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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del jueves, 3 de mayo del 2001
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Parladé,
bien presentados pero justos de fuerza.
Diestros:
Entrada: hasta la bandera
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
Cope, Marc Levie (en
francés), El País, ABC, La
Razón
PortalTaurino.
FRANCISCO MATEOS. A pleno corazón abierto
El Juli, que cortó una oreja a su primero, obtiene otra en el
sexto tras jugarse la vida en un ruedo hecho un lago
No cabe mayor gesto. La plaza era una piscina en el sexto. Tras el
segundo par de El Juli, se las vio y deseó para poder saltar la barrera,
con el toro pisándole los talones, sin patinar antes de saltar. La plaza
fue un clamor de 'torero, torero'. El Juli, contra viento y marea, a pleno
corazón abierto, dejó su vida en manos del destino, porque allí no había
ser humano que viera lógico torear a un astado, en un auténtico lago. Lo
de menos es cómo estuvo, porque no cabe esa valoración. El gesto de un
torero con una raza desmedida quedó demostrada. Le dieron una oreja,
aunque esto es lo de menos.
El primero de Espartaco, noble pero sin fuerzas para que tuviera el
recorrido mínimo necesario en la muleta. Juan Antonio se justificó ante
él al estilo moderno, ya se sabe, con tres o cuatro tandas -o similar- de
derechazos ante un marmolillo que apenas se movía por mucho que intentaba
el sevillano incitarlo con la voz. Con la espada cumplió.
¿Habrá matado Ponce toros más complicados que el segundo de hoy? Pues
claro que sí. Y es más, ¿era complicado el segundo de Parladé? Ahí
puede estar la cuestión. Fue un toro que en banderillas entró con mucha
velocidad pero que se paraba en la brega. Parecía como si de lejos fuera
mejor que citándolo en corto, necesitaba 'aire'. Ponce lo sacó rápido a
los medios pero no le dio distancia, y ahí pienso que estuvo el error. El
toro se sintió 'ahogado', sin espacio, y comenzó a defenderse con
hachazos al paño, un paño, por cierto, muy amplio y ladeado, ya que el
valenciano sólo utilizó la derecha, con demasiadas precauciones, y
abusando del extremo exterior de la muleta, es decir, el controvertido
'pico'. Realmente me dejó desconcertado la labor de Ponce en este toro,
porque su técnica ha sido capaz de extraer faenas de astados mucho más
complicados, y de éste no sacó ni un solo muletazo. Con l espada,
además, tampoco lo vio claro.
Enmendó la plana en el quinto, con una faena mucho más entonada a un
templado toro de Parladé. La suerte, sin embargo, no la tenía de cara
Ponce, y antes de finalizar la faena cayó el diluvio padre, con lo que la
gente ya dejó de centrarse en la faena y hubo espantada general en los
tendidos.
Las
banderillas que colocó El Juli al tercero fueron las mejores de toda la
Feria de Abril sin duda alguna, sobre todo el segundo par, en el que el
toro de Parladé le puso los pitones en la barriga, rozándole la
chaquetilla. Estaba cantado que, con las condiciones del toro y cómo había
puesto en pie a la gente en banderillas, el brindis iba a tener por
destino Sevilla. La faena fue medida en el tiempo, con el único fallo de
un desarme por un enganchón tonto a mitad del trasteo. Los últimos
muletazos por la izquierda, ya con un toro más quedado, tuvieron sabor y
aroma. La estocada, a ley. Una oreja cara.
José
Miguel Martín de Blas. COPE. EL PODER Y LA ÉPICA
El Juli o la épica. El Juli o el valor. El Juli o la garantía de
triunfo. El torero que ha estado por encima de todos los toros que ha
matado en esta feria de Sevilla 2001. Un derroche de valor, de seguridad,
de dominio de una situación que sólo él hace fácil.
La corrida fue de Parladé, baja de raza, aunque algunos toros
tuvieron movilidad e importancia, como tercero, cuarto y quinto. Los
cuatro primeros fueron toros de menos presencia, muy terciados, bonitos,
pero no para Sevilla. Toros sin cara de toro. Lo del sexto, bajo el
diluvio, se vio con los ojos fijos en un torero que hizo suya la tarde de
cabo a rabo. Mucho Juli.
