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Festejo de abono FICHA TÉCNICA Ganadería: Toros de Fermín Bohórquez (correctamente presentados). Diestros:
Entrada: un cuarto de entrada en noche de agradable temperatura. Crónicas de la prensa: Sevilla Información Sevilla Información. Edición del sábado, 22 de julio´2000. Angel Cervantes. Terapia de grupo La noche del jueves la Maestranza se convirtió en la inesperada consulta de un psicoanalista taurino. La temporada, se sabe, transcurre entre bostezos, la casta se queda secuestrada en los cercados y las figuras no meten la quinta ni a la de tres, excepción hecha del infalible, y desperdiciado esta temporada, José Tomás. El jueves nos beneficiamos de una placenterísima terapia de grupo y salimos la mar de aliviados del trance: cuatro orejas, una vuelta, cuatro novilleros con cualidades de oficio, ganas, arte (cualquier cosa...) y un público con las sonrisa de oreja a oreja, tratando de reproducir los muletazos de ese Paula en miniatura que obedece al nombre de Alvarito: menudo pájaro, el amigo Alvarito... Mientras se salía de la plaza uno se acordaba con pesar de aquellas novilladas de promoción de la pubertad, ocho o nueve amigos como señores en el tendido tres por cuatro perras disfrutando de una noche de toros. Los madriles, tan denostados en otras parcelas, ofrecen en estos días novilladas nocturnas, picadas además por cien duritos, con entrada gratuita para los pequeñajos; a ver cuándo se toma nota, hombre. Abrió plaza el sevillano Juan Francisco Bernal, que evidenció oficio en el manejo del percal en el saludo al primero de la noche. Basó su trasteo en la mano izquierda poco a poco fue imponiéndose al novillete hasta que sobrevino el revolcón y la consiguiente paliza. Después de matar discretamente el público no se manifestó. El también sevillano José Luis López dejó igualmente curiosas verónicas pero se mostró después muy verde a la hora de manejar la muleta. El eral, que repetía las embestidas aunque resultaba algo molesto, le desbordó en ocasiones. El chaval, con todo, estuvo digno y lo mató de pinchazo y más de media. También fue silenciado por el respetable. El valenciano El Javi salió a por todas, replicó a un excelente quite de Sánchez Mora por chicuelinas, corrió bien la mano después con la muleta por uno y por otro pitón y dejó a las claras su oficio y múltiples recursos, especialmente a la hora de rematar las series. Paseó la primera oreja de la noche con todos los méritos. Sánchez Mora confirmó todas las expectativas creadas en anteriores festejos en los que llamó poderosamente la atención. Dejó un buen saludo capotero, rubricado con una gran media a pies juntos. Destacó el jerezano en los pases de pecho, en la apostura, la forma de andarle al eral y, como su compañero anterior, en los remates: surtido repertorio compuesto por kikirikíes, trincherazos, trincherillas, y pases de la firma. Tal vez pecó, de alargar un poco el trasteo. Bastó la media estocada y paseó ufano su trofeo. El espigadísimo Manuel Macías calentó el cotarro con dos largas de rodillas que provocaron el entusiasmo en el nutrido grupo de paisanos que no pararon de alentarlo. Se llevó el mejor eral de la noche, y cuajó una faena de muleta compacta, templada, profunda, más propia de un matador consolidado que de un principiante. La estocada, fulminante, fue para enmarcarla: las dos orejas, justísimas para el alcalareño. Pero faltaba la más grata sorpresa de la noche, la actuación estelar del menudo Alvarito (menudo artista). Las manos de Paula, las poses de Paula, la forma de citar, hasta de andar, pelín zambo... La formó con el capote, lentísmo, jugando los brazos con un arte natural, difícil de expresar. No se quedó atrás con la muleta, embarcando al novillo, pasándolo por uno y otro pitón a placer, lentísmo y muy personal en los remates: ojo al artista. Lástima que se empeñara en emular a su presumible ídolo con la espada. Si no, un servidor le hubiera arrojado la libreta en la vuelta al ruedo, ya lo creo...
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