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Festejo 11º de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del martes, 28 de abril de 1998
Corrida de toros
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Siete toros, segundo bis, de Mari Carmen Camacho, bien presentados, astifinos. Blandos, nobles y manejables, aunque mansearon.

Diestros: 

  • Curro Romero. Pinchazo hondo atravesado, rueda de peones, metisaca bajo, estocada corta delantera caída, seis descabellos -aviso- y cuatro descabellos (pitos); metisaca pescuecero, 11 descabellos y se echa el toro (silencio). De rioja y oro.
  • Joselito. Bajonazo escandaloso (algunas palmas); pinchazo hondo, rueda de peones que ahonda el estoque, dos descabellos y se echa el toro (silencio. De azul marino y oro.
  • Vicente Barrera. Estocada atravesada que asoma escandalosamente baja (silencio); pinchazo hondo atravesado perdiendo la muleta, rueda de peones -aviso con retraso-, pinchazo perdiendo la muleta, cinco descabellos y se echa el toro (silencio). De gris perla y oro.

Picador que destacó -

Saludaron: Vicente Yesteras en el sexto

Presidente: Gabriel Fernández Rey

Incidencias:  -

Entrada: Cartel de "No hay billetes"

Tiempo: Sol

Crónicas de la prensa: El Correo de Andalucía, ABC, El Mundo


El Correo de Andalucía. José Enrique Moreno, Sevilla. Edición del 29 de abril´98. Mas despropositos

Curro se limito a los detalles, pero fue incapaz, Joselito remato una mala Feria y Barrera tuvo deseos de agradar

Cuando la gente busca la diversión contándole a los toreros, en voz alta y a coro, los descabellos que dan para liquidar a un toro, algo va mal. Mas que anecdótica, la situación me parece preocupante, fruto de la sequía de contenidos artísticos que afecto a una nueva tarde de toros.

El coro de los descabellos comenzó en el cuarto. Ya habían pasado tres toros prácticamente en blanco y el que mas y el que menos se olía el nuevo despropósito, la hecatombe. Así que cuando Romero sumaba descabellos la gente se tomo la cosa a guasa y comenzó a cantarlos: "dooos, treees, cuatrooo, cincooo...", y así hasta trece. Y eso que Romero por lo menos lo había intentado en ese toro y había dejado cositas en la retina de sus incondicionales. Cositas como unos ayudados por bajo y algún que otro kikiriki, además de un desplante tan celebrado como ridículo. O sea, nada, o casi nada, pero algo para Romero, que este año preocupa porque esta mas destemplado que nunca y, aunque quiere, no puede. Y eso no es bueno, como tampoco lo es que la gente se lo tome a broma.

Lo que si puede hacer todavía es crear expectación. La creo en el primero de su lote cuando se estiro a la verónica en un quite: hubo un buen lance y una media marca de la casa. Como el toro de Camacho iba, el interés subió, alimentado incluso por el brindis que Romero dedico a la Condesa de Barcelona. Parece que quiere, se dijo la gente, pero basto un mínimo extraño del toro por el pitón derecho para que Curro pasara a la defensiva. Descompuso de tal manera al toro que ya no hubo posibilidad de lucimiento. Comenzaba el mosqueo general.

Joselito recibió a su primero con una larga cambiada de rodillas que fue como una declaración de intenciones. Este toro fue devuelto por débil y, cuando salió el sobrero, José estuvo firme con el capote, ganando terreno en un buen ramillete de lances. Hasta ahí bien, pero en la faena de muleta no se emplearon ni el toro ni el torero, logrando entre ambos que la cosa no tuviera ni la continuidad ni la emoción debida. Siguió subiendo el pulso de la decepción.

Barrera pareció abrir un paréntesis en la tónica mediocre de la tarde. Pero tampoco fue nada definitivo. Tuvo mas ganas que acierto con el capote y en la muleta se encontró con un toro noble aunque justo de fuerza que se fue apagando, de modo que solo hubo varios muletazos sueltos con compostura. Nada mas. No hubo paréntesis.

Leído esto, se explicaran que en el cuarto comenzara a funcionar el marcador oral de descabellos como remedio Ðimpropio de esta plaza, por ciertoÐ contra el agobio.

