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Festejo de abono FICHA TÉCNICA Ganadería: Toros de La Dehesilla
(cinco de este hierro y tres de José Luis Pereda fueron rechazados en el reconocimiento), 6º, sobrero, en sustitución de un inválido: escasos de trapío, 1º y el devuelto anovillados e impresentables; inválidos excepto 4º; descastados.
Entrada: Lleno Crónicas de la prensa: El Mundo, El País, ABC, La Razon El País. JOAQUÍN VIDAL. El toro de todas partes Los celosos custodios del protocolo de la Maestranza andan a vueltas con el toro de Sevilla, que contraponen al toro de Madrid. El toro que exigen en Madrid -grande, dicen, y con trapío- no debe salir en Sevilla, según los celosos custodios del protocolo de la Maestranza. En Sevilla ha de salir el toro de Sevilla, naturalmente, que es chulo de cuerpo, agradable de pitón, en conjunto armonioso y, si bien se mira, una monada. Con lo cual han conseguido que salga en Sevilla el toro de todas partes; para empezar y que no quepan dudas, en la primera corrida de feria. El toro de Sevilla vale perfectamente para Castellón y viceversa. Y que a nadie se le ocurra protestar. Los celosos custodios del protocolo de la Maestranza abominan del público protestón y tienen marcadas unas pautas de comportamiento para la afición sevillana, que debe limitarse a intercambiar miradas desaprobatorias con el vecino de localidad, sin decir esta boca es mía. Y así se pueden soltar impunemente en el histórico albero de la Maestranza (que nunca fue plaza resignada y consentidora, hasta que llegaron estos cursis) esos toros de Castellón y de todas partes, menudos y febles, claudicantes y aborricados, sin que se produzcan protestas pues la afición, con hacerle pucheros al vecino de localidad, ya ha cumplido. No obstante, a veces el público se harta y sale de las gradas de sol algún silbido, alguna voz disconforme, alguna sugerencia para salvar la situación. Por ejemplo, en esta primera corrida de feria: "¡Que salga a embestir el ganadero!"; lo que, por cierto, fue muy celebrado. El primer espécimen de Curro Romero y el segundo de Morante de la Puebla se duda que los hubiesen sacado en plaza alguna, incluidas las de talanqueras, sin provocar una revuelta social. Y, sin embargo, pasaron en la Maestranza, puede que entre mal contenidos sollozos de los celosos custodios de su protocolo - nadie lo niega-, pero se lidiaron al fin. Lidiar es un decir. El de Curro, sobre tirillas, compareció escachifollado, lo que permitió al glorioso Farón de Camas mecerle unas verónicas de fino estilo y alta escuela. No debería considerarse baladí la acción pues enseñó al coletudo del turno siguiente -bastante corretón, de suyo- cómo el lance básico del toreo de capa se instrumenta con naturalidad y ligazón, sin pegar carreras de un lado a otro ni perder terreno sino -antes al contrario- ganándolo hacia los medios y se remata allí ciñendo alada media verónica de seda. Y eso es, precisamente, lo que se entretuvo en hacerle Curro Romero al tirillas escachifollado que abrió plaza y feria. La invalidez del inocente animalillo impidió nuevas proezas y acabó muriendo sin gloria. Acaso para compensar, el cuarto toro compareció fuertecito y peleón mas el picador le calmó los ímpetus propinándole un puyazo montaraz. Llegado el último tercio, Curro Romero lo trasteó medio minuto por la cara, sin fiarse un pelo, y se lo quitó de en medio como pudo. El lote de Enrique Ponce resultó peor. Mulos ambos componentes, los veroniqueó a la carrera y los muleteó sin lograr lucimiento pues permanecían reservones o embestían con media arrancada. Lidiadores natos a estos toros procuraban darles distancia, alegrarles la embestida, cambiarlos de terreno, por si acaso, mas estas son técnicas obsoletas. Lo que intentó Ponce es lo que se lleva: porfiar pases agobiando al renuente y si no va, no va. El tercer toro tuvo igual comportamiento y Morante de la Puebla incurrió en parecidas porfías. El sobrero que sustituyó al sexto -un inválido absoluto- desarrollo cierta nobleza y Morante pudo exhibir detalles de su reconocida torería. Primero por chicuelinas. Luego marcando trincherillas de acendrada sevillanía y ligando varias tandas de redondos. Se acostaba el toro al tomar los naturales, que lógicamente