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Festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del 14 de abril de 1999
Corrida de toros
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Manolo González

Diestros: 

  • El Tato. Estocada, cinco descabellos (silencio); recibe a portagayola en tres ocasiones, estocada desprendida (saludos desde el tercio). De corinto y oro.
  • Víctor Puerto. Estocada ladeada (silencio); estocada tendida (aplausos). De verde manzana y oro.
  • Dávila Miura. Dos pinchazos, estocada en su sitio (aplausos); media que escupe, pinchazo, estocada en su sitio (vuelta). De verde botella y oro.

Picador que destacó -

Banderilleros que saludaron: -

Presidente: Francisco Teja

Incidencias:  Los 3º y 4º previstos en lidia, y el 2º sobrero fueron devueltos a corrales por manifiesta inutilidad para la lidia

Entrada: tres cuartos

Tiempo: sol, fresco

Crónicas de la prensa:El Diario de Andalucia, El Correo de Andalucía


Diario de Andalucia FRANCISCO MATEOS.Edición del 15 de abril.Toros... por favor

Segundo día de pasión en el singular Vía Crucis que se padece en la mayoría de las tardes de corridas feriales en la Maestranza. Los toros de Manolo González no ofrecieron, salvo el noble sexto, al que cuajó una gran faena Dávila Miura, nada positivo. Escasos de casta, sin fuerzas, parados, reservones, sin recorrido,... sin nada. Hasta nueve toros salieron ayer al albero maestrante, los seis de lidia y tres sobreros. Después de los dos últimos días que llevamos padecidos en la Maestranza que no nos cuenten más milongas los ganaderos en la II Feria Mundial de Toro. ¿De qué toro nos están hablando y cuál es el que después nos ofrecen?

Es necesario hacer una mención especial a El Tato, que no atraviesa su mejor momento, pero que dio un ejemplo de vergüenza torera y humildad a la vez. Para el cuarto pareció tomarse un vasito de adrenalina –¿dónde se compra, para algunos toreros y muchos toros? Lo recibió a portagayola –era su último toro en esta Feria–, pero se lo echaron para atrás por inválido. Volvió a irse otra vez en el sobrero, que también fue devuelto. Y otra vez en la tercera ocasión cruzó el albero. Después no le permitió casi nada en la muleta. Y lo poco que le dejó lo logró.

Antes, en el que abrió plaza, se ajustó mucho en el quite por

. Entre tanto ajustarse y que el viento hacía que el capote se adheriera aún más a su cuerpo, a punto estuvo de ser volteado. El de Manolo González, reservón y parado, sin chicha ni limoná, parecía tener casi el mismo ánimo que un deconocido Tato por esta plaza en este toro.

Víctor Puerto se hizo un lío al llevar al segundo –el único marcado con el hierro de González Sánchez Dalp, que al fin y al cabo es la misma sangre– al caballo y a punto estuvo de ser cogido cuando se quedó en el albero a merced del astado. Menos mal que tuvo reflejos para poder desplazar el capote y éste se abrió por completo y entretuvo al toro en el momento más oportuno. Nada, ya sabe mi compañero de página que debe apuntar al capote de Puerto como un posible candidato al premio doctor Vila Arenas ‘Al quite provindecial’. Lo de Puerto en la faena de muleta es para analizarlo detenidamente por el diestro. Pocas veces se colocó en el sitio adecuado; menos veces aún logró que no le topara el engaño, cuando no lo perdió; y casi nunca firmó un muletazo más o menos meritorio. Esperaba la arrancada del animal con la muleta retrasada, no dejaba firme la figura y las zapatillas eran una continua rectificación de lugar y espacio. No está Puerto para torear dos tardes en una Feria de Sevilla. Por no acertar no acertó ni en la medida de la faena, alargando un trasteo que no interesaba a nadie, un trasteo ante un toro que tenía, sin ser nada del otro mundo, algo más de lo que sacó el torero manchego. Para remate, un bajonazo.

En el quinto –casi las nueve de la noche ya– salió bajo su responsabilidad, ya que ingresó en la enfermería con unos escalofríos y el doctor Vila le diagnosticó debilidad y un cuadro febril, administrándosele antibióticos. La faena ante un toro tan descastado y parado resultó tan insulsa como el ánimo del torero.

El tercero, muy blando, fue devuelto por el presidente Francisco Teja. Y es que en esto de presidir corridas los hay con suerte y sin ella. Si a Fernando Carrasco le tocó la de Cebada Gago y le tocará la de Victorino mañana, a otros, como Teja, no le quedan más recursos que ordenar la salida de sobreros, los tres de ayer y uno en la de Gavira del sábado. Dávila Miura llegaba a esta corrida ferial tras ser operado de ligamentos y una dura y acelerada rehabilitación para poder estar a punto. Su primero, inválido, fue devuelto. E igual suerte debió correr su sustituto. El sevillano dio algunos muletazos, se mostró entregado y poco más pudo haber.

El último dejó un halo de esperanza al desplazarse con cierto son en las primeras arrancadas a la muleta. Y duró lo suficiente. Por la derecha le cuajó dos buenas tandas Dávila Miura, con suavidad y temple. Y los de pecho fueron extraordinarios, de pitón a rabo verdaderamente. Siguió aprovechando la nobleza del astado con la zurda, con largos naturales de mano muy baja. Buenos los remates, muy toreros. Pero con la espada perdió el triunfo. Al final, tres horas, menos diez minutos, de tostón.


