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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
FERIA DE ABRIL
Tarde del lunes, 24 de abril del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Cinco toros de González Sánchez-Dalp, y uno (el 3ª, sobrero) de Manolo González (mansos, de escasa fijeza, sosos; el 5º, noble). El 3ª, de Manolo González, devuelto por inválido.

Diestros: 

Banderilleros que saludaron: Jimeno Mora, de la cuadrilla de Eugenio de Mora, en su 2º.

Presidente: Francisco Teja

Incidencias:  El subalterno Víctor Cañas, de la cuadrilla de Eugenio de Mora, fue atendido enla enfermería por contusión en hombro izquierdo; pronóstico reservado.

Entrada: tres cuartos

Tiempo: bueno

Crónicas de la prensa: El Pais, El Mundo, ABC, La Razon


El Pais. JOAQUÍN VIDALUn inmenso sopor

Con lo que sale habitualmente por esas plazas y soltaron en Sevilla, no había otra opción: la siesta. Y eso fue lo que ocurrió. Cierto es que, en medio delinmenso sopor, aparecía Eugenio de Mora y se ponía a torear, lo cual alegraba las pajaritas. Pero terminaba, y volvía el insoportable aburrimiento, bostezos continuos, algún ronquido...

Protestas por lo que soltaron -un ganado adulterado de cabeza a rabo, probablemente enfermo, puede que borracho como una cuba e impresentable- no hubo ni una. Miradas, sí. Siguiendo las pautas que dictan los celosos custodios del comportamiento exigible en la Maestranza, quienes acatan las reglas se miraban con mala cara sin decir ni pío. Cerca de tres horas duró el palizón aquel, con lo que se pasaron cerca de tres horas mirándose de través. Deberían tener cuidado: estar cerca de tres horas dirigiéndose torvas miradas propicia las peleas. Si continúan las tardes de semejante corte -lo cual es muy probable- puede que se harten de tanta mirada impertinente y acaben a guantazos. Dios quiera que no.

Dios -ya se sabe- tiene sus caprichos y con la fiesta de los toros se las trae tiesas. En cuanto ve acudir a los cosos una afición alegre e ilusionada,la condena a la penitencia del sopor inmenso, y no la absuelve hasta que se haya arrepentido de acudir allí.

Todo cuanto sucedió estaba encaminado a prolongar el aburrimiento hasta el infinito. Todo iba despacio o se quedaba en suspenso cual si se hubiese detenido el tiempo. Empezó ya en el paseíllo. Llegado ante la presidencia, los matadores rompieron filas mas las cuadrillas no y se quedaron inamovibles en su lugar descanso. Luego se supo que se trataba de una protesta laboral.

Y salió el toro, que era una mona. Y empezaron las caídas, y las verónicas al aliguí, y los arreones de la acorazada de picar echándoles encima a los inválidos cornudillos la inexpugnable empalizada de los percherones forrados con inmensas guatas, sin decoro alguno y sin sentir la menor piedad por aquellas criaturitas del dios penitencial, que hocicaban exangües la arena o la medían, perdido el norte de su existencia.

Sin asomo de casta -motor de la agresividad embestidora- los toreros podían andarse tranquilos y ensayar monerías para solaz del público alegre e ilusionado. Pero los toreros -se exceptúa Eugenio de Mora- no estaban por la labor. Uceda Leal dejó pasar la oportunidad, y gritaba mucho mientras toreaba poco. Venga de vocear jes y jus, en tanto se daba a la monotonía de los pases sin ligar, a cortar las tandas de manera que siempre las estaba empezando. De tal guisa las dos faenas, no logró entretener -menos aún emocionar- al alegre público ferial, en tanto hacía fruncir el ceño a los celosos custodios de los comportamientos en la Maestranza.

Un graderío de ceños fruncidos: cosa de ver. Quienes conseguían vencer el sueño se entretenían contemplando el panorama, o buscando famosos, que apenas había en la plaza, pues la corrida no era de cartel y clavel.

Curiosidad suscitó la presencia de Juan Bautista, muy joven torero francés, de buenas maneras y oficio bien aprendido, por si confirmaba en la Maestranza el crédito que traía de otros pagos. Sin embargo duró poco. Su primer toro lodevolvieron al corral por inválido y el sobrero, que padecía mayor invalidez, se caía a cada pase. Y no pudo haber faena. En el sexto, otro inútil y descastado ejemplar, aunque tiró de repertorio, tampoco suscitó ningún interés, y terminó empeorando su actuación con el pésimo manejo de la espada.

