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REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 19 de abril de 1998
Corrida de rejones
Crónicas de la Prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: toros de Fermín Bohórquez

Caballeros: 

  • Fermín Bohórquez. Meteysaca. Tres palos en el suelo. Petición y saludos desde el tercio.
  • Luis Domecq. Dos pinchazos, descabello. Silencio
  • Pablo Hermoso de Mendoza. Rejón de muerte, un poco trasera. 1 palo en el suelo. Oreja y vuelta, con el caballo "Cagancho".
  • Antonio Domecq. 2 meteysacas. Saludos desde el tercio
  • Bohórquez-Mendoza, en colleras. Rejón de muerte. Saludos desde el tercio
  • Luis Domecq-Antonio Domecq, en colleras. 5 rejones de muerte, 2 descabellos. Silencio.

Presidente: Francisco Teja

Incidencias: 

  • La Autoridad propone sanción para el rejoneador Fermín Bohórquez, por utilización antirreglamentaria de rejones. Ello podría contravenir lo dispuesto en el artículo 15 J de la Ley 10/1991.
  • La Autoridad propone sanción para Raúl Aranda, por hacer derrotar el 5ª de la tarde contra el burladero.  Ello podría contravenir lo dispuesto en el artículo 71.3 del Reglamento Taurino.

Entrada: lleno, con huecos

Tiempo: nublado

Crónicas de la Prensa: El Mundo (Andalucía), ABC, El País, El Correo de Andalucía


El País. Joaquín Vidal. Gran tercio de banderillas

Pablo Hermoso de Mendoza y Cagancho en el redondel. Cagancho debajo, como corresponde a caballo, Pablo Hermoso de Mendoza arriba, como corresponde a caballista. Los dos eran toreros y los dos ofrecieron un gran tercio de banderillas.

Los dos eran toreros pero es evidente que uno hizo torero al otro. «Con Cagancho, así cualquiera», comentan algunos especialista por desmerecer. Lo mismo dijeron de magníficos caballistas que montando caballos de excepcional doma convirtieron en arte el ejercicio del rejoneo.

Para que el caballo sea torero han de serlo su jinete y quien lo domó. Y fue Pablo Hermoso de Mendoza quien obró el prodigio. Sólo quien se siente torero en el alma puede interpretar el toreo hasta elevarlo a la categoría de grandeza, tal cual hizo Pablo Hermoso de Mendoza cabalgando al bellísimo Cagancho .

Las pasadas templadísimas por los terrenos de dentro y por los de fuera sin solución de continuidad, pusieron literalmente en pie al público de la Maestranza. Mas aún tuvieron mayor mérito los cites en corto, convertidos toro, caballo y jinete en estatuas; las valerosas entradas a la suerte por el pitón contrario; las reuniones al estribo; las clavazones perpendiculares y en lo alto; las salidas medidas, limpias y toreando.

¡Ay si el rejoneo fuera siempre así! ¡Ay si además se hiciera con los toros íntegros! Dejaría el rejoneo de ser número circense; a ese toreo adocenado que impera hoy lo mandaría al cuerno.

Arte torero desarrolló también Fermín Bohórquez en su primera intervención. Se le espigan los sombrerazos, los gritos, los braceos tremendistas para la galería y queda un toreo de alta escuela, que adquirió sus mejores momentos cuando ceñía las embestidas y las sorteaba con templanza cual si instrumentara medias verónicas.

Los caballos, tan bien enseñados y montados por los jinetes, lucían sus excepcionales condiciones para el arte de Marialba. No todo cuanto los jinetes obligaban a hacer a los caballos, sin embargo, tenía mucho que ver con el arte de torear. Por ejemplo, cuando les daban para que saludasen con la manita, o para que trotaran en círculo, o para que se echaran de rodillas, lo que provocaba el general alborozo.

