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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 2 de septiembre del 2001
Novillada picada
FICHA TÉCNICA
Ganadería:
Novillos
de Juan José González, bien presentados, mansos, descastados y difíciles.
Diestros:
- Abraham
Barragán, pinchazo, media y cuatro descabellos (silencio);
pinchazo y estocada (ovación).
- Carlos Gallego, estocada (ovación); estocada baja
(silencio).
- I. Moreno de Terry, estocada tendida y tres
descabellos (ovación); estocada (ovación).
Entrada: menos de un cuarto de entrada.
Tiempo: calor sofocante.
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
Diario
de Sevilla, El País.
PortalTaurino.
MANUEL VIERA. De lo más vulgar
Aparecer por Sevilla sin el más mínimo bagaje
de festejos toreados, sin experiencia, falto de oficio y el miedo en las
entrañas, es tirarse a la piscina, pero sin agua. A la Maestranza se debe
venir con la responsabilidad que merece el ruedo que se pisa y un mínimo
saber, para después, si el triunfo llega, salir con la fuerza que debe de
dar tan emblemático coso. El difícil acceso a torear que padecen muchos
novilleros, quizá justifique venir a la desesperada en busca del hipotético
éxito, aunque en acto seguido se malgaste una recomendación
que vendría muy bien en futuras convocatorias, y con el oficio necesario
que demanda la plaza. Así que, como tantas veces ocurre, la
equivocada decisión salió mal, y sirve, más que para aupar al posible
torero, para dejarlo en el olvido en próximas y deseadas empresas. Nada
conocía de las calidades toreras de Moreno de Terry, pero sí de su
escaso bagaje, y esto lo dejó patente el diestro de Badajoz en el ruedo
maestrante. Le falta oficio y... le falta valor. El mínimo necesario
para estar delante del novillo, pisar los terrenos adecuados y ajustar el
toreo. Nada de esto hace Ignacio Moreno. Con el tercero, ni se puso en el
sitio, ni se quedó quieto, ni tubo un atisbo de calidad en sus formas.
Fue toda la faena un simulacro de lidia, más propia de una capea de
pueblo que de un festejo en una plaza como la de Sevilla. Feo favor le
hacen, a estos que empiezan, con llevarlos a tan serios y responsables
compromisos. Con el sexto hasta le echó unas ganas tremendas por agradar.
Los faroles en el quite fueron para él, sólo para él, el público, el
escaso y variopinto público que asistió a la novillada, ni se inmutó.
Después, los intentos con la franela fueron baldíos. Agotó los tiempos
con falsos muletazos sin sitio, y se quitó al manso animal, tras el
obligado revolcón, de una hábil estocada.
También se dejó llevar por la suerte Carlos
Gallego, y no la tuvo porque carece de los más mínimos conceptos del
toreo para tan responsable presentación en tan importante coso. Nunca le
cogió la distancia al buen novillo que hacía segundo. Se buscó la
voltereta, y aunque demostró ganas y valor nunca estuvo en su
sitio. Con el quinto, otro novillo noble y de fija embestida, le
desaprovechó los primeros viajes tras errónea colocación. Ahogó el
buen tranco para hacer el toreo de cercanías, pero sin ninguna convicción.
Y para colmo de males en la anodina tarde de toros,
ni el más puesto de la terna. Abrahán Barragán, pudo ratificar su
anterior comparecencia en esta plaza. A su favor tiene la escasa
colaboración de sus dos novillos. El primero, parado y manso, le
trazó muletazos sin emoción. El cuarto, un colorao con cuajo y kilos,
dijo no embestir en la muleta, Barragán no tuvo otra opción que matarlo
de un buen espadazo.
De lo más vulgar.
Diario de Sevilla.
LUIS NIETO. Calor asfixiante y muchas sombras
La terna de novilleros -Abraham Barragán, Carlos
Gallego y Moreno de Terry- se marchó de vacío de la Maestranza y no dejó
huella alguna. Dentro del ayuno al que sometieron al respetable, cabe
destacar la ausencia de un toreo de capa con un mínimo de calidad. Más
bien hubo muchas sombras en un festejo celebrado con escaso público y un
calor asfixiante. Tarde plúmbea, pesada, con unos novillos de Juan José
González, en general bien presentados, nobles y deslucidos, a excepción
del quinto, potable. Una tarde en la que, en líneas generales, las
cuadrillas tampoco brillaron, especialmente en la brega.
