GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
Almería
Cádiz
Córdoba
Granada
Huelva
Jaén
Málaga
Sevilla

 

Festejo 6º de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del jueves, 23 de abril de 1998
Corrida de toros
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Cinco toros de Núñez del Cuvillo, sin trapío, anovillados, flojos, inválidos 3º y 5º -éste, devuelto-, manejables. De Antonio Gavira: dos sobreros, uno devuelto por inválido, otro enterizo; 6º, sin trapío, inválido total.

Diestros: 

  • Luis Mariscal, Alternativa. recibe el primero a porta gayola. Pinchazo que escupe, pinchazo que escupe, aviso, estocada en su sitio, palmas tibias; estocada tendida, palmas. De blanco y plata.
  • Finito de Córdoba., media estocada bien señalada, un tanto caída, descabello, saludos desde el tercio; estocada entera, trasera y caída, petición de oreja, ovación con vuelta al ruedo. De berenjena y oro.
  • Morante de la Puebla, Brindis al público, estocada un tanto caída, vuelta al ruedo, oreja; estocada entera, caída y desprendida, ovación.

Picador que destacó -

Banderillero que saludó: Gregorio Cruz Velez, de la cuadrilla de Finito de Córdoba, cuarteando y quedando de poder a poder, en el segundo par. Le tocó la música.

Puntillero que saludó: "Lebrija" tuvo una actuación estelar rematando el 5º bis en la boca del burladero.

Presidente: Paco Teja

Incidencias:  las descritas devoluciones de reses

Entrada: tres cuartos

Tiempo: Sol

Crónicas de la prensa: El Mundo, ABC, El País, El Correo de Andalucía


El País. JOAQUÍN VIDAL, Sevilla. A 15 minutos de taxi

La distancia que hay entre la fantasía y la realidad son 15 minutos de taxi.  La fantasía está instalada en Sevilla Este, donde inauguraron ayer la feria Mundial del Toro; la realidad, en Sevilla Centro, donde se encuentra la plaza de la Maestranza.

En la Feria Mundial del Toro, la retórica y la imagen virtual; las faenas camperas; lospanegíricos al toro bravo y a quien lo cría; fastos inaugúrales con asistencia de la realeza; apoteosis final con la entronización del becerro de oro. Pero se coge allí un taxi y en sólo 15 minutos de trayecto se llega a la plaza de la Maestranza donde sueltan al toro que en realidad crían y resulta que  es la vergüenza nacional.

Extraña que en vez de Feria Mundial no la llamaran Feria Universal, que suena más grandioso. Si se trata de dar imagen guay, todo el universo es válido, las galaxias también. Feria Galáctica del Toro: maravilloso nombre. O, mejor aún, Feria Galáctica del Toro del Tercer Milenio, que podrá utilizarse con propiedad en cuanto doble ese año 2000 que ya está próximo.

Lo que en la Maestranza y en las restantes plazas lidien, nada tiene que ver. Si los toros salen sin trapío y sin redaños, si llegan descastados e inválidos, no hay cuidado de que a nadie importe. Todo tiene remedio: se diseña una campaña de imagen, se activan los lobbys que hagan al caso, se monta una ceremonia de alto rango y asunto concluido.
La realidad y la ficción tienen confusos límites cuando funcionan las campañas de imagen. Claro que a veces la evidencia es tan aplastante que convierte las campañas de imagen en una ruinosa inversión, en un clamoroso ridículo. Sin ir más lejos: los toros que se lidiaron ayer tarde en la Maestranza, desmentían todo cuanto pudo proclamar por la mañana la feria mundial.

Los toros de Joaquín Nuñez que se lidiaron en la Maestranza no tenía trapío, tampoco fuerza, de casta anduvieron escasos, los hubo que arrastraban una penosa invalidez. Salieron al final sobreros de Gavira y aún era peor. Los sobreros, aborregados y moribundos -salvo uno, que pido pelea-, llegan a presentarlos en la feria mundial, delante del Príncipe de Asturias -que allá estuvo-,  y tenemos un problema de Estado.

Con esos toros tomó la alternativa Luis Mariscal, que estuvo valentón en el toreo de rodillas, poco inspirado en el que intentó de pie, excesivo en la producción seriada de los pases.
Morante de la Puebla cortó una oreja del tercero, que se caía continuamente, y esta carencia restó méritos a su faena, desde luego ligada y en algunos pasajes excelentemente templada. Al quinto le instrumentó cuatro tandas de naturales bastante deslucidas, pues menudearon los enganchones, faltó ligazón y apenas consiguió acoplarse a la borreguez del animal.