resultaron mediocres y volvió el artista a los derechazos, ya en la modalidad de los pegapases. De donde vino a menos la faena, que remató mal. Y perdió la oreja. Aunque tampoco era para tanto. Sin ir más lejos: les sacan ese torejo a Llapisera y el Empastre, y lo bordan. Allá penas si los celosos custodios del protocolo se dirigían miradas lánguidas mientras sufrían a la chita callando. D. GIL, Sevilla Ocho reses rechazadas La feria de abril amenaza con repetir el bochorno ganadero del pasado año. En la primera corrida ya fueron rechazados más toros de los que se lidiaron: ocho de los presentados por José Luis Pereda no pasaron el reconocimiento. Los toros traían tres hierros diferentes, pero de la misma casa: el del ganadero, el de María José Pereda y el de La Dehesilla, que fue la ganadería que finalmente completó la corrida. Ante la poca enjundia que había en el ruedo, el interés estuvo en las muchas caras conocidas que llenaron los tendidos. En el palco real, como hacía su abuela, presidió la corrida la infanta Elena. En honor de Doña María de las Mercedes y del empresario de la Maestranza, Diodoro Canorea, fallecidos en el último año, se guardó un minuto de silencio al terminar el paseíllo. Durante la corrida se comentó en la plaza la nueva lesión que Rivera Ordóñez sufre en la muñeca de la que se operó este invierno. Durante los incidentes de la Madrugá sevillana recibió un golpe que le ha hinchado la mano hasta el punto de peligrar su presencia en el festejo del próximo sábado. Y por haber, en los tendidos hubo hasta pelea. La policía retiró a cuatro espectadores que, en la zona de sol, se dieron unas bofetadas que vio toda la plaza. Lo dicho, de todo menos toros. El Mundo. JAVIER VILLAN, Maldita espada de Morante El escritor peruano evocó la primera vez que su abuelo Pedro lo llevó con nueve años a ver una corrida de toros en Cochabamba (Bolivia) a donde se había trasladado su familia y fue esa misma tarde cuando decidió convertirse en Manolete del Perú en vez de «piloto, Mandrake, el mago, o Tarzán de los monos». De aquella vocación frustrada sólo le quedaron, dijo, «faenas a astados metafísicos como sillas, escobas, una chivita y a mis sacrificadas primas». El escritor relató con un envidiable sentido del humor sus predilecciones por los toreros de la época, repartidas entre Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez («el dueño del espacio y del temple») del mismo modo que su padre y sus tíos discutían a propósito de Joselito o Belmonte inclinándose por el trianero al estar casado con una peruana. De aquella primera vez en Cochabamba, Vargas Llosa recordó «la fiebre con el espectáculo, lo que vi y lo que presentí». Esta consideración del toreo como algo trascendental y misterioso capaz de superar su dimensión de mero espectáculo fue una constante a lo largo de su disertación de 50 minutos, en un acto presidido por la presidenta del Senado, Esperanza Aguirre, al que asistieron el Duque de Lugo, la consejera de Gobernación, el alcalde de Sevilla y el teniente de hermano mayor de la Maestranza de Caballería, que organizaba el pregón, entre otras autoridades. En su disertación, Vargas reivindicó la fiesta de los toros como manifestación eminentemente popular en la que todavía no se ha perdido «la imparcialidad de los aficionados al arte que, muy a su pesar, se r! esigna a desaprobar lo que ve», en contraposición con «la exhibición de partidismo regimentado» que aprecia en el fútbol, donde «sólo hay hinchas y, a menudo, fanáticos». Definió la tauromaquia como una mezcla de «ciencia, arte, deporte y ceremonia». En su pregón, el autor de la reciente La fiesta del chivo se ganó al público con anécdotas y comentarios muy personales. Nada más comenzar arrancó el primer aplauso al referir lo que le dijo un amigo suyo al conocer su nombramiento como pregonero taurino de Sevilla: «Eso es más importante que ganar el premio Nobel». También hubo un hueco para Curro Romero y su especial relación con la plaza sevillana: «Sólo en la Maestranza y sólo a él lo he visto torear al tiempo que haciendo el amor con tanta gente». Vargas Llosa definió irónicamente el vínculo entre la afición sevillana y Curro como «amores que rozan lo pornográfico y por ello son los más artísticos».
