GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
Almería
Cádiz
Córdoba
Granada
Huelva
Jaén
Málaga
Sevilla

 

Festejo 15º de abono
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del sábado, 2 de Mayo de 1998
Corrida de toros
Crónicas de la prensa

FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de El Torero (3º y 5º sobreros, en sustitución de sendos inválidos), de justa presencia, escaso trapío, sospechosos de pitones, inválidos, descastados y aborregados

Diestros: 

  • El Litri.   Media tendida y trasera y dos descabellos (palmas). En el cuarto, media trasera (silencio).
  • Jesulín de Ubrique. Pinchazo y estocada desprendida (silencio). En el quinto, tres pinchazos y descabello
    (silencio). De lila y oro 
  • Pepín Liria. Casi entera (una oreja y vuelta). En el  sexto, pinchazo y media estocada (vuelta). Media estocada tendida baja, ruedas insistentes de peones y dos descabellos (palmas). De azul pavo y oro

Picador que destacó José Bernal, de la cuadrilla de Pepín Liria

Banderilleros que saludaron: Manuel Rodríguez "Mangui" y Manuel Gil, de la cuadrilla de Litri

Presidente: Gabriel Fernández Rey

Incidencias:  Los 3º y 5º de la tarde tuvieron que ser devuelto a corrales por inutilidad manifiesta para la lidia-

Entrada: hasta la bandera

Tiempo: Sol, nubes y fresco. Al final, algunas gotas.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, El Mundo


El País. JOAQUÍN VIDAL, Sevilla. Pepín y los 'yonquis'

Los toros parecían yonquis yPepín Liria se peleó con ellos.  A ver quién tenía más de lo que hay que tener.  Lo tenía Pepín Liria, según se demostró de manera fehaciente. No porque estuviera a la vista; antes bien, los únicos que lo mostraban eran los toros, con total desvergüenza, y les colgaría grandote y bamboleante, pero para lo que les servía....

Pepín Liria, en cambio, pudendo y recio, se pasó la tarde fajando con los yonquis y les daba para ir pasando. A uno de ellos le cortó una oreja. Al otro no le cortó nada, pues el toro-yonqui, al mugido de «Antes morir que perder la oreja«, se tumbó a verlas venir. Los yonquis, menudos son.

Los yonquis, si se empeñan, no hay forma de hacer carrera con ellos. Salió uno en cuarto lugar, y ese debió cogerla de anís pues devino volatinero. Estaban en lo que llaman solemnemente tercio de varas y se dedicaba a correr por allí pegando tumbos, buscando una farola donde agarrarse. A veces caía de hocico, y entonces iba, apoyaba los cuernecillos en la arena y trazaba en el aire una impresionante voltereta.

Este toro de estilo Domecq -puro artista, por tanto- para el circo, no habría tenido precio. Dos espectaculares volteretas dio y aseguraba la afición que nunca había visto nada igual.

Al toro volatinero y a otro de borreguil condición Litri los trapaceó de capa y de muleta con voluntariosa reiteración. Es admirable la tenacidad de Litri para resistir las embaucadoras llamadas del arte.

Los toros con pinta de yonquis a Jesulín de Ubrique no le inspiraban ninguna intervención de mediano fundamento. El segundo de su lote fue devuelto al corral para evitar malos ejemplos y contagios, pero el sustituto que llaman sobrero resultó de peor condición. Titular y sobrero eran víctimas del mismo vicio y Jesulín de Ubrique, que no estaba para redimirlos ni para integrarlos en la vida administrativa, les dio un poco de coba y en cuanto pudo se los quitó de en medio.

El tercero lo devolvieron al corral por su manifiesta inutilidad y el que tomó su puesto no es que poseyera mayor lucidez ni fortaleza, sino que le salió al paso Pepín Liria, torero macizo de férrea voluntad y arrebatado temperamento.

Con Pepín Liria no valen las bromas. Y pues se propuso pegarle al crepuscular especimen los derechazos y los naturales, se los pegó. Se los pegó, valeroso y recrecido, no una sino cuantas veces quiso; con ellos, ceñidos pases de pecho; de propina, un circular citando de espaldas que puso al público en pie; y por si hubiera dudas acerca de quien mandaba allí, menudeó amenazantes desplantes que dejaron al toro hecho una piltrafa. Y, naturalmente, la faena y el estoconazo con que la remató le valieron la oreja.

Al sexto es evidente que Pepín Liria pretendía cortarle las dos y para demostrarlo se marchó a recibirlo a la puerta de chiqueros. La recepción resultó tremendamente emotiva: tres largas cambiadas de rodillas tiró, capoteó después a la verónica y al rematar los lances la Maestranza estaba convertida en un auténtico manicomio; el tendido era un delirio.

