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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del martes, 1 de mayo del 2001
Corrida de toros
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros Gavira y Martelilla,
faltos de casta y raza. Diferente presentación.
Diestros:
- Jesulín de
Ubrique, media estocada y descabello (silencio); estocada entera,
descabello (saludos).
- Rivera Ordóñez,
media estocada, dos descabello, media estocada, dos descabello
(silencio); estocada contraria, descabello (palmas).
-
Morante
de la Puebla, dos pinchazos, aviso, estocada (silencio); aviso,
estocada, (saludos).
Banderillero que saludó: Curro Molina, de la cuadrilla de
Rivera Ordóñez, en el 5º de la tarde.
Entrada: hasta la bandera
Crónicas de la prensa: PortalTaurino,
ABC, El País,
LA Razón
PortalTaurino.
FRANCISCO MATEOS. Señoritos, los carruajes esperan
Prisas en los tendidos por marcharse al Real tras una infumable corrida
remendada a última hora
Estaban siendo relativamente tranquilas las labores de reconocimientos
veterinarios en la plaza de toros de Sevilla durante el ciclo ferial, pero
hoy ya se produjo un descalabro. Ni un sólo toro de la anunciada corrida
de Manolo González se lidió finalmente, y la empresa remendó el
encierro con astados de Gavira y Martelilla a partes iguales. La plaza no
se resintió y se llenó, sin que se produjeran devoluciones de entradas.
Y es que ya estamos en farolillos, con el Paseo Colón atestado de coches
de caballos esperando a los señoritos andaluces del siglo XXI para
llevarlos al Real, y lo de menos, de verdad, es quién toree o qué toros
se lidien. Ante una corrida mala, prisas en los tendidos para olvidar lo
visto con manzanillas y finos.
Jesulín apechó por delante con un astado de Gavira áspero que
cortaba el viaje y no remataba los muletazos. El de Ubrique lo pasó por
la muleta pero friamente, sin pelearse.
Y con el destino pareció pelearse en el cuarto, un astado de Martelilla
que siempre rebañó al rematar el muletazo y fue un defecto que se fue
incrementando con el paso del trasteo. Jesús se desesperó porque no era
la Feria que hubiera querido redondear, aunque ha dado una impresión muy
positiva.
Todas las portagayolas me producen un respeto tremendo, porque el que esto
escribe ha pasado muchas veces por delante de ese amplio portón de
toriles de Sevilla para pasar de un tendido a otro y, creánme, que hasta
cerrado da miedo cruzar ante él. Pero la pregunta que hay que hacerse es
para qué sirve una portagayola. Es un lance arriesgado, aunque tenga su técnica,
pero en el que influye mucho la suerte. Y servir, sirve para varias cosas,
pero sobre todo para 'calentar' los tendidos. Pero se confunde aquel que
crea que sirve para demostrar mayor valor, e incluso mayor disposición.
Eso es falso. Por ponerse a portagayola no se tiene, ni mucho menos, más
valor que el que no se pone, o se tiene más ganas de buscar el triunfo.
Porque el toreo, que es muy amplio afortunadamente, tiene unos principios
básicos, que es eso que se ha venido en llamar el toreo fundamental. Por
eso, que Rivera Ordóñez recibiera a su primero con una larga a
portagayola y, tras estar casi cogido, diera dos más demuestra el valor más
que contrastado que en momentos difíciles ha demostrado, pero no por ello
tenía mayor disposición al triunfo o dispone de mayor valor que sus
compañeros. Es un lance que, en el caso de Rivera, denota su raza. Y es
que después, en la muleta, el toro de Martelilla, que entró con la
cabeza a media altura y sin humillar, se
dejó hacer más cosas de las que logró acertar a extraer el torero.
Descastado, parado y sin recorrido el quinto, de Gavira, que no entró ni
una sola vez a la muleta de Rivera Ordóñez. El torero termina una Feria
de forma bastante discreta.
El cuarto, de Martelilla, se paró en la muleta y su matador, Morante
de la Puebla, no supo encontrar la manera de alegrarlo, y eso que él es
uno de los toreros más pintureros, frescos y con chispa del escalafón.
Con la espada, sigue sin tenerlo claro: dos pinchazos y un bajonazo. El último,
de la divisa de Gavira, fue el más potable de la remendada corrida.