Espartaco tuvo un primer toro que tuvo celo en el caballo y nobleza
en la muleta, pero terminó muy apagado. Con el cuarto, su último toro en
una feria de Abril, Espartaco no se confió nunca. Muy despegado, el toro
le vió muchas veces y no estaba aquello para bromas con ese toro sobrero.
El toro fue a peor, sacó genio, y Espartaco lo mató sin darse mucha
coba. Una ovación en el brindis sonó a despedida...hasta septiembre.
Ponce se fue de vacío, y eso que en el primero de la corrida, el
valenciano pareció querer vencer ese sino que tiene en esta plaza de
Sevilla. Un toro descompuesto, a oleadas, parecía el ideal para la muleta
poderosa de Ponce. Y Ponce lo pudo. Tanto, que se rajó y sacó muy malas
ideas, dando tornillazos y complicando al torero. Lo mató mal. Y en el
quinto llegó el diluvio. Un toro muy bien armado, engatillado. Un toro
que tuvo movilidad pero con el que Ponce no llegó a entenderse. No le bajó
la mano, quizá para que aguantara en esa aparatosa movilidad y no se
rajase, pero el segundo tramo de la faena fue a menos, con la tarde metida
en agua, y la faena se diluyó. Nunca mejor dicho.
El Juli fue otra historia en la película de esta corrida. Mandón,
gallito, y GALLITO, si se quiere. Asumió la tarde como una cuestión
personal, a triunfar por lo civil o por lo criminal, y fue emocionante
verle embraguetarse a la verónica en su primero, un toro al que hizo un
quite por gaoneras ceñidísimo (¿era respuesta implícita al de
Galapagar?). El Juli tomó los palos, le dio ventajas al toro, y este por
poco le arrolla en tres pares asfixiantes, con los pitones en la pechera.
La plaza se puso en pie ante el despliegue total de El Juli. Se fue a por
el toro a los medios, sin probaturas, y le pidió pelea desde el primer
momento (El Juli al toro). Terminó acobardado ante tanto poder, ante tal
determinación. El Juli demostró su capacidad muletera, su versatilidad
para domar a los toros, para sacarles lo que tienen dentro. Le pudo con la
derecha, y lo más intenso llegó con la mano izquierda. La estocada fue
temeraria: a morir. Y partió a ese toro. Cortó la oreja.
En el sexto, con el diluvio sobre Sevilla, El Juli asumió toda la
lidia. Sólo le faltó subirse al caballo de picar. Se arrimó con el
capote, llevó al toro al caballo sobre un piso impracticable. Puso
banderillas, y apenas podía mantener la verticalidad. De ese tercio
banderillero épico, glorioso, salía El Juli consagrado, con la
Maestranza a coro, gritando “torero, torero”, rendida a un torero
total, a un torero que impuso su ley aun con los elementos en contra. Un
torero que se entregó en cuerpo y alma por triunfar en Sevilla. Porque
Sevilla le respetase...y le quisiera, aunque fuera un poco. Y lo hizo con
creces. El comienzo de faena, por alto, andando hacia fuera, mirando al
suelo cuando pasaba el toro, tuvo aires cordobesistas (del Benítez, se
entiende). Tiró del toro hasta que se le paró totalmente. Le sacó todo.
Se vació El Juli en una actuación más allá de la épica. El Juli está
empezando a hacernos creer que no hay nada imposible con él. Su
regularidad ante el toro y su espíritu de lucha, su capacidad de
sufrimiento, en cualquier plaza de toros confirman su talla.
El Juli es un figurón del toreo. Lo asume, y se obliga a ello.
Compite consigo mismo, con el toro, con sus compañeros, y hasta con los
que le ven por televisión. Su respuesta en esta Feria de Abril ha sido
indiscutible, contundente, tremenda, formidable, épica.
Nada nuevo, por otra parte.
Marc Levie. TRIOMPHE
AQUATIQUE DU JULI
Final épique pour ce dernier cartel fort de la feria.
Les deux derniers toros furent combattus sous un impressionnant déluge,
la piste étant devenue un véritable marécage ce qui n'empêcha pas le
Juli de triompher.