La impresión del sobresalto y el murmullo de las emociones no se habían apagado cuando, ya en el último tercio, Pepín Liria citó de lejos al toro con el propósito de darle un pase cambiado. Pero el toro mantenía distinta opinión. El toro había decidido que el pase cambiado se lo diera a Rita. No sólo el pase cambiado sino todos los que haya podido inventar la tauromaquia y recopilar el Cossío.

La situación llegó a ser desesperante: Pepín Liria presentando la muleta, el toro limitándose a olerla pues debía creer que se trataba de una papelina. Y en estas que se produjeron tres pases por alto. Los tres pases por alto ya no pertenecían a la tauromaquia concebida e inventariada sino que surgían de nuevo cuyo; una creación exclusiva e irrepetible, inspirada en la religión mahometana. Dice la leyenda: «Si el monte no viene a Mahoma, que Mahoma vaya al monte«. Y tal cual procedió Pepín: acudió y le pegó al inmóvil toro los tres pases por alto.

Las cosas de los yonquis: al comprobar que su tozuda pasividad no impedía que le pegaran pases, se tumbó. Lo que a partir de ahí no lograban las cuadrillas tirándole de los cuernecillos y del rabo lo consiguió el puntillero emprendiéndola a cachetazos. Harto el asendereado toro de que le zurraran el testuz, se levantó. Y eso le permitió a Pepín Liria matarlo según mandan los cánones, que es con estoque y a volapié. Y lo celebró mucho el público. Y dio una triunfal vuelta al ruedo.
¡Y olé!


El Mundo. JAVIER VILLAN, Sevilla. Toros afeitados y moribundos

Pepín Liria cortó una oreja a un bravo sobrero de Salvador Domecq

Litri entendió a su primer toro a ratos; cuando se ponía en su sitio y le dejaba la muleta puesta, Litri entendía al toro.  Cuando andaba por allí de trapacero y correcaminos, que fue casi siempre, Litri no entendía al toro. O sea, que, en definitiva, lo que ocurría es que Litri no se entendía a sí mismo. «Conócete a ti mismo», escribió un filósofo antiguo: el autoconocimiento como clave de la sabiduría, la necesidad de saber quiénes somos, adónde vamos y de dónde venimos: toreros, personas, jóvenes y militares con graduación o de tropa. Litri sabe poco, o sabe mucho, si se prefiere.

El torillo cuarto andaba en tablas del 4 desde el tercio de banderillas, y Litri quería que se lo llevaran más allá de capotes; el toro quería los adentros, y Litri se empeñaba en torearlo hacia las afueras; con lo cual demostró Litri, al menos en esta ocasión, que tampoco conocía al toro. O, quizá, que le daba igual.

CIERTA RAZA.- No es que el segundo de El Torero diese una vuelta de campana, es que dio un salto mortal. A la segunda acrobacia, se quedó a medio camino y, tras la costalada, aún se mantuvo en pie. Salió renqueante e inválida la corrida, pero algunos con cierta raza; y con cierta nobleza, como este segundo que acabó manseando en tablas, huyendo de la amenaza del
látigo muletero de Jesús Janeiro. Perra vida la de los toros; malo es quebrantarse en dos costaladas monumentales, mas peor era la tunda de muletazos con que le amenazaba Jesulín. Y el quinto, tanto temor le cogió a la muleta de Janeiro que, después del primer par de banderillas, se fingió inválido y se devolvió a sí mismo.

El presidente ratificó la sabia decisión. Y aquello, a las ocho y cuarto de la tarde y con unas nubes más amenazantes que la muleta jesuliniana, podría concluir en diluvio y en bronca. La bronca, por lo menos la protesta, llegó; pero las nubes se mantuvieron en su sitio y era hermoso aquel cielo oscuro en contraste con el albero y los focos de La Maestranza.
Hasta los caballos andan mal en la Fiesta. Embistió el tullido  tercero al caballo de picar, y del lance ambos quedaron postrados en el suelo. Cosa insólita y quevedesca es ésta de que dos baldados se compadezcan de sus miserias y renuncien juntos y solidarios a seguir luchando. El sobrero también perdía las manos; los cuernos los había perdido antes, en alguna emboscada nocturna de la dehesa, o en un atraco a cuchillo y faca camino de la plaza.

