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Festejo 19 de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 10 de mayo de 1998
Novillada picada
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA (El País)
Ganadería: Cinco novillos de Torrealta, chicos, inválidos y descastados; el
2º, quedó inutilizado al chocar contra un burladero, y el sobrero, de Hermanos Sampedro, inválido.
Diestros:
- Miguel Abellán:
pinchazo, estocada y once descabellos (ovación); edia estocada y un descabello (palmas).
- El Juli:
estocada y dos descabellos (silencio); pinchazo, media y dos descabellos (palmas
- Víctor Janeiro:
estocada (ovación); un pinchazo y estocada (palmas)
Picador que destacó: -
Banderilleros que saludaron:
Presidente: Fernando Carrasco
Incidencias: -
Entrada: media plaza
Tiempo: fresco
Crónicas de la prensa: El País
El País. Antonio Lorca, Sevilla.
Seis borrachos
Los aficionados han decidido abandonar la plaza, y a los espectadores les da igual que
salga el sol por Antequera, y la mayoría no sabe distinguir un toro de una gallina. Sólo
así se entiende que ayer no se produjera un escándalo monumental en La Maestranza,
cuando por enésima vez se perpetró un presunto fraude por parte de quienes manejan el
cotarro de los toros.
Para empezar, los novillos que salieron a La Maestranza no eran dignos de Sevilla porque
carecían de las hechuras y la presencia necesarias (responsabilidad de la autoridad).
Todos, en mayor o menor grado, resultaron inválidos y descastados (responsabilidad del
ganadero); pero lo más grave es que todos mostraron signos evidentes de embriaguez;
entiéndase, borrachos como una cuba (¿responsabilidad de quién?). Un borracho se
detecta a leguas porque se tambalea y, generalmente, los tumbos son fruto de una
ingestión exagerada de alcohol. O producto de una enfermedad, que todo puede ser. Lo que
parece criterio unánime es que nadie, ni toro ni persona, se tambalea por las buenas.
¿Estaban, pues, los toros borrachos? Si así fuera, ¿quién les dio de beber? ¿Y qué
bebieron? ¿Acaso estaban enfermos? Pues la autoridad vuelve a mirar hacia el otro lado y
se limita a certificar que las carnes son sanitariamente aptas para el consumo. Ya saben:
si mañana ven a uno por la calle con mala cara dando tumbos de acera a acera, no es que
esté borracho, sino que ha comido carne de novillo lidiado en La Maestranza el domingo
por la tarde.
Pero esto sucede porque al consumidor le da todo igual. Paga lo que le digan sin
rechistar; acepta la burla como si fuera ortodoxia taurina, cree que el aburrimiento es
consustancial al espectáculo, y aplaude, eso sí, aplaude emocionado las más grotescas
caricaturas de la fiesta.
Tres novilleros de postín hicieron el paseíllo. Todo lo que hicieron, que no fue mucho,
careció del mínimo interés porque no puede ser emocionante la faena a un novillo
embriagado, soso y descastado. Se nota que Abellán está ya cuajado, y dio algunas
muestras de su fácil manejo de los engaños, su valor sereno y su sentido de la ligazón.
Lo mejor, un ajustado quite por chicuelinas. El Juli llegó precedido de una merecida fama
de novillero innovador y se fue como vino. Voluntarioso y con personalidad, dejó algunos
detalles con el capote y nada más. Y Víctor Janeiro consiguió los momentos más
emocionantes por su decisión y porque su primero estaba menos bebido y le hilvanó una
magnífica tanda de naturales largos.
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