|
|
|
Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
FERIA DE ABRIL
Tarde del domingo, 30 de abril del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
Imágenes
del festejo
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Cinco toros de
El
Capea (mansos, peligrosos, sin raza ni casta; fueron pitados en el arrastre)
y uno, 6ª sobrero, de Carmen
Lorenzo (noble).
Diestros:
Presidente: Fernando Carrasco.
Entrada: hasta la bandera.
Tiempo: nubes y lluvia leve.
Crónicas de la prensa: El
Pais, ABC, El Mundo, La
Razon.
El País. JOAQUÍN
VIDAL. 'Vaya ganao'
Soltaron una sarta de moruchos. "¡Vaya ganao", era la frase más
repetida. Primero, en voz baja, como quieren los celosos custodios de los
silencios de la Maestranza; luego, abiertamente y a viva voz. Y hasta cosas
peores se oyeron, dirigidas a la empresa, al ganadero y al sursum corda.
La gente, tarde adelante, se iba hartando y, además, con lo que sucedía
fuera de allí (por los estadios: el Sevilla y el Betis opositando a segunda) no
estaba para bromas. Varios de los toros los pitaron en el arrastre, a otros los
abuchearon y al que hacía tercero le metieron un broncazo. Como si tuviera
culpa el toro, que ya estaba muerto y no perneaba.
Lo de pernear no es una cita cruel, menos aún fina ironía, por mucho que el
perneo azaroso, con su andar quebradizo, constituyera una de las lamentables
características de los mal llamados toros.
Qué más quisieran ellos, ser toros. Los criaron borregos y el hombre blanco
cometió la vileza de echarlos a la lidia, para lo cual no tenían el necesario
espíritu combativo; menos aún la constitución física que requieren
semejantes trotes. Y embestir, naturalmente, tampoco sabían. Lo que -falto de
casta- se sale de manso y
entra de lleno en lo morucho, es imposible que embista, salvo rara excepción.
La excepción -digamos, hilando muy delgado- se produjo con el sexto toro,
sobrero, hierro Carmen
Lorenzo, que le dio por acudir
bobalicón a la muleta y
Finito de Córdoba pudo torearlo a gusto.
Tan a gusto toreaba Finito que parecía estar gulusmeando miel de la Alcarria
y se superaba en la exquisitez de los derechazos, de los pases de
pecho marcados de cabeza a rabo. Tomó faena
adelante la muleta con la
izquierda y la interpretación de la suerte
fundamental ya no le sentó tan grata al paladar, por lo que volvió a los
derechazos y abrochó el trasteo
trayéndose el borrego al tercio mediante bonitos ayudados, alguno rodilla en
tierra.
La excesiva duración del trasteo, la estocada
defectuosa, el aviso, los descabellos, privaron a Finito de la oreja que elentusiasmado público estaba dispuesto a concederle. Pero uno no está muy
seguro de que la tal oreja
fuese merecida. Muchos aficionados que pululaban por el graderío, náufragos
del triunfalismo, tampoco. Cabras bobas como aquella no son de recibo y devalúan
totalmente el arte de torear.
Toros sin trapío, ni fuerza, ni casta, no son toros y, por tanto, no hacen
toreo. El propio Finito -que, por cierto, lanceó estupendamente a la verónica-
al anterior de su lote ni siquiera le pudo esbozar una mínima faena
pues se le desplomaba a cada intento.
Lo propio le ocurrió a Enrique Ponce con el segundo de la tarde, sólo que a
éste le dio una sesión de tremendismo ahogándole la embestida. Enrique Ponce
sabe. Torero que cita a dos palmos de los pitones, ahoga la embestida
e incluso la llega a anular, mas impresiona a su militancia partidista y al público
de aluvión, que ignora estos matices y seguramente ni siquiera le importan.
