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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
FERIA DE ABRIL
Tarde del sábado, 29 de abril del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
Imágenes
del festejo
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Victoriano
del Río (bien
presentados, enrazados. 5º y 6º, devueltos por debilidad en extremidades)
Diestros:
Banderilleros que saludaron:
Curro Mulins de la cuadra de Manzanares,
Antonio Jimenez "Lili" de la cuadra de Morante
Presidente: Gabriel Fernandez Rey
Incidencias: el matador Morante de la Puebla resultó cogido en el
sexto de la tarde. El pronóstico es grave. El doctor Vila, responsable del
equipo médico de la Real Maestranza, hace una primera estimación de un mes sin
poder volver a los ruedos, salvo complicaciones. El parte médico dice así:
"Herida por asta de toro en cara interna del muslo izquierdo, tercio medio,que a través de la aponeurosis diseca y rompe el aproximador mayor y mediano en
una trayectoria hacia arriba de 10 centímetros. Se hace sondaje previo a la
intervención saliendo orina normal. Existe otra trayectoria que en dirección
posterior y descendente rompe en una gran extensión el biceps femoral, con un
sangrado de las arterias musculares, con una extensión de 20 centímetros hasta
la cara interna y superior de la rodilla".
Entrada: Lleno de no hay billetes
Tiempo: Desapacible y lluvia en algunas momentos
Crónicas de la prensa: El
Pais, ABC, El Mundo, La
Razon
El Pais.
JOAQUÍN VIDAL. Morante, herido
en pleno triunfo
Morante sufrió una cogida tremenda. Fue apenas iniciar su faena al sextotoro, segundo sobrero de la
tarde. Esa faena era crucial
pues le podía abrir la
puerta del Príncipe. Y salió a por todas.
Salió con la muleta
plegada en la izquierda -lo que en la tierra de María Santísima llaman er
cartucho de pescao-, citó, se arrancó veloz el toro y la desplegó paradarle el natural. Siguió otro, ceñidísimo, espeluznante, juntas las
zapatillas; y cuando instrumentaba el tercero, el toro
le cogió de mala manera, le volteó en lo alto y, caído el torero, aún hizo
por él, revolcándole y tirándole derrotes con saña.
No se pudo incorporar Morante; las cuadrillas y las asistencias se le apiñaron
en torno y lo llevaron rápidamente a la enfermería, invadidos todos por la
angustia. En el público también quedó la sensación de angustia. El percance
había sido terrible y cada quien guardaba para sí los más negros presagios.
Minutos más tarde circulaban por el callejón noticias esperanzadoras: la
cornada, en un muslo, no parecía tan grave como se pudo prever.
Pero la noticias no llegaron al público, naturalmente, que tenía el ánimo
quebrado por la consternación. Y en estas compareció Manzanares, que debía
dar muerte al toro; y se puso a pegar derechazos. ¿Quién querría ver
derechazos en aquella hora siniestra? ¿Cómo se le podría ocurrir a nadie
intentar aprovecharse de la encastada nobleza del toro que acababa de poner enel filo de la tragedia a un compañero? Las protestas del público no le
hicieron desistir y seguía. Sólo cortó la faena
cuando, una vez, el toro le
acudió incierto, y resolvió entonces irse a la barrera para tomar la espada de
verdad.
No siempre, afortunadamente, mas en esta fiesta aún aparecen los listos que
pretenden aprovecharse de los ríos revueltos y de la ingenuidad de los públicos.
En ocasiones son pegapases, virtuosos de la pinturería que suele enmascarar el
toreo de trampa y cartón. Claro
que no les vale del todo pues los toreros de raza los ponen al descubierto. Y así
ocurrió en la Maestranza.
Ocurrió en la Maestranza que se hizo presente Morante de la Puebla para
lidiar al tercer toro, y en cuanto se abrió de capa
ya había borrado todo lo anterior. Se dobló con el toro
muleteándolo a dos manos y ese toreo auténtico ya dejaba en el olvido (o quizá
sumía en el ridículo) al sucedáneo que imperó en las lidias anteriores.
El toro, de genio y casta, complicó el toreo de Morante con sus derrotes y
sus coladas. Tomaba codicioso
los dos primeros pases en tanto al tercero se vencía o se colaba. Dos tandas de
redondos que instrumentó Morante las cerró mediante hermosísimas
trincherillas. Y se echó la muleta
a la izquierda. Y desgranó dos emocionantes series de naturales, por ligadas y
hondas, a despecho de los peligrosos gañafones del toro.
