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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del 22 de octubre de 1999
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Juan Pedro Domecq (muy chicos, nobles y
bondadosos. Destacó el 6º).
Diestros:
Presidente:
Incidencias: -Festival a
beneficio de la Asociación de Padres de Niños con Cáncer y de la Hermandad del Rocío
de Triana.
Entrada: un cuarto.
Tiempo: lluvioso.
Crónicas de la prensa: El País, ABC
El País.ANTONIO LORCA, Sevilla.
Toreros bajo el diluvio.
Los organizadores del festival estarán, seguro, eternamente agradecidos a los toreros.
Hacer el paseíllo bajo un cielo oscuro y amenazador era un gesto de generosidad para que
no se perdieran los beneficios televisivos del festejo. Torear, como torearon, bajo el
diluvio universal, primero, y en un lodazal impracticable, después, fue un gesto de
vergüenza torera que les honra. Se entiende así que el público fuera a su vez generoso
con los toreros y repartiera orejas como expresión de agradecimiento y cariño.
El fin del festival bien merecía la pena. El mal tiempo había hecho estragos en las
taquillas, pues había llovido durante toda la mañana, pero Televisión Española se
había comprometido a retransmitir en directo el festejo, lo que suponía una importante
inyección económica si se celebraba. Ése fue el motivo fundamental por el que los
toreros ni siquiera salieron a comprobar el estado del ruedo y decidieron torear a pesar
de las inclemencias meteorológicas. Los malos presagios se cumplieron y llovió con una
fuerza desconocida en esta Sevilla tan perseguida por la sequía.
Menos mal que las reses anunciadas eran becerros de leche, impropios para un festival
en esta plaza; de lo contrario, aquello hubiera sido una temeridad. Afortunadamente, no
hubo que lamentar ningún contratiempo; incluso, se vieron ráfagas de buen toreo;
especialmente de la mano de Emilio Muñoz, Pepe Luis Vázquez y, sobre todo, de Eduardo
Dávila Miura, al que le tocó el mejor novillo de la tarde. Los erales artistas de Juan
Pedro Domecq, chicos y blandos, destacaron por su nobleza y bondad. Ya quisieran ese
tamaño y carácter los noveles que acuden cada verano a las novilladas sin caballos en la
Maestranza. De hecho, a partir del segundo se suprimió el tercio de banderillas y nadie
lo notó. También se podía haber prescindido de los picadores y no hubiera pasado nada.
Pero la auténtica protagonista fue la lluvia. A causa de ésta, el rejoneador Javier
Buendía se cayó del cartel por la mañana ante el mal estado que podía presentar la
plaza y el peligro que suponía para las cabalgaduras. Todos los toreros salieron indemnes
de la plaza, pero, sin duda, más de uno estará hoy guardando cama entre caldo caliente y
aspirina para reponerse del enfriamiento. Cuando Curro Romero recibía a su oponente
comenzaron las primeras gotas.
En las banderillas llovía ya sin consideración. Cuando el torero brindó su faena a
la condesa de Barcelona con un largo y ceremonioso parlamento, aquello era el diluvio.
Mientras Curro castigaba al novillo por la cara, el ruedo se convertía en una piscina de
agua y barro. Pasó fatigas Romero, resultó achuchado y desarmado, pero pudo acabar
pronto de media estocada. Su labor fue silenciada, pero los beneficiarios del festival
aplauden su decisión en todo momento para que el festejo se celebrara a pesar del mal
tiempo.
Empapado hasta el tuétano el más veterano, a ver quién era el guapo que suspendía
el festejo. Emilio Muñoz miró al presidente y le indicó con un movimiento de cabeza que
saliera el segundo. Para entonces, el agua caía a cántaros. Con unas magníficas
verónicas recibió a su buen novillo, y con un toreo de muchos quilates lo pasó con la
muleta. Destacó con ambas manos, especialmente por naturales largos y profundos.
Terminó Emilio Muñoz de dar la vuelta al ruedo y escampó. Había cada vez más
fango, las cuadrillas estaban chorreando y el festival continuó.
Tomás Campuzano se despedía ayer de la afición de Sevilla, y salió con la ilusión
de un chaval. Con encomiable decisión y estimables muletazos dijo adiós a la plaza
sevillana. Pepe Luis Vázquez no se confió entre tanto barro, pero dejó detalles de su
torería. Unos derechazos y un cambio de manos fueron arte puro de quien atesora la más
grande ortodoxia.
Rivera Ordóñez, muy sonriente toda la tarde, pero poco profundo, y Dávila Miura se
emborrachó de buen toreo ante el mejor novillo. Se lució con un magnífico quite por
verónicas y brilló extraordinariamente con la muleta con un toreo largo y templado.
Paseó merecidamente las dos orejas y cerró con esplendor un festival que tuvo más de
pundonor que de espectáculo. Pero el gesto de los seis toreros en una tarde de perros
bien merece el mejor aplauso. El público así lo reconoció y los ovacionó unánimemente
cuando Dávila Miura brindó su faena a sus compañeros de cartel.
ABC. FERNANDO CARRASCO. La casta
de los toreros se impuso al agua.
Hechos de una pasta especial, ayer, en la Maestranza, unos hombres demostraron el
porqué son distintos al resto de los mortales, por qué sólo unos pocos pueden
vanagloriarse de ser toreros.
Ayer en Sevilla se celebró un festival a beneficio de Andex y de la Hermandad del
Rocío de Triana, al que asistió Su Alteza Real la Condesa de Barcelona. A pesar del
fortísimo aguacero, los diestros se mantuvieron en el ruedo y dejaron una tarde para el
recuerdo, en especial Dávila Miura, que cortó las dos orejas tras un faenón
antológico. No lo hizo Javier Buendía, que no quiso que sus caballos empeorasen el
estado del ruedo. Por este motivo, se decidió que no se banderilleasen los novillos de
Juan Pedro Domecq, que resultaron manejables.
Tras el paseíllo, Curro Romero dispuesto. Novillo bonito, al que tantea con el capote
pero se le vence por el derecho. Romero se lleva a su oponente a los medios y allí
machetea. Fuerte lluvia e imposible el lucimiento. Incluso se llevó un arreón.
ASÍ DEBIÓ DE SER EL DILUVIO
Seguía lloviendo así debió de ser el Diluvio Universal y todo
hacía presagiar la suspensión. Pero Emilio Muñoz ¡qué pedazo de gesto, torero!
toreó. Y dejó la impronta de su toreo barroco, abelmontado. Se gustaba, se creía y
enjaretaba muletazos por ambos pitones.
Tomás Campuzano se despidió por fin de su Sevilla. Reposado con el capote, construyó
una faena en las que los derechazos tuvieron un sabor de torero con solera.
De la muleta de Pepe Luis Vázquez salieron los redondos más naturales y prodigiosos
de toda la tarde. Increíble cómo toreó, acariciando la embestida de su oponente.
Orfebrería pura de quien tiene en sus muñecas el toreo de los elegidos.
Rivera Ordóñez actuó de manera templada, basando su faena por el pitón derecho. No
escatimó esfuerzos para triunfar y la ejecución de la estocada, de lo mejor de su
actuación.
Pero quedaba por salir el sexto. Saludó Dávila Miura con verónicas reposadas. Y
cuando tomó la muleta, la plaza se transformó. Novillo extraordinario y torero
prodigioso. Muleta empapándose del barro de lo baja que la llevaba. Siempre en un palmo
de terreno para dejar muletazos sobrecogedores. Un faenón antológico que le valió las
dos orejas.
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