El quinto toro debía de
tener algo más de vaca que de carnero y no se cayó. No obstante desarrolló el
temperamento asnal que caracterizaba a sus hermanos de sangre y limitó las
embestidas a medias arrancadas. Enrique Ponce estuvo muy voluntarioso
con este toro, le citó en diversas distancias, aguantó parones, y si con
excesiva frecuencia se aliviaba con el pico de su enorme muleta, merecía una
comprensión y un disimulo, dadas las circunstancias.
Curro Romero no anduvo
con tantas contemplaciones: a sus dos tullidos moruchos los trapaceó brevemente
con capote y muleta, los
acuchilló de infamante manera e hizo oídos sordos al indignado griterìo del público.
Esta vez no se trataba de broncas testimoniales y divertidas, acaso porque parte
del público llegó a sospechar que Curro y el resto de la cuadrilla
-ganadero y empresa incluidos- le estaban tomando el pelo.
Los toreros (a las figuras nos queremos referir) se quejan de las
dificultades de este ganao infumable, de que les impide el lucimiento;
ponderan los esfuerzos que hubieron de hacer para sacarles partido, los sudores
que pasaron, los peligros que corrieron; y los revisteros áulicos añaden un cúmulo
de méritos para ensalzar su generosa disposición. Pero, a la hora de la
verdad, vuelven a imponer el mismo ganao impresentable y moruchón. De
donde se deduce que es el que les conviene.
No es igual un toro de trapío, bien armado y astifino, que una menudenciagorda, acorne y feble. No trae igual riesgo el toro que embiste con encastadacodicia que un borrego atontado y crepuscular. Tal ha de ser la razón de que se
haya impuesto esa ruina física, ese sucedáneo de toro
que sueltan cada tarde, todas sin excepción, no importan ni la categoría de la
plaza, ni la ruina que con esos abusos se está buscando a la fiesta de los
toros.
Y esto sucede ante la indiferencia de ese público sin afición que sólo va
a los toros cuando es feria; y ante la pasividad culpable de la autoridad
gubernativa, que tiene la obligación de vigilar la pureza del espectáculo y,
principalmente, de impedir la estafa.
En busca de sustitutos
EL PAÍS, Sevilla
La empresa Pagés trataba anoche de resolver la difícil papeleta que se le ha
presentado tras la renuncia de Espartaco y la cogida de Morante de la Puebla.
Eduardo Canorea negociaba con los representantes de Pedrito de Portugal para
sustituir a Espartaco mañana y con Antonio Vázquez, hermano y apoderado de
Curro Vázquez, para que venga por Morante las dos tardes que le restaban al
sevillano. Estos diestros se añadirían a Dávila Miura, que cubrirá esta
tarde el hueco dejado por Espartaco.
Por otra parte, en los tendidos ya se notó ayer el ambiente de feria, que
empezó anoche con el alumbrado. Jaime de Marichalar, esposo de la infanta
Elena, presenció el festejo desde el callejón; el presidente andaluz, Manuel
Chaves, fue al palco de autoridades, y Francisco Álvarez Cascos, ministro de
Fomento, asistió a la corrida
junto a su esposa desde el tendido
tres.
Otro personaje conocido que acudió a la plaza fue Raúl, futbolista del Real
Madrid, acompañado por Miguel Baez Litri.
El Mundo. JAVIER VILLAN, Los
del sifón, que se callen
SEVILLA.- El buen gusto de Finito de Córdoba, su finura de
estilo, que por algo se llama como se llama, no lograron reequilibrar una tarde
de plomo y agua; tampoco los consabidos artificios de Finito para embarcar conel pico y encorvarse en exceso, largando trapo, para alargar el muletazo. Pero,
comparado con anteriores temporadas -la larga noche oscura de Finito- estuvofenomenal: algunos decían que una resurrección.
Habrá que esperar porque, a lo peor, no es para tanto. La
tarde, sobre todo, estuvo marcada por las desilusiones que provocó Curro
Romero. Nunca se han visto aficionados tan contumaces, religión tan
perseverante, como la religión del currismo. Tres tardes lleva Romero oficiandode sumo sacerdote en esta Feria, y la revelación sigue sin aparecer. Tres
tardes con novillejos impresentables.