A Finito de Córdoba le empujaba el público hacia el triunfo, y hacía bien. Es una lástima que torero tan bueno se malogre por la falta de sitio. Al segundo toro de la tarde le instrumentó buenas verónicas ganado terreno, y la primera parte de la faena, con unos ayudados por bajo y unos derechazos de correcta factura, poseyó enjundia. Luego perdió el temple, o acaso le invadió el desánimo, y el trasteo se vino abajo. Recuperó la moral en el cuarto toro, cuya mansa boyantía le valió para torearlo recrecido y esforzado.

El toricantano Luis Mariscal recibió de rodillas a los dos de su lote, al primero con una larga cambiada a porta gayola, al otro con tres faroles y a éste aún lo corrió por rogerinas. Sus faenas de muleta poseyeron buenos principios pero no las veía el fin. En la primera se le advirtieron dificultades para templar y reunir; en la segunda el toro se le moría a chorros, y el público acabó pidiéndole que lo  rematara, por favor. Hizo el favor y lo remató.

Casi tres horas había durado la función. El público salió defraudado por el comportamiento de los toros, pero eso tenía remedio. A 15 minutos de taxi se los podían enseñar más rozagantes y bucólicos. Y, de paso, contarle el cuento de la buena pipa.


ABC. Vicente ZABALA DE LA SERNA, Sevilla. Morante cortó una pinturera oreja en tarde de medias tintas

La soleada mañana nos trajo la inauguración de la I Feria Mundial del Toro, un espectáculo de categoría e importancia para la Fiesta, de gozo y disfrute para cualquier aficionado y de deslumbrante enganche para el personal neófito. El montaje es sencillamente «monstruoso», como comprobó «in situ» el Príncipe de Asturias. Desde aquí, la más sincera enhorabuena a los organizadores, que han querido y han conseguido resaltar la vida y crianza del toro bravo en el campo.

Otra cuestión es cómo luego se comportan esos mismos toros en la plaza. Tanta y exquisita selección en las dehesas, la constante búsqueda de la dulzura pastueña, ha traído la situación actual de ausencia de emoción. Y para muestra, un botón:el primero de Joaquín Núñez. Aunque de salida ya se paró, sobraron capotazos a espuertas durante la lidia, que no ayudaron en ningún momento a corregir su carencia de recorrido.

Tampoco el alternativado Luis Mariscal colaboró para rectificar el defecto, porque comenzó la faena cortándole los viajes. Después todo fue un voluntarioso y valeroso intento, tesonero y plausible, demasiado largo. Condujo la tardanza al aviso, coma entre dos pinchazos y la estocada desprendida y mortal.  De rodillas, con tres faroles consecutivos en el tercio, alumbró Mariscal la salida del distraído, noblote y tontorrón sexto, de Gavira. También de hinojos abrió la faena. Fueron sendos gestos de bizarría lo más destacado de la postrera labor junto con unos cuantos derechazos. Va a tener que apretar el acelerador el espigado diestro en la próxima tarde que le queda dentro de la Feria.

Nueva etapa

Dicen que Finito de Córdoba afronta una nueva etapa en su carrera. Por cómo lanceó de decidido al noble segundo a la verónica, por el estupendo arranque por bajo de su primera faena y por lo firme quese mostró con el manso cuarto, parecía que los que argumentan y sustentan tal teoría llevaban razón.

Su actuación tuvo dos partes bien diferenciadas. Ante el noble primero de su lote, no se acopló. Había latentes en el aire veinte ases como mucho, de alboroto, veinte que no cuajaron, porque la muleta desplazaba al de Núñez del Cuvillo con más violencia quetemplanza hacia las afueras. No surgió el deseado entendimiento, aunque Finito aparenta estar mucho más centrado que en el cerrado capítulo anterior de su vida artística. Mató de media estocada que necesitó la ayuda del descabello para ser   completamente efectiva. Recogió la ovación el torero cordobés desde el tercio como durante la lidia hiciera Gregorio Cruz Vélez, tras clavar dos pares de banderillas con más valentía y arrestos que buena ejecución. De las merecidas palmas a que lamúsica se arrancara, como ocurrió, va un desproporcionado abismo. 

Luego llegó la segunda cara de la tarde de Juan Serrano, la positiva. Yes que, ante su segundo enemigo, manso como hemos reseñado,estuvo con las ideas muy claritas, pisando terrenos comprometidos, desde donde obtuvo muletazos largos, de mando  y poderío. Cobróuna estocada corta y arriba, que le impulsó a dar una meritoria vuelta  al ruedo.