Abusaron de esto los hermanos Domecq. Los hermanos Domecq se traían unos números que después de la magnífica actuación de Pablo Hermoso de Mendoza resultaban ridículos. Remedaban el baile flamenco girando juntos, en alto la banderilla, y parecía que se iban a banderillear el uno al otro. Mejor estuvo Luis Domecq en su primer toro, en el transcurso de una faena muy sobria, segura, seria y torera. Empezó clavando un rejón en la paletilla del toro, pero como los malos principios son lo que quiere la rasa calé, todo lo demás le salió mejor. Antonio Domecq, en cambio, debía de tener obstruidos los canales de la inspiración y rejoneó vulgar.

Vinieron finalmente los turnos de las colleras y la grandeza del rejoneo quedó convertida en bajeza. Algo bueno habría dado uno para que se acabara en aquel memorable tercio de banderillas la mal llamada corrida de rejones. Algo bueno daría para que la mal llamada corrida de rejones fuera siempre así. 


ABC. Vicente Zabala de la Serna. Cumbre de «Cagancho» y Hermoso de Mendoza

Un toldo grisáceo cubrió la blanca Sevilla llegada la tarde. Nubes altas y claras, violáceas más bien. No hizo ni calor ni frío. Una temperatura templada, como el buen toreo, arropó la arrancada de la Feria de Abril. Los tendidos y las gradas se cubrieron en sus tres cuartas partes, más o menos. Afrontamos dos meses eminentemente taurinos, maratonianos, de corridas consecutivas, trascendentales para el desarrollo de la temporada.

Venimos a la vera del Guadalquivir desde un Madrid frío, casi invernal, rodeado de montañas nevadas como si fuera enero. Suenan en la capital de España, epicentro político del país, los ecos del alboroto que forman quienes se escandalizan porque se espía a los espías del terror y la muerte, porque se utiliza la democracia para proteger a los ciudadanos que la disfrutan y que no se aprovechan de ella para asesinar ni chantajear ni extorsionar. Vivimos entre la hipocresía de un Estado de Derecho mal entendido; bajo la batuta de un periódico que publica entrevistas con batasunos que airean una ideología que no tienen, con el único objetivo de vender más ejemplares. Prefiero el eco de las galopadas de los caballos en la Maestranza, más valientes y humanos que quienes utilizan las pistolas como diálogo. Más sinceros que esos periodistas de doble moral.

Valor derrochó el caballo blanco y bizarro que Bohórquez utilizó en banderillas ante su primer enemigo. Suyo el corcel y suyo el toro; mejor el corcel que el toro, al que le faltó fuelle y empuje.   Puso alma y voluntad el caballero jerezano, más que acierto. A pesar de los tropezones, brilló el toreo templado con los palos. El empeño puesto se vino abajo con el rejonazo mortal en forma de metisaca en los blandos. Hubo petición pero no oreja. Aguantó el tirón el presidente con argumentos. No se puede, no se debe, matar así.

Centrado con los rehiletes

Más centrado anduvo Luis Domecq con los rehiletes que con los rejones ante el noblote segundo, que careció también de ese «motor» que necesitan los toros para darle más importancia al asunto. Una importancia, por otra parte, que tampoco el jinete supo darle. Y el caso es que clavó bien, siempre arriba, y fue metiendo, no sin esfuerzo, poco a poco, al personal en la faena. Conseguido más o menos el objetivo, pinchó a la hora de la verdad dos veces, y aunque al tercer envite se hundió el acero en buen sitio, necesitó descabellar. Llegado el momento, prefiero el pinchazo al bajonazo alevoso.

Salieron Hermoso de Mendoza y «Cagancho», y la plaza enloqueció. No fue para menos. Cogía el navarro la distancia muy en corto unas veces, con muchos metros de por medio otras, muy de frente, muy de verdad, al astado del ganadero jerezano. Y citaba. A la par se arrancaban «Cagancho» y el toro, para encontrarse en un punto equidistante y cumbre. Cada reunión, cada ejecución, electrificaba los tendidos. Tras ellas, «Cagancho» se llevaba prendida en el estribo, encelada, como enganchada en un hilo invisible, la embestida del burel, que, enamorado de su belleza negra, seguía su valeroso caminar de medio lado por los adentros. El gentío en pie se rompía las manos. Entonces, Hermoso de Mendoza le decía a «Cagancho» que volviera a pasar, con el toro más cerrado aún, otra vez, por dentro. Y «Cagancho», torero, obedecía y pasaba.

