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Festejo
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del 13 de septiembre de 1998
Novillada Picada
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Novillos de Rocío de la Cámara (bien presentados, casi
todos, faltos de casta y difíciles. Potable y manejable el cuarto)
Novilleros:
- Raúl Caricol. De
tabaco y oro (municipal y tres descabello, palmas; dos pinchazos, estocada travesada y
once descabellos, silencio tras dos avisos)
- López
Cháves. De nazareno y oro (tres pinchazos y cuatro descabellos, silencio; pinchazo,
media tendida y dos descabellos, silencio)
- José Antonio
Chipiona De blanco y oro (pinchazo y casi entera caída, palmas; dos pinchazos,
meteysaca y descabello, silencio)
Picador que destacó: -
Banderilleros que saludaron:
Presidente: Francisco Teja
Incidencias: Raúl Caricol se retiró el postizo
(se cortó la coleta) tras matar a su segundo.
Entrada: menos de media
Tiempo: bueno, caluroso
Crónica de la prensa: Diario de Andalucía, El País
El País. Antonio Lorca, Sevilla. Edición
del lunes, 14 de septiembre´98. Caricol se cortó la coleta
Cuando las mulillas arrastraron al cuarto novillo de la tarde, su matador, Raúl Caricol,
salió del burladero y se dirigió con
paso firme al centro del ruedo. Entre la sorpresa general se cortó la coleta, besó el albero de la Maestranza y
se marchó al callejón desconsolado y
hecho un mar de lágrimas. El público, en su mayoría turistas, no entendió nada, pero
los paisanos del torero, natural del pueblo sevillano de Constantina, se quedaron
perplejos. Fueron a festejar un triunfo y se encontraron con una retirada.
Nadie conoce los verdaderos motivos que impulsan a un chaval a irse de los ruedos el día
de su presentación en Sevilla. Se supone que hay una mezcla de impotencia, rabia,
decepción, y quién sabe si un rasgo de sinceridad consigo mismo. Si fuera lo último y
cundiera el ejemplo, el escalafón no lo conocería ni quien lo diseño.
Lo cierto es que Caricol llegó, vio y viéndose a sí mismo se fue por donde vino para no
volver. Estuvo mal, ésa es la verdad, pero no peor que otros muchos que esperan
desesperadamente una oportunidad que nunca llegará. El cuarto no se lo devolvieron al
corral de puro milagro; fue el único que embistió
de un lote inservible, manso, descastado y
soso, y Caricol lo intentó sin fortuna con un toreo mecánico, sin alma y a la defensiva.
Menos aún pudo demostrar ante su primero, tan soso como sus hermanos. El capote no es su fuerte, pone banderillas con enorme voluntad pero sin
brillo, y traza bien los muletazos, aunque le falta el corazón para asentar los pies en
la arena. Pasó un calvario para matar al novillo cuarto y, entre descabellos y avisos, tomó la
decisión de decir adiós y sorprender a sus partidarios, que no cesaron de jalearlo a
pesar de su manifiesta inexperiencia.
Ahí acabó la novillada que había comenzado con un olvido imperdonable: ayer se
cumplieron seis años de la muerte en esta plaza del subalterno Ramón Soto Vargas el 13
de septiembre de 1992. Los toros, dicho queda, formaron un lote inservible. Resulta
curioso, sin embargo, que la ganadera fracase cada año en la Maestranza y vuelva al
siguiente como si nada hubiera ocurrido. En esta ocasión, se ha lucido de lo lindo, pero
debe tener una preocupación tan grande que, con toda seguridad, se acostó sin cenar.
Y los toreros tampoco tienen justificación. López Chávez, sin material, no tuvo
disposición, ánimo ni deseo de triunfo. Algo quiso decir Chipiona, pero con la voz tan
queda que nadie le oyó. Vino a verlo Rafael de Paula, que debe ser su consejero, y algo
se le notó en una media verónica.
Javier Mateos, Sevilla.
Edición del 14 de septiembre´98. Arrebato de
sinceridad
En la novillada de ayer en Sevilla -todo un alivio volver a la
Maestranza después de más de un mes alejado de la misma- sólo destacó el gesto de
Caricol al decidir cortarse la coleta en cuarto astado, abandonando así la profesión
como matador. Por lo demás, el desrazado, manso, rajado y complicado encierro de Rocío
de la Cámara -que a nadie ya sorprende, lo soprendente es que se anuncie en Sevilla-,
desacertados picadores y banderilleros y unos novilleros que no terminaron de romper.
Raúl Caricol se enfrentó por delante a un novillo escaso de raza y
con pocas posibilidades de lucimiento entendiendo éste conforme a la tauromaquia actual.
En el tercio de banderillas brilló en el tercer par; en los otros dos, voluntad. No
terminó de confiarse el novillero de Constantina, sin llegar a cogerle definitivamente la
distancia y rectificando constantemente la posición. Además, el ánimo no estuvo más
allá. Al menos, eso fue lo que pareció.
El cuarto era un torito en toda regla. Fue el más claro para
poder cimentar faena. De embestida más ahormada y sin violencia ni aspereza, aunque
Caricol, como le sucedió en su primero, no terminó de cogerle ni el aire ni la
distancia. No terminó de quedarse quieto en el sitio tras cada muletazo y así no logró
ligarlos. Se le fue un novillo posible. Tanto es así que, después de matar muy mal
-sonaron hasta dos avisos- se dirigió al centro del ruedo y camino de él se echó mano a
la castañeta y se arrancó de un tirónn la coleta, enterrándola en el centro del ruedo.
Acababa de tomar la decisión, con el corazón muy en caliente, que su carrera como
matador había terminado. Quizá sea precipitada la decisión, aunque de mucha hombría y,
sobre todo, sincera. Necesitaba un triunfo y no llegó. La profesión es muy complicada y
es muy difícil tener suficientes cualidades. Pero recobra especial importancia este gesto
porque si más de un matador y novillero hicieran lo mismo -ser sinceros, al fin y al
cabo- el panorama aparecería más despejado.
Le dieron muy fuerte al segundo torete, primero del lote del
salmantino López Chaves. A pesar de ello, el novillo se movió en el tercio de
banderillas, sin abrir la boca, encastadito. Lo que pasa es que los banderilleros
estuvieron hechos un desastre para culminar el tercio. Tras todas estas vicisitudes, las
pocas embestidas que tenía tras la sangría de varas se las dejó en las muchas pasadas
en falso de los banderilleros. En la muleta, nada de nada; ni novillo ni novillero
embistieron.
El quinto se paró pronto y no embistió. Tampoco López Chaves sacó
otros recursos posibles para intentar alegrar su actuación.
A José Antonio Chipiona le acompañó desde el tendido Rafael de
Paula, que observó las evoluciones del joven gaditano. Mostró algún destello con el
capote, sobre todo una media de remate. Se picó mal. Pero el utrero fue complicándose
conforme avanzaba la lidia y en más de una ocasión estuvo a punto de ser volteado.
Chipiona se mostró firme y sereno. El sexto, parado y rajado, fue realemente
imposible.
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