Sendos alivios al aburrimiento los aportó Eugenio de Mora con sus faenas bien construidas, mejor ligadas y la primera de ellas enaltecida mediante golpes de inspiración. Toreó Mora muy bien por redondos y los naturales los bordó. Pura exquisitez fueron tres tandas instrumentadas desde la templanza y la armonía. De donde se deduce que en cuestión de efluvios no tiene la exclusiva Triana pues Mora de Toledo los gasta también.

La segunda faena de Eugenio de Mora transcurrió maciza. Y terminó las dosprefiriendo esperar a que doblaran los toros tras largas agonías, en vez de utilizar el descabello, que se inventó, precisamente, para evitarles a los toros semejantes calvarios. Pero el propósito del diestro estaba en no fallar yobtener las orejas, y lo consiguió. Bien para él y mal para la afición que hubo de soportar ese añadido de tiempos muertos en medio del aburrimientomortal de la corrida interminable.

D. G., Sevilla. Mora, el triunfador
Como si nada. Triunfa en la Maestranza y se queda igual. O eso parecía ocurrirle anoche al protagonista de la segunda de abono, Eugenio de Mora.

Sentado a los pies de su cama, después de una ducha y con un albornoz por único abrigo, más parecía llegado a casa al salir de clase que recién sacado a hombros de la plaza de toros de Sevilla después de cortar una oreja a cada unode sus toros.

"Estoy tranquilo y contento. Las cosas han salido como yo esperaba", decía el torero. ¿Tan seguro estaba de sí mismo? "Es que sabía lo preparado que venía. Mi invierno ha sido muy bueno. Y, además, soñar es gratis", añadía.

Además de confianza en su toreo, Eugenio de Mora mostraba confianza en la ganadería: "Suelen salir toros buenos. Estas reses han dado muchos triunfos en Sevilla".

Y ahora, que tiene una "satisfacción enorme" por su debú en la Maestranza, echa de menos otra tarde en la feria. "Pero bueno, da igual. Ya he entrado en Sevilla y el año que viene volveré dos o tres tardes, seguro", afirmaba, confiado en que el público, que le ha dado una "respuesta fenomenal", pueda apreciar mejor lo buen torero que es.

Y eso que las largas agonías de los dos toros le hicieron temer que la gente se impacientara. Un temor que se marchaba con el resoplido que soltó cuando vio al presidente conceder la segunda oreja.


ABC. ZABALA DE LA SERNA. Eugenio de Mora o el triunfo del temple

A priori, la juventud del cartel prometía. Así, de entrada, la terna reunía un gran interés para el aficionado. Evidentemente, el gran público que llena las plazas en feria no pensaba igual. Merecía la pena de apuesta de Eduardo Canorea, aunque no respondiera el personal más que en medio aforolargo. El espejismo del «boom» de la Fiesta es eso, espejismo. Las promesas no encuentran eco en la masa, que gusta más de las caras que abundan en la revistas de papel cuché.

Por el mismo motivo, Eugenio de Mora resulta desconocido. Que haya abierto la Puerta Grande de Madrid de novillero una vez y de matador detoros otra no cuenta para la marabunta. Que haya justificado su valor con sangre la pasada temporada, parece que tampoco. Que ayer cortara dos orejas de ley, igual le vale algo más de cara a la galería; ante el panorama taurino le hande servir de mucho. De momento, para que cuente de nuevo en las ferias que todavía se confeccionan en estos días de primavera abrileña. Tres cornadas el último año habían parado su carrera. Un balón de oxígeno supone este triunfo.

El diestro de Mora de Toledo sobresalió con el mejor lote dela corrida de Manolo González y González Sánchez-Dalp, pero ahí había queestar para templar y mandar, templar y esperar, templar y templar. Porque Eugenio de Mora templó mucho durante toda la tarde. Y además quiso siempre ligar, y dejarle a los toros la muleta en la cara y hacer el toreo.

