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4º festejo de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del martes, 21 de abril de 1998
Corrida de toros
Crónicas de la Prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: toros de Gavira. Mansos,
descastados, desiguales y alguinos anovillados. El primero lució divisa negra en recuerdo
del ganadero fallecido Marcos Núñez.
Diestros:
- Pepe Luis Vázquez.
Pinchazo, estocada atrasada que retira, 4 descabellos, silencio; dos pinchazos y
descabellos. Silencio. De azul claro y oro
- Javier
Conde. Estocada entera, silencio; media estocada descolocada, silencio. De vino viejo
y azabache
- Morante de la Puebla.
Pinchazpo sin soltar, pinchazo, media estocada un punto desprendida, ovación, saludos
desde el tercio; estocada un poco tendida, dos orejas. Brindó al público.
Baderilleros que saludaron: Guillermo Gutiérrez "El
Ecijano", de la cuadrilla de Javier Conde, y Antonio Jiménez "Lili", de la
de Morante de la Puebla.
Picador que destacó:
Presidente: Fernando Carrasco
Incidencias:
- El 5º de la tarde tuvo que ser devuelto por cojera manifiesta en los
cuartos traseros.
- La Autoridad propone sanción para el picador Manuel Molina, de la cuadrilla de
Javier Conde, por rebasar en dos ocasiones la circunferencia de mayor diámetro a la hora
de picar el 5º de la tarde, primer sobrero. Ello podría contravenir lo dispuesto en el artículo 72.2
del Reglamento Taurino.
Entrada: menos de tres cuartos
Tiempo: soleado y brisas
Crónicas de la Prensa: ABC, El País, El Correo de Andalucía
El País. Joaquín Vidal, Sevilla.
Y toreó Morante
El toreo lo hizo Morante y fue al final. Ya iban a dar las 9 p.m., que parece ser la
hora habitual de concluir las funciones en la Maestranza.
Hasta entonces, todo había sido un erial. Dos horas largas de erial durante las que no
sucedía nada digno de mención; sólo el lento discurrir del tiempo en medio de aquel
soporífero derroche de mediocridad e inutilidad manifiesta. Y, de pronto, cuando empezaba
a estremecerse el campanil de la Catedral sintiendo que estaba próxima la hora nona,
Morante de la Puebla hizo el toreo.
No es asunto baladí hacer el toreo. Antaño a nadie se le habría ocurrido decir de un
torero que hacía el toreo salvo a Pero Grullo. Hogaño, sin embargo, decir de un torero
que ha hecho el toreo es proclamar el inesperado resurgimiento del arte de torear en su
esencial grandeza.
Morante no es que toreara un toro. Fue novillo -o esa apariencia tenía- y resultó
inválido además. De manera que su toreo no supuso precisamente una gesta, ni quizá
llegara a merecer las dos orejas con que lo premió el presidente, pero tampoco parece
oportuno plantear excesivas reservas al toreo verdadero en esta época de insoportables
pegapases.
Bienvenido sea el toreo verdadero, aunque no llegue en las más propicias circunstancias.
Y que sirva de ejemplo. En eso estaría meditando la afición durante las dos horas largas
de la nada sufriendo el crudo erial. Los eriales y la nada no se crea que son negativos
sin remisión. En el vacío inmenso de los eriales absolutos era donde hacían sus retiros
espirituales los anacoretas, y allí lograban entender la existencia de Dios y recibían
revelaciones divinas inaccesibles a los restantes mortales.
Los aficionados son también anacoretas. Anacoretas de la tauromaquia, se sumergen en
meditaciones profundas durante las largas y plúmbeas funciones que han de soportar a lo
largo de la temporada, entran en contacto con los espíritus del Cúchares y del Gordito y
adquieren una ciencia infusa asimismo inaccesible a los restantes mortales.
El sacrificio y la sabiduría los convierte en garantes de la ciencia taurómaca y son
custodios legítimos del Arca, donde se guardan los cánones del toreo y sus secretos
inescrutables. Por ejemplo, en qué se distinguen la suerte natural y la contraria; por
ejemplo, el dogma del toro de cinco y el torero de veinticinco.
En ésas estaban los aficionados anacoretas mientras salían por el portón toros
descastados, tardos y probones, muchos de ellos dificultosos, y Pepe Luis Vázquez y
Javier Conde, cada uno por su cuenta y en sus respectivos turnos, porfiaban sin exponer un
alamar más allá de lo que la prudencia dicta. Morante no acertaba con las distancias en
su primero y por esta razón se vio frecuentemente comprometido, sin que le arredraran los
achuchones.
Y en éstas que, dos horas después -el sexto en el redondel- lanceó bien de capa
Morante, se embraguetó en las verónicas , dibujó la media, y ése fue el jubiloso
preludio de lo que había de venir. Y lo que vino fue una espléndida interpretacióndel
arte de torear en dos mandonas series de redondos, todos ellos templados con exquisitez,
ligados sin mácula. Con la izquierda no se acopló. Y ya exhausto y huidizo el toro, aún
le sacó otros excelentes derechazos, ayudados, cambios de mano y pases de la firma. Mató
a la primera, le dieron las dos orejas y quedó proclamado candidato a triunfador de la
feria.
