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Festejo de abono REAL MAESTRANZA DE SEVILLA Tarde del 14 de mayo del 2000 Corrida de toros Crónicas de la prensa FICHA TÉCNICA Ganadería: Toros de
Torrealta.
ABC. Fernado Carrasco, Sevilla. Sólo El Fandi salvó el honor No fue la primera de las novilladas del abono maestrante nada del otro mundo. Sólo el granadino El Fandi, que se presentaba como sus compañeros de terna, salvó el honor y, en parte, una tarde tediosa, larga y calurosa cual tarde de pleno mes de agosto. Y es que, en primer lugar, los astados del hierro de Torrealta -no se olvide que la corrida de Feria fue de las mejores- no propiciaron el divertimento. Una escalera en cuanto a presentación -daba vergüenza ver el segundo, impropio de un festejo con picadores-, tuvo el denominador común de la falta de recorrido. Es verdad que hubo nobleza en dosis altas, pero en general no se desplazaron y, además, buscaron muchos de ellos las tablas en el transcurso de sus respectivas lidias. Todo el toreo El Fandi puso todo de su parte y más para triunfar. Recibió a portagayola a su primero y le recetó después hasta cuatro faroles de rodillas, una media también de hinojos y una revolera. Puso la plaza en pie. Luego quitó de frente por detrás y expuso en banderillas -de menos a más-, con un par, el tercero, «al violín». Pero en el tercio final la faena fue perdiendo peso y los enganchones se sucedieron. El de Torrealta se defendía y no terminaba de humillar y el granadino se mostró voluntarioso tan sólo. Eso sí, contundente el espadazo entrando a recibir. Otra larga cambiada, ahora al hilo de tablas, para recibir al cuarto. Afanoso con el percal, anduvo más espectacular en banderillas. Su oponente, con tendencia a tablas, tuvo mayor nobleza. Inicio de faena con una tanda diestra de rodillas en la que corrió muy bien la mano. Luego, ya erguido, dos series más sobre ese pitón. Tuvieron altibajos pero, al menos, el chaval ligó y buscó la variedad en los remates. Al natural bajó más el tono, con la res ya más aquerenciada. Volvió a la diestra y finalizó con otra estocada contundente, si bien algo desprendida. Pero cortó la oreja y, desde luego, salvó el honor. No se puede decir que no pudo todo y más para lograr el triunfo en la Maestranza. Enrique Peña se encontró con un primer astado muy chico, famélico, que huyó del caballo y que tuvo son y recorrido en el tercio final. El sevillano lo toreó demasiado acelerado, por lo que las series no tuvieron el mando deseado. Al natural se le rajó más y cuando quiso tomar de nuevo la diestra, su enemigo dijo que nones. El quinto derribó al picador de turno, que luego le dio tela en el segundo puyazo. Así las cosas, el de Torrealta, muy parado y sin poder con su alma, deambuló más que embistió. Insistió Peña, pero nada de nada. Silencio en su lote. Detalles El toreo agitanado de Juan Miguel Montoya no tuvo reflejo al recibir a su primero, un novillo que parecía reparado de la vista y que luego se paró muy pronto -le llegaron a dar hasta tres puyazos con todas las de la ley-. Montoya luchó por conseguir que no se le fuera a chiqueros y hubo detalles en su toreo, pero se estrelló contra un animal imposible para el lucimiento. Con la espada, un desastre el chaval. No pudo enmendar la cosa con el que cerró plaza, al que volvieron a dar en el caballo. Poco gas en el «torrealta», que acudía al engaño andando Manejó con mayor soltura la tizona, cosa que no puede decirse de su tercero con la puntilla en sus dos enemigos. Qué mitin dio el hombre con el cachete.
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