S'il faut juger sereinement cette corrida terminée
dans la tourmente, la corrida de Parladé n'ayant pas donné le jeu espéré,
on retiendra la lidia complète du Juli au troisième, un magnifique début
de faena de Ponce au cinquième interrompu par le déluge et le geste, le
courage et la sérénité du même Juli combattant, contre l'avis de ses
compagnons, le sixième dans des conditions d'apocalypse.
Toréant sa dernière corrida de feria d'avril,
Espartaco n'a pu rappeler les nombreux triomphes qui ont fait de lui,
pendant une décennie, le pilier central de cette feria. Le premier,
faible, enleva de selle le picador Manuel Jesús Ruiz qui appuya fortement
le châtiment à la deuxième rencontre. Le toro arriva sans la moindre énergie
au dernier tiers et Espartaco ne put que tourner autour sans autre résultat
qu'une demie concluante.
Le deuxième s'avéra manso, violent et dangereux par
une charge brusque et imprévisible. Après des efforts louables sur les
deux côtés et malgré une décision évidente, Ponce dut se résoudre à
le tuer, mal, d'une profonde couchée au cinquième essai.
Le Juli sort très décidé avec la cape face au troisième.
Il réalise une superbe quite par gaoneras – sans mise en scène ni lévitation,
sans le moindre accrochage non plus, mais parfaites dans leur exécution
– et pose trois impressionnantes paires de banderilles, deux de
"poder a poder" et celle du milieu en "sesgo por
fuera" au fil du rasoir. L'un des meilleurs tiers de banderilles réalisé
par Julián. Standing ovation. Malgré un désarmé sur l'un des premiers
essais à gauche, le Juli soumettra avec autorité une charge courte et
l'allongera lors d'une faena importante en exposition et réussite
technique. Il se jette littéralement sur le dos du toro pour enfoncer une
entière tombée, mais d'émouvante exécution.
Le beau sardo prévu en quatrième se casse la corne
gauche contre un burladero et doit être remplacé. Le vent et la pluie
qui commence à tomber gênent quelque peu le début de faena d'Espartaco
au quatrième bis, qui se déplace sans s'employer à fond et met
plusieurs fois le torero en danger. Effort méritoire de Juan, avant une
mise à mort laborieuse et un salut discret de la barrière.
Le cinquième, manso au premier tiers, a une charge
vibrante sur le côté droit et serre sur la gauche. Enrique Ponce réalisera
un magnifique début de faena, et trois séries sur la droite, rythmées,
longues et parfaitement liées, feront jouer la musique. La faena, qui
semblait cheminer vers un triomphe, baissera de ton sur la gauche, corne
beaucoup plus difficile. La pluie redouble, le déluge commence et Enrique
a toutes les peines du monde à viser avec l'épée. Il laisse une demie
au troisième voyage alors que le public, admirable de stoïcisme jusqu'au
bout, se protège comme il p(l)eut.
On ouvre la porte pour le sixième. Espartaco et Ponce
conseillent au Juli d'en rester là : la piste est une pataugeoire, on ne
peut pas toréer… Il faut suspendre. Le Juli sort sa tête et décide
d'y aller. Pieds nus, avec la lumière des projecteurs qui peine pour
passer entre les gouttes, le Juli va réaliser une lidia complète,
patinant dès qu'il court mais ne renonçant à aucun épisode : réception
à la cape, quite par tafalleras, trois paires de banderilles et faena
d'une décision et d'un aplomb renversant. La musique joue "Opera
flamenca" mais la violence de la pluie la rend presque sourde. Le
toro se déplace sans aller au bout de sa charge. Sans appuis non plus, il
est bien difficile à juger, le comportement de ce dernier Parladé, même
s'il parut, lors de ce combat aquatique, le plus maniable de la soirée.
Les pieds du torero s'enfoncent dans les flaques, il change plusieurs fois
de muleta et la faena, condamnée aux passes courtes, est une véritable
performance. Il tue d'une demie en bonne place au deuxième essai et coupe
une oreille réclamée sous les parapluies et les plastiques avant de
quitter à pied la piste de la Maestranza. Grande feria de Séville pour
le Juli et nouvel arrosage pour cette feria d'avril qui n'est jamais aussi
mouillée que lorsqu'elle tombe en mai.
El País.
JOAQUIN VIDAL . Y cayó el diluvio
La corrida transcurría "ni bien ni mal..., una de tantas",
que decía el poeta Rafael Duyos, cuando cayó el diluvio.
