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Festejo 17º de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Mañana del lunes, 4 de mayo 1998
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Miura. Mal presentados, grandes pero
dos anovillados; sospechosos de pitones, inválidos, descastados. Dos devueltos, uno
por inválido y otro porque se lesionó una pata. Sobreros de Joaquín Barral: 1º, inválido y borrego;
6º, de trapío y astifino, manso.
Diestros:
- El Fundi.
Media y rueda de peones (palmas y saluda); media ladeada -aviso-, rueda de peones y
descabello (silencio). De salmón y oro
- Valderrama.
Dos pinchazos bajos -aviso- y bajonazo descarado (silencio); dos pinchazos, estocada
delantera saliendo rebotado, dos pinchazos y descabello; se le perdonó un aviso (vuelta).
De blanco y oro
- Oscar Higares. Pinchazo,
estocada perdiendo la muleta -aviso- y dos descabellos (aplausos y saluda); tres pinchazos
y estocada corta trasera (silencio). De grana y oro
Picador que destacó: -
Banderilleros que saludaron: El Fundi puso las banderillas a su
lote, saludadon en ambas ocasiones. Y José Manuel Romo, de la cuadrilla de Domingo
Valderrama
Presidente: Juan Murillo
Incidencias: Corrida matinal que había sido aplazada la
tarde anterior por la lluvia
Entrada: dos tercios
Tiempo: sol y calor
Crónicas de la prensa: El Mundo, El País, ABC
El País. JOAQUÍN VIDAL, Sevilla.
'Miuras' de nuevo cuño
Toros basura otra vez... Los miuras, aquellos toros de trapío y fiereza, poderosos y
encastados, que definieron el sello de su leyenda, son ahora de nuevo cuño.
Miuras de nuevo cuño, con eñe, que se escribe ñ, encima de la n esa culebrita que
no reconoce la Europa del ordenador. Algunos modernos pretenden que se sustituya por
gn,
diríamos entonces miuras de nuevo cugno, bonita palabra, aunque no tanto como de nuevo
cuyo como escribió un servidor en EL PAÍS del domingo para referirse a unos pases que
dio Pepín Liria, torero moderno y europeo.
Se ve que en el lapsus calami funcionó el subconsciente. Los subconscientes a veces
son calamitosos, en efecto. El cuyo que parió el lapsus debía tener la connotación del
habla castiza, que llamaba cuyo al gachó sin principios que se beneficiaba a la gachí
comprometida con otro gaché. Gente más culta y de latines lo llamaba quidam, si bien sus
propósitos eran despectivos, queriendo significar que se trataba de un donnadie. Los
actuales castizos, siempre atentos a la evolución del lenguaje, prefieren denominar a
estos sujetos el nota.
Explicar un lapsus a partir del comportamiento de los toros basura parecerá excesivo;
pero según se mire. A los toros basura se les puede llamar cualquier cosa menos toros. A
los miuras de nuevo cuño cualquier cosa menos miuras. A eso de la una menos veinte de la
tarde saltó a la arena el primer miura, que en su capa colorada y en su tipo zootécnico
era efectivamente miureño, y apenas había dado un tranco cuando se advirtió que se
trataba de un toro basura como todos los demás.
Al miura de apariencia, que se desplomaba simplemente por caminar, lo devolvieron al
corral, y los restantes miuras debieron seguir el mismo camino. Inválidos, mochos,
descastados y bastardos, no daban ninguna emoción, no despertaban el menor interés y
encima planteaban problemas.
Los toreros estuvieron con ellos tan voluntariosos como cabría esperar. Fundi cuarteó
banderillas a los suyos -el primero, un sobrero aborregado de Barral- y les aplicó sendos
trasteos pundonorosos. Óscar Higares, al tercero, de tipo novillo, le pegó numerosos
derechazos con buen estilo, y al echarse la muleta a la izquierda ya el cuyo se había
quedado sin embestida. Domingo Valderrama sorteó según pudo los inciertos topetazos del
segundo, que desarrolló peligro, y lo tumbó de expeditivo bajonazo.
