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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
FERIA DE ABRIL
Tarde del martes, 25 de abril del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Bohórquez , terciados, de buen juego.

Diestros: 

  • Joao Moura: rejón trasero bajo (oreja con minoritaria petición); rejón trasero, rueda de peones y, pie a tierra, descabello barrenando (vuelta).
  • Fermín Bohórquez: rejón trasero, rueda de peones y, pie a tierra, descabello (oreja con escasa petición); pinchazo y rejón muy trasero bajo (aplausos).
  • Pablo Hermoso de Mendoza: rejón trasero caído (dos orejas); rejón trasero, otro trasero bajísimo, rueda de peones y descabello (oreja); salió a hombros por la Puerta del Príncipe.

Entrada: Tres cuartos de entrada.


Crónicas de la prensa: El Mundo, El País, ABC, La Razon


El País. JOAQUÍN VIDAL. Pablo Hermoso, por la Puerta del Príncipe


La exhibición de Pablo Hermoso de Mendoza con su caballo Cagancho fue de una deslumbrante belleza. Una vuelta al ruedo completa dio cabalgando a dos pistas por el tercio, llevando recrecido y fijo al toro en demanda del estribo, y luego se cruzó con él cuantas veces quiso, alternando costados, terrenos, distancias, con unos movimientos de seda. La plaza era un clamor, el público puesto en pie.

Cuando el rejoneador salía a hombros por la Puerta del Príncipe se echaba en falta el caballo, que debía compartir el triunfo. No se sugiere la frivolidad de que lo sacaran a hombros (aunque sería gracioso, y a ver quién se atrevía), pero sí que le hicieran un pasillo de honor, cabe el histórico portalón, para que lo franqueara braceando por delante de su laureado jinete.

La verdad es que luego, una vez en el Arenal, no se sabría qué hacer con el caballo, entre el gentío, las motos, los coches, los guardias, las gitanas que ofrecen ramitas de romero, los tomadores del dos, la bulla. Mas ya se arbitrarían fórmulas.

Realmente, el público se quedó con las ganas de seguir aplaudiendo a Cagancho, que ofreció unas evoluciones toreras auténticamente memorables. Pablo Hermoso de Mendoza y Cagancho recrearon, de consuno, el arte y la armonía, la magia, tantas veces oculta, del toreo ecuestre.

Y, sin embargo, la salida a hombros por la Puerta del Príncipe resultó excesiva. Pablo Hermoso de Mendoza mató muy mal al sexto toro de la exhibición, incluido un bajonazo infamante que no era de recibo y le descalificaba para merecer la oreja. Y en su anterior intervención, premiada con dos, prendió de forma aleatoria y no siempre ortodoxa.

Viene siendo habitual en las mal llamadas corridas de rejones: que al público le trae sin cuidado dónde caigan los tales rejones corridos, las desproporcionadas banderillas y las rosas de pitiminí. El bien llamado rejoneador planteaba en el tercer toro las suertes de frente, y al reunir hundía el hierro en lo alto, o en lo bajo, o sencillamente se le iba al santo suelo. Expuso al matar (el caballo de poco se lleva una cornada, por cierto) y se duda de que el conjunto mereciera las dos orejas.

Con una oreja iban justamente valorados Pablo Hermoso y la función entera y, sin embargo, se cortaron cinco. Esto se debió a que el público estaba muy orejero y el presidente también. Venía una petición minoritaria -sólo que ruidosa-, el presidente sacaba el pañuelo y ya estaba la oreja en manos del caballista. Joâo Moura, estupendo lidiador, magnífico al fijar los toros de salida y llevarlos de un terreno a otro encelados en el estribo, a la de prender no pasó de mediocre, lo cual no impidió que se llevara una benévola oreja.

A Fermín Bohórquez le regalaron otra tras su vulgar actuación con el segundo toro de la tarde. Acaeció en éste un lance curioso: corría por el tercio incitando la embestida del toro mediante la proximidad de la grupa, llegó a exponerla demasiado, y el caballo, que no debía ser consentidor, le tiró al toro una coz soberana que, si le alcanza, lo deja allí mismo fuera de combate.

Y así iba la tarde, a base de las habituales evoluciones ecuestres, tan vistas que a nadie podían sorprender; reuniones sin relieve; galopadas frenéticas con el toro detrás. En estos casos, a uno le gustaría que abrieran la puerta y siguieran galopando hasta Huelva. Sería bonito.

Así iba la tarde... Hasta que se hizo presente Pablo Hermoso de Mendoza jinete de Cagancho y el rejoneo se hizo arte. Cabalgaron, y la Maestranza quedó envuelta en un aura mágica.