Morante fue víctima de sus propios fallos técnicos, sobre todo de la
falta de firmeza en los planteamientos de faena. A los inicios dubitativos
le siguieron un par de tandas entonadas por el lado derecho, pero después
vino un desarme y otra vez a empezar de nuevo. La faena no cogió el vuelo
que el toro demandaba y se esfumó la cierta posibilidad que tenía.
ABC. ZABALA DE LA SERNA.
Morante, víctima de un romance
No acompaña el tiempo a la Feria de Abril. El frío se ha echado sobre
Sevilla como sobre toda España. Pero no ha impedido que sevillanos y foráneos
invadan el ferial en una auténtica riada humana. Por el centro de la
ciudad, el nombre de José Tomás va de boca en boca, como un eco
inacabable. En «Albero» o en «La Flor de Toranzo» del cabal Rogelio o
en la «Barviana» del bueno de Manolo o en «El Mesón Sancho», donde
Jaime me da de cenar a horas intempestivas, las conversaciones giran en
torno al mismo hombre, ahora herido.
Abril de 2001 quedará para la historia inexorablemente unido a José Tomás.
Dos Puertas del Príncipe y una cornada lo han consagrado. El idilio con
Sevilla se ha consolidado. La entrega con entrega se paga. En el toreo y
en una afición de amplias miras hay sitio para muchos toreros. Pero, no sé
por qué, el romance de primavera, este hermanamiento entre Galapagar e Híspalis,
deja una víctima en la cuneta: Morante de la Puebla. O quizá sea víctima
de sí mismo. No sé.
La baja temperatura en la relación se palpa en el ambiente. A Morante,
que concibe el toreo de una manera muy especial y bella, no le han rodado
las cosas donde, hace ahora dos años, le aclamaban como sucesor y príncipe.
El joven matador de La Puebla de Río no ha recuperado el sitio desde
aquella cornada violenta que se interpuso doce meses atrás entre él y la
Puerta que Belmonte vigila desde el Altozano y la historia.
Morante no lo ve claro ahora mismo. Duda y sus faenas carecen de hilo
argumental. Hay tumulto en su cabeza, se intuye. Tal vez su línea no vaya
en los sones poderosos que reclamaba el manso sexto, uno de los tres toros
de Gavira lidiados ayer. No existió la lidia, sólo desorden y
desconcierto en las galopadas del toro. Morante hizo un esfuerzo. Muleta
en mano forzó la máquina. Pero no había trama. En un par de series de
derechazos de mano baja le cogió el aire al enemigo y evitó los hachazos
que lanzaba a media altura. Cuando parecía que lo iba a meter en la
muleta, surgieron los enganchones y la desmoralización del matador.
Poco consiguió del terciado tercero, que era de La Martelilla, como
segundo y cuarto —fue la solución de urgencia para reemplazar la
rechazada corrida de Manolo González—. La nobleza de este toro acabó
acobardada y rajada de golpe y porrazo.
TIEMPOS PASADOS
Rivera Ordóñez revivió tiempos pasados cuando a portagayola se jugó la
vida, literalmente. La plaza se convirtió en un hervidero con dos largas
cambiadas más y un ramillete de verónicas de vibrante ejecución, después
de que recuperara el capote tras un momento de desarme y angustia. Fue
todo. Ninguno de sus toros sirvió: tal y como se coloca es difícil el
toreo.
El lote de Jesulín fue harto deslucido y complicado. Peligrosos y cortos
los viajes del hondo primer gavira y violento y defensivo el cuarto.
Resolvió fácil el diestro de Ubrique, muy seguro con los aceros. En su
haber obra la estocada de la Feria, ejecutada el otro día, en su anterior
actuación.
El País. JOAQUIN
VIDAL. Alboroto en La Maestranza
El alboroto que armó Rivera Ordóñez a porta gayola fue el más
estruendoso de cuantos llevamos en la feria. Un alboroto -entiéndase- de
aplausos, de vítores, de notas musicales lanzadas al éter para alcanzar
las estrellas.
Se puso de rodillas Rivera Ordóñez a porta gayola para recibir al
segundo toro y al tirar la larga un asta le arrebató el capote. Y allí
fue ella pues Rivera Ordóñez, recrecido en su orgullo, lo tomó de
nuevo, se echó de rodillas, tiró dos largas cambiadas más y, de pie, ciñó
verónicas templando y aguantando la embestida, que venía fogosa
intentando arrasar cuanto se le pusiera por delante.