El quidam quinto, grandón y aparatoso, se había de enterar. Al quidam quinto no le
valió su bastardo descastamiento, pues Domingo Valderrama lo citó desde lejos en los
puros medios, lo embarcó en dos soberbias tandas de redondos, luego en una de naturales
rematada con una trincherilla sensacional, se adornó torerísimo y si no lo mató a la
primera fue porque él es muy bajito y no alcanzaba a llegar a la cruz del nota aquel, de
descomunal alzada.
El sexto se lesionó una pata al tomar la larga cambiada que le tiró Óscar Higares y,
devuelto, le sustituyó un torazo de Barral, de espléndido trapío y descarada
mansedumbre. Óscar Higares intentó inútilmente sacarle derechazos mientras el
toroescapaba de la quema, y el público le pedía que acabara de una vez, por favor.
Iban a dar las tres y media de la tarde. Uncaballero no está en los toros a las tres y
media de la tarde. Estar en los toros a las tres y media de la tarde no es lógico, ni
ético, ni decente. Nos podía castigar Dios. Sucedió: fuimos a comer y se había pasado
el arroz.
El Mundo. JAVIER VILLAN, Sevilla.
Valderrama cuajó un miura y lo pinchó
En la matinal aplazada por la lluvia, se lidió una corrida en escalera y
diezmada
De los seis miuras, uno salió desgraciado a la arena y otro se desgració en el ruedo.
Ambos fueron devueltos. De los otros cuatro, uno se dejó dar coba por Higares y otro casi
encumbra a Valderrama.
Pero el pequeño Valderrama lo pinchó, después de haberlo cuajado; en el platillo, donde
se ponen los héroes solitarios, citándole de largo y fijándole después en sus
dominios. Valderrama se hizo gigante con el grandote miura, se creció inmensamente. Dos
tandas de derechazos devolvieron a la mañana mortecina nervio y vitalidad. Una serie de
izquierda, rematada con enjundiosa trinchera; dos naturales, ayudados poderosos y el
colofón fenomenal de un pase de pecho. Faena corta, mas intensa. Pinchó repetidamente y,
además, en un encontronazo sufrió una fuerte contusión que le sacó el aire como a un
boxeador golpeado en los costados.
Había pasado su momento y, aunque la plaza valoró extraordinariamente su arrojo, perdió
los trofeos que le habrían abierto los carteles de muchas ferias. Si hubiera cierta
justicia distributiva, el fallo a espadas no le debería marginar definitivamente.
El primer miura era el primo del tocomocho: por mocho y por toco. Es decir, por rasurado y
por inválido. El afeitado era una chapuza de urgencia, seguro, para colarlo tras algún
accidente. Y los de Barral, mansísimo, descastadísimo y precioso de lámina el sexto,
que desesperó a Higares y llevó la corrida hasta el límite de las tres horas; el
primero se agotó pronto y la muleta de El Fundi, que no es una muleta de mimo,
precisamente, bastante hizo con mantenerlo en pie. Cortaba y punteaba el segundo miura por
el pitón izquierdo, y Valderrama resolvió la papeleta sin demasiados agobios. La
destreza le abandonó a la hora de matar, aunque fue peor lo del quinto.
La templanza de Oscar Higares consiguió mantener en pie al tercero, noble, aunque al
final del muletazo echaba ligeramente la cara arriba; varias tandas de derechazos de buen
son que empezaron a despertar los ánimos de este intempestivo festejo aplazado el día
anterior por culpa del apocalipsis acuático.
Un miura de 500 kilos como el cuarto, la verdad es que es poco miura. Y además se cayó.