JAVIER RUBIO. Mario Vargas Llosa confirmó
su alternativa
SEVILLA.- El escritor Mario Vargas Llosa confirmó ayer su alternativa en Sevilla, como él mismo dijo, con un delicioso pregón taurino construido a base de reflexiones personales y datos autobiográficos dictado ante un teatro Lope de Vega lleno. El escritor peruano evocó la primera vez que su abuelo Pedro lo llevó con nueve años a ver una corrida de toros en Cochabamba (Bolivia) a donde se había trasladado su familia y fue esa misma tarde cuando decidió convertirse en Manolete del Perú en vez de «piloto, Mandrake, el mago, o Tarzán de los monos». De aquella vocación frustrada sólo le quedaron, dijo, «faenas a astados metafísicos como sillas, escobas, una chivita y a mis sacrificadas primas». El escritor relató con un envidiable sentido del humor sus predilecciones por los toreros de la época, repartidas entre Luis Miguel Dominguín y Antonio Ordóñez («el dueño del espacio y del temple») del mismo modo que su padre y sus tíos discutían a propósito de Joselito o Belmonte inclinándose por el trianero al estar casado con una peruana. De aquella primera vez en Cochabamba, Vargas Llosa recordó «la fiebre con el espectáculo, lo que vi y lo que presentí». Esta consideración del toreo como algo trascendental y misterioso capaz de superar su dimensión de mero espectáculo fue una constante a lo largo de su disertación de 50 minutos, en un acto presidido por la presidenta del Senado, Esperanza Aguirre, al que asistieron el Duque de Lugo, la consejera de Gobernación, el alcalde de Sevilla y el teniente de hermano mayor de la Maestranza de Caballería, que organizaba el pregón, entre otras autoridades. En su disertación, Vargas reivindicó la fiesta de los toros como manifestación eminentemente popular en la que todavía no se ha perdido «la imparcialidad de los aficionados al arte que, muy a su pesar, se resigna a desaprobar lo que ve», en contraposición con «la exhibición de partidismo regimentado» que aprecia en el fútbol, donde «sólo hay hinchas y, a menudo, fanáticos». Definió la tauromaquia como una mezcla de «ciencia, arte, deporte y ceremonia». En su pregón, el autor de la reciente La fiesta del chivo se ganó al público con anécdotas y comentarios muy personales. Nada más comenzar arrancó el primer aplauso al referir lo que le dijo un amigo suyo al conocer su nombramiento como pregonero taurino de Sevilla: «Eso es más importante que ganar el premio Nobel». También hubo un hueco para Curro Romero y su especial relación con la plaza sevillana: «Sólo en la Maestranza y sólo a él lo he visto torear al tiempo que haciendo el amor con tanta gente». Vargas Llosa definió irónicamente el vínculo entre la afición sevillana y Curro como «amores que rozan lo pornográfico y por ello son los más artísticos». ABC. ZABALA DE LA SERNA Morante endulzó sólo en parte el agrio sabor de la tarde Un halo de recuerdos desperezó la tarde cuando la Infanta Doña Elena apareció en el Palco a los acordes del la Marcha Real. De inmediato, tras las primeras notas, la imagen de Doña María de las Mercedes, siempre gentil y señorial, simpática y discreta, se apareció en la mente de la mayoría. Detalle importante de su nieta para con Sevilla y la Fiesta de los toros. La Duquesa de Lugo se ha convertido en la heredera natural de la afición de laCondesa de Barcelona. El respetable lo agradeció con una cerrada ovación cuando la banda del maestro Tejera concluyó el himno de España; Curro y Ponce le brindaron sus dos primeros toros, y a Morante o se le fue el santo al cielo o los consejeros que le rodean valen para muy poco. Después, la Maestranza se plagó de nostalgias para rememorar a Diodoro Canorea en un minuto de silencio de los que sólo se escuchan enSevilla, entre el vuelo de las golondrinas, el cascabeleo de las mulillas y elmurmullo callado del Guadalquivir. Ahí, en el palco 16, sus hombres, entornaron los ojos y bajaron la mirada, después de tantos y tantos años, después de tanta y tanta bondad. El hueco vacío del burladero de empresa fuesignificativo. Y tras la nostalgia, el fiasco. Los toros de Pereda impidieron resurrecciones, pasiones y, en definitiva, el toreo. Ni siquiera por su presentación desigual, una escalera auténtica, merecía el conjunto el aprobado para tan memorable fecha. Para colmo, derrochó mansedumbre hasta aburrir al mismísimo Giraldillo. Curro calentó las muñecas en un juego de verónicas cadenciosas para recibir al terciado toro que abrió plaza, con las zapatillasmuy asentadas en el albero. La media desinhibió las gargantas dormidas, tristes durante el atardecer de un Domingo de Resurrección sin resurrección ni historia. Ni toros. DÉBIL Y CORTA EMBESTIDA Romero cató con la muleta la débil y corta embestida de suenemigo y pronto abrevió con cara de