El recuento de golpes de verduguillo se extendió a Joselito y a Barrera en los toros quinto y sexto. Joselito fue incapaz de mejorar su imagen y de parecerse siquiera en algo al torero que el año pasado abrió la Puerta del Príncipe. Su falta de convicción y de interés por lo que hacia le impidió comunicarse con los tendidos. Aprecio otra vez un torero ido que era incapaz de entonarse lo mas mínimo con un toro que no tenia mas problemas que la falta de entrega. A la vista de como reacciono el publico, Joselito, el triunfador del año pasado, salió ayer seriamente tocado de la Feria. Una pena.

Barrera tuvo en sus manos la posibilidad de cambiar la tarde. El sexto salió arreando y se mantuvo así hasta el ultimo tercio impulsado por una casta que por momentos rozaba el genio. Fue un toro, por tanto, que transmitió al tendido, pero que a Barrera le vino ciertamente a contraestilo. Pedía unas manos mas firmes y dominadoras que las de este valenciano, que no se dio por vencido, pero que tampoco acabo vencedor.

Al final, la gente repartía culpas con buen criterio entre toros y toreros, recargando mas en estos últimos porque, a decir verdad, ayer hubo toros potables con los que no se fraguo ningún triunfo. Se dice que los toreros tienen que tener suerte con los toros, pero los toros con los toreros, también. Que se lo pregunten a los de Mari Camacho...


El Mundo. JAVIER VILLAN, Sevilla. Esto, amigo Paco Apaolaza, sigue de mal en peor

Otra corrida de estrellas, con toros de Mari Carmen Camacho, que
acabó estrellándose en la vulgaridad  

Qué contratiempo, querido Paco Apaolaza; te has  perdido esta corrida de la Feria de Abril, corrida de cartel grande; pero no te preocupes, yo te la contaré como buenamente pueda; que no siempre se puede como uno quiere, tú lo sabes. Hay veces que no se puede nada. O se puede poco. Como los toreros, tú ya me entiendes.

Llevo tres o cuatro días dejándote recados imposibles, desde que hace seis días charlamos por última vez en la terraza de La Maestranza, balconada al Guadalquivir. Recados sobre Joselito, sobre Romero, sobre Barrera y toda la torería andante. Hace menos de una semana compartíamos por última vez mesa y mantel.

No estuvo mal ese almuerzo, ¿sabes? Con Amparo, con Manolo Vidal, con sombras de toros y toreros ocupándonos corazón y mente.

Pero a mí me quedó, a los postres, un regusto funeral. Porque tu apasionado espíritu de grana y oro se iba transformando, poco a poco, en negro y azabache; en catafalco y negro. Pero bueno, aún estabas en pie; y hoy te pierdes este cartelón, estos figurones, y los lectores tuyos se lo pierden; y yo me lo pierdo, y se lo pierde el buen periodismo taurino, valiente y veraz. Mas, puestos a perderse algo, quien más ha perdido eres tú. Y no porque Romero, Joselito o Barrera nos hayan dado una tarde gloriosa. Yo te lo cuento. Como buenamente pueda, palabra.

IMPERFECCION OVOIDE.- La cosa, más o menos, fue así. El  ruedo, precioso. Hasta parecía redondo, disimulando esa originalísima imperfección ovoide, con una luz mate: entre morada de responso, gris de plata viejísima y amarillenta de cadáver. Y tocaron la marcha real, que a mí me sonaba a réquiem. Y vi crespones de luto en La Maestranza. Por eso hice, querido Paco Apaolaza, mi particular minuto de silencio, mi oración laica. Poco antes de que Curro Romero ensayara la verónica, que no le salió a la primera, pero que, en el quite subsiguiente, bordó en un ligero juego de brazos con el vuelo de su capotillo.

Después vino la réplica de Joselito por gaoneras. Y, aunque el toro le desarmó, dejó sabor. No te me encampanes, colega Apaolaza; porque ese quite tuvo trazo y buenas trazas, aunque no fuera arrematao. A fin de cuentas, eso nos pasa muchas veces, que no arrematamos. O que la vida nos remata a destiempo con la muerte. Romero no arremató, pero le sacudió media pescuecera al toro, y éste, por poco, se lleva por delante a Chacón.

