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Festejo de abono FICHA TÉCNICA Ganadería: Toros de Gabriel
Rojas. Bien presentados, nobles. El 4º aplandido en el arrastre.
Incidencias: La autoridad propone para sanción el matador J.M. Manzanares, por poner al 5º toro en suerte rebasando el círculo masalejado de la barrera. Entrada: Llena con claros. Tiempo: Nubes, lluvia y sol. El Pais. JOAQUÍN VIDAL. Picador viene de picadillo Picador es el que hace picadillo a los toros. Los diccionarios taurómacos no lo dicen así pero eso es porque está obsoletos. En la moderna tauromaquia, sobre todo si la dirige Curro Romero, es tal cual se acaba de definir.Los picadores de Curro Romero hicieron picadillo a su respectivos toros, y elque picó al cuarto lo dejó listo para hamburguesa. Curro Romero a ese toro lo macheteó en franca huida pero equivocó lasuerte: con vuelta y vuelta, y a la plancha, habría tenido bastante. De manera que hubo de tomar el instrumento toricida y lo blandió con técnica comanche: apretó a correr, tiró el sablazo sin mirar siquiera y lo dejó prendido, como por ensalmo, en el morrillo. El toro, que ya no aguantaba su condición de hamburguesa, vaciló sobre las temblorosas patas, y cayó despenado por el golpe del descabello. Un arte que no-se-pue-aguantá llaman a esa figura. El toro no merecía semejante humillación. Bien plantado, con cuajo y plaza,tomó unos frenéticos capotazos de Curro Romero y embistió a la acorazada depicar. Para su mal embistió, pues el individuo del castoreño le metió vara para ir pasando, las dos primeras veces tapándole la salida, la tercera en los medios, con tan funesta saña, que sonaron los clarines cambiando el tercio y aúnseguía hundiendo el hierro en las carnes inocentes del animal. Al primer toro, que tenía menor trapío y fuerza, el individuo del castoreño lo picó comedido. Tampoco es que fuera a confiarse Curro Romero: do s tandas de redondos, pico adelante, metiendo cuanto podía la tripa y mostrando hacia afuera la parte contraria, constituyeron su faenar, que duró dos minutos. Y tras el habitual pinchazo, precisó para abatir al toro 10 golpes de descabello,el último de los cuales se aplaudió con pasión. Curro Romero, ya se sabe, despierta pasiones. Los descabellos también despiertan pasiones. Son cosas del querer. Uno de Manzanares, que hizo octavo, fue asimismo ovacionado apasionadamente. Manzanares es de esos toreros que cuentan con seguidores apasionados. Estuvo breve y dubitativo con su primer toro y la militancia aplaudió jubilosa el sucintotrasteo. Debió ser una premonición de lo que sucedería en el quinto. Pues al quinto, no se sabría precisar si aborregado o pastueño, le ligó dos derechazos en otras tantas tandas, plenos de suavidad y armonía. No se crea que dos más dos derechazos (igual a cuatro) suman menguada creación. El arte ni casa con las matemáticas ni conoce fronteras. Muchos coletudos quisieran dar (y muchos aficionados quisieran ver) cuatro derechazos ligados desde la templanza. La actual fiesta de los toros está tan vacía de aromas que cuatro derechazos surgidos del toreo puro saben a gloria. Después Manzanares pasó a los naturales y ya fue distinta cuestión. Presentaba la pañosa a un lado, tan lejos cuanto le permitía la longitud del brazo, y al venir el toro, lo conducía por las afueras haciendo la noria. Osea, el truco del almendruco. Y la afición conspicua se percató. Y frenó el triunfalismo que ya invadía a la militancia manzanarista.