¿Por qué se caía el miura? ¿Por los kilos? ¿Porque le habían sacado de tipo? Claro
que le habían sacado de tipo, pero hacia abajo. En banderillas intentó El Fundi imitar
la especialidad de El Soro, el par hacia atrás, pero no le salió. A lo mejor, le sale
otro día; aunque en esa especialidad, Soros, como madres, no hay más que uno. Con la
muleta, valentón y con agallas, que es lo que procedía. Parearon muy bien Currín y Juan
Romo.
ABC. Vicente Zabala de la Serna. Valderrama cuajó una
importante y justa faena, que no rubricó con la espada
Mereció la pena el aplazamiento del penúltimo festejo de la Feria a la mañana de ayer,
porque los herederos de Eduardo Miura presentaron una corrida interesantísima, con mucha
movilidad y toros buenos, que no tontos ni pastueños, de clásica y antigua estampa
miureña. Las casi tres horas que estuvimos en la Maestranza pasaron volando, entre otras
muchas cosas por la importante faena de Valderrama al impresionante quinto.
La plaza rompió en una cerrada ovación cuando el segundo del lote del pequeño diestro
sevillano pisó el albero. Un tren. Serio y montado, en el más puro tipo de la casa. En
el tercio de banderillas esperaba a los peones; aunque en el postrero rompió a más, a
mucho más.
Valderrama brindó al personal, y se colocó a muchos metros de su enemigo con la muleta
en la diestra. Citó. Y el «miura» se arrancó como el AVE. Yel sevillano en la vía,
impertérrito. Tras el primer derechazo, ya tenía la muleta puesta para el siguiente. El
toro repetía con fijeza, pero con el motor a tope de revoluciones, bravo. Remató con dos
estupendos pases de pecho, que pusieron al gentío en pie. Había emoción a raudales. Por
fin.
Para la siguiente tanda, también diestra, de nuevo el torero dejó muchos metros de por
medio, unos veinte, al encastado animal. Arrancó, otra vez, el AVE. Y Valderrama en la
vía. Producía escalofríos ver llegar al toro a esa velocidad de vértigo al territorio
del torero, que al toque de muleta desplazaba la embestida, para a continuación dejarla
puesta y ligar el pase. Tres o cuatro derechazos más surgieron. Culminado el remate, la
plaza prorrumpió estruendosa en una ovación. Se dio entonces Valderrama un paseo largo y
torero, con la muleta plegada en la izquierda, respirando y dejando respirar a su enemigo.
Y tras el respiro, Domingo se situaba otra vez en la vía, a unos veinte metros o así. Y
el «tren» embestía desde esa distancia. La serie al natural, cumbre y rematada con
unayudado por bajo de extraordinaria factura, volvió a voltear la Maestranza. Tres
series, tres, y Valderrama tenía las orejas en la mano. Vino entonces un desarme.
No importó. Calculó el diestro que era la hora de adornarse por sevillanos ayudados a
media altura, graciosos y pintureros recortes. Cuatro tandas, cuatro, en la época de los
cien pases y dos mil avisos. Confluyeron la importancia del toro y la importancia del
toreo verdadero y de exposición. Pero Valderrama pinchó mucho e incluso recibió un
fuerte porrazo cerca del cuello, por encima del cual le llegaba el «miura». Perdió con
los aceros la posibilidad de haber sido izado en hombros. Una verdadera lástima, porque
buena falta que le hacía un resonante triunfo. Aun así, dio una clamorosa vuelta al
ruedo. El estupendo toro fue ovacionado en el arrastre.
Domingo hizo en el narrado quinto todo el esfuerzo que no realizó en su primero, de larga
embestida y noble trote, aunque algo renqueante de los cuartos traseros. Antes de que
cogiera los trastos, la cuadrilla resolvió bien con los palos, pero tampoco para
desmonterarse. Valderrama arrancó la faena cortando los viajes por bajo. Daba la
impresión de que estaba poco dispuesto. No anduvo acertado ni en el planteamiento ni en
el desarrollo. Se reservaba, parecía ser, para el siguiente, por decirlo de forma
elegante. Entre el manejo de la espada ante el penúltimo de la mañana y el «síndrome
de Miura» que le afectó en éste, se quedó sin tocar pelo.