El orgullo de Navarra

D. G, Sevilla
"Eres el orgullo de Navarra", le gritaban al salir por la Puerta del Príncipe. Hermoso de Mendoza, el motivo de orgullo, todavía tenía tiempo en el hotel para lamentar el fallo con el rejón de muerte en su segundo. "Era la primera vez que mataba con Cagancho, pero la faena tenía tanta emoción que no quise cortarla cambiando de caballo", decía.

Pese al fallo, ¿quién triunfó más: caballo o caballista? Álvaro Domecq elige al torero: "Es el número uno indiscutible". El matador hace sitio a su montura: "Está un paso por encima de los demás. Es el único que he conseguido que se comporte como un torero a pie. Cuando lo pongo frente al toro, en tensión, parece que cita con una muleta. Como a las figuras, le gustan las citas importantes, sentir la tensión, el público".

Y eso que toreó infiltrado: "Del esfuerzo de ayer en Arles, esta mañana tenía 40 de fiebre y le hemos tenido que inyectar un antipirético", explicaba su dueño. ¿Cabe más mérito?


El Mundo. JAVIER VILLAN, Senderos de gloria para Cagancho

SEVILLA.- Mientras en el Parlamento de Madrid se formalizaba la investidura, sin oposición, de José María Aznar, en el parlamento taurino de La Maestranza Hermoso de Mendoza era investido clamorosamente, no sin debate y oposición de Joao Moura y Fermín Bohórquez. Y de no haber pinchado tan feamente al sexto, la investidura hubiera sido por absoluta y total mayoría, sin vuelta de hoja y sin trampa ni cartón. Un rodillo temible. Pero Hermoso de Mendoza se empeñó en matar con el portentoso Cagancho y Cagancho, a mi entender, genial en banderillas, no estuvo a la altura en la suerte suprema.

Pese a todo, cayó la oreja, la tercera, y con ella la llave de la Puerta del Príncipe frente al Guadalquivir de las estrellas y la gloria. Senderos de gloria, apoteosis triunfal. Otra vez Pablo Hermoso de Mendoza había puesto La Maestranza a rugir como un volcán.

El primer rejón de castigo lo clavó Hermoso de Mendoza con un quiebro estático; citó con el pecho del caballo, el bohórquez se arrancó flechado, se escoró levemente el navarro a la izquierda y el toro, en paralelo, pasó como una exhalación. Momento que aprovechó Hermoso para dejar un rejón levemente ladeado.

De frente, con el toro fijo en los medios, Hermoso estuvo espectacular y perfecto en las banderillas. Tres tordos sacó el caballero navarro, tres tordos de filigrana; y con Chicuelo, a la salida del embroque, rozó la fantasía girando con templanza torera en la mismísima cara del toro. Esta vez no necesitó Hermoso de Mendoza sacar al mítico Cagancho para conquistar el triunfo; !eso vendría más tarde.

Joao Moura se pasó la tarde con los toros cosidos a la grupa de sus caballos. Ese espacio, frágil y mínimo que define el temple, lo achicó Moura hasta el límite sagrado de lo imposible. Tanto que, a veces, el bohórquez, noblote y templado, acababa tropezándole la cabalgadura. Por ese ajuste, por ese temple y porque mató a la primera, Moura ganó ayer la primera oreja de la tarde. Montó en el cuarto dos tordos rodaos para banderillas y, en los medios, se hizo un ovillo con el toro. Un grupo escultórico definido por la curva y el movimiento circular.

También clavó arrancando de frente y hacia los medios. Sobrio, exacto y medido, el caballero portugués, que no quebró el rejón de muerte; descabalgó, golpeó con la cruceta en el cerviguillo, dejó el brazo tonto y el bohórquez se descabelló a sí mismo.

Pero esto de usar las ancas como muleta, y los cambios de tranco y de sentido como capotazos, empieza a no ser patrimonio de uno ni de dos. Fermín Bohórquez se fue a portagayola, tanto que casi se pierde en el túnel de chiqueros, y allí esperó al toro, que salió veloz y codicioso. Persecución y huida se fueron diluyendo en el desengaño del toro encelado y burlado; después, Bohórquez galopó de costado, recortó con temple y naturalidad, y clavó arriba y al estribo rejones de castigo y banderillas. Va asolerando y esencializando su estilo este caballero: olor a jara, a tomillo, a hierbabuena. Sin garrocha disuasoria que delimite los terrenos es difícil frenar al toro a portagayola. Acaso por eso Bohórquez tomó precauciones en su segundo y se situó un poco más lejos de chiqueros. Mal el primer rejón, mal la primera banderilla, aunque mejoró en las siguientes. Y abusó, como en su primero, de clavar por los adentros.