El diluvio universal, según testigos presenciales. Quizá no fuera
tanto y tampoco conviene exagerar: en peores garitas hemos hecho guardia.
Pero sí es cierto que la lluvia con rabia, con mala leche; o sea, a dar.
A los de la grada no les caía nada, porque están en lo enjuto.No se
crea que se trataba de un privilegio sino, por el contrario, de la
justicia distributiva. Entiéndase: la grada de la Maestranza es un
suplicio. En la grada de la Maestranza meten cuatro donde caben dos, el
pasillo lo tienen convertido en localidad, el público está amontonado,
muchos ni siquiera encuentran el sitio y han de permanecer de pie, con lo
que no dejan ver a los de atrás. Y eso si entran pues el acceso es tan
angosto que sólo permite pasar de uno en uno; y si comió, de lado... En
el remoto supuesto de que el órgano administrativo competente pasara una
inspección como es debido a la grada de la Maestranza, a alguien se le
iba a caer el pelo.
Lueg o es justo, equitativo y saludable que
si llueve los de allí no se mojen y puedan ver la corrida tan serranos;
sin calarse hasta los huesos y coger una pulmonía. Que es, exactamente lo
que les pudo suceder a los espectadores del tendido. Son muchos los
aficionados y las personas advertidas que, por esta razón, prefieren las
incomodidades de la grada, a cambio de estar a salvo de los cataclismos
meteorológicos. Quizá ese fue el motivo de que acudiera allí el
presidente autonómico José Bono y se sentara en la quinta fila, de puro
incógnito.
Lidiábase el cuarto toro cuando cayeron unas gotas
(nada del otro jueves) y el tendido entero pegó un respingo; la gente,
sobresaltada, cubriéndose precipitadamente con lo que encontraba a mano,
rumor del afanoso desplegar de chubasqueros, paraguas abiertos, gran
alboroto... Parecía el bombardeo de Guernica. Y por el quinto el panorama
ya tomó distinto cariz: lluvia torrencial empapando cuanto pillaba,
embarrando el albero, diluyéndolo bajo el agua...
Y, mientras, Enrique Ponce pegando derechazos o sus
conocidos ayudados. El hombre no paraba ni por caridad. Nadie puede negar
el mérito que tiene un torero empapado toreando sobre el barrizal. Sin
embargo la faena iba tan avanzada y llevaba en su haber tantos pases, que
prolongarla carecía de sentido.
Ponce había estado insustancial y aburrido con el
segundo toro, y en cambio a ese quinto de encastada embestida y noble
comportamiento le encontró el sitio; principalmente al doblarse por bajo
y rematar con un cambio de mano que coreó el público maestrante. Se
trataba del primer olé auténtico que oía Enrique Ponce en la tarde y
eso le animó para dar tandas de derechazos y naturales de voluntariosa
factura aunque fuera cacho y abusando del pico. Acabó cuajando los
ayudados mencionados, que son su especialidad, y apenas le hicieron caso
pues la gente estaba a guarecerse de la lluvia.
Tanta caía, sin que se le viera el fin, que la
suspensión se dio por descontada, habida cuenta de que días atrás una
corrida estuvo parada media hora sólo porque chispeaba. Pero qué va:
ante la general sorpresa, el presidente sacó el pañuelo y salió el
sexto toro.
Se ve que El Juli estaba empeñado en abrir la
puerta del Príncipe y esa habría de ser la ocasión. Ahora bien, no la
abrió, pese a que impresionaba su valentía entrando a quites,
banderilleando peligrosamente, arrimándose en los muletazos con los pies
hundidos en el barro. Mató regular y se le premió con una oreja que no
sumaba lo suficiente para que lo sacaran en triunfo por la mítica puerta
de la Maestranza.
En su toro anterior estuvo El Juli igual de
pundonoroso, hizo el poste en las gaoneras al estilo de Tomás, reunió
banderillas asomándose vertiginosamente al balcón, realizó una faena de
escaso arte compensada con el entusiasmo y la valentía y se ganó otra
oreja.
Director de lidia iba Espartaco, a quien
correspondió el lote de menos recorrido y, por tanto, más limitado
lucimiento, al que aplicó sendas faenas de mediocre composición.