El Correo de Andalucía. JOSÉ ENRIQUE MORENO. Dávila cuajó un toro

Sólo la espada le impidió cortar dos orejas al toro más bravo de la corrida de González
Los que se fueron antes de tiempo no lo vieron. Comprendo que la cosa era dura de roer: con tres sobreros, dos horas y media de festejo y poco bueno a lo que hincarle el diente. Al caer la tarde, y con eso de que el ambiente estaba más bien fresquito, hubo desbandada en el tendido. Los que tiraron la toalla no vieron la que ya es, sin lugar a dudas, una de las mejores faenas de la Feria.
La larga y tortuosa tarde de toros tuvo reservado un premio a la perseverancia en su último cartucho. Menos mal que salió un toro bravo y que esta vez tuvo delante un torero de verdad. Sin este final apasionado, feliz, casi sublime -y lo del casi viene a cuento de que la espada rompió el encanto- no se hubiera entendido una tarde a contrapelo, una de esas corridas que echa a la gente de la plaza porque todo parece ideado para ir en contra del espectáculo.
Lo que dio sentido a la paciencia infinita del aficionado fue una faena deslumbrante y profunda a cargo de quien desde ayer es una nueva realidad del toreo sevillano. Eduardo Dávila Miura es la nueva revelación de la fiesta porque una faena así, aunque no fuera premiada con las dos orejas por culpa de los aceros, no debe caer en saco roto.
Si bien Eduardo sólo pudo poner voluntad en el recibo de capa a este toro, en la faena de muleta lo vio tan claro que después de un muletazo por alto comenzó a torear en redondo con tanta verdad como profundidad. Aquello cogió por sorpresa a más de uno, aunque otros vieron que detrás de ese desplante encampanado del toro Murguero latía un verdadero fondo de bravura. Dávila lo vio antes que nadie, por eso comenzó a cuajarlo desde el segundo muletazo. Primero fueron tres series diestras en las que el cite se produjo en el sitio justo -a una distancia considerable- y la muleta esperó siempre adelantada la embestida del animal, para a continuación conducirla despacio y con la mano baja muy atrás, como es el toreo bueno. La ligazón de muletazos tan puros causó estrépito en un tendido que vivió con intensidad lo que a esas alturas de la tarde parecía una utopía. Por eso se levantaba la gente de los tendidos cada vez que Eduardo remataba una serie con un precioso pase por alto o un interminable pase de pecho, porque ¡hay que ver cómo fueron los pases de pecho!...
Pero hubo más, porque Dávila se echó la muleta a la izquierda y toreó más despacio si cabe en muletazos de precioso trazo que surgieron de uno en uno. Luego, con el toro ya más agotado pero pidiendo guerra todavía, se metió entre los pitones y buscó el toreo circular en la cercanía. Fueron aires sanluqueños que precedieron un final de enjundiosos ayudados por alto. Un epílogo hermoso para una faena cumbre que no mereció ser emborronada con la espada. Hoy en día cuentan las orejas, pero en Sevilla lo que cuenta es el toreo y Dávila es el primero que cuaja un toro de pitón a rabo en la Feria de Abril de 1999.
Precisamente el sinuoso discurrir de la tarde propició el otro contenido de valor registrado en ella. La doble devolución a corrales que se produjo en el cuarto obligó a Raúl Gracia El Tato a protagonizar el gesto del día. Cada vez que sonó el clarín para anunciar la salida de un nuevo toro, el diestro maño se fue a portagayola. Fueron tres veces en total -se devolvió al toro titular y también al sobrero que lo sustituyó-, teniendo que esperar en la segunda de ellas casi cinco minutos hasta que salió el toro. Su gesto evidenció conciencia de estar en Sevilla y ganas de no irse de vacío de la Feria, y lógicamente fue reconocido por la afición de esta plaza. Al cuarto tris, un sobrero de Ordóñez, pudo incluso torearlo con gusto de capa en un quite, y luego dibujar algún que otro natural estimable. Y es que el de Ordóñez se dejó hacer, todo lo contrario que el primero de su lote, un toro muy flojo de González que se defendió siempre en la muleta. Con sus tres portagayolas, Raúl retocó su imagen en esta Feria.
Quien no la recompuso demasiado fue Víctor Puerto, que apareció sin ideas en su primero. Apenas le salió nada a Puerto en ese toro, que fue potable dentro del flojo encierro de Manolo González. Luego entró en la enfermería y resultó estar enfermo, con fiebre alta y temblores. Los médicos le aconsejaron no volver, pero salió a matar el quinto, que no le permitió rentabilizar el esfuerzo de actuar seriamente mermado de facultades. Este toro tardeó en la muleta y no tuvo clase, algo similar a lo que le ocurrió al primero de Dávila Miura, aunque la inoperancia de éste se debió más a su rotunda falta de poder.
Sea como fuere, la de ayer fue tarde de una faena, pero una faena que compensa tres horas de espera. Y a propósito: Si el señor Teja no hubiera devuelto al primero -no era necesario- no hubiera pasado lo que pasó. Y me refiero al rosario de sobreros. Vaya metedura de pata.

 

 

 
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