MONUMENTALES PASES DE PECHO

Si se entonó sobre la diestra en dos primeras series ante el bajito, colorado y noble segundo (dos monumentos al pase de pecho fueronlos remates de ambas tandas), lo bordó al natural. Sobre la raya del tercio, corrió la mano con una suavidad grandiosa, con una naturalidad de nota, con gusto. Hilvanaba un muletazo tras otro, con el engaño puesto en la cara de suenemigo casi antes de terminar el anterior. Eso en una serie, y en otra siguiente también conectó con los tendidos, porque lo bueno y auténtico suele llegar adentro, donde se sienten las cosas. No hubo más. Faena justa y medida,un prodigio en tiempos de obras desmedidas. Atacó la suerte suprema conrectitud para rematar con bien.

Paseó el anillo con el trofeo en la mano derecha y la montera en la izquierda, pega a corregir en otras tardes, que hasta para dar una vuelta al ruedo hay que sentirse torero.

Repitió ante el quinto éxito con una faena de catadurainferior a la anterior, pero meritoria por cuanto de nuevo templó. Tardeaba el escurrido animal mucho, algo que no fue óbice para que en la serie primera y diestra sacara un muletazo larguísimo. Pasó por la zurda en un tono notable yse superó en el regreso a la derecha. Se despidió con un obligado de pecho apies juntos y un circular invertido, tan de moda ahora. De las dobladas para cerrar al toro, cuajó un cambio de mano. Otra vez se fue arriba, aunque laintención prevaleció sobre la colocación final, levemente desprendida. Tardó en echarse el bruto una eternidad, menor de la que le esperaba instantes después.

Poco más de sí dio la tarde, por culpa de los pupilos mansos de los hierros del día. Apuntó cosas Uceda Leal con el que abrió plaza, y el que no apuntó nada fue el picador que le hizo un ojal en el lomo como el canalde Suez. No fue material propicio, y aun así el diestro de Madrid estuvo dignoy profesional. Apenas en unos pocos muletazos dejó su sello. Debió cortar antes la faena.

Deslucido hasta decir basta resultó el cuarto, tan poco rematado de hechuras como el resto de la corrida. Así que Uceda se marchó cabizbajo de la Maestranza a la espera de que la suerte le sonría.

Juan Bautista se encontró con un soso sobrero que habíasustituido al feble tercero. Tedioso concluyó el trasteo. Careció el francés de la chispa y la soltura de otras tardes. No alcanzó el aprobado con el noble y mansurrón sexto, que terminó rajado en tablas. Muy gris transcurrió la faena, plana y plena de vulgaridad.

O sea que un toledano triunfó en Sevilla. Mañana seguro que la mayoría pregunta quién es. Y a lo mejor se compran el «Hola».

 FERNANDO CARRASCO. De Mora: «Si mis toros caen antes, corto tres orejas»

No fue día de «relumbrón» en cuanto a entrada -algo menos de tres cuartos- pero sí de triunfo. Éste vino de la mano del diestro toledanoEugenio de Mora, que cortó un total de dos orejas que le permitieron salir a hombros por la puerta principal. Gratísima la impresión que causó en su presentación como diestro de alternativa De Mora. El toledano, mientras suscompañeros de terna, JUceda Leal y Juan Bautista abandonaban la plaza, señaló a ABC que «he tenido mucha suerte. He venido muy preparado y con mucha ilusión y las cosas, gracias a Dios, han salido bien».

Aunque hablaba de suerte, su lote tuvo, empero, complicaciones. «Mi primero ha sido un toro que estaba un poco sin descubrir,pero luego ha roto, ha tenido quince o veinte embestidas muy buenas, con clase, y creo que las he sabido aprovechar. En el otro toro, el misterio ha estado en dejarle siempre la muleta en la cara, muy puesta, y así ligarle los muletazos,sin dejarle que se fuese a tablas».

Eugenio de Mora era de la opinión, acerca de la tardanza de sus toros en caer —algo que le pudo haber privado de algún trofeo más—, de que «estaban muertos los dos toros. De haber caído antes, a lo mejor la gente hubiese pedido algún trofeo más y estaríamos hablando de tres orejas». «Pero bueno —continúa—, las cosas han salido así. Yo me he tirado a matarlos y creo que los he matado bien..Pero era mi debú en Sevilla y la verdad es que no se puede pedir más».