Morante se llama. Que conste en acta.
ABC. Vicente Zabala de la Serna,
Sevilla. Morante remontó la tarde y cortó las dos orejas a un noble
toro de Gavira
Dos matadores se presentaron ayer en la Maestranza:Javier Conde y Morante de la Puebla.
Dos maneras distintas de concebir el acontecimiento. Mientras el malagueño afrontó
latarde sin responsabilidad alguna, con desidia y frialdad, el sevillano atacó
desde un principio y convirtió su debut en un sonoro éxito ante el sexto, al que le
cortó las dos orejas, tras una faena incompleta, pero plena de temple y garbo.
Caía la tarde anodina y tediosa, cuando brotó el toreo de las muñecas de Morante de la
Puebla, predispuesto desde el paseíllo a convertir su debut sevillano en triunfo.
La gente, harta de silencios permanentes y ayuna de faenas, alegró sus gargantas para
corear sus estupendos derechazos de mano baja y pletóricos de temple, pintureros y
sabrosos.
Corría el turno del noble sexto, al que el diestro de Puebla del Río había recibido a
la verónica con prestancia y armonía. Era el toro de Gavira el que necesitaba el
mentalizado chaval para cuajar un éxito en la Maestranza. Abrió su labor con unos bellos
pases a media altura que desembocaron en uno de la firma, un auténtico cartel de toros.
De ahí hacia adelante se centró el torero con la mano diestra, muy asentado, templado y
desmayado. Cogía las embestidas con la franela muy adelantada y las guiaba hasta detrás
de la cadera. Lástima que cuando cogió la mano izquierda el cuatreño ya se le había
rajado.
Anduvo Morante fundamentalmente torero toda la tarde, y, tal vez, por ello el público le
recompensó su entrega a la hora de matar, cuando se volcó sobre su enemigo, con las dos
orejas. Una hubiera sido de ley y justa. La hambruna padecida durante estos días de
vaciedad provocó, digo yo, la respuesta, un tanto desmedida, del personal.
Morante venía de nuevas a Sevilla como matador, como Conde pero con otro «chip». De
entrada, había parado al abanto y peligroso tercero a la verónica y a pies juntos en el
tercio. Salía suelto de cada lance el animal y no hubo ni continuidad ni lucimiento
hilvanado.
Tragó quina y ricino el diestro de Puebla del Río. Su enemigo, orientado por los dos
pitones, quería aguarle la presentación. Sin embargo, no se achantó el chaval y se la
jugó con las del veri. Se justificó con creces, como correspondía a las circunstancias.
El único defecto achacable al joven matador fue que atacó la suerte suprema con muchos
metros de por medio. Hay que coger a los toros más en corto, torero. Pinchó dos veces y
dejó media desprendida al tercer encuentro. El esfuerzo se le recompensó con una
ovación, recogida desde el tercio.
Ligerito
El niño de Pepe Luis huele a torero antiguo. Desde el oro curtido del vestido de
torear a la natural caída de los vuelos de su capote. Desde la presencia hasta las
precauciones. No es que los matadores de antaño las tomaran mejor, sino diferente. José
Luis empezó a desconfiarse desde que su engatillado y astifino primer toro se le vencía
por el pitón izquierdo en los lances de recibo. Intentó el quite por el derecho, tras la
primera de las tres varas, sin conseguir templar la entera embestida de su enemigo.
Mucha movilidad tenía el ejemplar de Gavira, ligero de kilos pero con trapío y que
lucía, por cierto, divisa negra de luto en memoria del fallecido ganadero Marcos Núñez.
No abrió la boca ni siquiera ante la muerte.
Vázquez no vio las cosas claras y anduvo ligerito, cuando el toro pedía sometimiento con
la diestra. Por ahí iba largo. No hubo ganas de pelea por parte del lidiador. Murió el
cuatreño al tercer golpe de descabello, sin que lográramos ver todo lo que podía haber
dado de sí.
El manso y calamocheante cuarto, huidizo en varas y quejoso de los palos, no quería saber
nada de la muleta. Claro que Pepe Luis tampoco es que pretendiera mayores entendimientos.
Total, que mi amigo Manolo González, presidente del Club Taurino de Murcia, se
quedó sin ver las cuatro pinceladas del hijo del Sócrates de San Bernardo por las que,
la noche anterior, hubiera dado un brazo.
Como en una plaza de talanqueras
Javier Conde se presentaba en Sevilla. De azabache. No le pesó el debut en la Maestranza
y anduvo con el segundo sin demostrar ningún agarrotamiento por la responsabilidad. De
hecho, obvió el asunto de cruzarse y, por supuesto, también el de echar la muleta
adelante.
El astifino toro de Gavira, muy serio por delante, quedó prácticamente inédito;aunque,
probablemente, en otras manos más decididas hubiera dado más de sí. El malagueño
despachó la cuestión con una hábil estocada.