Series cortas

Morante volvía a la Maestranza con la aureola de triunfador. Esoimplica público a favor de corriente. Es lógico. Cuentan que cuando  los toreros enganchan una racha de éxitos no hay quien los pare. El chaval de Puebla del Río está en racha. El tercerode Joaquín Núñez se movió con nobleza y fijeza en los engaños, aunque de fuerzas   andaba justito. Derrochó el diestro sevillano torería, esbozó apuntes pintureros, creó momentos de plasticidad y belleza, pero sólo momentos. Las series contenían dos pases, el de alivio y el de pecho, total cuatro, y, entretanto, algún que otro enganchón. Morante estuvo bien, a secas. El toro, mejor, también a secas. La   oreja que se adjudicó, pinturera y justita;pero, bueno, hay que echarle una manita a las jóvenes promesas.

Quinto y quinto bis, éste de Gavira, provocaron la salida de los cabestros, inútiles en su segunda aparición. El puntillero ejerció conhabilidad su papel desde la tronera del burladero. 

El segundo sobrero, quinto «tris», también de Gavira, derribó con  estrépito en el primer y traicionero encuentro con el caballo, al que se arrancó cuando atravesaba la querencia de toriles. Desarrolló mansedumbre y violencia el animal, siempre con la mirada buscando la Giralda. Pronto se puso Morante a torear, sin siquiera doblarse con su enemigo. Cada manso arreón casi siempre provocaba un enganchón. Por encima del voluntarioso y novilleril quehacer del sevillano brilló la ejecución del   definitivo volapié.

La tarde fue de medias tintas, de sí pero no. A la corrida le faltó casta, aunque en honor a la verdad hay que decir que la nobleza pastueña de algunos toros, segundo y tercero especialmente, pudo haber ofrecido más de sí.


El Mundo. JAVIER VILLAN, Sevilla. El sevillano cortó una oreja y Finito de Córdoba apuntó cierta recuperación

Para que en ningún momento puedan considerarse mis juicios como una pasión malsana contra nada y contra nadie, y menos contra un jovencísimo matador con mucha vida por delante, voy a describir, sin literaturas, lo que ayer Morante de la Puebla hizo en La Maestranza.

Y para que no haya dudas ni recelos de mi actitud, vaya por delante una sincerísima declaración de humildad: algo debe de tener el agua cuando la bendicen. Y aquí, en Sevilla, el otro día, todos, absolutamente todos, bendijeron a Morante de la Puebla; y ensalzaron su faena de seis derechazos, una trinchera, alguna que otra verónica y una estocada de auténtica ley: no voy a ser tan presuntuoso como para pensar que todos, absolutamente todos, están equivocados y que sólo yo tengo razón.

Veremos a ver si después de la tarde de ayer, todos, absolutamente todos, lo bendicen de igual manera. A mí me parece digno de elogio que, sin miedo al riesgo, Morante cogiera la sustitución de Jesulín. Era un reto y los toreros proyectados hacia un firmamento de estrellas tienen que hacer gestos como  ése. He aquí, punto por punto, la actuación de Morante.

Nada con la capa; tanteos por la derecha, cambios de mano por delante, pase de pecho; tanda de derechazos, uno superior, erguido, torerísimo; pase de pecho también torerísimo; tanda de derechazos y el toro se cae: sin rematar uno, apuntado otro, enganchados el resto. El toro por los suelos.

Naturales bien trazados pero tropezados y sin rematar. Otra tanda de redondos superficiales y otra de naturales, mejor pensados que materializados. Estocada superior.

El segundo sobrero cogió a trasmano al picador y le pegó una costalada; el segundo sobrero tenía violencia y mansedumbre a espuertas. Morante de la Puebla anduvo como pudo: ni bien ni mal, sin acertar nunca a bajar la mano para doblegar la aspereza del bicho. No le culpo. Matadores de más experiencia y alcurnia hubieran andado, quizá, peor. Mató superior de una estocada.

La vuelta al ruedo que dio Finito de Córdoba ayer en La Maestranza pudiera significar su resurgimiento. Y no tanto por lo que hizo, sino por la decisión que puso en todo momento, por la media estocada en su primero y la estocada corta del segundo. Pero uno tiene la sensación, una vez más, de que Finito de Córdoba perdió otra oportunidad, después de una esplendorosa apertura de faena con el encastado toro segundo de Núñez del Cuvillo. Las verónicas embraguetándose y ganando terreno hacia los medios, las dobladas sin violencia y la primera tanda de derechazos parecían preludio de faena grande.

El toro empezó a perder claridad y Finito se afligió; aflicción que llegó a los tendidos y a la banda de música, que enmudeció. Aquello perdió altura y se perdió también la anunciada grandeza.

Para grandeza, los dos pares de banderillas de Gregorio Cruz Vélez, tragando, aguantando la poderosa embestida y asomándose al balcón. La verdad es que los toros no tenían demasiada balconada, pero vale. En el otro, más que perfecciones, Finito exhibió ganas de lidiador, ganas de recuperar su sitio. También tragó, aunque fueracacho. La estocada corta influyó decisivamente en la triunfal vuelta al ruedo.

