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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del 26 de septiembre de 1999
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Victoriano del Río
(desiguales de presentación y juego).
Diestros:
- El Litri: que se despidió,
(pinchazo,estocada baja fulminante -aplausos- saluda desde el tercio; estocada, -ovación-
saludo). De verde botella y oro.
- Enrique Ponce: estocada oreja,
vuelta y saludo; estocada tendida, dos orejas y vuelta, salió a hombros por la puerta del
Principe. De corinto y oro.
- El Juli: pinchazo, estocada baja,
descabello -palmas- saluda; estocada tendida, -vuelta por su cuenta-.
Picador que destacó: -
Banderilleros que saludaron: Juan Montiel y Mariano de la Viña.
Presidente: Fernando Carrasco Lancho
Incidencias: Segunda y última
de feria. Enrique Ponce abre la Puerta del Principe.
Entrada: lleno.
Tiempo: soleado con algunas nubes.
Crónicas de la prensa: El Mundo, El País, ABC, Diario de Andalucía
El País. Antonio Lorca. Edición
del 27 de septiembre '99. Ponce, por la Puerta
del Principe
Enrique Ponce salió ayer a hombros por la Puerta del Príncipe de la Maestranza, al
cortar tres orejas en una actuación en la que destacaron las dos buenas estocadas con las que mató a sus
toros, y algunos momentos de bellísima factura al torear al natural al quinto de la tarde. El
premio, sin embargo, se antoja exagerado; sobre todo porque su actuación en el segundo no
fue absolutamente redonda para merecer el premio de las dos orejas. De todos modos, la
exigencia de esta plaza ha caído hasta extremos insospechados, y la personalidad de los
presidentes es un valor sin crédito alguno. Lo único importante de su primera faena fue
la gran estocada, memorable, con la que pasaportó al animal. Antes había mezclado
algunos muletazos estimables con
otros movidos y sin interés. Su labor en el quinto fue medida y artista por ambos lados,
aunque con altibajos ante un toro noble, que se arrinconó en las tablas. El punto
culminante fue una tanda corta de naturales, plenos de profundidad y gracia. Volvió a
volcarse sobre el morrillo y la Maestranza, emocionada, se lo llevó a hombros por la
puerta de la gloria.
Cuando un torero se va, todo el respeto del mundo. Si además se despide en Sevilla, la
Maestranza se pone de pie y le dedica una larga y emocionada ovación. Así ocurrió ayer
con Litri, un joven de 31 años que se retiró de los toros después de 12 temporadas de
alternativa y 1.007 corridas en su haber. La despedida no fue triunfal; especialmente
porque el torero no vive su mejor momento, lo que ha debido pesar a la hora de colgar el
traje de luces. Los nervios y su inseguridad influyeron para que la tarde del adiós
adquiriera un tinte amargo. Se mostró inhibido y sin confianza toda la tarde, aunque es
justo reconocerle el esfuerzo realizado ante su codicioso primero, que exigía experiencia
y confianza. Litri consiguió tres tandas de naturales despegados y de escasa profundidad,
pero muy emotivos. Fue una faena precipitada, en la que prevaleció la pasión por la
codicia del toro sobre la emoción del buen toreo.
El cuarto era un marrajo, muy
complicado, que exigía un torero pleno de facultades. Litri lo mató, recogió una gran
ovación y descansó.
El Juli no quiso ser menos y puso la plaza boca abajo en el último de la tarde. Lo
recibió con una larga cambiada en la puerta
de chiqueros, lo veroniqueó primorosamente y enardeció al público en el tercio de
banderillas. Brindó a sus dos compañeros de terna, y la faena de muleta, que se
presumía triunfal, quedó en una decepción. El toro se vino abajo y la voluntad del
torero no pudo levantar las esperadas pasiones. Su primero fue un manso astifino, con el
que se lució a la verónica, pero que se acobardó en el tercio final. El Juli lo
intentó en vano, porque ni el toro tenía calidad ni el torero se mostró en toda la
tarde en estado de gracia con la muleta.
El Mundo. Carlos Crivell.
Edición del 27 de septiembre '99. Enrique Ponce, por la
Puerta del Principe
El sueño de Enrique Ponce era abrir la Puerta del Príncipe de la Maestranza. Ya lo ha
conseguido. Alcanzó este alto honor porque estuvo certero y contundente con la espada y
porque se encontró con una plaza de toros benévola y facilona.
Si se trata de valorar una actuación de manera global, la de Ponce fue muy entonada,
llena de matices positivos y de aspectos menos valiosos. Es más, en esta plaza las dos
orejas se reservaban para faenas de excepción desde el principio hasta el final,
circunstancia que no se produjo en el quinto, toro al que el valenciano le cortó las dos
orejas. Ya se sabe que cuando a un torero le falta una orejita para abrir la mítica
Puerta, el público pierde el norte, aunque para eso deberían estar los presidentes.
Ponce tuvo suerte incluso en el presidente, famoso porque ha bajado el nivel de la plaza
de forma lamentable.