Un torero que si se decidiese a torear ponía todo el escalafón cara a la pared: ese es Pepe Luis Vázquez. Mas no tocaba. Y se contentó con cubrir el expediente. Acudió el público a solazarse con el arte y se hubo de contentar con ver cómo destazaban un toro hasta convertirlo en hamburguesa. Y no le compensaron connada. Ni siquiera con cuarto de criadillas. Manzanares repite mañana D. G, Sevilla "Es que ha estado muy bien hoy. Pena que no le embistiera más el quinto toro", comentó Canorea, que quiso premiar así a un Manzanares que sólo tenía una tarde en la feria. ¿Y no vendrá Eugenio de Mora?, se preguntaban ayer los aficionados. Pues no. La empresa ofreció al toledano, que triunfó el pasado lunes, venir el miércoles a sustituir a Vicente Barrera, y su apoderado, Pablo Lozano, declinó la oferta en nombre del torero, que había cortado dos orejas en su presentación en Sevilla. Luego si no aceptaba esa sustitución, tampoco procedía la de mañana. Quizás Lozano se olía el ganado que esperaba en los corrales a su pupilo. Canorea también dijo que los otros dos puestos de Espartaco están aún sin cubrir. ABC. ZABALA DE LA SERNA. Quién debe velar por la Fiesta en la Maestranza? Sarna con gusto no pica. A pies juntillas se tomó el personal el refrán. Nadie iba engañado al engaño, y de ahí que las caras mantuvieran el gesto compuesto según aparecían por el ruedo piltrafas de toros, ruinasandantes. Y si se movían algo más de lo debido, los matadores hacían una leve mueca como señal para que el picador se ensañara en su cometido. Por si acaso. Por momentos una verguenza sin límite se apoderaba de quien firma estas líneas, pero bien visto no hay por qué. Casi mejor callar como el resto. Porque igual luego le caen a uno los palos que deberían soportar veterinarios, empresa, toreros y hasta el público. Si ninguno de estos estamentos que conforman la entelequia de la Fiesta en Sevilla responde de la categoría que debe tener la Maestranza, ¿por qué el periodista va dar la cara por nadie? Tristemente colaboraron todos ayer en un timo consentido, con lo cual no existen las almas inocentes o ingenuas en la tierra del todo vale. El espectáculo (sic) de ayer lo vio quien quiso por la televisión, o sea que cada uno puede sacar sus propias conclusiones. A Romero le correspondió un primer toro cornalón, con lacara lavada y el cuerpo triste. El verde esperanza de su vestido todavía hizo concebir ilusiones con el capote. Pero las verónicas salieron defensivas, por arriba, rápidas, hasta la media. No le gustó aquello al Faraón, que dio orden al picatoros de reventar a la criatura. Comenzó a llover en los albores del último tercio. Curro se puso con la muleta en la diestra y pareció como si quisiera;el feble toro no podía con la penca del rabo. Bastó un pinchazo hondo y sóloonce descabellos para terminar de darle matarile al de Gabriel Rojas. Una birria inválida fue el cuarto, que de salida ya se quedaba en el capote nimio de Romero. Otra vez la acorazada de picar arregló elasunto con el beneplácito de todos. Ya el veterano torero regresó a la cara de la víctima para asustar a las moscas y acabar con su existencia de un metisaca pescuecero. A Manzanares le premiaron su actuación con el puesto que el próximo sábado ha dejado vacante Espartaco. No es para menos, la verónica dibujada en el saludo al segundo lo merecía. Lastimosamente, nada más logró sacar de un toro (sic) que daba la impresión de estar reparado de la vista porcómo se cruzaba por el pitón izquierdo. Como José María Manzanares conserva una estética increible, algunos muletazos al noble quinto merecieron la reseña, sobre todo de la mitadde su ejecución para adelante, cuando la belleza armónica apartaba la imagen del torero citando con el pico del pico, poniendo el culo en el Puente de Triana y