GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
FERIA DE ABRIL
Tarde del miércoles, 26 de abril del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa

Imágenes del festejo

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Tres toros de Litri  y tres de los Guateles ( mansos y dificiles).

Diestros: 

Banderilleros que saludaron: Antonio Perez "El Perez" y Paco Peria, ambos de la cuadrilla de El Cordobes

Presidente: Fernando Carasco

Entrada: mas de tres cuartos.

Tiempo: nublado, viento y frio.

Crónicas de la prensa: El Mundo, El País, La Razon


El País. JOAQUÍN VIDAL.  Seis mulos


Seis mulos echó a la Maestranza el ganadero, y uno de los sobreros que llevó y hubo de salir, también. A lo mejor habrá que felicitarle.

Lo grande fue que los toreros estuvieron con esos mulos valentísimos. Como si se tratara de seis dijes, dieron allí la cara, pundonorosos y hasta heroicos, intentando sacarles a los mulos pases imposibles

El Cordobés no perdió ocasión de aprovechar el menor conato de embestida -si es que se produjo algo parecido- para meter el derechazo, el pase de pecho (cuajó uno magnífico), hasta el natural, sin emplear nunca sus conocidas formas histriónicas ni recurrir a la demagogia de las galerías.

El natural, se ha dicho... La disposición de los toreros para ejecutar el toreo puro resultó emocionante. Así como otros, con los toritos comerciales, el natural parece que les da grima -y si lo intentan se limitan a cubrir el expediente- estos tres toreros a quienes hicieron víctimas de una trampa saducea y los echaron a las mulas, apenas tantear embestidas ya estaban toreando al natural.

Lo de Pepín Liria fue impresionante, sobre todo con su primer toro. La llamamos toro y era mulo. Un mulo mal parido que tiraba cabezadas a traición. Y pese al peligro evidente, a que sufrió un arreón impresionante, a que las astas le iban al rostro con centelleos de guadaña, Pepín Liria consintió y aguantó, firme, estoico, el propósito puesto en interpretar el toreo contra viento y marea. Lo de Pepín Liria constituyó todo un gesto; justo el gesto que caracteriza a los toreros auténticos.

El quinto de la tarde, sobrero que sustituía a un inválido, padecía similar invalidez y además acometía topón e incierto, si es que le daba por acometer. Y volvió Pepín Liria a jugarse la piel con una conmovedora generosidad. Al bulto iba el toro cuando le daba por acudir y, sorteado el gañafón, reemprendía Pepín Liria las descompuestas tandas de redondos y naturales. En una de ellas bajó la mano forzando que el toro humillara, y el innoble bruto se le fue al suelo.

Tanto cuanto se ha dicho de Pepín Liria sería atribuible a Vicente Bejarano. Torero de corte antiguo, conocedor de las suertes, que interpreta con finura, al mulo tercero se empeñó en ligarle naturales -a trancas y barrancas se los hubo de ligar- dejando en todos ellos la marca de su inconfundible estilo torero.

El sexto lo brindó al público. Vicente Bejarano iba a por todas. Sólo que en este caso el todo equivalía a la nada. Con las de aguantar y mandar, pisando terrenos comprometidos, forzó la ligazón de las suertes sin que el mulo impresentable aquél llegara a tomarlas. El esfuerzo resultó inútil. No es que ese toro (o los seis anteriores) fuera malo. Es que no era toro, no tenía casta de toro; se quedaba en mulo y gracias.

Suele acontecer con las ganaderías comerciales: que acaban convertidas en un muladar. Por dotarlas de bondad y dulzura, los ganaderos (ganaduros los llamaba el inolvidable cronista de Radio Madrid Curro Meloja) les van rebajando la casta y al cabo de pocos años acaban por inventar el manso.

Los toros pertenecían a Miguel Báez, llamado Litri, padre del Litri que se acaba de retirar y afamado matador de toros en la década de los cincuenta. La mitad llevaban el hierro a su nombre; la otra mitad, el de Los Guateles, que es de su propiedad. Estos toros de los Guateles los exigían años atrás los mandones del escalafón por su bondad y dulzura, naturalmente, hasta que los descendientes de las dóciles y golosas camadas empezaron a tirar al monte, a dar la nota, a mansear y burrear; y ya, puestos, a sacar un peligro sordo que podría partirle la femoral o cortarle el cuello a cualquier confiado coletudo.