El Mundo. JAVIER VILLAN. De Mora, a hombros

SEVILLA.- Eugenio de Mora cortó una oreja en cada toro, enpuridad y estrictamente con muy pocos muletazos y dos estocadas eficaces, aunque perdiera la muleta en una de ellas y la otra le cayera baja. Esto deberobustecer su voluntad resquebrajada a cornadas. Lo de ayer de Eugenio de Mora fue lo más luminoso de una tarde sombría y negra, pese al maravilloso cielo sin nubes que cobijaba a La Maestranza. Eso es cúpula, la del cielo limpio, y lo demás es cuento.

Anduvo dando tumbos el segundo hasta que lo atrapó De Mora en una tanda de redondos y en un pase de pecho monumental, interminable, inmenso yceñidísimo. Y el toro ya no se pudo escapar. Ni caerse. Entendió Eugenio deMora la cortedad del animal -de fuerzas y de recorrido- y economizó viajes y terrenos: dos tandas de naturales muy erguida la planta, muy baja la mano, muy planchada la muleta, le valieron una oreja que la larguísima agonía del torollegó a poner en peligro. Algo parecido ocurrió en el quinto. Agotado el torillo tras el primer tercio, Eugenio de Mora se lo llevó a los medios con suaves dobladas y tironcillos leves. Y allí surgió, otra vez, el natural y elredondo a base, sobre todo, de ligazón y temple. Abrochó faena con lentosayudados por bajo, rodilla en tierra. Otra vez la agonía eterna le puso al borde del desastre.

El señor presidente, Francisco Teja, demostró peligrosas tendencias de sadismo taurino. Podía habernos ahorrado el espectáculo de un toro abierto en canal hasta casi los ijares por el lanzazo criminal de unpicador.

No está escrito que, por la impericia de un varilarguero, haya que devolver un toro; mas indicios había de que el de Sánchez-Dalp no estaba para trotes ni para galopes. Claro que peores toros y más inválidos sehan visto y se verán en esta feria. Si el señor Teja hubiera devuelto este primer toro, a lo peor había que devolver la feria entera.

Devolvió, inopinadamente, el tercero, que era ni más ni menos que como todos los demás: el sobrero mismamente que, además de tullido,era una burra. Contra él se estrelló la voluntad del francés Juan Bautista; voluntad torera que trató de remontar el vuelo en el sexto, ya con los focos encendidos y La Maestranza hecha un mar de luz, de oro y de magia. Quien no tenía ninguna magia era el manso toro, el descastado toro al que Juan Bautista sacótodo lo poco que tenía.

Tampoco el lote de Uceda Leal era para tirar cohetes. Y el madrileño aterrizó en La Maestranza como pudo: sin pegarse el batacazo y sin dejar huella; la huella mínima de algunos naturales con sacacorchos, de algunos redondos por el mismo procedimiento.

Pero la cuestión verdadera fue que los toros no embistieron, que fue una miserable procesión de burras descastadas, mínimas e inválidas. Los toros tardaban en salir de toriles una eternidad. Y es que el mayoral no losencontraba. Andaban perdidos en algún rincón, de pequeños que eran. Si los chiqueros de La Maestranza son tan grandes como el portón de salida, no me extraña que torillos así, recentales y pequeñitos, se pierdan en el camino a la arena. Sigue, pues, la procesión de los desechos anovillados. Empezó el Domingo de Resurrección y continuó el Lunes de Pascua Florida. Estamos en Sevilla, aunque parece que estuviéramos en los galaicos montes: una especie de Santa Compaña de ánimas de toros en pena, fantasmas de toros entre la niebla, gimientes toros postrados, deshuesados y zombis invocando a la bruxa maldita que los parió. Aquí, por el momento, salvo algún desesperado conpoca estima de su honor, nadie protesta. Mucho silencio y mucha mandanga, pero luego te tocan allado dos marujas cotorronas, dos sabeores que lo saben todo o, lo que es peor, dos grasiosos iluminados de manzanilla, y te dan la tarde. E increpan al picador por picar y al presidente por no regalar orejas. Como en cualquier parte; señores guardias civiles, aquí pasó lo de siempre: murieron cuatro romanos y cinco cartagineses.

Feliz presentación

SEVILLA.- Fue una tarde de bienvenidas en La Maestranza. Los tres diestros que hicieron ayer el paseíllo en Sevilla no habían comparecido antes en este coso. Lo hicieron a lo grande, en la Feria de Abril, aunque el que mejor recuerdo guardará, sin duda, será el toledano Eugenio de Mora. Vestido de blanco y plata, como es habitual, cuajó una tarde más que satisfactoria. Tras su primera faena, medida, De Mora confesó que temía alargar el trasteo porque el toro, blando de salida, se podía venir abajodefinitivamente. Tras estoquear al quinto, Eugenio de Mora lamentó la excesiva tardanza del animal en doblar.