alargando el brazo todo y más para desplazar por las afueras de la plaza lafranca embestida del ejemplar de Rojas. Después de los prologos de algunosmuletazos, el diestro del alicantino barrio de Santa Cruz componía la figura,acompañaba el viaje con la cintura y vendía el producto entre olesdesgarradores. Si mata a la primera, todavía además de la repetición le hubieran concedido la oreja. Se conformó la mayoría con la ovación cerrada que recogió Manzanares desde los medios con la planta más erguida que durante toda la faena. SUSPIROS DE DOS AFICIONES Pepe Luis Vázquez ¡cómo suena su nombre! no desentonó de la tarde. El recuerdo de aquel joven rubio que desbordaba unanaturalidad inmensa en su toreo, capaz de hacer suspirar a dos aficiones como las de Madrid y Sevilla, Sevilla y Madrid, se desvanece con el tiempo. Todavía los silencios esperan un esfuercito, un algo como la serie de derechazos al sexto, como una media verónica a pies juntos al quinto, como un detalle de los que él conoce y pocas veces se ven en la tauromaquia de nuestros días. Se fuequedando cortito el que cerraba plaza mientras caía la noche con toda su oscuridad a cuestas, y los más viejos del lugar rememoraban al Sócrates de San Bernardo, a aquel dios rubio del sevillano barrio del matadero, a aquel que aúnprovoca arómas con sólo pronunciar su nombre, grabado en oro en las páginas de la Historia. El Mundo. JAVIER VILLAN. Resplandores y cuestiones sustitutorias SEVILLA.- De tal manera iba la corrida del arte supremo, quemuchos nos pusimos a cavilar quién pillará las sustituciones que se avecinan. Parece ser que el primer agraciado, tras algunos muletazos sueltos al quinto, va a ser Manzanares. Otro agraciado, por derecho propio, debiera ser Eugenio de Mora. Pero a muchos aficionados, del norte y del sur, les gustaría que en el problema sustitutorio entrara la utopía magnífica del renacer de Curro Vázquez. Este torero del sur, que aún no ha logrado demostrar en La Maestranza su sevillanía, firmó en Vista Alegre hace poco una faena memorable. Es decir,digna de ser recordada por los siglos de los siglos. A ver si Curro Vázquez tiene el mismo privilegio que Manzanares y la misma suerte que debiera tenerEugenio de Mora. ¿Se imaginan ustedes lo que podría ser la tríada Romero, Vázquez y Morante con los juanpedros? ¿O es que alguien teme que Curro Vázquez pueda repetir la hazaña de Carabanchel y eclipsar con ello presuntas luminarias? En fin, sueña, alma, sueña. Vuela, que los sueños, cuando no degeneran en pesadilla, son la única patria incontaminada y libre. Lo de ayer tarde, salvo algunos fulgores de José María Manzanares casi nada. Nada. Dura pugna entre Romero y Manzanares a ver quién perpetraba másinfames descabellos. Quedaron a la par más o menos: docenas. Los posibles primores del primero los diluyó la lluvia. A través de un horizonte de paraguas se veía a Romero un poco crispado y azacaneado. Escampó cuandoManzanares se hizo presente de cuerpo, aunque no de espíritu. Y apareció un paisaje, una atmósfera, un aire: oro viejo el sol sobre la arena, sangre grana las tablas, sangre opaca el festón que cuelga de la balaustrada de las gradas; los arcos casi a juego con el albero, fugándose hacia ocres y verdes limpísimos. Y, al fondo, sobre un cielo de tonalidades negras y profundas, solitaria y erguida, la Giralda. Como un olé puesto de pie que cantaba hace tiempo María Vargas. Pero en el ruedo de La Maestranza no había olés ni capotazos de oro nimuletazos memorables. A veces un esbozo de pase más presentido por la pintureríadel cuerpo que por la realidad de los hechos, despertaba dormidos entusiasmos. Los toros, de Gabriel Rojas eran bonitos de lámina, calientes de temperamento, finos de cabos y de tipo, agresivamente buidos de pitones. El primero seescobilló y