Y ahora semejante morralla ganadera, que por supuesto no quieren ni ver las figuras, se la echan a los aspirantes a serlo, a toreros honrados y valientes que tiene la generosidad de exponer lo indecible, jugarse la vida si es preciso, sin otra esperanza que el albur de sacar de donde no hay algún pase imposible.


La Razon. BARQUERITO . Decepcionante debut como ganaderos de los Litri en la plaza de Sevilla


Era la primera vez que los Litri, padre e hijo, lidiaban en la Feria de Abril toros criados por ellos. Litri padre, a su nombre. Litri hijo, con el de Los Guateles. No hubo nada que celebrar. Si no todo lo contrario. Corrida con serioescaparate: en especial, el de un inmenso quinto pero que fue devuelto por flojear. Pero corrida con sólo escaparate. La línea de pinta burraca clásicaen la ganadería de Los Guateles apareció, contando el sobrero, en cuatro de los seis toros. Sin éxito.
   
Malos augurios de partida, pues el toro que rompió plaza, bajo, armado y hondo,manseó exageradamente en los dos primeros tercios y fue en la muleta muyviolento. Firme y sereno, El Cordobés no tuvo más opción que la de un trasteo voluntarioso. Habría bastado con un macheteo porque la condición del toro lahabia visto todo el mundo.
   
Todavía más viol! ento fue el segundo. Con este toro se vivieron lossobresaltos mayores de la corrida. En un arreón de los de arrollar, estuvo a punto de llevarse por delante a Pepín Liria. Los sustos fueron después aún mayores. Puesto de frente, empeñado en someter, el torero murciano aguantó impávido unos cuantos derrotes escalofriantes que el toro, quedado en medio dela suerte, tiró a diestro y siniestro. Hachazos como para arrancarle la cabeza.Ni la menor aflicción de Pepín ante un enemigo tan implacablemente a la defensiva. El valor de Liria tuvo sobrado reconocimiento, porque la estocada, además, aunque algo tendida, fue de valiente.    

Digna porfía de Bejarano

La inesperada dosis de violencia concluyó ahí. Pero la corrida no se enmendó en cuanto a juego. El tercero, que abrió el desfile de toros burracos, protestó en el caballo, pegó arreoncitos para tablas enbanderillas y, muy flojito, se paró en la muleta. Sólo medias embestidas distraídas y desganadas.
  
 Vicente Bejarano, merecidamente respescado para sustituir a Vicente Barrera -lesionado el martes mientras tentaba en Jandilla-, le puso al asunto ilusión en todo: en el saludo, buenos lances a media altura; con la muleta, digna porfía, serenidad, apuntes de buen corte, decisión. Hasta que se rajó sin disimulo el toro.
   
El cuarto salió echando las manos por delante y cobró muchísimo en un largo yduro primer puyazo. Aunque se echó para atrás en el segundo, ! no salió del caballo con mal aire. Duró, sin embargo, muy poquito, y pese a ser toro noble,fue también de una sosería desmedida. El Cordobés manejó el toro conhabilidad por el pitón izquierdo y, jugando bien el brazo, hasta ligó dos tandas de naturales. Cuando El Cordobés acortó distancias, el toro se apagó.El torero quiso insistir. No le dejaron.
   
El sobrero, de gran cuajo, enterró un pitón en la arena y sobre él como único apoyo se pegó un formidable volatín con caída en pie. Como un gimnasta. Bien picado por Bernal hijo, peleó con genio en el caballo. Liria se descaró en seguida, tal vez antes de tiempo, y el toro, avisado en seguida, lovio por los dos pitones y cortó a partir de entonces los viajes. Pepín porfió pero ya sabedor de que esta era causa perdida. La estocada entró muyatravesada.
   
Con menos carnes que los demás, el sexto se empleó mejor de salida, pero punteando los engaños, se repuchó en el caballo y, después de tomar aire en banderillas, pareció prometer algo más que cualquiera de los toros precedentes. Fue una falsa apariencia. Equivocado por ella, Bejarano brindó al público. Una apuesta de querer es poder. Apuesta imposible. De un lado, porque el torero de la Puebla estuvo nervioso en los primeros compases de faena, cuando el toro, sin llegar a emplearse, al menos obedeció. Y de otro, porque, cuando sujetó los nervios, el toro decidió dejar de pasar. Fue bonito el detalle deBejarano de echar el resto. La música sonó para premiar su honradez.