El cartel de hoy.- Esta tarde se celebra en Sevilla la primera corrida de rejones de las anunciadas en la presente Feria. Alternarán los rejoneadores Joao Moura, Fermín Bohórquez y Pablo Hermoso de Mendoza. La terna se enfrentará a reses de Fermín Bohórquez.


La Razon. BARQUERITO. Brillante debut de Eugenio de Mora en la plaza de La Maestranza


El debut de Eugenio de Mora en la Maestranza y en la feria de Abril fue muy afortunado. En todos los sentidos: de un lado, en sus manos cayeron dos de los tres toros buenos de la corrida de la familia González Sánchez-Dalp; y deotro, que fue lo fundamental, al torero toledano se le soltaron las muñecas y los brazos con deslumbrante facilidad y a los dos toros les dio con la muleta fiesta buena.
   
El triunfo, caro, raro y brillante, fue del Eugenio de Mora muletero. De su sobresaliente sentido del temple que causó sorpresa. Nadie se esperaba unaforma tan limpia de torear, de saber tocar al toro, a los dos de su lote, de llevarlos prendido tan al milímetro. Tan bien toreados. De hacerlo, además, siempre en vertical. De ligar sin enmendarse. De acoplarse de diferentes maneras al son de cada uno de los toros de turno. Suave y despacio, cada vez másdespacio, con un boyante segundo de corrida que rompió a bueno en seguida trashaber claudicado ligeramente en el primer tercio. Poderoso y hasta descarado con un quinto encastado que, alto de agujas, humilló menos que el excelente segundo pero que fue toro destacable por su fijeza y su recorrido.
   
Dos faenas diferentes

Las dos faenas triunfales del diestro toledano fuerondiferentes. La del primero, faena en un ladrillo, en un solo terreno, en lasrayas, y faena muy sucinta, breve, de sólo cuatro tandas, dos por cada pitón,y, clave del éxito, de son creciente. A quienes hubieran querido ver el toro enlos medios y no sólo en el terreno donde pasó tan bellamente todo les quedóla duda de si la faena habría podido ser más ambiciosa de lo que fue. Pero pesóen la balanza que todo estuviera tan bien hecho. Impecable pulcritud. Eugenio se atracó al entrar a matar y enterró muy trasera la espada. La muerte del toro se demoró pero no se enfriaron los ánimos.
   
La faena del quinto tuvo más garra y más descaro. Hubo que arriesgar más.Eugenio empezó toreando tapado y cambiado, se abrió al tercio y tras una notable tanda en redondo -excelente el juego de muñeca- se abrió en los medios para torear al natural con extraordinaria calma. Eugenio eligió la cortadistancia y, ligeramente cruzado, desengañó al toro con suficiencia. Losalardes de un circular cambiado y de un interminable ocho se jalearon porque los remates al echarse el toro por delante las dos veces, como en las demás tandas,fueron una exhibición de pulso. A ese toro lo mató de un feo espadazodesprendido y perpendicular con lenta agonía del toro.
   
Sonó un aviso

Aunque sonó un aviso mientras el toro tragaba sangre, y sinque Eugenio se decidiera a descabellar, la gente se rindió. Esta primera corrida de preferia, planteada como única oportunidad en el abono para tres toreros no andaluces, sólo sonrió a Eugenio de Mora.
   
Uceda Leal, tenso toda la tarde, no fue ni su sombra. Juan Bautista, inédito con un primero de lote absolutamente inofensivo, acusó su bisoñez con un sexto toro muy noble que se prestó a mayores logros. El primero de Uceda, con la pielrasgada aparatosamente desde el morrillo a los ijares en un rasponazo, se aplomóy se defendió con un punto de aspereza.
   
El cuarto tuvo mucho que torear porque salió incierto y a Uceda, frío ydistante, le costó estar. A ese cuarto lo mató muy bien. Juan Bautista cumplió en su primer turno -sólo cabía eso- y anduvo fácil y seguro pero ligero conel sexto, que terminó viniéndose abajo.

 

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