El segundo fue un toro noble e inválido. Ponce lo sacó al centro y le endilgó dos
tandas con la derecha a ritmo acelerado y corrigiendo siempre la posición. Lo más
brillante fue un cambio de mano, así como la forma de ligar los pases de pecho.
La faena tuvo muchos altibajos. Así lo entendió la banda de música, que cuando el
diestro toreaba al natural cesó bruscamente de tocar. No era una faena de oreja, pero
Ponce mató muy bien al toro. Si una estocada vale una oreja, pues una oreja recibió
Ponce.
La espada también fue básica para las dos del quinto. El toro era mansito. El toreo
de capa fue fácil y superficial. Se llevó al astado al centro y volvió a torear con
facilidad y rapidez. El toro se rajó y se fue a las tablas. En realidad, el animal le
hizo un favor al torero.
Se fue a terrenos del sol y allí realizó Ponce lo mejor de su tarde sevillana. Le
ofreció la izquierda al toro y prodigó naturales ligados en un palmo de terreno. Era
otro Ponce. La solanera se rompía las manos. Se perfiló el torero y dejó una estocada
entera. Le dieron la dos orejas. La segunda la pidieron para que pudiera abrir la Puerta
del Príncipe. Sevilla fue generosa con el valenciano.
El toro más encastado le tocó a Litri en primer lugar. Hizo una faena de mérito
sobre la izquierda, muy templada y ligada, bajando la mano y con mucho gusto. El cuarto no
le dejó hacer nada. Brusco y violento, Litri sorteó arreones y lo mató con habilidad.
La ovación cariñosa final fue de las que Sevilla sabe ofrecer a los que se lo merecen.
El Juli sorteó dos toros de poca clase. Demostró su valor al recibirlos con el
capote. Al tercero, con lances apretados y valientes después de algún frenazo del
astado. Al sexto, en una larga a portagayola y lances vibrantes tras aguantar un parón
escalofriante.
Banderilleó al sexto. Se notaba que sus condiciones físicas no eran las mejores.
Colocó cuatro pares y volvió a dar una lección de terrenos y sabiduría.
Ambos toros se defendieron en la muleta. El tercero, manso y descastado, embistió con
la cara alta. Aguantó coladas y estuvo firme con un toro siempre a menos. El burraco
sexto no mejoró a su hermano. El Juli demostró valor de verdad para hacer honor al
brindis a Litri y Ponce. El toro punteó mucho los engaños y el torero se puso cerca de
los pitones en alarde de casta.
ABC. Fernando Carrasco. Edición del 27 de
septiembre '99. Ponce "entra" por la Puerta del
Principe
Enrique Ponce vino a Sevilla a intentar, definitivamente entrar en su
afición. Y lo consiguió cuando fue capaz de torear al quinto de la tarde al natural de
la forma que lo hizo.
Suelto y fácil anduvo manejando el capote ante su primero, un toro noblón y con
recorrido, aunque con las fuerzas más que justas, algo que se puso de manifiesto en el
caballo. Quite de El Juli -no deja pasar ni una- por ajustadas chicuelinas. El valenciano
toreó sobre la derecha con soltura y muy buenas maneras, aunque pecó de hacerlo
demasiado acelerado. Fue a más la faena por ese pitón con otras dos series, ahora sí,
más relajadas y templadas. Bajó de tono al torear al natural y de nuevo sobre la diestra
subió el listón. Pero la estocada, un extraordinario volapié, sirvió para cortar la
oreja. La espada también cuenta.
PORTENTOSO AL NATURAL
Quiso amarrar el triunfo ante el quinto, otro toro que se dejó en los primeros
compases. Se lo llevó a los medios después de unos primeros tercios sin nada destacable,
para instrumentar dos series diestras con ligazón, aunque algo despegadas. Pero cuando el
astado se vio vencido se fue directamente a tablas. Y ahí surgió el Ponce portentoso. Lo
toreó donde el toro quería y de su muñeca salieron naturales tremendos, de una verdad
incontestable, alargando la embestida. El animal se quedaba debajo, pero el torero ni se
inmutaba. Lo hizo todo Enrique. Ése si es el torero poderoso. Se volcó en la estocada,
un punto trasera, y la plaza, cuando dobló el astado, se volvió un manicomio. Dos orejas
¿justas?
Litri, que se despedía, se encontró con un primer toro con poca fuerza. Empero, por
el izquierdo fue mejor, con recorrido y franqueza. Miguel, que había iniciado la faena
por el pitón malo, buscó el izquierdo y surgieron tres series de naturales de buena
factura. Estuvo bien el onubense. Un marrajo fue el cuarto, un toro, como sus hermanos,
bien presentado pero que se quedó debajo del capote de salida y esperó mucho. Litri
abrevió.
El Juli vio cómo su primero se le emplazaba en los mismos medios. Un toro con dos
«velas» para asustar. Lo lanceó enrabietado. Lo sometió en el inicio de faena e
incluso el astado llegó a tragarse, en la misma boca de riego, hasta tres series. Pero
fue un toro mentiroso que cuando se vio vencido buscó los muslos del chaval. En el sexto,
El Juli se fue a portagayola y se arrimó como un león, por encima de las posibilidades
de su enemigo.