Para entonces, en efecto, la corrida transcurría
ni bien ni mal: una de tantas. Los alardes del joven El Juli, tanto como
las ventajillas que se tomaban los veteranos Espartaco y Ponce, y la
poquedad de los toros, eran los esperados. Hasta que llegó el diluvio y
purificó la fiesta. O la lavó la cara; depende de cómo se mire.
ABC.
ZABALA DE LA SERNA. El Juli se
agarra a su madera de figura bajo el diluvio
A la hora de que saltara el sexto a
la arena, diluviaba como pocas veces se habrá visto en Sevilla. A El Juli
le habrían respaldado todos los argumentos para haber dicho que allí no
toreaba ni Noé. Además ya había justificado los honorarios al
arrancarle una oreja a su primer toro. Pero ni siquiera planteó una duda.
Se parapetó tras el burladero y esperó a que el ejemplar de Parladé
apareciera sobre el barrizal. El agua caía como un torrente, como si las
compuertas del cielo se hubieran abierto de par en par.
SIN LAS ZAPATILLAS
Sin las zapatillas, aferrado a su madera
de figura del toreo para sobrevivir y flotar sobre el cenegal, lanceó con
firmeza mientras el astado derrapaba como el coche de los malos en una
huida por San Francisco. Quitó por tafalleras o villaltinas y dominó una
situación que su cuadrilla, en este caso Sevillita, no era capaz de domeñar.
Para más inri pidió los palos, y se jugó la vida sin cuento. A la
salida de cada par, el toro le hacía hilo. El Juli medía la carrera,
cada paso, para no caer y a la vez poder frenar sin estrellarse contra las
tablas. Tras el tercer par, pasó apuros serios: ni un capote fue capaz de
cortar la acometida que le acosaba hacia la barrera. Muleta en mano,
obtuvo una faena de mérito, por las circunstancias ambientales y porque
el juampedro de Parladé, aun noble, se quedaba cada vez más corto.
Cambió de muleta —el peso del empapado trapo
impedía la soltura—, y siguió hasta exprimir las últimas embestidas.
Hasta que mató de un metisaca —¿o tal vez resbaló la espada en una
banderilla?— y una estocada trasera. El público se le entregó. No era
para menos.
Ya en el tercero banderilleó con apreturas, dejándose
llegar los pitones al pecho, en dos pares —monumental el segundo y
notable el tercero— al sesgo, de dentro afuera. Bien ayer por El Juli
con los rehiletes. Había toreado antes con ceñimiento a la verónica y
en un quite por gaoneras de ¡ay! Tiró con firmeza de los viajes sobre
una mano derecha que conducía con poder al enemigo, más enemigo que
nunca por el pitón contrario, por donde se vencía y buscaba. Un desarme
no desmoralizó al torero de Velilla de San Antonio para mantenerse al
natural y sacar de donde no había. Se tiró a matar como si la vida le
fuera en ello y cobró una estocada en el rincón, efectiva y mortal. El
trofeo cayó en sus manos.
La corrida de Parladé, muy justita de trapío, por
ser generosos, no valió mucho. O más bien nada. El sobrero que hizo
cuarto bis —al anterior lo habían desgraciado contra un burladero, una
vez más en esta feria— derrochó tanta calidad como pocas fuerzas.
Espartaco construyó una faena de más a menos, por las afueras y con
tanto uso o abuso del pico como otros a los que aquí no se les perdona.
Nada logró obtener del que abrió plaza, un marmolillo.
A Ponce se le ha ido la feria en blanco. El chico y
geniudo segundo apenas le dio opciones. Mayores oportunidades le ofreció
el manso quinto. Al buen inicio por bajo y a una serie de derechazos, le
siguió una labor a favor de querencia, dándole facilidades al rajado
animal. Pero la cosa acabó con el toro en franca huida y el matador en
clara persecución. Se precipitó el diluvio, El Juli se aferró a su
madera de casta y oro y lo demás está ya contado.
La Razón.
