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Festejo de abono FICHA TÉCNICA Ganadería: Novillos San Miguel, (sosos). Diestros:
Entrada: hasta la bandera. Crónicas de la prensa: El Mundo El Mundo. Crónica de Carlos Crivell. Fernández Pineda, valiente y artista Fernández Pineda se mostró como un novillero ansioso de triunfo y torero de buen corte. El sevillano demostró sus progresos sobre el albero y se ha ganado un lugar de privilegio en el corazón de los buenos aficionados. La oreja del tercero fue la consecuencia de una faena basada en un toreo de mucho temple y ligazón, más brillante sobre la izquierda, pero con un aire de buena torería en todos los muletazos. El toreo al natural floreció cuando el joven tomó la franela por la mitad del palillo y condujo la embestida del novillo bajando la mano para mandarlo y someterlo. El público se entusiasmó con una faena justa y medida de principio a fin. Lástima de estocada baja y un golpe de descabello, que le puso algún reparo al trofeo. En la línea de los tiempos que corren, cada vez importa menos donde matan los espadas. Ayer se aplaudieron bajonazos como si hubieran sido estocadas en todo lo alto. Fernández Pineda mostró su ambición en el sexto. Se fue a portagayola a recibir al de San Miguel. Ciertamente, la larga a portagayola se ha puesto de moda. Se trata de un gesto. Es complicado que salga limpia y cada vez, por repetidas, parecen menos emocionantes. Pero es un detalle que se agradece. El novillero sevillano quiso dejar fuera de toda duda su disposición y sus ganas de triunfo. El animal fue manso y rajado, pero Pineda le plantó cara con valor y torería. Mientras embistió, de nuevo templó pases sobre la diestra. También resplandeció la ligazón perfecta en los de pecho. Con el novillo ya entablerado, se cruzó al pitón contrario, consintió mucho y tiró del astado en una labor de gran mérito. La estocada fue baja y trasera. Ahora, el presidente, con la misma petición de antes, negó el trofeo. Fernández Pineda salió de la plaza con su cartel en alza. Ahora, lo que falta saber en cuando se le verá de nuevo en la Maestranza. Hablando de la presidencia del festejo, de nuevo surgieron las eternas dudas en todos los tercios de lidia. Se jugaron novillos muy blandos, que bien podían haberse ido a los corrales. Para sufrir como lo hace el presidente de ayer, es mejor no subir al palco. Quien lo sufrió fue Miguel Angel. El espigado novillero catalán pasó inédito por culpa de dos reses inválidas, protestadas y lidiadas por capricho del usía. Miguel Angel estuvo aburrido en el segundo y contemporizador en el quinto. De su capacidad y posible arte, que nadie duda que lo debe tener, no pudo dejar constancia en su paso por la Maestranza sevillana. Había interés por ver a Martín de Antequera, que viene de triunfar en Madrid. Se trata de un torero con oficio y buenas maneras. Se fue a portagayola en el primero. Al intentar una segunda larga, el novillo lo arrolló de mala manera. Salió magullado, la camisa por fuera, la taleguilla destrozada y el cuello ensangrentado. Ese novillo, chico, nervioso y astifino, fue complicado en la muleta. La faena se convirtió en un derroche titánico de ganas, pero ni había novillo claro ni los toques violentos del diestro fueron los más aconsejables. Salió para matar al cuarto y de nuevo atravesó la plaza para irse a la puerta de toriles. Regaló quites variados y se encontró con una embestida noble y floja. El novillero toreó templado, limpio y con maneras de buen torero. Al conjunto, tal vez por la propia flojera del novillo Le faltó eco en el tendido. Media estocada y una vuelta al ruedo como premio a una tarde de entrega. Martín Antequera dejó sus credenciales y parece listo para la alternativa. La gente salió hablando de Fernández Pineda, al que Sevilla quiere ver muy pronto de nuevo.
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