Y aún le queda otra; a lo mejor es ésa. En cualquier otro
ámbito de la vida esto se llamaría adulteración y fraude. Aquí se llama fe,
esperanza y caridad. O sea, creer lo que no vimos. Y soportarlo. Aunque, como el
hombre es un ser fundamentalmente nostálgico, yo recuerdo por lo menos cuatro
de las siete salidas a hombros de Curro Romero en Las Ventas. ¡Tiempos!Afortunadas gentes que hallan la felicidad con verlo sólo revestido de
ceremonial.
Muchos siseos en las gradas, mucho hacer el sifón y mandar
callar a los discrepantes; y, a cambio algún conato de rechifla y silencios araudales. Silencio, mucho silencio. Pascal habló del silencio de las esferassiderales; un poeta metaforizó sobre el silencio son! oro y los místicoshablan del silencio de Dios. Luego vino el famoso silencio de La Maestranza.Quien habla a solas, espera hablar a Dios un día, escribió Machado. Y eso,
creo yo, que deben de ser los silencios de Sevilla: un soliloquio múltiple para
averiguar la verdad última, una machadiana conversación con el Dios de los
toros en busca de la revelación o en su defecto de las causas de tanto
estropicio y tanta ruina de toro como desfila por el ruedo maestrante.Verbigracia, los murubes de ayer del Niño de la Capea. No basta con que el
quinto se mantuviera en pie y fuera dificultoso; no basta con que la noble
borrega última le permitiese a Finito hacer lo mejor de la tarde y casi
reencontrarse. Mientras estas cosas no ocurran, que se callen los del sifón,
onomatopeya que ignoro qué representación escrita puede tener: sisss, sisss,
sisss. Es de mala educación hacer el sifón, sisear, o chistar -chist, chist,
chist...- Y en La Maestranza, templo del silencio, mucho más.
Cuando torea Enrique Ponce nadie hace el sifón demandando
silencio. Y no sé porqué. Ponce se empeñó ayer en demostrar que, a voluntad
de triunfo nadie le iguala. Muchas veces eso se llama marear la perdiz. Pero en
el quinto Ponce sudó y trabajó a fondo. No era cuestión de marear la perdiz,
sino de un trabajo humilde y oscuro, siendo como es un mandamás del toreo. La
faena no podía ser brillante porque el toro era torvo y manso: de media casta,de media embestida, de media fuerza; fue una faena de oficio y de ganas deagradar al público. A veces, exageró las dificultades del murube; pero la
gente se lo creyó y quedó contenta.
La tarde se redujo meteorológicamente a un continuo amago de
lluvia y, toreramente, a lo reseñado de Ponce y, en especial, a dos quites por
verónicas del Finito de Córdoba antiguo; es decir, excelentes, sentidos y
clásicos. Bueno, quite y medio. El entero, en el toro de Ponce; el medio, en elpropio, pues empezó echando el paso atrás, aunque acabó firme, relajado y
soltó la mano en una preciosa larga. Mejor esto quela! s tandas de redondos que
se han contado al principio y que tuvieron menos pureza de la percibida por el
público maestrante. Tuvo la mala suerte de descabellar a la última y, aunasí, algunos pidieron la oreja. La presentación en Sevilla de Capea como
ganadero, desafortunada. Toros en escalera y algunos groseramente afeitados.