Y, de ahí en adelante, recrecido e inspirado, ardiente su corazón de
torero, desarrolló una deslumbrante teoría de suertes, cambios de mano, pases
de la firma, trincherazos, el molinete belmontino, que llenaron de luminarias la
Maestranza. Y, como colofón, el broche de oro, la quintaesencia de la suerte
suprema: una estocada en
la suerte de recibir.
Cuando el toreo se produce así no se precisan ni lupas ni analíticas. El
alma lo siente y lo comprende. Y tampoco hace falta molestarse en comparar. Todo
está muy claro. La estética de Manzanares al muletear a su primer toro
(por cierto, un bombón) se quedaba en la indiscutible finura con que trazaba
los derechazos pues, al rematarlos, ya estaba quitándose de allí, y su breve
incursión al natural
consistió en tirar el pase
por la periferia. Rivera Ordóñez ni siquiera pudo hacer gala de estética, y a
dos ejemplares de intolerable invalidez les conpuso sendas faenas, voluntariosas
y adocenadas, la segunda de ellas premiada con una vuelta al ruedo
que protestó parte del público.
El segundo toro de Manzanares padecía tal invalidez que torearlo resultabaimposible y el diestro hubo
de abreviar. El quinto saltó a la arena dando tumbos y el público, que ya
estaba harto de inválidos, consiguió que volviera al corral. El sobrero
padecía los mismos males. Y el sexto, que también fue devuelto. El sobrero,
escaso de trapío, desarrolló la casta propia de los toros bravos. Con ese toro
iba Morante de la Puebla a redondear su triunfo. Y le presentó er cartucho
de pescao para embarcarlo por naturales. La cogida tremenda le privó de
salir por la puerta del Príncipe. Pero legitimó la grandeza de su torería.
DANIEL GIL, Sevilla.
Cornada grave
Barbiano, el segundo sobrero
de la corrida de ayer,
propinó ayer a Morante de la Puebla una cornada muy seria con dos trayectorias
de 10 y 20 centímetros de extensión. El pronóstico es grave y no se recuperará
en menos de un mes, aproximadamente.
Ramón Vila, cirujano jefe de la plaza, explicó tras la operación de
Morante que la herida estaba en la cara interna del muslo izquierdo y que la
primera trayectoria, de 10 centímetros hacia arriba, rompió los músculos
aproximador mayor y mediano, sin llegar a tocar el ano.
La segunda trayectoria, de 20 centímetros, rompió parte del biceps femoral
y alcanzó la cara interna y superior de la rodilla izquierda.
"La herida es grave, grande, y ha causado mucho destrozo muscular,
aunque no arterial ni nervioso", dijo el doctor Vila. La condición
astifina del toro favoreció
que la cornada fuese limpia.
Otra preocupación de los médicos era que, al caer al albero, el torero
hubiese recaído de la grave lesión que sufrió en la espalda la pasada
temporada.
Ramón Vila comentó que el propio Morante había dicho en quirófano que la
espalda no le dolía. "Su sensación es tranquilizadora, pero en los próximos
días le haremos pruebas para descartar cualquier lesión", apostilló
Vila.
El Mundo.
JAVIER VILLAN. La cornada cortó el vuelo de Morante
SEVILLA.- Cuando se estaba preparando la celebración, cuando
el ruedo y los tendidos de La Maestranza eran una fiesta expectante eilusionada, una fea cornada retiró de la circulación a Morante de la Puebla.
Veníamos de una procesión de toros inválidos y postrados. Y salió el segundo
sobrero, con genio, movilidad e intención, y puso un ¡ay! en los tendidos
amortiguado por el caer de la lluvia. La cornada pareció que le había rajado
el vientre y ocurrió al segundo muletazo; Morante de la Puebla, convencido de
la gloria de la Puerta del Príncipe entreabierta, se fue a los medios con la
muleta plegada en la izquierda y desplegó el natural llamado cartucho delpescado. Al iniciar un segundo muletazo por la izquierda, el de Victoriano del Ríose le revolvió con celeridad y se lo llevó por delante. Luego, hizo por él en
el suelo; pero la sensación de gravedad se percibió en la primera cornada, que
pareció haberle rajado el vientre. A partir de ahí, las campanas de gloria
cesaron. Los entusiasmos, también, y la única preocupación era saber la
gravedad del percance. Pasado un cuarto de hora, sólo se sabe que le están
operando en la enfermería. Y la sensación de tragedia se ha diluido un poco y
ha disminuido la tensión.
Una hora antes, había habido un jubiloso repique de campanas
que sonaban a gloria; nunca creíamos, absortos en el campanario de la Giralda,
que el repique pudiera ser casi un anuncio de funeral.
