoroso, hizo el poste en las gaoneras al estilo de Tomás, reunió banderillas asomándose vertiginosamente al balcón, realizó una faena de escaso arte compensada con el entusiasmo y la valentía y se ganó otra oreja.

Director de lidia iba Espartaco, a quien correspondió el lote de menos recorrido y, por tanto, más limitado lucimiento, al que aplicó sendas faenas de mediocre composición.

Para entonces, en efecto, la corrida transcurría ni bien ni mal: una de tantas. Los alardes del joven El Juli, tanto como las ventajillas que se tomaban los veteranos Espartaco y Ponce, y la poquedad de los toros, eran los esperados. Hasta que llegó el diluvio y purificó la fiesta. O la lavó la cara; depende de cómo se mire.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. El Juli se agarra a su madera de figura bajo el diluvio

A la hora de que saltara el sexto a la arena, diluviaba como pocas veces se habrá visto en Sevilla. A El Juli le habrían respaldado todos los argumentos para haber dicho que allí no toreaba ni Noé. Además ya había justificado los honorarios al arrancarle una oreja a su primer toro. Pero ni siquiera planteó una duda. Se parapetó tras el burladero y esperó a que el ejemplar de Parladé apareciera sobre el barrizal. El agua caía como un torrente, como si las compuertas del cielo se hubieran abierto de par en par.

SIN LAS ZAPATILLAS

Sin las zapatillas, aferrado a su madera de figura del toreo para sobrevivir y flotar sobre el cenegal, lanceó con firmeza mientras el astado derrapaba como el coche de los malos en una huida por San Francisco. Quitó por tafalleras o villaltinas y dominó una situación que su cuadrilla, en este caso Sevillita, no era capaz de domeñar. Para más inri pidió los palos, y se jugó la vida sin cuento. A la salida de cada par, el toro le hacía hilo. El Juli medía la carrera, cada paso, para no caer y a la vez poder frenar sin estrellarse contra las tablas. Tras el tercer par, pasó apuros serios: ni un capote fue capaz de cortar la acometida que le acosaba hacia la barrera. Muleta en mano, obtuvo una faena de mérito, por las circunstancias ambientales y porque el juampedro de Parladé, aun noble, se quedaba cada vez más corto.

Cambió de muleta —el peso del empapado trapo impedía la soltura—, y siguió hasta exprimir las últimas embestidas. Hasta que mató de un metisaca —¿o tal vez resbaló la espada en una banderilla?— y una estocada trasera. El público se le entregó. No era para menos.

Ya en el tercero banderilleó con apreturas, dejándose llegar los pitones al pecho, en dos pares —monumental el segundo y notable el tercero— al sesgo, de dentro afuera. Bien ayer por El Juli con los rehiletes. Había toreado antes con ceñimiento a la verónica y en un quite por gaoneras de ¡ay! Tiró con firmeza de los viajes sobre una mano derecha que conducía con poder al enemigo, más enemigo que nunca por el pitón contrario, por donde se vencía y buscaba. Un desarme no desmoralizó al torero de Velilla de San Antonio para mantenerse al natural y sacar de donde no había. Se tiró a matar como si la vida le fuera en ello y cobró una estocada en el rincón, efectiva y mortal. El trofeo cayó en sus manos.

La corrida de Parladé, muy justita de trapío, por ser generosos, no valió mucho. O más bien nada. El sobrero que hizo cuarto bis —al anterior lo habían desgraciado contra un burladero, una vez más en esta feria— derrochó tanta calidad como pocas fuerzas. Espartaco construyó una faena de más a menos, por las afueras y con tanto uso o abuso del pico como otros a los que aquí no se les perdona. Nada logró obtener del que abrió plaza, un marmolillo.

A Ponce se le ha ido la feria en blanco. El chico y geniudo segundo apenas le dio opciones. Mayores oportunidades le ofreció el manso quinto. Al buen inicio por bajo y a una serie de derechazos, le siguió una labor a favor de querencia, dándole facilidades al rajado animal. Pero la cosa acabó con el toro en franca huida y el matador en clara persecución. Se precipitó el diluvio, El Juli se aferró a su madera de casta y oro y lo demás está ya contado.