Sin duda, su labor merecía las dos orejas. Tan sólo la colocación trasera y caída del rejón definitivo frenó al presidente a la hora de asomar por segunda vez el pañuelo blanco. Paseó el bravo caballero de Estella el trofeo en una clamorosa vuelta al ruedo, durante la cual tuvo «Cagancho» que salir a saludar.

Antonio Domecq tuvo una actuación sólo correcta, a pesar del buen cuarto toro de Bohórquez. Después y antes de la faena de Pablo Hermoso de Mendoza todo pareció insípido, y eso que la corrida, en líneas generales, aunque un poco paradita, colaboró con el espectáculo.

La labor del rubio Domecq quedó en un saludo desde el tercio, después de matar de un pinchazo y un metisaca.

Por colleras

La collera de Bohórquez y Hermoso de Mendoza luchó contra un quinto toro muy estático, no válido para el lucimiento. El caballero navarro concluyó la lucha con un bajonazo en su sitio.  Ni la banda del maestro Tejera animó la cosa en las postrimerías de la corrida. A los hermanos Domecq les costó un mundo y parte del otro conectar con los tendidos. Sólo la sincronización en el ballet ecuestre fuera de la cara del sexto y el acierto de Antonio elevó el tono de la collera.

Partieron la tarde Pablo Hermoso de Mendoza y «Cagancho» con su soberana faena, que marcó la diferencia. En sí era merecedora de las dos orejas, pero, desde el humilde punto de vista del crítico, el presidente acertó al sacar una sola vez el pañuelo: el rejón trasero y desprendido no era acreedor del segundo trofeo. Sevilla debe mantener intacta su categoría, y a los caballeros hay que empezar a exigirles que maten, cuando menos, cerquita de la cruz, pues, aunque hasta el rabo todo es toro, aquí no vale todo.


El Correo de Andalucía. José Enrique Moreno, Sevilla. Fue muy hermoso, Pablo

Con Cagancho llegó el espect‡culo, el rejoneo del futuro, el toreo a caballo en estado puro, la emoción. Con Cagancho y con Pablo Hermoso de Mendoza, que tanto monta, monta tanto. Mendoza y Cagancho son uno solo ante el toro: una sola voluntad, una sola acción. Tiene que ser as’ para que un caballo pueda pisar el terreno que pisa este extraordinario animal: la inteligencia la pone el hombre; el animal, la confianza en quien lo manda. De modo que esta perfecta conjunción propicia un espect‡culo œnico, irrepetible. Como el de ayer en Sevilla.

Pablo Hermoso hizo una lidia perfecta. Después de parar con temple y resolución, sólo clavó un rejón de castigo para cuidar al toro. Cuando salió Cagancho los movimientos fueron medidos, nada sobró y nada faltó. Lo œnico que sobrar’a en su faena fue emoción y belleza. Desde el primer par, Hermoso de Mendoza se sintió a gusto en la distancia corta. En ese terreno comprometido, Cagancho se asentaba sobre las patas, miraba fijamente al toro y aguantaba con un ligero temblor de las manos a que su jinete le diera la orden de ataque. Entonces se arrancaba como una pantera negra sobre su presa, llegándole y sorteando su embestida con arte. Y as’ hasta cuatro veces, para luego dar la grupa y templar de costado la embestida del toro, metiéndose por los adentros cuando más inverosímil parecía y menos espacio había. Lógicamente el pœblico se levantó hasta cuatro veces de sus asientos consciente de estar presenciando algo excepcional. El œnico que no se enteró de que la Maestranza asistía a una nueva dimensión del rejoneo fue el presidente, que vio un bajonazo donde no lo hubo Ðfue un metisaca traseroÐ y negó la segunda oreja a Pablo Hermoso. Si después de lo que hizo Pablo en Sevilla no se cortan dos orejas, ningúnn rejoneador podrá cortarlas.