Una sinfonía de campanas, un toque celestial y angélico se
derramó por La Maestranza cerca de las ocho de la tarde: campaniles y
carillones, bajos profundos y voz y sonidos de cristal. Un concierto magníficoque venía a veces de la Giralda y otras de no sé dónde; acaso de las iglesias
de Triana o del barrio de San Bernardo. Justo cuando Manzanares empezaba la
faena -perdonen la licencia literaria- al cuarto. Ese concierto de ángeles tenía
que haber ocurrido 10 minutos antes, como homenaje a Morante de la Puebla. P!
orque Morante había toreado, en algunos momentos, como Dios. Dándole a Dios, y
perdonen la licencia artística y teológica, un margen de confianza muy amplio.
El toro, totalmente postrado, iba penosamente de tumbo en tumbo, de costalada en
batacazo. Se iba muriendo a cada paso. Menos mal que lo de Morante de la Puebla
había sido un aleluya, una misa de ángeles.
No han traído a Victorino este año a la Feria, pero en
cambio han traído a Victoriano. Público y toreros de la Feria de Abril
prefieren a Victoriano del Río antes que a Victorino Martín. Y, lo que son las
cosas, un toro de una corrida, que salió hecha escombros, ha puesto la notadramática.
De haber venido Victorino en vez de Victoriano, Manzanares no
hubiera pillado esta sustitución de Espartaco. Las desgracias nunca vienen
solas. Manzanares cortó una oreja que fue muy celebrada. No es que elalicantino no ligue los pases: es que sus tandas son tandas de uno. Hubo un
momento que se decidió a pararse y dejar la muleta en el sitio y ahí se vio lagrandeza del toreo ligado y rematado: dos redondos soberanos. Ligar no es sólo
enlazar los pases; ligar es, sobre todo, una cuestión de terrenos y de tiempo.
El tiempo justo en el espacio exacto. Así es como Morante liga los naturales,
sueña las verónicas e improvisa un remate airoso, molinete o adorno por lacara, cuando el toro le deshace esa conjunción sagrada de tiempo y espacio. Laestocada de Manzanares de seda y letal.
El inválido sobrero le valió a Rivera para una fácilredención en La Maestranza; de lo que verdaderamente se redimió Rivera fue de
su bajonazo anterior con una estupenda estocada. La fiesta de Morante había empezado en el tercero, en el
primer tercio. Las zapatillas firmes en la arena, el capote como una ola mecidapor dos alas. Las dobladas, suaves, para ahormar y no para destrozar. Cuando
mejor estaba toreando al natural, el bicho se le coló y le tiró un gañafón a
la cara. Pero ahí quedaba una tanda suprema; citó a recibir y mató alencuentro. Por los problemas irresueltos por ! la derecha y por la colocación
de la espada, una oreja hubiera sido el premio justo; pero el derroche comenzócon Manzanares.
El sobrero, sexto, salió con mucho genio. Llovía. Y contra
el enigma del toro y la incertidumbre de la lluvia, se esperaba la consagraciónprincipesca de Morante. Pero sobrevino la cornada.
Herida extensa y grave, pero limpia
SEVILLA.- Muchos nervios y tensión se vivieron ayer a las
puertas de la enfermería de La Maestranza. Y no sólo allí: el público que
presenció la cogida también temía lo peor tras presenciar el cornadón que
recibió Morante de la Puebla en el sexto. Según explicó en un primer momento
el subalterno Silverio Sierra, la cornada fue seca y profunda, ya que el torerogiró sobre el pitón izquierdo del toro.
El doctor Ramón Vila, cirujano jefe de la plaza de toros de
la capital andaluza, operó de urgencia al diestro sevillano. Según el parte médicofacilitado, Morante de la Puebla sufre una «cornada en el muslo izquierdo, con
una trayectoria hacia arriba de 10 centímetros y otra en dirección descendente
de 20 centímetros, que llega hasta la cara interna y superior de la rodilla
izquierda, de pronóstico grave», según informa Efe. Los allegados del torero
temieron en un principio que la cornada revistiese una mayor gravedad, debido a
la aparatosidad del percance. No fue hasta pasadas las 22.30 horas cuando las
noticias que llegaron de la enfermería comenzaron a ser algo tranquilizadoras.
El miedo a otra gravísima lesión gravitó sobre las cabezas de los subalternos
y gente de confianza del torero nacido en La Puebla, en la provincia de Sevilla.
El joven torero herido estuvo apunto ayer de reeditar su triunfo de la pasada
Feria de Abril, en la que abrió la Puerta del Príncipe por primera vez en su
carrera.