circunstancias. Como en el día de lainauguración de Vistalegre, entró a matar al azar, y como iluminado por una ciencia infusa hundió el acero arriba, con delantera colocación pero arriba al fin y al cabo. Murió deseoso de hacerlo el noble bruto, que a la postre reunióuna calidad que no poseyeron sus hermanos. El cuarto se hizo presente en el ruedo engallado y desafiante,y en cuanto probó el frío hierro de la puya se desinfló. Sólo quedaronintenciones inciertas. El Faraón de Camas lo vio claro, tanto que apenas las moscas espantó con un muleteo entre grácil y precavido por la cara. Esta vez se encontró con la cabeza alta del toro para ejecutar la suerte del volapié «suigeneris». Pinchó, pero bastó para descabellar. A Ponce se le notaba un ánimo más positivo al de otros y anteriores abriles: la Puerta del Príncipe otoñal le ha inyectado moral de cara a la galería y a una afición que se le resistía hasta septiembre. Avanzado el saludo al reservón y tardo segundo, dos lances se sucedierontemplados y sentidos. Anduvo muy torero siempre, muy por encima del toro dePereda, que desarrollo guasa y una violencia defensiva que desbarató el principio de faena con un desarme inoportuno. No pasó desapercibido el arrojode Tejero con los palos: había que echarle un par para llegar a la cara del mulo, que esperaba con la guardia alta. El diestro de Chiva se mostró sobrado yvaliente, como quien no quiere la cosa. Por el izquierdo, los pitones astifinos que toda la corrida, eso sí, lució finas perchas buscaron la pañoleta. Atinó a la primera con el estoque, pero se precipitó al sacarlo (en el fundón es donde no hace daño, matador) y padeció con el verduguillo. El quinto hizo concebir esperanzas en los primeros tercios, y luego se rajó con descaro; o sea, el gozo en un pozo. Morante se erigió en flamante triunfador de una tarde sin dueño. Fue la sal y la torería unidas. No valió nada su primero. Se paró rápido y sin mucho más esfuerzo lo pasaportó para el mundo de los toros malos con un desprendido espadazo. Con luz propia brillaron las chicuelinas lentas del quite alquinto: una, dos y tres, la tercera gloriosa, como la media belmontina. Más tarde, el chico sexto se fue por donde había salido por su invalidez. Elsobrero, del mismo hierro, sirvió más, en especial por el pitón derecho, por donde repetía la embestida con largura; por el contario, las ideas le fluíancon sanguinarias intenciones. Morante de la Puebla templó en redondo. La primera serie fue la más completa; las dos siguientes fueron interrumpidas por la pérdida de manos del burel y un culetazo que descolocó al torero, respectivamente. Tratóel joven sevillano de sosegar unas arrancadas que luchaban por imponer su ritmo. Buen comienzo fue para su particular feria; mejor si no hubiera pinchado. Dio la vuelta al ruedo, y endulzó sólo en parte el agrio sabor de la tarde. Fernando CARRASCO. Morante: «Si llego a matar a la primera corto una oreja» Mientras Morante de la Puebla daba la vuelta al ruedo trasfiniquitar al sexto de la tarde, sus compañeros terna, Curro Romero y EnriquePonce, se lamentaban del juego del ganado en esta primera corrida de latemporada en la Maestranza. Curro Romero precisaba que «ha sido una pena, porque la genteestaba con ganas de ver una buena tarde. Pero los toros, salvo el último y algo de mi primero en los primero no han servido». Enrique Ponce llegaba al coso del Baratillo después de su triunfo, en septiembre del año pasado, cuando salió por la Puerta del Príncipe. En esta ocasión no pudo repetir éxito. «La corrida ha sido muy mala. Con misegundo he estado muy a gusto con el capote pero luego no ha andado. Es que nohe podido darle ni una tanda completa a ninguno de mis dos toros». Reconocía el valenciano que a su primero le expuso más de la cuenta porque «me ha tirado dos gañafones muy peligrosos al cuerpo. Era un toro muy difícil, estaba muypendiente mío y se ha parado. Pero he estado ahí, en el sitio, que era lo que había que hacer. Todavía me queda Feria y espero que las cosas salgan mejor que hoy». A pesar de dar la única vuelta al ruedo en la tarde de ayer,Morante de la Puebla, otro de los toreros básicos de este ciclo ferial, se lamentaba de la mala suerte que había tenido con la espada. «Si llego a matara la primera le corto la oreja», señalaba a quienes le daban la enhorabuena. Sin embargo, Morante de la Puebla se mostraba feliz de que, al menos, «haya podido darle unas cuantas tandas a este toro, porque la gente ha respondido y ha visto que he venido con ganas de repetir el triunfo del pasado año. Queda Feria y toros para triunfar como quiero hacerlo ante los míos».
La Razon,
BARQUERITO.- José
Antonio «Morante de la Puebla» malogra con la espada un triunfo
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