Para entonces la tarde se estaba poniendo de agua, las nubes, entre violetas y grises, amenazaban descargar una lluvia fría y atemporalada sobre La Maestranza; Hermoso de Mendoza caracoleaba en el mismísimo platillo liándose el murube a la grupa en una conjunción imposible. A la!s 8.08 salió Cagancho y el prodigio descendió al albero. Cagancho sale somnoliento, cansado y ausente. Mas cuando siente la proximidad del toro, hierve su sangre torera: ataca de frente, recorta en tablas de forma inverosímil. Deja llegar al toro sin que éste le vulnere la piel; cita de frente, yergue las orejas como antenas vibrátiles y avanza seguro y despacioso con absoluta armonía y con absoluto temple. Un milagro. Pero el milagro se desvaneció al matar.


La Razon. BARQUERITO. Hermoso de Mendoza corta tres orejas y abre la Puerta del Príncipe


Con Pablo Hermoso de Mendoza, con él y con su cuadra, se vivieron en la Maestranza dos delirios. Uno por toro. Y delirios de distinto grado aunque las faenas fueran, en lo que hace a toreo en sí, semejantes. De idéntico talento, de igual sentido del temple y de la medida, de proporciones muy parecidas. Ladiferencia de grado en el delirio la puso en el sexto toro el gran Cagancho. Ysobre Cagancho, su dueño. Los dos juntos, en una comunión inexplicable, cuajaron entonces un tercio de banderillas absolutamente memorable. La sola aparición del caballo provocó ya una primera ovación de gala. Hermoso lo dosificó sabiamente, a pesar de que la primera llegada, citando de frente,llegando de cara al platillo, quebrando encima y clavando al estribo y arriba, pareció insuperable. Pero es que la misma salida del embroque, que tras un recorte pareció un desplante, ya fue de tono creciente.
   
La fijeza del toro de Bohórquez puso parte de peso a partir de entonces en lasescenas que vinieron a sucederse como en cascada. La preparación del segundo par fue una maravilla. Después de clavar de nuevo arriba, se repitieron las templadas caricias y los galopes por dentro cambiando el viaje dulcemente altoro. Ya en ese par se puso en pie la gente, y lo hizo varias veces. La banda de música quedó ensordecida. La tercera de las farpas Hermoso se la brindó a Don Álvaro Domecq y esta vez la suerte fue ejecutada con una sobriedad aparatosa.Hermoso citó muy en corto y Cagancho, abierto ligeramente de manos y erguida lacabeza, pareció citar también para provocar el encuentro.
   
Al fin, atacaron los dos. En un quiebro ajustadísimo, Hermoso sacó el brazopara clavar perpendicular y arriba de nuevo. Aún hubo un cuarto ataque, a pesar de que el toro empezaba a pararse.   

Caballo y torero: un dúo

En esta cuarta ocasión todo tuvieron que hacerlo caballo y torero. Con el mismo brillo. Cuando se cambió el tercio, el runrún de la Maestranza avisaba de que esta iba a ser faena de rabo, porque, además, eltercio de castigo, con Hermoso montado sobre Quechua, había sido redondo: la parada en los medios y los dos rejones, el primero en los medios y el segundo de dentro aafuera. Contra costumbre, Hermoso no cambió de caballo y con el propio Cagancho atacó con el rejón de muerte. No quiso cerrar al toro en las rayas,sino que atacó en el tercio. Como el toro esperó, Hermoso tuvo que pasar dosveces en falso. Al tercer viaje, pinchó. Al cuarto, cuando además de esperar ya el toro se puso a escarbar, enterró muy trasera la espada. Tras eso, Hermosoechó pie a tierra. Acertó con el primer golpe de descabello. Por eso se esfumó el rabo. No una oreja pedida por aclamación, porque todo el mundo presente sabíaque con ella Hermoso abría por segundo año consecutivo la Puerta del Príncipe, que es en Sevilla el honor de los honores.
   
En el primero de sus turnos, con un toro distraído pero encelado en seguidagracias a la rapidez de ideas y al derroche de riesgo, Hermoso anduvo a altísimo nivel. Joao Moura y Fermín Bohórquez, que habían toreado por delante, habían triunfado con cierta fuerza. La responsabilidad pareció estimular a Pablo Hermoso. En el segundo de los rejones se adornó con el sombrero dejándose caer sobre la testuz. Y en el remate, se fue de caras para quebrar a una distancia inverosímil. El tercio de banderillas lo compartieron Chicuelo y Fusilero, y las piruetas de éste en las salidas del embroque provocaron esos oles cerradosy secos tan característicos de la Maestranza. Para matar Hermoso salió montado sobre Viti y esta vez mató francamente bien, ajustándose lo indecible y enterrando la espada por el hoyo de las agujas. El toro rodó sin puntilla.
   