DISTANCIA Y REPOSO.- La plaza es la nobilísima y señera de la Real Maestranza de Sevilla, pero está visto que los emboscados y salteadores no respetan nada. Lástima de animal bravísimo, sometido a inhumanas mortificaciones. Agradézcale ese arrogante toro de Salvador Domecq, afeitado y mutilado, la dignidad de bravo que le permitió exhibir Pepín Liria en algunos pasajes de la faena; le consintió, aunque sin templarlo del todo, le dio distancia y reposo, en especial en el ritmo de dos tandas de derecha y una de naturales. Culminó con una estocada corta de efectos letales.

Pepín Liria había visto entreabierta la Puerta Grande y quién sabe si también la Puerta del Príncipe. Por eso, se fue a toriles en el último y dio tres largas cambiadas de rodillas que pusieron La Maestranza como una olla a presión. En la muleta, una tanda de redondos con más decisión que empaque, y el toro se rajó y se fue a tablas. Con su muermo y su agotamiento se llevó las esperanzas de la gente y de Pepín Liria.

Aculado en tablas, quería echarse. Y se echó. Aculado en tablas y moribundo de muerte natural, el toro de Salvador Domecq era la misma y penosa imagen de esta feria. Y de otras muchas ferias. El toro había ido con alegría al caballo, y Bernal le había echado el pecho de la cabalgadura por delante. Pero fue una iluminación pasajera. Tras las dobladas posteriores de Pepín Liria, el toro entró en agonía. Así estamos.


ABC. Fernando Carrasco, SevillaPepín Liria, con una faena justa y medida, hizo lo mejor de una insulsa tarde
La decimocuarta corrida de la Feria de Abril nos dejó la poca casta de los toros de Salvador Domecq, con excepción del tercero bis, y la faena justa y medida a este toro de un Pepín Liria que vino a por todas y que cortó una merecida oreja. Sus compañeros de terna, Litri y Jesulín de Ubrique, no tuvieron excesivo material para el lucimiento, aunque al de Ubrique no se le vio ayer recuperado del todo de su lesión de rodilla.

Litri pechó con un primero de Salvador Domecq de bonitas hechuras pero que tuvo pocas fuerzas desde los inicios. El onubense se sacó fuera de la raya de picadores a su oponente, dejando una primera serie templada pero sin emoción. Molestó además el viento, por lo que Miguel no acabó de confiarse del todo.

Salió enterándose el cuarto. Emplazado, fue a buscarlo el propio  Litri, ahormando la embestida. La cosa fue a menos, pues el toro se rajó.  No llegó a confiarse Jesulín con el segundo, otro toro bonito de hechuras pero que apretó de salida. Dos impresionantes volteretas en el tercio de varas desconcertaron a la cuadrilla del gaditano, que se sacó fuera de la raya de picadores a su oponente, para construir   una faena que se diluyó por el viento y la poca confianza de Jesulín.

Devolvió el presidente el quinto. El sobrero no mejoró desde luego,  en cuanto a fuerzas, a su antecesor. Se quedó corto, tuvo poca casta y fuerzas. La faena careció por ello de emoción.

Se devolvió por su flojedad al inválido tercero. Salió en su lugar un sobrero de la misma ganadería. Liria saludó con verónicas ceñidas y remató hasta con tres medias ajustadas y de muy buen corte. Primera ovación realmente fuerte de la tarde. Manseó el toro en el caballo. Pero había quedado bien el astado. Lo entendió a la perfección el murciano, en una faena justa y medida, que fue a más siempre. Series diestras en las que tiró de su enemigo, llevándolo toreado y embebido en la muleta. Los de pecho tuvieron entidad y, sobre todo, poderío. Bajó algo de tono su quehacer por el pitón izquierdo, aunque lo suplió Pepín con entereza al no dudarle en ningún momento. El remate de la faena fue de nuevo por la derecha, con otra serie con intensidad y largura. Un circular de espaldas  encadenado a uno de pecho tuvo enjundia. Salió a por todas Liria, que agarró una casi entera.

Liria salió «arreando» en el sexto, un pavo de casi 600 kilos. A portagayola, pasando el morlaco a milímetos. Espeluznante el lance, que tuvo continuidad en dos largas cambiadas y en verónicas llenas de emoción, rematadas con una media y una revolera muy buenas. Tercio memorable el que protagonizó José Bernal encima del caballo. Parecía que el toro iba a tener recorrido. Engañó a todos y al propio torero. Liria únicamente pudo destacar en una primera serie diestra, porque el toro se rajó, se aculó en tablas y se defendió. Dejó todo en el caballo. Tuvo que embestir Pepín. Al final, antes de entrar a matar, el de Salvador Domecq se echó. Una pena, porque vino a por todas el murciano.

 

 

 
©PortalTaurino, SL Pastor y Landero, 6-4º  41001 Sevilla España Tel: (34) 670 821516