Morante de la Puebla lleva una temporada muy castigado por las
lesiones y las cogidas, lo que ha impedido su despegue definitivo. El pasado mes
de septiembre, un toro le rompió una vértebra en la plaza madrileña de SanMartín de Valdeiglesias. Est! a lesión lo mantuvo durante varios meses
postrado en una cama. Según los médicos, la fractura estuvo a punto de apartar
a Morante de los ruedos de forma definitiva. Sin embargo, tras una preparación
exitosa en tierras mexicanas, Morante había comenzado con fuerza la temporada
española.
El diestro sevillano deja vacantes dos plazas de otras tantascorridas que aún debía lidiar en la Feria de Abril. A la baja de Morante de la
Puebla se suma, además, la de Juan Antonio Ruiz, Espartaco, quien no participará
en ninguna de las corridas en las que estaba anunciado debido a la cogida que
sufrió en la pasada Feria de Fallas, en Valencia.
ABC. ZABALA
DE LA SERNA. Morante paga con sangre el cortejo del
triunfo
La disposición de los toreros cuando se crecen y se entregan
esconde muchas veces el amargo sabor de la sangre. Morante acariciaba ya con los
dedos la Puerta del Príncipe, cortejaba al triunfo; había cuidado al máximo
al segundo sobrero que hacía sexto. El castigo en el caballo apenas existió yel terciado y astifino toro de Victoriano del Río se vino arriba enbanderillas. Una luz tenue, un runrún silencioso, el sonido del cerrojo de la
Puerta de la gloria que casi se podía escuchar; el joven matador de La Puebla
del Río, en el tercio, recogió la muleta en la mano izquierda, arrebujada enel célebre «cartucho de pescao», para así iniciar la faena. La flámula abrió
su rojo y en un corto movimiento desplazó la embestida en un último instante.Morante quedó por fuera; el toro, por dentro y cruzado. No hubo un siguiente
natural. Directamente, la arrancada se abalanzó sobre el cuerpo del matador,
que giró a una velocidad vertiginosa sobre uno de los pitones, a una altura
escalofriante, en una pirueta sin red. La durísima caída desplomó a la vez
las ilusiones. Y todavía los tendidos presenciaron horrorizados cómo el toro
le perseguía y le prendía en el suelo.
El cielo soltó toda la noche de pronto. El ambiente cobrizo
se partió en dos. Las cuadrillas ¡qué larga espera hasta que llegaron losprimeros capotes! quitaron al toro y recogieron al torero. Volvió aescucharse el ruido del cerrojo y una llave que abría una puerta muy distinta.
Terminó la Feria de Abril para Morante, que se disponía a
ser uno de los grandes triunfadores; ya rozaba la Puerta del Príncipe, la
rozaba desde que desfiló en un ceremonioso paseo, desde que el ambiente pulsó
el sentimiento de los tendidos en los primeros lances graciles a la verónica al
primero de su lote. Y ya entonces paracía que los hados o las hadas que manejan
la suerte querían ponerle las cosas cuesta arriba: apenas principiada la labor,rodilla en tierra, en un derroche de torería y garbo, el toro de Victoriano delRío empezó a tardear y a recular, y a pensárselo. Una serie diestra concluyó
en una trincherilla monumental antes de que planteara la batalla al natural. Y
eso es lo que fue aquello, una batalla. Tras dos pases, el bicorne tomó la
dirección del pecho. Morante salió airoso para volver con valentía sobre la
izquierda: el enemigo respondió al cite con un gañafón a la pañoleta. El
toreo fundamental se tornó imposible, no lo hubo de hecho, así que el
sevillano optó por adornarse con sevillanía, con gusto, con arabescos y un
molinete zurdo y belmontino, mientras cerraba al rajado bicorne en el tercio yla plaza rugía encendida de pasión.
Perfiló la suerte contraria y esperó la arrancada, laestocada al encuentro, un tiempo antes de que fuera totalmente recibiendo, desató
los ánimos. No viene al caso ahora, con Morante herido y doliente, postrado en
el lecho de un hospital, hablar si aquello valía dos o una oreja, si una o si
dos, que la cuestión es que fueron dos, y en estos momentos hay un hombre con
las carnes rotas. Y ante eso, respeto; opiniones al margen.
TEMPLADOS DERECHAZOS
En la historia de la tarde quedaron como lejanas las templadas
series de derechazos de José María Manzanares al débil y franco primero y el
aróma derrochado únicamente por ese pitón, que al natural el bicorne sequedaba corto. El trofeo otorgado se difuminó en el drama de última hora, como
la ruina del cuarto toro.