Perdió Mariscal el sentido del tiempo y se pararon los relojes; pero no porque los paralizara el arte, sino por lo pesado que se puso. Tiempo de plomo y de desilusión. Faroles de rodillas en el que cerró plaza; derechazos de rodillas; terca voluntad de triunfo.

El triunfo no llegó, pero puede llegarle cualquier día a Luis Mariscal. Clase tiene. Lo acredita una tanda de naturales con la que casi tapó la invalidez del sexto.


El Correo de Andalucía. José Enrique Moreno, Sevilla. Confirmaciónn de Morante

El torero de La Puebla sustituyó a Jesulín y cortó la única oreja de la tarde tras una buena faena

Más que de alternativa, la de ayer fue tarde de confirmación. La alternativa la tomó Luis Mariscal y no se acercó al objetivo perseguido: el triunfo. En cambio sí lo consiguió Morante de la Puebla, que dio la talla en una tarde en la que muchos esperaban para comprobar si las dos orejas del martes habían sido o no una casualidad.

Morante confirmó que era él  el mejor sustituto de Jesulín, que no había sido un error venir a esta corrida y que nada de lo sucedido el día de su primer triunfo maestrante había sido fruto del azar.

Morante no brilló tanto con el capote como el primer d’a porque sus toros no le dejaron. Pero con la muleta volvió a demostrar que sabe hacer las cosas con verdad y profundidad. La confirmación de sus posibilidades de futuro llegó en el tercero, un toro que perdió las manos varias veces en un quite que le hizo Luis Mariscal, pero que luego se recuperó, mostr‡ndose como el m‡s claro de los de Núñez del Cuvillo en la muleta. Morante lo vio, lo brindó y estuvo tan inteligente como el primer día: dio distancia al toro, le proporcionó los necesarios respiros, lo embarcó siempre delante y lo llevó muy metido en la muleta, rematando los pases por debajo de la pala del pitón. Así fueron un par de tandas por la derecha y otras tantas por la izquierda, rematadas con toreo de corte sevillano en trincherillas y kikirikís. La faena tuvo argumento y arte, sentimiento y corrección técnica, de modo que, al final y después de estoquear con entrega, Morante tuvo de nuevo el beneplácito del respetable reflejado en una oreja con fuerza. A eso se le llama confirmación.

La tarde tuvo un antes y un después de este nuevo triunfo del joven Morante.
Antes habíamos asistido a la alternativa de Luis Mariscal y nos hab’a sorprendido su solemnidad. Muy metido en su papel de protagonista, Mariscal imprimió una lentitud excesiva a sus acciones. Prefirió el papel de torero templado y reposado al del torero arrollador, aunque tuvo algunos gui–os a los que quieren verle en este œltimo rol como cuando se fue a portagayola en el toro de la alternativa o recibió con cuatro faroles ligados en el tercio al sexto. Pero no bastó con eso. A Mariscal le faltó en su primero (Infame, nœmero 82 y 496 kilos de peso), el ataque necesario para poner la emoción que le faltaba a un toro molesto porque se mov’a a la defensiva por justeza de fuerza.

Su padrino de alternativa, Finito de Córdoba, nos volvió a dejar con la miel en los labios. Estuvo sembrado con el capote en unos lances de recibo como los que daba de novillero, ganando terreno, gust‡ndose y rematando de bonita media. Siguió alimentando la esperanza con un buen comienzo de faena que contó con estéticos y poderosos doblones. En la primera tanda diestra, el torero sometió bien al toro y puso a la gente a tono porque el de Nñezz del Cuvillo transmitía. Pero a la segunda hubo desacople, enganchones y el toro, que ten’a casta, lo acusó y empeoró en su acometer. Cuando Finito se puso por la izquierda, la faena se desinfló: el torero había perdido el hilo.

Después del triunfo de Morante, Finito mejoró su imagen porque le pudo a un cinqueño pasado de Cuvillo que siempre llevó la cara alta y no se entregó. Como mató con resolución, hasta hubo quien le pidió la oreja. Quedó en vuelta al ruedo.

Después vendrían los sobreros. Hubo una doble devolución a corrales que partió el ritmo de la corrida y Morante se vio delante de un sobrero de Gavira que se rajó a las primeras de cambio. No pudo redondear el triunfo.

Otro toro de Gavira fue el sexto, pero éste embistió con nobleza y recorrido aunque falto de emoción. Mariscal comenzó con faroles de rodillas con el capote y volvió a dudar en el comienzo de faena. Primero quiso citar de lejos y luego se echó de rodillas, cuando el toro pedía temple y pulso. La faena no acabó de remontar vuelo y Mariscal acabó con el marcador a cero.

 

 

 
©PortalTaurino, SL Pastor y Landero, 6-4º  41001 Sevilla España Tel: (34) 670 821516