al cuarto se le reventó el pitón derecho. En el cuarto las ramitas de romero se habían quedado mustias. Y con ese atisbo de bellezainconclusa y convulsa que guarda el capotillo y la muletilla de Romero se rompióel paisaje de ensueño. Huyó la magia del color y de la luz, se perdió la transparencia del alma de la lluvia y la tarde volvió a ponerse gris. La Giralda seguía sola y sacra y, en su derredor, volaban altos los vencejos. Alguno de esos vencejos debía de traer en sus alas el soplo de la torería, pues ahí empezó a suceder el poco toreo que se vio en la tarde. Un vencejo se posó sobre el capote de Pepe Luis y le dejó dos verónicasy una media que parecieron suspiros: hondos suspiros de gracia. Y luego vino una bandada que, en orden y a su tiempo, se posó sobre la muleta de Manzanares; deuno en uno, pues Manzanares no ligó dos redondos ni dos naturales seguidos. Le sobraba brazo a Manzanares, un brazo de siete leguas, y le faltaba la pureza sagrada y ritual del arrimo y el acercamiento. Pero el ritmo era torerísimo, aunque el sentimiento parecía intermitente y la colocación un poco atrabiliaria. Mató a la segunda y, discreto, se limitó a recoger la ovacióndesde el tercio. Fogonazos, luces fragmentadas. Insuficiente, pero vale. Ojalá Pepe Luis Vázquez, que aspiró en tiempos al trono de Sevilla, hubiera tenido esos resplandores. Su ambición, escasa, se diluyó en indecisiones y sombras.
La Razon. BARQUERITO .Destellos de Manzanares con un lote desfavorable y sólo gotas de Pepe Luis Romero, sin opción. Sin toros de su gusto. Casi todo lo contrario. Gotas escanciadas con notable racanería del impecable gusto de Pepe Luis Vázquez, pero siempre la miel en los labios. Sólo se prodigó Manzanares, pero sin que las circunstancias le fueran precisamente propicias. El primero de su lote, se frenó de salida, sacó genio, se defendió con aspereza y aprendió en seguida. La flojera de manos acentuó todos esos defectos.En la que iba a ser su única corrida en la feria, la disposición de Manzanaresfue evidente. Se estiró en el saludo a la verónica con el toro todavía porcatar y un lance por el pitón izquierdo fue de una soberbia calma. La media de remate, muy barroca, amolinetada, se jaleó por lo que tuvo de sorpresa. Luego, no hubo más que el gesto dispuesto del torero, porque el toro no permitió otracosa. Manzanares se puso por los dos pitones: por el izquierdo, se quedó debajo el toro; por el derecho, avisó con venírsele encima. Manzanares, tras un pinchazo y media muy habilidosa, no acertó con el descabello hasta el octavointento. Fue notable su seguridad para quitarse de enmedio el único marrajito de la corrida de Gabriel Rojas. La fiesta vino con el quinto de la tarde, un toro que frustró el loable intentode Manzanares de repetir a la verónica. Una costalada del toro antes de ir alcaballo, dos puyazos muy medidos de los que se fue suelto y, como lejos detablas pareció dejarse, salida relativamente desafiante de Pepe Luis Vázquez para quitar con tres raros lances perpendiculares a media altura muy bien dibujados y rematar con cándida media de rancio sabor. Manzanares y su empeño La poca fuerza del toro hizo probablemente desistir aManzanares de intentar una réplica. Pero el torero de Alicante estaba empeñado
en romperse y ya los cuatro muletazos con que abrió faena en tablas fueronanuncio de ese empeño. Dos cosas en contra: la cada vez menos disimulada
intención de rajarse del toro y un viento molesto que impidió a Manzanaressalirse a los medios, donde es muy posible que las cosas hubieran cobrado otro
son. Por el viento tuvo que quedarse en las rayas para apurar a regañadientes
las embestidas a medio renunciar del toro. Sueltos, de uno en uno, hubomuletazos larguísimos, templadísimos.
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