El Mundo. JAVIER VILLAN. Bejarano y la mala suerte

SEVILLA.- Tuvo reflejos ayer la empresa y ante el percance que derribó a Barrera del cartel, llamó a Bejarano, que se había quedado fuera.Vicente Bejarano fue el triunfador del año pasado. Y no defraudó. A la postre, hizo lo más torero de la tarde. Sólo que tuvo la suerte de espaldas e, inextremis, el puntillero le volatilizó una oreja que no hubiera sido inmerecida.No hay felicidad completa en casa del pobre. Esa oreja, en una tarde bronca y áspera, de mansedumbre y de dudosa casta, hubiera sido como una luz en las tinieblas. Y a Vicente Bejarano le hubiera venido de perlas; aunque en esto del toro nunca se sabe. Toreros hay que abren una puerta grande de postín y luego se quedan a la luna de Valencia el resto de la temporada. Mismamente, el propio Bejarano.

Tenía tela el pajarraco segundo, de Los Guateles. Las nubes aborrascadas venían por Triana cruzando temerosamente el Guadalquivir. Pero los truenos y los relámpagos con gran aparato estallaban en torno a la cabeza de Pepín Liria. El toro de Los Guateles disparaba toda la artillería pesada de subelicosa naturaleza. Primero, por la derecha. Y luego, por la izquierda; fulguraban los hachazos y las cuchilladas en zig-zag y le pasaban a Pepín Liria rozándole el corbatín, la frente y la yugular. En un descenso de las alturas, el marrajo lo enganchó por el sobaco. Y después siguió con toda suballestería.

¿Tiene sentido en esas circunstancias intentar el toreo de libro o de cartilla que se lleva hoy día? ¿Bajar la mano, buscar las distancias, templar el redondo imposible? Yo creo que no, que no tiene más sentido que el riesgo de una cornada indeseable e inútil. Para estos casos se inventó la lidia de castigo y el toreo sobre los pies, habilidades tanlegítimas como los aromas y las pinturerías. Mas parece que esas prácticas lidiado! ras no tienen hoy predicamento y están en desuso. No creo que toreros como Pepín Liria las desconozcan, aunque acaso desconfíen de que los aficionados del común las justiprecien en lo que valen.

Salvó Pepín Liria la cabeza, mató arriba y a la primera, y la gente reconoció su valor suicida digno de mejores causas. También la había salvado, en el primero, El Cordobés que, con su habitual desparpajo, soportó gañafones quitándoselos de encima como si fueran el inofensivo vuelo de una mosca. Vicente Bejarano, que había entrado en la feria de relleno, estuvo más asentado y con menos angustias y zozobras. Su primer toro, además de blandear, era menos agresivo.

En general los toros, daba igual que fueran de Los Guateles o de Litri, sacaron mala casta y una incómoda y peligrosa tendencia a poner los cuernos en la luna; sólo que algunos en agresivo y otros en blando.

A medida que los nubarrones se oscurecían y todo el cielo se ponía morado como un abceso maligno a punto de reventar, pareció que la tarde se pacificaba. Sobre todo, a raíz de una excelente tanda de naturales de El Cordobés en que corrió muy bien la mano. Pero aquella pacificación era la paz de los muertos; después de esos naturales, el toro se paró y se puso a hacerel don Tancredo ensimismado y ausente; un difunto en pie. Fue una tregua; y la devolución del quinto a corrales también. El sobrero de Litri, bizco ydestartalado de cuerna, salió pidiendo guerra; pero se apaciguó enseguida tras una voltereta circense. Pese a lo cual, buscaba con ahíncohacer carne en la anatomía de Liria. Sólo que al hosco y torvo sobrero se le habían agotado lasfuerzas.

La incógnita del sexto era si saldría manso borrascoso enviolento o manso áspero e inválido. Ni una cosa ni la otra. Un términointermedio, pero que permitió a Vicente Bejarano, muy torero y un poco a la desesperada, trazar tres tandas de redondos que iluminaron la tarde. Nueve muletazos, nueve en el sitio justo y con la muleta exacta. Tumbó de medialadeada al bicho, pero vino luego la puntilla que lo resucitó.

 

 

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