JUAN POSADA. El Juli, que cortó
dos orejas, se mostró rabioso
Los toros de Parladé, terciados, descastados y flojos, decepcionaron;
sólo destacó el sexto
Ayer quedó demostrado que cuando un
torero quiere de verdad todas las inconveniencias se obvian. La decisión
de El Juli, que hizo quites en los toros de los compañeros y en los
suyos, a los cuales banderilleó y mató con arrojo, hizo olvidar al
respetable la escasa presencia de las reses. Se le notó desde el
principio la rabia. Es decir, el coraje que tenía por dentro. Los
triunfos de su inmediato antagonista, José Tomás, lo espolearon, como
debe ser.
Espartaco, permitió que le pegaran mucho en el segundo
puyazo a su primero y pagó las consecuencias. No tuvo suficiente
arrancada desde la mitad de la faena. Anteriormente sí embistió largo y
noble. Él, en línea, sin cruzarse, toreó separado y sin convencimiento.
Prosiguió con la diestra, también sin arriesgar demasiado. Los
naturales, ya en la corta distancia, de compromiso. La verdad es que
Espartaco no estuvo a la altura debida. La media estocada en la yema fue
basamiento para que la concurrencia guardara un silencio conmiserativo.
Brindó el cuarto, último toro que mataba en la Feria
de Abril de Sevilla, y el público respondió aplaudiendo todo lo que hizo
delante del burel, aunque no fuera demasiado bueno. Los primeros pases con
la derecha, muleta adelantada fueron buenos, largos y templados. Luego,
resueltos hacia fuera y sin demasiadas estrecheces. Un pase de pecho, muy
bueno. Su pundonor le hizo tomar la franela en la izquierda, también sin
ajuste y con desarme. En definitiva, faena voluntariosa, con algunas
lagunas, que en estas circunstancias apenas tienen importancia. Un
pinchazo y media estocada arriba. Ese toro hace años, pocos, le hubiera
servido más.
Enrique Ponce con el terciado y manso segundo anduvo
sobrado. Adelantó la muleta en los pases iniciales con la derecha, y
aguantó los derrotes a la cara que le dirigió el de Parladé. Bien
situado siempre, soportó la mansedumbre del animalito que, además
gazapeaba y le miraba en demasía. Hizo lo debido, demostrar que el animal
no pasaba por ambos pitones y después matarlo. Pero eso fue harina de
otro costal. Necesitó cuatro pinchazos antes de la estocada mortífera.
El público, comprendió el esfuerzo y le alentó con sus aplausos.
El mansote quinto
Con el mansote quinto, comenzó su
faena muy bien por bajo, seguido de naturales diestros, relajado y
rematando atrás. Lo atrajo en la segunda tanda, muy toreado desde
distancia, y remató otra vez al final del semicírculo. La tercera serie,
de la misma manera. Con la izquierda cambió el panorama; los dos primeros
naturales, largos y precisos, los otros, paso atrás. Llovía a manta.
Insistió con la izquierda pero ya sin oles.
A El Juli se le notó el cabreo desde que salió. Se
acordaba de lo que se acordaba... Buenos lances y quite apretado por
gaoneras. A el toro, mansote, le dosificaron el castigo y respondió mejor
en el muleta. Antes banderilleó con mucho riesgo. La labor estuvo
presidida por la inteligencia. Adelantó la muleta en las primeras series
cuando el toro aún tenía ímpetus y probaba, y la dejó a la altura de
su entrepierna cuando el animal cedió. La segunda mitad fue más
meritoria porque el astado no quería embestir y lo miraba. Faena rabiosa
pero calmada. Lo apostó todo a la hora de matar.
Al sonar el clarín para la salida del sexto se abrió
el cielo y no paró de llover hasta que Juli salió de la plaza entre
gritos de torero, torero. No se puede decir que esta labor del madrileño
fuera ni buena ni artística, sí que fue faena torera. Lances en medio de
un diluvio, galleos por chicuelinas para colocarlo en el caballo y un
quite por tafalleras. El público le exigió que banderilleara y no se
hizo esperar. Tres pares entre resbalones de ambos y las ovaciones del
respetable. Desde el principio, con la mano derecha sin arrastrar el
trapo. Si lo hubiera hecho no habría podido con él en el siguiente
lance. Era mucha el agua que había en el ruedo. Muletazos zurdos,
valientes. La mejor señal del interés fue que nadie se movió. Una
estocada con mucha decisión, tras un pinchazo en falso, hizo que le
pidieran la oreja
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Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
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