La Razón. JUAN POSADA. El Juli, que cortó dos orejas, se mostró rabioso

Los toros de Parladé, terciados, descastados y flojos, decepcionaron; sólo destacó el sexto

Ayer quedó demostrado que cuando un torero quiere de verdad todas las inconveniencias se obvian. La decisión de El Juli, que hizo quites en los toros de los compañeros y en los suyos, a los cuales banderilleó y mató con arrojo, hizo olvidar al respetable la escasa presencia de las reses. Se le notó desde el principio la rabia. Es decir, el coraje que tenía por dentro. Los triunfos de su inmediato antagonista, José Tomás, lo espolearon, como debe ser.
   Espartaco, permitió que le pegaran mucho en el segundo puyazo a su primero y pagó las consecuencias. No tuvo suficiente arrancada desde la mitad de la faena. Anteriormente sí embistió largo y noble. Él, en línea, sin cruzarse, toreó separado y sin convencimiento. Prosiguió con la diestra, también sin arriesgar demasiado. Los naturales, ya en la corta distancia, de compromiso. La verdad es que Espartaco no estuvo a la altura debida. La media estocada en la yema fue basamiento para que la concurrencia guardara un silencio conmiserativo.
   Brindó el cuarto, último toro que mataba en la Feria de Abril de Sevilla, y el público respondió aplaudiendo todo lo que hizo delante del burel, aunque no fuera demasiado bueno. Los primeros pases con la derecha, muleta adelantada fueron buenos, largos y templados. Luego, resueltos hacia fuera y sin demasiadas estrecheces. Un pase de pecho, muy bueno. Su pundonor le hizo tomar la franela en la izquierda, también sin ajuste y con desarme. En definitiva, faena voluntariosa, con algunas lagunas, que en estas circunstancias apenas tienen importancia. Un pinchazo y media estocada arriba. Ese toro hace años, pocos, le hubiera servido más.
   Enrique Ponce con el terciado y manso segundo anduvo sobrado. Adelantó la muleta en los pases iniciales con la derecha, y aguantó los derrotes a la cara que le dirigió el de Parladé. Bien situado siempre, soportó la mansedumbre del animalito que, además gazapeaba y le miraba en demasía. Hizo lo debido, demostrar que el animal no pasaba por ambos pitones y después matarlo. Pero eso fue harina de otro costal. Necesitó cuatro pinchazos antes de la estocada mortífera. El público, comprendió el esfuerzo y le alentó con sus aplausos.

El mansote quinto

Con el mansote quinto, comenzó su faena muy bien por bajo, seguido de naturales diestros, relajado y rematando atrás. Lo atrajo en la segunda tanda, muy toreado desde distancia, y remató otra vez al final del semicírculo. La tercera serie, de la misma manera. Con la izquierda cambió el panorama; los dos primeros naturales, largos y precisos, los otros, paso atrás. Llovía a manta. Insistió con la izquierda pero ya sin oles.
   A El Juli se le notó el cabreo desde que salió. Se acordaba de lo que se acordaba... Buenos lances y quite apretado por gaoneras. A el toro, mansote, le dosificaron el castigo y respondió mejor en el muleta. Antes banderilleó con mucho riesgo. La labor estuvo presidida por la inteligencia. Adelantó la muleta en las primeras series cuando el toro aún tenía ímpetus y probaba, y la dejó a la altura de su entrepierna cuando el animal cedió. La segunda mitad fue más meritoria porque el astado no quería embestir y lo miraba. Faena rabiosa pero calmada. Lo apostó todo a la hora de matar.
   Al sonar el clarín para la salida del sexto se abrió el cielo y no paró de llover hasta que Juli salió de la plaza entre gritos de torero, torero. No se puede decir que esta labor del madrileño fuera ni buena ni artística, sí que fue faena torera. Lances en medio de un diluvio, galleos por chicuelinas para colocarlo en el caballo y un quite por tafalleras. El público le exigió que banderilleara y no se hizo esperar. Tres pares entre resbalones de ambos y las ovaciones del respetable. Desde el principio, con la mano derecha sin arrastrar el trapo. Si lo hubiera hecho no habría podido con él en el siguiente lance. Era mucha el agua que había en el ruedo. Muletazos zurdos, valientes. La mejor señal del interés fue que nadie se movió. Una estocada con mucha decisión, tras un pinchazo en falso, hizo que le pidieran la oreja

 

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