La reacción del público ya puede imaginarse: de pie porque los
nervios no dejaban tomar asiento, rompiéndose las manos de aplaudir.
Algunos hasta se abrazaban. Y confundido con las ovaciones llegaba el tachín-tachín
de la banda del maestro Tejera complemento esencial en Sevilla para
rubricar el triunfo de un torero. Si no lo celebra con sus brillantes
compases la banda del maestro Tejera, el toreo no vale y no hay triunfo ni
ná.
Un duque a porta gayola, se pudo titular el acontecimiento, porque
Francisco Rivera Ordóñez es duque consorte, lo sabe todo el mundo. Sólo
que en la comunidad taurómaca eso no cuenta para nada. En la comunidad
que venera el rito taurómaco, un plebeyo puede ser elevado a la categoría
de príncipe o un rebeco descreído a la de papa, pero a un aristócrata
de cuna lo mandan sin contemplaciones a por tabaco si no sabe estar
delante del toro y a un cura le pueden ir dando si se mete a coletudo y no
vale para parar, templar y mandar.
Hay gente, sin embargo, que confunde estos conceptos (o sea, la
velocidad con el tocino) y se presenta en los graderíos queriendo imponer
la ley de la popularidad que fijan cada semana las revistas del corazón.
De manera que la plaza estaba llena ayer (como tantas otras cualquier día)
de los que iban a ver y aclamar al presunto ligón y al duque, simplemente
porque conocen sus andanzas, sus saraos, sus relaciones sentimentales; lo
cual, al parecer, da honor y prez.
Claro que una cosa es la popularidad, otra la torería, y si de aquella
nadie duda, en ésta los referidos diestros anduvieron bien justitos e
hicieron lo que pudieron.
El tercer espada era Morante de la Puebla que tiempo atrás firmó en
el mismo albero de la Maestranza faenas de reconocida enjundia, y la afición
-siempre optimista- guardaba esperanzas de que las repitiera. Pero no hubo
manera. Morante de la Puebla parece atravesar un agudo bache artístico, y
si bien el hombre se esfuerza, el corazón no le responde lo suficiente
para ejecutar el toreo puro, que es el de parar, templar y mandar...
cargando la suerte.
Realizó Morante dos faenas larguísimas, en general desaseadas, salvo
algunos detalles de ortodoxas formas; no muchos, la verdad. Y en los esporádicos
pasajes en que logró alguna tanda de muletazos seguidos -inmediatamente
jaleados- casi siempre por la derecha, los instrumentaba fuera de cacho y
largando pico. En la que le montó al sexto toro, un bravucón venido a
menos, se excedió pegando derechazos, se echó la muleta a la izquierda
cuando el toro ya tenía perdido el celo y buscaba tablas, oyó un
aviso...
Mejor toreo realizaron los populares, las cosas como son. Jesulín logró
redondos mandones de estupenda factura en el transcurso de sendas faenas
que carecieron de inspiración. Y Rivera, muy pundonoroso frente al Gavira
manso, de media arrancada e incierto que hizo quinto, se mostró inhábil
y desbordado por la casta del Martelilla que hizo segundo.
Que fue -ese segundo- el de la apoteosis a porta gayola, con su
alboroto, sin precedentes en toda la feria. Juraría uno, aunque sin
pruebas. Hay que evolucionar. E ir a los toros con medidor de decibelios.
Y con contabble para que saque la cuenta de los derechazos que se ven cada
tarde. Lo menos mil.
La Razón. JUAN
POSADA. Jesulín y Rivera supieron lidiar a los
mansos
Juan POSADA
Corrida la de ayer para lidiadores. Toros mansos, algunos con genio malo y
mucho temperamento. Jesulín superó la prueba con inteligencia y valor.
Rivera Ordóñez, mucho más animado que últimamente, buscó siempre el
éxito y, en ocasiones, estuvo brillante. Morante, empeñado en el arte,
se perdió en la vorágine de la mansedumbre de sus dos toros.