Joao Moura resolvió con sabiduría los problemas de su primer toro. Clavó certero y mató a la primera. Bohórquez se templó con un toro de muchos piesque hubiera puesto en apuros a muchos. Lo que ocurrió después contó lo justo, porque todo el mundo estaba esperando ya la segunda salida de Pablo. Moura anduvo segurísimo con su segundo toro, pero clavó las cortas muy caídas y se le quedó enganchado el mango de la espada en el rejón de muerte.
   
El quinto fue el único toro complicado de la corrida porque cortó primero elviaje y se negó a galopar y a seguir el engaño después. Eran las vísperas de la gran apoteosis.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Puerta del Príncipe y gloria béndita para Pablo Hermoso de Mendoza y «Cagancho»

 Bajo la luz grisácea y crepuscular de un atardecer nublado, Pablo Hermoso de Mendoza rubricaba la segunda Puerta del Príncipe de su carrera y toda una lección del arte del rejoneo. Porque la faena al sextotoro de la corrida se desarrolló con la maestría elegante y arrolladora deljinete navarro y el porte y la grandeza de «Cagancho», que bordó el toreo allá por donde la estela de sus crines dejaba alfombras de recortes como naturales, de caricias de seda y embroques poderosos, con toda la musculatura de sus pechos ofrecida en el portentoso cite en corto, desde la incertidumbre de las cercanías.

Las carreras a dos pistas, las filigranas, los arabescos, las distancias reducidas al mínimo entre el estribo y los pitones romos del bohórquez, encandilaban al entregado público. Una banderilla clavó arriba tras asombraren el quiebro; repitió en otra y en otra más, de nuevo muy de frente, con escasos metros entre el toro y el caballo torero, que controlaba una situaciónde tensión, reflejada en el negro-negro de su piel azabache. Cuando el arpón se prendió arriba, fue el delirio, como cuando había dado la vuelta al ruedo con un temple descomunal, de medio lado, con la gente puesta en pie durante uneterno bramido.

Por el camino tomado, el rabo no se hacía un imposible. Cuando menos, merecía las dos orejas por aquella faena de cante grande,infinitamente más que por la anterior, cuando una generosa pañolada le había entregado los trofeos de su enemigo. Pero ahora Hermoso entró a matar con «Cagancho»y pinchó, y luego hundió el rejón por los costillares, más o menos, y además hubo de echar pie a tierra para descabellar. O sea que la apoteósis se redujo a una oreja, imprescindible llave de la Puerta del Príncipe, e importante como tal.

VIBRANTE FAENA

Había reservado a «Cagancho» para la gloria final, y así en el tercero no le hizo torear y le dio descanso. Fue faena vibrante, depasarse muy cerca las arrancadas, más de valor que de cante grande. Las banderillas cortas las clavó con alfileres y mató con eficacia, a la primera ahora. El rápido efecto del rejón de muerte y la velocidad a la que el estellés descabalgó, para crear una estampa de torería, impactaron en los tendidos, que se desmelenaron en pañuelos sin encontrar el freno presidencial.

La tarde fue buena para los caballeros y para el espectáculo, con la fenomenal corrida de Fermín Bohórquez como eje, propicia para el éxitode la terna, que ahora se impone en los festejos ecuestres en detrimento de las denostadas colleras.

Joao Moura empleó mucho temple para parar al primero, que diomás problemas de los que a simple vista se podían percibir. La maestría del portugués se hizo patente una vez más. Hasta para matar anduvo acertado ayer, y fulminó al bicorne con un sólo ataque que le siginificó la oreja. Ante el acarnerado cuarto, se empleó a fondo con los palos. Faena importante y valientela suya. Sin embargo, el personal ya estaba como esperando la aparición de Hermoso de Mendoza, y todo quedó en una vuelta al ruedo.

Igual le pasó a Fermín Bohórquez, muy entonado durante su torera actuación. La labor al quinto, que acabaría aquerenciado, fue de menos a más. Allí todo el mundo deseaba al navarro con urgencias, darle gloria bendita, que se presentía. Si Fermín no se mostró fino con el rejón mortal, sí lo había hecho ante el segundo, al que también recibió así como a portagayola, en una salida espectacular y brillante. Fue una oreja muy valida laque obtuvo, y tan cabal como los pares a dos manos que dibujó o como los muletazos que se intuían en la grupa de su caballo.

Supo a poco la corrida cuando Pablo Hermoso de Mendozaabandonaba la plaza en volandas. Todavía sonaban los ecos del recital brindado por la banda del maestro Tejera. Otro maestro.

 

 

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