Pero la tarde fue apacible. Y al final hubo consenso entre la
afición sevillana unida en la resignación currista y en el doble desastre
futbolístico que padece la ciudad. Los sevillistas celebraban el desastre del
Betis y los béticos el desastre del Sevilla. Sólo desde esta idea de la
resignación y la esperanza se entiende la unión hipostática de Curro Romero yde Sevilla: una esencia que a los laicos les deja con frecuencia perplejos y
meditativos
La Razon. BARQUERITO
. Una preciosa faena deFinito a un noble sobrero de Carmen Lorenzo La corrida con la que Pedro Capea debutó como ganadero enSevilla no pasó la frontera del tercio de varas. Sí la prueba, pues, salvo un
quinto de corrida que sólo pudo picarse con la salida tapada y gracias a lasabiduría de Antonio Saavedra, todos cumplieron en el caballo. Unos, por lo
justo, como el primero de la tarde, otros, como el cuarto, más que
sobradamente, pero cobrando tres puyazos, el primero de los cuales fue
larguísimo. El segundo y el tercero casi murieron en el combate contra el
caballo de pica. Y el único que sobrevivió entero al castigo, ese segundo dellote de Ponce, sacó en la muleta genio y estilo de toro corrido.
Por mor del destino, se quedó sin ver un imponente sexto toro, que al rematar
de salida contra un burladero se tronchó el pitón derecho por la cepa y loacabó perdiendo. Con buen criterio, la presidencia devolvió el toro acorrales. En su turno, se soltó un sobrero de Carmen Lorenzo,que estaba muybien rematado pero cuya imagen apenas pudo superar el contraste con el soberbio
cuajo del impresionante toro que acababa de devolverse. Este último toro derepesca se volvió de salida, pero galopó con son en el capote junto a suquerencia primera de toriles. Aunque perdió las manos tras la primera vara y
pareció aplomarse tras la segunda, el toro se espabiló en banderillas y,sacado a los medios por Finito, se empleó en la muleta.
El temple de Finito Una embestida pronta, pero rebrincada y trompicada en unprincipio. El temple de Finito fue para el toro mano de santo. Temple desplegadoa lo largo de una faena muy bella, tramada con paciencia en tandas de cuatromuletazos rematadas todas las veces con pases de pecho extraordinarios, sacadosa pulso dibujados hasta el hombro contrario y con Finito enroscado. Siempre
enganchado el toro por delante al primer toque en esta abundante faena de purorecreo a veces, de muy depurado gusto, clásica por lo que tuvo de toreo hacia
adentro y ligado. Y con la madurez del torero que parece tener en la mano el
toro, que por el pitón izquierdo se empleó mucho menos y más en corto. Esta
preciosa faena de Finito tuvo por remate un espadazo por derecho que cayótrasero y obligó a descabellar. El toró sólo rodó tras el cuarto golpe de
verduguillo, sonó un aviso y Finito se quedó sin la oreja ganada por todos losméritos previos. Esa faena rompió el sino de una corrida que se embaló enseguida cuesta abajo y que no remontó a pesar de que la segunda parte delespectáculo fuera en realidad muy otra.
El primero, que humilló mucho, se pegó una costalada agónica cuando lo
cerraban tras el tercio de banderillas. No se tuvo luego de pie y Romero, tapado
y por delante, abrevió. El segundo, excesivamente sobado por Ponce con el
capote, se apagó de manera radical en la muleta. Cortísimas embestidas echando
la cara arriba y profía sin brillo de Ponce. El tercero llegó ya molido al
caballo y salió de varas casi arrastrándose. Finito sólo pudo abreviar ante
este toro. Después cambió la cosa, pero a Romero no le convinieron ni elvolumen ni el tranco algo violento del cuarto y tiró por la calle de en medio.
Con el quinto, Ponce quiso y expuso. Aunque el toro cortó y se vino encima porel pitón derecho, Ponce se puso por ese pitón y llegó a robarle una tanda muy
difícil. Pero nunca llegó a someterlo, que cada vez adelantó más y más tuvo
medido al torero.
ABC. ZABALA DE LA SERNA .