Careció la corrida de Victoriano de fuelle, desde el soso ysanto segundo al suave y buen sobrero, más hecho que otros, que reemplazó alquinto. Rivera Ordóñez se centró y templó más con el ejemplar que cerraba
su lote que durante la vulgar primera faena. Pero ya nada importa a estas
alturas.
La Razon. BARQUERITO.
Morante de la Puebla, que cortó dos orejas, cogido de
gravedad
Generosamente premiado con las dos orejas del toro de Victorianodel Río que mató por delante, Morante de la Puebla salió en su segundo turno
a abrir como fuera la Puerta del Príncipe. Empujó la gente y empujó la ambicióndel torero. El que iba a ser segundo de turno se trastabilló de salida, enterrólos pitones y se pegó una vuelta de campana, cobró dos puyazos y, tras perder
las manos en el segundo, fue devuelto. Pesó la presión del ambiente,
incondicionalmente rendido a Morante. Se pensó que era misión imposible
cortarle a un toro tan justo de fuerzas la oreja que iba a abrir a Morante ladel Príncipe.
El sobrero también se trastabilló ligeramente de salida, pero se recuperó enseguida. Morante se lució en el saludo a la verónica y se hizo aclamar en el
remate con un recorte a una mano señalado en el pitón contrario. Todo parecíapreparado para la gran fiesta. Cuando más se mascullaba la apoteosis, sobrevino
la tragedia. Morante tardó en abrir faena. Lo hizo en tablas al fin dejándosevenir al toro de largo y al galope. Lo pasó por la izquierda desplegando el «cartuchode pescao» casi en el mismo embroque y desplazando al toro suavemente. Fue unmuletazo aclamado.
El segundo muletazo, dando ahora adentros al toro, iba a ser de la misma guisa.
Pero el toro se le vino a Morante de pleno encima, lo prendió por el muslo, loencampanó, lo volteó muy aparatosamente y luego lo buscó en el suelo son saña.
Tendido en la arena, Morante sorteó con auténtica fortuna dos o tres derrotes
feroces del toro. La impresión de la cogida y de la cornada fue tan fuerte que
ni siquiera pudo reaccionar la gente para ovacionar a Morante cuando, en brazos
de las asistencias, iba camino de la enfermería. La cogida de Morante fue como
un jarro de agua fría que apagó las brasas que había encendido la primera de
las dos faenas del torero. Una faena celebrada con pasión desbordante desde elprimero al último de sus compases. La plaza entera volcada arrolladoramente con
Morante. La faena, más de corazón que de cabeza, estuvo marcada por la
pinturería pero no por el gobierno del toro.
La violencia del toro por el pitón izquierdo, de hecho, sorprendió al torero másde una vez. El toreo con la mano derecha, firme y de trazo bello pecó de
precipitación. Pero en los momentos de apuro, Morante resolvió con sus
recursos de torería: una trinchera que fue a la vez un quiebro y un requiebroy, antes de cerrar faena, otro pase de trinchera fastuoso ligado con un molinetecargado de plástica. Alboroto fortísimo en las dos ocasiones. La potencia del
toro, venido arriba, puso su carga de emotividad. Entre tanto, mucha plaza
recorrida. Y, al cabo, la decisión de Morante de perfilarse con la espada en la
suerte contraria y abierto fuera de las rayas para cobrar, en un encuentroforzado tras un amago del toro, un espadazo ligeramente desprendido que acabóhaciendo rodar sin puntilla al toro. En la generosa recompensa de las dos orejascontó seguramente el hecho de que Morante hubiera toreado de capa a ese torocon caro rumbo en el saludo a la verónica y en un saleroso quite a pies juntos.
Manzanares toreó muy primorosamente al noble primero, un toro sin fuerzas y conquerencia a tablas, al que llevó empapado pacientemente en muletazos sueltoslentísimos y con el que acabó ligando una tanda en redondo que fue el mayor
primor de todos los demás primores. Gusto y pulso de Manzanares, muy a gusto, y
una estocada excelente. El cuarto se desinfló en un santiamén, llegó aecharse y Manzanares abrevió. Tuvo que hacerlo también con el que hirió a
Morante, que después de la cogida punteó con aspereza.
Rivera Ordóñez porfió con un segundo de corrida muy distraído. Hubodemasiados enganchones en los muletazos de medir al toro y abuso del toreo a laespera, con la muleta retrasada. Rivera mató certeramente con gran arrojo. Elquinto duró muy poquito y Rivera se sintió relajado en una faena acompasadapero sin chispa. También a a este lo mató por derecho y a ley.
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