Desentonó de la tónica de la corrida el quinto, por anovillado e inválido. Manejó con
acierto el presidente el pañuelo verde. Al sobrero, Morante le sacó un quite por
delantales por el pitón izquierdo, con afán de agradar, como también hizo ante el
segundo de la tarde.
El sustituto del cuadripléjico devuelto era mejor, sólo parapléjico. Durante el
trasteo, a Conde se le escapó un largo cabello de la capa de gomina que cubría su
cabeza, pero sin que ello supusiera trauma ni contrariedad alguna. Como tampoco, supongo,
que la tarde se le fuera de vacío. Aunque este segundo de su lote no valió un duro, no
se puede venir a presentarse en Sevilla y en la Feria de Abril como quien hace el
paseíllo en una plaza de talanqueras, sin ninguna responsabilidad. A la hora de
matar, se marchó de la suerte y colocó una estocada corta y contraria con la suficiente
muerte.
El Correo de Andalucía. Jose
Enrique Moreno, Sevilla. Sevilla tiene un nuevo torero
No había que buscarlo, estaba ahí. Sólo había que esperar a que pasara algo similar a
lo que pasó ayer en Sevilla: que saliera el toro adecuado para que Morante de la Puebla
mostrara el buen toreo que lleva dentro. Y no hizo falta que fuera un toro excepcional,
sólo era preciso que embistiera. El resto lo puso el torero hasta cortar dos orejas y
sembrar la esperanza entre la gente del toro y entre los sevillanos en particular.
Si ahora que tanto nos quejamos de que no hay toreros de Sevilla se le pregunta a un
aficionado con criterio qué condiciones debe reunir, seguro que contesta con palabras
como arte, pellizco, elegancia o gracia, sobre todo gracia. Pues bien, en Morante encajan
perfectamente todas esas condiciones o virtudes. Pero es que además Morante tiene fondo,
es decir, el valor necesario para estar delante del toro con la cabeza despejada. Y eso ya
es una garantía de supervivencia torera.
Morante hizo ayer una conquista muy particular de Sevilla. La fraguó paso a paso, lance a
lance. De entrada, decir que el torero participó en cuantos quites le correspondieron y
fue en el primero de ellos Ðal primer toro de Javier CondeÐ cuando sentó las bases de
su estado de gracia en unas bellas verónicas.
Cuando salió el primero de su lote, Morante continuó exponiendo su toreo de capa. En
este caso salió a relucir su garbo en los lances a un toro que se iba suelto como primer
sntoma de una mansedumbre irreversible. Manso y orientado llegó el animal a la
muleta y Morante, lejos de tirar las cartas y abreviar, plantó cara como un valiente y se
jugó la voltereta aguantando los arreones del manso con mayor o menor destreza técnica,
pero con una indudable conciencia del lugar donde se hallaba y un gran sentido de la
responsabilidad. Morante se ganó así el respeto de la gente.
Y luego ms. La explosión del toreo puro que sabe hacer este jovencito de tez morena
llegó en el sexto, cuando el que ms y el que menos renegaba de lo poco visto en la
tarde de toros. Morante volvió a torear bien de capa, sobre todo por el pitón derecho,
y, una vez picado el animal, lo hizo todo bien desde el principio. Hubo acoplamiento desde
el primer pase y ya el comienzo de la faena rayó el preciosismo en un muletazo por bajo.
Todo iba bien. Morante se echó el engao a la derecha, bajó la mano, sometió y se
gustó, todo a un tiempo, para terminar con un inspirado y suave kikirik que
arranc a los msicos. El fondo del pasodoble Puerta Grande pareció ideal para
tan buen toreo. Pero Morante tapó a la banda con las notas que surgan de su muleta:
la segunda serie diestra fue monumental. Fue el toreo puro en el que el muletazo se remata
por debajo de la pala del pitón y se engarza con el siguiente de forma natural pese a que
el toro ha quedado atrás por el movimiento de la cintura. La faena descendió levemente
cuando Morante cogió la izquierda porque el toro Ðjustito de razaÐ comenzó a rajarse,
pero una nueva serie diestra volvió a ponerla a tono. Y ms los bellos adornos
finales porque este torero tiene gracia en sus muñecas. Toda Sevilla empujó la espada de
Morante para fundirse en el triunfo del que es, desde ayer, el nuevo torero de Sevilla.
Cuando se torea así, lo de menos son las orejas.
En la tarde hubo otros dos toros nobles aunque justos de raza, primero y segundo, que no
cayeron en las mejores manos. Pepe Luis no acabó de aprovechar las pocas arrancadas con
recorrido que tuvo el toro que abrió plaza y Javier Conde no tuvo voluntad de ligar los
muletazos en el segundo, al que mató muy bien. Ambos tampoco mejoraron su imagen en los
segundos toros de sus lotes. El cuarto fue un toro sin voluntad de embestir que no
permitió lucimiento a Pepe Luis y Javier Conde tampoco tuvo mimbres en el quinto bis, que
le apretó y sembró desconfianza en el torero.
Menos mal que llegó Morante y lo arregló en el sexto.
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