Francisco Mateos. Edición del 27 de septiembre de 1999. Ponce
logró su sueño
Ponce logró al fin lo que tanto buscaba: sólo le faltaba una puerta
grande que abrir, la del Prínicpe del toreo, la que da la categoría definitiva y el
espaldarazo necesario para el torero más regular de los 90. Corrida pues para la
historia; por dos motivos: la primera Puerta del Príncipe de Ponce y el adiós de Litri
de los toros, en una tarde muy digna aunque discreta.
El primero del lote de Ponce tuvo escasa fortaleza para poder soportar
la mínima lidia que hoy se les pide a los toros. Apenas un puyazo y medio y el sumo
cuidado tanto de la cuadrilla como del jefe de filas en los primeros compases de la lidia.
En la muleta desarrolló nobleza, aunque la falta de fuerzas obligaba a darle tiempo para
reponerse, y no sólo entre tandas y tandas, sino también dentro de las mismas series:
tras dos o tres muletazos de calidad del valenciano debía parar unos segundos para
proseguir con los siguientes, lo que provocaba unos tiempos muertos que incluso inclinaron
al director de la banda cesar la interpretación del pasodoble. No obstante, el trasteo
tuvo la calidad y estética plástica de este diestro, con la elegancia de lo bien hecho
con gusto, sobre todo en algunos remates y unos destacadísimos cambios de manos. La
estocada fue a ley, dando paso a la concesión de la oreja.
Mansito y rajado el quinto de la tarde, pero al que le dio fiesta
Ponce, en una portentosa faena de muleta en la que desplegó todo su arsenal técnico para
hacerse con el toro y mandarle en todo momento. Ya muy pegado en tablas, en la zona de
toriles, dejó dos tandas sensacionales de naturales, largos y despacitos, despacitos.
Envalentonado además, porque en cualquier momento podía echarle mano Empanado, el
toro que, tras una estocada, le sirvió para cortar dos orejas en un mismo astado por
primera vez en Sevilla, lo que, unido a la primera del segundo de la tarde, le abrían su
gran sueño: abrir la ansiada Puerta del Príncipe que tanto se le ha resistido.
Sevilla estuvo con Litri en el día del adiós del onubense como el
propio torero ha estado en su temporada postrera, sin vender nada ni buscando el
agradecimiento fácil, casi rayando en la lástima. Es decir, sin sensiblerías ni gestos
especiales, sino el reconocimiento a un torero que ha ocupado un sitio y unos años. Le
animó con unas palmas de respaldo cuando la faena de su primero decaía al utilizar la
mano diestra, ya en los últimos compases de la faena. Porque el astado de Victoriano del
Río tuvo complicaciones sobre todo aspereza por el pitón derecho, aunque por
el izquierdo entraba con calidad a la muleta, sin ser fácil, pero con mucha transmisión.
El torero lo entendió bien por ese lado y dejó naturales estimables, algunos abusando
del toreo despegado, pero que en conjunto tuvieron contenido. Mató de pinchazo y estocada
de efectos fulminantes y su balance quedó en saludos desde el tercio.
Ebanista, número 26, fue el último toro de la trayectoria
taurina de Litri, quien lo brindó a su banderillero fiel, a quien siempre le acompañó,
a quien sabe de sus triunfos y fracasos, Manuel Rodríguez El Mangui. Un largo
y emotivo parlamento y el abrazo sincero de amigo, más que de torero, y unas lágrimas
que fue imposible contener. El toro, complicado, hizo que el trasteo se limitara a una
pelea entre ambos, en la que quizá faltó algo más de decisión en el torero de Huelva,
que se lo quitó de encima de un espadazo. Sevilla, marco de su despedida a voluntad del
matador, le dedicó una larga y fuerte ovación que el torero, solemnemente, sin
aspavientos alguno, recogió desde el tercio.
Serio por delante el tercero primero del lote de El Juli.
Salió con pies y tuvieron mucha emoción los lances a la verónica de recibo del
madrileño. En el trasteo, el toro siempre estuvo fijo, en igual proporción, a la muleta
que al cuerpo del menudo torero, desarrollando sentido y derivando en un evidente peligro
en el último tercio del trasteo. Antes, el torero debió citarlo más en largo, para
llevarlo más toreado cuando pasara cerca de él a la vez que lo tapaba por delante con la
muleta muy cerca del hocico; Julián se empeñó en citarlo en corto y el astado no tuvo
la necesaria continuidad en sus embestidas.
En el sexto salió embalado sin necesitarlo por el triunfo de Ponce en el
toro anterior: lo recibió a portagayola y puso banderillas. Pero bajó el buen tono en la
muleta, donde faltó acople ante un astado deslucido que se fue apagando a la vez que iba
cortando el viaje. Loq ue se presumía un triunfo acabó en una vuelta al ruedo de escasa
entidad.
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