La verdad es que no te perdiste gran cosa. Pero me hubiera gustado leer hoy cómo habrías cantado ese quite de Romero y contado el desarme de Joselito. Lo que de verdad me ha puesto en el disparadero de la tristeza y de la melancolía han sido las trincherillas, los quiquiriquíes, los cambios de mano de un Curro Romero otoñal, una transustanciación del Gran Poder, al que le bastan dos trincherillas y un redondo para enloquecer de pasión al personal.

Yo te lo he contado así, a mi manera. Lo malo es que no podré comprobar cómo lo habrías contado tú. Te lo dije en ocasiones, Paco Apaolaza: algunas de tus crónicas son como una greguería en grande, síntesis y filigrana. Y una voz verdadera, irritante a veces, que es lo bueno.

Lo de Joselito, ¿te lo digo o te lo cuento? Por un lado, tú ya ves y, por otro, qué quieres que te diga, según maravillosa filosofía de un gallego anónimo. Verónicas embraguetándose, de verdad, no creas; algún redondo solemnísimo. Y un sartenazo. En el quinto,creo que ni verónicas, ni redondos, ni siquiera sartenazo.  Lo de Vicente Barrera... tampoco fue la más alta ocasión que vieron los siglos. El toro tercero tenía un aire fúnebre, y qué voy a contarte yo de eso que tú ya no sepas, Paco Apaolaza. Un cadáver el toro. Y Barrera susurrándole aleluyas: un trincherazo, una tanda de derechazos. Y, a la hora de la muerte, un bajonazo colosal.  En el último, ni siquiera bajonazo; muchos pinchazos y descabellos, pero menos que Romero.  Vaya contratiempo, Paco. No la corrida, que eso ya se sabe, sino que te hayas muerto. Quisiste venir a acabar en La Maestranza: con dos pares. Como los toreros grandes. ¡Qué solos se quedan los muertos! Eso es una verdad a medias. Los vivos nos quedamos más solos. Cada vez que un amigo como tú se cae, definitivamente, del cartel. Eso no se hace. Aunque me haya parecido ver, al salir de La Maestranza, que le han puesto «negro luto a la Giralda».  


ABC. Vicente Zabala de la Serna.  Curro Romero pintó cuatro carteles de toros

No venía la tarde muy católica con la muerte a cuestas de nuestro compañero Paco Apaolaza en Sevilla, al pie del cañón, a la vera del Guadalquivir que se pudre por abajo. También se mueren los ríos, Paco, y también se muere el mar. La aflicción sentida se relega al margen para trabajar. La vida sigue. Los cuatro carteles de toros pintados por Romero no sustentaron la tarde ni la digna actuación de Barrera y menosla pantomima de Joselito.

Cuatro carteles de toros, cuatro, pintó Romero delante de la cara del manso cuarto:un trincherazo imborrable, dos ayudados por bajo soberbios y un kikirikí pletórico de puro arte. Corren tiempos en que con cuatro fogonazos del Faraón puede quedar uno infinitamente más satisfecho que con cien pases de la vulgaridad que campea a sus anchas por la torería actual; a pesar de que no sustenten toda una tarde.

Curro, además, se mostró crecido y sobrado, aunque entre los  cuatro cuadros no hubiera nada más. Disfrutamos con Romero una enormidad, hasta un desplante con la muleta en la izquierda y elpecho «p’afuera» tuvo sabor.

Los cuatro carteles de toros creados por Curro no los emborronaron ni la estocada pescuecera ni los once descabellos que la afición coreó con guasa. Y con guasa se lo tomó el torero.

Seguro que hay quienes quedaron insatisfechos, probablemente los más amantes de la cantidad que de la calidad, aunque bien es verdad que siempre hay un término medio en el que ambas se pueden intercalar. A ellos yo les regalo todos los muletazos que hasta ahora hemos visto en la Feria, que no son pocos. Aellos lesdejamos todos los pases ramplones y fuera de cacho que  dio Joselito ayer. De nada le sirvió la larga cambiada del saludo al segundo, porque la presidencia lo devolvió por culpa de sus atrofiados cuartos traseros.