Otro error presidencial dejó sin premio una faena de oreja. La hizo Ferm’n Bohórquez al toro que abrió plaza, una actuaci—n basada en la virtud de otro caballo œnico: Triunfador. Ferm’n también cuidó al toro de salida Ðsólo un rejón de castigoÐ y se dedicó a torearlo como si su caballo fuera una muleta en el tercio de banderillas. Pese a que hubo algœn desajuste, sobre todo cuando Ferm’n cambió de caballo e intentó el quiebro, el tono de la labor fue bueno, sobrado para un trofeo, del que le alejó un metisaca con el rejón de muerte, lo œnico para lo que tuvo ojos ayer el palco presidencial.

Menor intensidad tuvo la actuación en pareja de Pablo Hermoso y Bohórquez porque el toro se apagó mucho. Y tampoco fue muy brillante el resto. La emoción no alcanzó m‡s la intensidad que tuvo cuando rejoneó Mendoza.

Los Domecq no alcanzaron grandes cotas de brillantez. Luis fue a más en su actuación en solitario hasta que el toro marcó querencia a chiqueros. Antonio quiso replicar con espectacularidad al despliegue de Pablo Hermoso, pero obtuvo poca respuesta de su toro y del pœblico. La collera Domecq no estuvo tan afinada como otras veces, por lo que el cierre de la tarde lo pasó la gente hablando de Cagancho y Mendoza, o de Mendoza y Cagancho, que tanto monta...


El Mundo de Andalucía. Carlos Crivell. El Toreo a caballo sigue en evolución

El mundo del rejoneo se divide en dos: Bohórquez y Hermoso de Mendoza y los demás. Se puede decir de otra forma, a un lado Cagancho y Triunfador; al otro, el resto de la cabaña equina torera.... Los caballos citados levantaron al público de la plaza con clara ventaja a favor del cuatralbo del caballero navarro. El hijo de Nilo, un famoso semental portugués, está en plenitud. Sus carreras a dos pistas junto a las tablas, siempre templando la embestida del toro, para acabar recortando y metiéndose por los adentros, no dejaron a nadie sentado en el tendido...

Fue el momento cumbre de una corrida que tiene otras historias y argumentos. Por ejemplo, el enfado de Fermín Bohórquez cuando acabó su actuación en solitario. Fermín tuvo una actuación intermitente, sacó muy pronto a Triunfador, no pudo mantener el tono con otros caballos y al matar de un metisaca se encontró con una pobre petición de oreja. El presidente Teja escuchó improperios, pero acertó en su decisión...

Los rejoneadores modernos parece que quieren imponer el golletazo metisaca para matar los toros. Dejan un rejonazo trasero y bajo que no clavan, logrando de esta forma que nadie se percate por dónde ha penetrado el acero...El error es que se olvidaron que estaban en la Maestranza. Los hermanos Domecq no están en su mejor momento. Luis salió peor parado. Falló el primer rejón de castigo, mejoró con esa maravilla de tordo vinoso que se llama Jerez, pero a su actuación le faltó ritmo y le sobraron desaciertos en los rejones de muerte... En una barrera del callejón de la zona de sol estaba Manuel Vidrié, gloria del toreo a caballo, ahora apoderado de los hermanos jerezanos.

Faltaba en el mismo sitio Alvaro Domecq Romero, que estaría en Jerez cerca del patriarca de la familia, que está luchando contra una herida del corazón que ha venido con mucho 'malage'. Es posible que los hermanos rejoneadores no estuvieran centrados ante ausencias tan notables...

La tarde acabó con el toreo a caballo por colleras. No tiene sentido esta suerte. Hace algún tiempo, los rejoneadores abusaban del toro en una pelea desigual. Los mismos toreros a caballo se han percatado y tratan de dignificar este encuentro, pero lo que se ha logrado es que dos rejoneadores, que parece que ni se conocen, entren de forma alternativa sin poder expresar su verdadera personalidad.     

 

 

 
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