Jesulín, en su nueva faceta de torero circunspecto
intenta serlo en todo momento. Se le echa de menos algo de la alegría de
antaño. Su primera faena, con un toro reservón, correcta. Lo intentó
siempre, pero en todas las ocasiones el animal se quedaba corto, por ambos
pitones, al segundo muletazo. Insistió una y otra vez, y el toro más en
su defecto. Jesús, decidido y sin ánimo de desmantelarse, cumplió el
objetivo al estar muy toreramente delante de semejante animal. Más no
pudo hacer
Con el quinto, de Martelilla, brusco y temperamental,
bien con el capote. Con una actitud más rabiosa, menos académica, inició
la faena de muleta por bajo y con buen estilo. Adelantó el trapo en la
primera serie con la diestra y, aunque el bicorne tiraba derrotes
peligrosos, consiguió llevarlo hasta el final de la embestida y rematar
muy bien todos los pases, incluido el de pecho. La segunda tanda con la
derecha, de igual factura y con un excelente pase de pecho. Ahí se acabó
la cosa. No se acopló tanto en la tanda izquierda, principalmente porque
el toro probó mucho la embestida y no se dejaba llevar. Insistió luego
con la mano derecha y ya los derrotes iban a la cara. Jesulín estuvo a la
altura de las circunstancias. En todo momento supo lo que tenía que hacer
y lo efectuó con inteligencia y valor. Si esa es la nueva tónica del de
Ubrique en su reaparición, le auguramos muchos éxitos. Los toros que le
tocaron en suerte fueron piedra de toque positiva para él.
Rivera Ordóñez asustó al personal en el segundo al
recibirlo a porta gayola. El toro salió al paso y con peligro. Le quitó
el capote al final del lance y Rivera hubo de cuartearlo a cuerpo limpio.
Valerosamente recuperó la tela y le instrumentó otras dos largas en el
tercio. Para entonces, la gente, emocionada, en pie. Los lances que
siguieron, vibrantes y valerosos, completaron su actuación inicial.
Los primero ayudados por bajo y el de pecho hicieron
concebir ilusiones. Pero al intentar torear al natural con la derecha, el
toro se le quedó por debajo, y ya no dejó de hacerlo. Prosiguió con la
mano derecha, valiente, pero sin el lucimiento pretendido ya que las
condiciones del toro no era para filigranas. No obstante, y eso fue lo
mejor de su labor, probó dos veces al natural con la izquierda y en los
cuatro o cinco que logró instrumentar se jugó la cara. A la hora de
matar, mal. Lo intentó en la suerte contraria a la primera vez, cuando lo
suyo hubiese sido en la suerte natural. Fue una lástima su pésima
actuación con los aceros.
Con el quinto, de Gavira, manso y con dificultades,
realizó una faena inteligente, técnica y valerosa. Fue una lidia a la
moderna en la que el torero se cruzó valientemente en los muletazos con
la mano derecha, dejando el engaño ante el hocico. Era lo correcto. Los
naturales que intentó, imposibles. El toro entraba al paso y tiraba
hachazos por doquier. Una faena tranquila y desarrollando conocimientos de
lidia que no se ven frecuentemente. Lidiar, aunque no se corte oreja también
es bello. Y ayer fue necesaria utilizarla en todos los sentidos.
Morante no acertó a encontrar la distancia al tercero.
Comenzó bien con muletazos por bajo muy rematados y de esa forma llevó
al toro al centró del ruedo. Los muletazos iniciales con la diestra, en
los que la res repitió, fueron largos y emotivos. Con la izquierda,
compuso bien la figura, aunque faltó un tanto más de templanza. El burel
dejó de repetir las arrancadas y comenzó a escarbar. Había cambiado su
condición; necesitaba distancia más corta en el cite. De la Puebla no la
encontró, no quiso, o no pudo.
Todo fueron ya pruebas, cambios de terrenos, hasta que
halló mejor lugar en el centro geométrico. Allí, una tanda con la
derecha buena y excelente pase de pecho. El toro volvió a escarbar y
Morante, un tanto desconcertado, como si no supiera que hacer, perdió el
dominio de la situación.
En el que cerró plaza, que necesitaba mano dura, lidia
adecuada y dominio, intentó desde el principio torearlo lucido. Lo sacó
fuera e inmediatamente le plató la muleta adelantada, que el toro tomó
fuertemente. Aguantó dos o tres muletazos más y parecía que dominaría
la situación. Efectivamente, otra vez con la derecha bien aunque ya el
burel, que campaba por sus respectos, le tiró derrotes a la cara. Morante
falló de nuevo en la distancia y no fue capaz de situarle en las cercanías
para en corto sacarle los pocos muletazos que aún le quedaban. Al final,
el bicorne dominó la situación.
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Aspectos
legales de la Autoridad taurina |
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