José apuntó con el capote a la verónica ante el noble sobrero, blando y sin gas. No surgió el entendimiento en el último tercio, salvo en tres o cuatro derechazos. Andaba José desangelado aún poniendo más voluntad que días pasados. Andaba, y andaba el madrileño. Ybuenos paseos que se daba. ¿Quién necesitaba el aire fresco y primaveral de esta Sevilla nublada?¿El toro o el torero?

Mató de un espadazo caído y todavía aplaudían algunos y decían  «bieeen», así como escuchándose y hacia adentro.  No es que el quinto valiera mucho, más bien nada, pero la actitud de este torero ante los toros resulta indignante. Claro, que allá los que paguen por verle. Allá los que consienten con callados silencios todo. Allá ellos porque son los que pagan. A veces, se tienen ganas de hacer un reclamo de la pasión, una llamada a la sublevación y a la bronca. La broncas fueron de siempre. Hoy ya ni siquiera hay broncas.

Sin motor ni gasolina

Blandeó el apagado tercero, tontorrón y noblote, sin motor ni gasolina. Vicente Barrera salió muy dispuesto, manejó con soltura el capote y se arrimó en el tercio final.

Anotamos de nuevo un par de series con la diestra de su toreo vertical y el buen arranque de faena por alto, en el que se intercaló, fugaz, un torero ayudado por bajo. No hubo prácticamente más que anotar porque el toro de Camacho se paró, y aBarrera sólo le quedó  el valiente recurso de arrimarse. Se diluyó la obra poco a poco. Falleció el animal de un mortífero bajonazo.

El sexto sacó picante y castita por todos sus hermanos juntos, y  quería comerse la muleta del valiente Barrera con cierta violencia. Vicente se echó la muleta en la diestra y tragó. Contenían vibración las primeras tandas. Mucho toro era y entero hasta que se paró, de golpe y porrazo, atosigado por el planteamiento del matador.

El valenciano manejó mal los aceros y escuchó un aviso. No tuvo el  acierto de su peón Vicente Yestera con los palos.  

Apuntes a la verónica

Curro se había abierto de capa al abrir la tarde prontito para esbozar apuntes a la verónica. Se revolvía rápido el primer toro de Mari Carmen Camacho, pero con buen tranco. Le gustaba el toro a Romero, que se fue hacia los medios tras un primer puyazo traseroy sangriento. Y surgió el toreo al relentí y a la verónica, mejor por el   pitón izquierdo. Acompañaba la cintura cada lance rosa, cada juego de sus muñecas frágiles y portentosas, hasta arrebujar la tela en una media pinturera que encendió los tendidos.

Hubo luego otro puyazo fuerte, también trasero. Antes, durante y  después, bregó El Alcalareño hijo muy mal, dejándose enganchar muchas, demasiadas, veces el percal. En el desarmado y deslucido quite por gaoneras de Joselito, se apreció un cambio a peor en el toro, más violento.

Pareó airoso Chacón, y fueron los últimos aplausos que se escucharon junto con los que acompañaron el brindis enérgico e ilusionado del Faraón a la Condesa de Barcelona.

Se enteró Curro de la transformación de su enemigo cuando abrió faena por bajo. Orientado el veterano matador, se metió por el cuello para sacarlo afuera. Vaya manera de arreglarlo. Precavido a partir de ahí se arqueaba el torero y al intentar recomponer la figura surgía el enganchón. Así muchos por uno y otro pitón.

Hoy le quito al diestro de Camas dos descabellos por los dos de más que le apuntamos el otro día en la ficha. Total, qué más da ocho que diez, si además sumados con los once del siguiente de su lote de la veintena no bajamos. El aviso lo dejo, así como los dos pinchazos previos y la estocada delantera.

Ni con kilos ni sin ellos tienen las cosas del toro de hoy remedio, sencillamente porque el problema está en la casta, y la descafeinada y gordita corrida de Mari Carmen Camacho no la tuvo. 

 

 

 
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