Barragán, el único con oficio, puso más voluntad que acierto con el
que abrió plaza, un novillo mal lidiado, al que castigaron en exceso y
mal en varas. En los medios, no consiguió cogerle el aire al noble y soso
novillo, al que mató muy mal.
El cuarto, que salió con poder, derribando en un puyazo, se rajó
pronto. Barragán comenzó con un toreo por bajo de calidad. Pero cuando
sacó con buen criterio al novillo a las afueras, el animal manseó y se
defendió. El torero tampoco estuvo fino con la espada.
Al segundo, al que no le sobraban las fuerzas, le castigaron en exceso.
Gallego, en los medios, fue enganchado en la segunda tanda con la diestra.
La cuadrilla tardó una eternidad en llegar al quite. Si aquel novillote
noblón y con horchata en la sangre es un toro con toda la barba y
encastado, se lo hubiera comido. Porque tiempo tuvo. Todo quedó en el
destrozo de la taleguilla, a la altura superior del muslo izquierdo. Por
el pitón izquierdo, el astado se quedaba cortísimo y el torero mató a
la primera.
El quinto, un astado colorao, largo, con cuajo de toro, fue el más
potable del encierro. Gallego se centró en una primera tanda con la
diestra, la única ligada del festejo. Luego, no se acopló y tanto por
uno como por otro pitón, la labor fue a menos. Aunque mató a la primera,
fue silenciado.
Ignacio Moreno de Terry es, al día de hoy, el más verde de los tres.
Con el descastado tercero, se mostró desconfiado. No jugó bien los
brazos y el novillo se le quedaba debajo del capote; incluso tiene el
defecto de lancear hacia arriba. Con la muleta, fuera de cacho, sin
seguridad, estuvo a expensas del novillo que, distraído y con la cara
alta, le desbordó en varias ocasiones, incluido un desarme a última
hora.
Con el sexto, un manso que buscó tablas, sacó a relucir nuevamente
otro de sus defectos: un codilleo pronunciado. En esta ocasión sufrió
una voltereta en el epílogo de su labor, en la que la voluntad fue su única
arma.
El País.
ANTONIO LORCA. En
familia
La novillada transcurrió en familia. El
festijo de ayer ha sido, sin duda, el que menos asistencia de público ha
registrado en lo que va de temporada. No más de un cuarto de entrada. El
asunto es preocupante, pero tiene su lógica explicación.
Ninguno de los tres novilleros ha nacido a
la vera del Guadalquivir: el primero, en Albacete; el segundo, en
Zaragoza, y el último, en Badajoz, tierras lejanas para que familiares y
partidarios alquilen un autobús en plena vuelta de vacaciones. Total, que
los novilleros estaban solos ante el peligro y eso se nota.
Pero hay más. La ganadería de Juan José
González volvió a fracasar. Este es otro caso inexplicable de amigo del
empresario que tiene asegurada su presencia cada año en la Maestranza, al
margen del juego, casi siempre negativo, de sus toros.
Así las cosas, entre la fecha, los
novilleros forasteros y los malos novillos, no es extraño que la plaza
registrara una pobre entrada. Pero no acaba aquí tan triste asunto. Los
que acudieron se aburrieron. Y eso es más grave. O no, quién sabe,
porque la mayoría eran extranjeros y a esos no se les ve en otra.
Los mejores momentos de la tarde surgieron
de la muleta de Barragán al torear por naturales a su descatado primero.
Está experimentado, aunque le faltó ambición, pecó de frialdad y se
conformó con tres pases de buena factura. En el otro, un marmolillo, nada
pudo hacer. El maño Gallego está muy verde y trató de suplir con decisión
su escaso bagaje técnico. Ninguno de sus oponentes le ofreció
facilidades. Mató de una gran estocada a su primero y consiguió unos
buenos derechazos en el otro. Moreno está verdísimo. Le tocó el peor
lote; pasó muchas fatigas y su éxito fue salir por sus pies de la plaza.
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Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
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