Finito de Córdoba vuelve a oler a torero
La primavera sevillana no gana para noticias desalentadoras: a
la lluvia se ha sumado la cornada de Morante, y el Betis y el Sevilla se hunden
en el barrizal de segunda división, y los toros no embisten ni a punta de
pistola, y además en general carecen de una presentación adecuada a una plaza
como la Maestranza. No desentonó el debut de los murubes del Niño de la Capea
de la tónica diaria, o sí. Porque la verdad es que no hay por donde salvar el
conjunto de bueyes salmantinos, ni por la presentación ni por el juego del
último siquiera. Por supuesto, la tarde, más norteña y lluviosa que propia de
estos lares, pesó en el alma de los aficionados. Y en el bolsillo. No hay que
olvidar este último factor: los que se sientan en los tendidos dejan sus buenos
billetes en taquilla, y tal y como va la Feria lo único que les queda es el
derecho al pataleo o a la bronca, que para todo existe su momento.
En el balance positivo y alentador de la corrida, hay que
anotar con alegría la resurrección de Finito de Córdoba, que ha vuelto a
respirar y a oler a torero de verdad, y la vergüenza torera de Enrique Ponce
con un lote abominable.
Para ir por partes, primero merece la pena analizar la nueva
disposición demostrada por el torero cordobés, que parece haber recuperado la
ilusión, el buen camino y, por lo tanto, el sitio. En su ánimo estuvo siempre
el afán de hacer el toreo a la verónica, como demostró en el grato saludo en
los mismos medios al tercero, en un quite que se sostuvo sobre un lancemagnífico por el pitón izquierdo y una media soberana al segundo y en el
recibimiento al sobrero que hizo sexto, aunque ahora rectificara algo más losterrenos.
REDONDOS TEMPLADOS
Después, muleta en mano, la faena creció sobre unosredondos muy templados, paridos en cuatro series asentadas, alguna con la figura
más relajada que en otras. Y vaciaba Finito los pases de pecho desde el pitónhasta el rabo de su boyante enemigo, marcado con el hierro de Carmen Lorenzo.Cuando remataba las tandas, le daba distancia y permitía el respiro del animal.
Tardó quizá un poco más de lo debido en torear al natural, y cuando lo hizo
al toro ya le costaba más seguir el largo viaje. Por arte, el final de la ligada faena, por bajo, rayó a gran
altura, mientras el respetable no sabía dónde guardar los paraguas para
aplaudir como la belleza postrera merecía. Lástima que ni la estocada
desprendida ni el verduguillo, hasta el cuarto golpe, causaron su efecto. No
debe acusar Finito de Córdoba en su estrenada segunda etapa ni en su moral la
pérdida de trofeos; si sigue ahondando en el fondo, que lo tiene, y en las
formas, que tampoco le faltan, dentro de no mucho le veremos otra vez en todas
las ferias.
Para el olvido fue su primer toro, como los dos de Ponce, que
realizó una faena valiente y meritísima al manso quinto. El torero de Chiva, aestas alturas, con todo o casi todo hecho y logrado en su carrera, conserva un
amor propio, unas permantes ganas de pelea y de ganar batallas, que ya quisieran
muchos para sí. El viaje corto y cobarde de aquel toro sin fijeza que dudabasiempre entre la muleta y la taleguilla ni siquiera merecía el esfuerzo; Poncelo exprimió al máximo, le robó algún natural larguísimo, muy por encima delas circunstancias. No se podía pedir más, pero todavía algún necio chillaba
incongruencias. Mató casi con el mismo defecto trasero en la estocada que alanterior, aunque ahora el acero sólo se hundió en su mitad. Bastó para
descabellar y sobró para que saludara desde los medios bajo una intensa
ovación.
Un arrimón también se pegó con el segundo, un marmolillo.
Destacó el valenciano en la colocación durante los tercios de banderillas de
los toros tercero y sexto, con oportunos quites a los peones. O sea, que Ponce,
como Raúl, la figura madridista, juega bien hasta cuando no le llegan balones,cuando los busca o se los inventa o echa el resto con una tremenda vergüenza
torera y loable.
Como detalle curioso vale la pena hablar de cómo todos los
toros hicieron la misma salida, parándose en la querencia de las tres y cuarto,si se toma la plaza como un reloj, frente a la puerta de cuadrillas.
¿Y Curro? Pues eso.
|
|