El Fundi, con oficio
El Fundi demostró que se sabe muy bien el oficio. Destacó por el más que digno papel
que asumió como director de lidia, pues siempre se mostró pendiente de la misma. Había
recogido bien al primer y blando miureño. Tal vez debió aguantarlo el presidente en el
ruedo. De buenas a primeras la corrida quedó coja, porque el sobrero era de Barral.
El diestro de Fuenlabrada banderilleó fácil y lidió bien, siempre yéndose por el
cuello del caballo. Lástima que al noble toro le picaran trasero. Iba largo en el último
tercio. A El Fundi le dio por torear de abajo arriba, a lo mejor porque consideró que
así aliviaba a su enemigo, también un tanto flojito. Anduvo aseado y mató de media
estocada delantera. Saludó desde el tercio para recoger la ovación a su labor. Le faltó
al toro empuje, pero no así calidad.
De los años cuarenta parecía sacado el cuarto, por cariavacado, degollado y vareado.
Ahora, que se movió con muchísimos pies por todo el ruedo. Obligó a El Fundi a clavar
en el segundo tercio ganándole con demasiada antelación la cara. A toro pasado.
Después, el «miura» quería comerse al torero, y a la salida de cada pase se revolvía,
con el sentido propio de los de su hierro. El torero estuvo valiente, aunque siempre
desplazaba el viaje hacia fuera. Era imposible torear hacia dentro sin evitar la cornada.
Cobró media estocada antes de que iniciara el bizco animal una larga huida por el anillo.
Escuchó durante la persecución un aviso, tras el cual descabelló al primer golpe de
verduguillo.
A punto de cortar una oreja estuvo Óscar Higares con el buen tercero. Lanceó decidido en
el saludo a la verónica. El quite posterior alcanzó mejor nivel. Los banderilleros
tardaron una eternidad en ir a la cara del toro con los palos. ¿Por qué hay que esperar
a que se vaya el caballo de picar para acudir a los medios? Malditos tiempos muertos de la
lidia.
Higares corrió la mano diestra de manera sensacional. Dejaba meter la cara al boyante
«miura» para engancharlo y darle un templado y largo paseo. Ala tercera tanda, también
diestra, la mejor, tenía el torero la oreja en el bolsillo. En ese momento debía haber
matado. Pero se equivocó y siguió con la rutina de los actuales tiempos. Además por el
pitón contrario, cuando había construido toda su labor sobre la mano derecha. Tanto es
así que para rematar con los obligados de pecho se cambiaba la muleta por la espalda. Le
falló la cabeza a Óscar. Para colmo, pinchó y escuchó un aviso.
El sexto de Miura se rompió una pata de salida, cuando Higares se disponía a recibirlo
con una larga cambiada de rodillas. Una pena.
El segundo sobrero de Barral, tardo, manso, un auténtico «pavo», el padre de todas las
piltrafas que han salido en esta plaza durante la Feria, huía del castigo y embestía a
oleadas, con la cara a media altura. Debió el diestro madrileño plantear el trasteo de
aliño desde un principio, incluso ya con la espada de la verdad montada, y no caer en la
absurda e imposible, esta vez, rutina del derechazo.
Los herederos de don Eduardo Miura pueden haber abandonado la plaza satisfechos por el
juego de sus pupilos, cuya movilidad y carácter convirtieron esta penúltima corrida de
la Feria de Abril en un interesantísimo espectáculo, que debió concluir con varias
orejas cortadas. De su desarrollo sacamos una conclusión:cuando sale al ruedo el
verdadero toro de lidia bastan veinte pases para poner toda una plaza como la Maestranza
boca abajo. Y sobra lo demás.
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