GANADERÍAS DE ANDALUCÍA
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Ficha Técnica
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 27 de abril de 1997

Crítica de la prensa

Ganadería: Torrestrella

Novilleros: Morante de la Puebla (3 pinchazos y estoconazo, silencios; estoconazo en su sitio, oreja y vuelta,ovación al toro). Luis Mariscal (recibió a portagayola, estoconazo un poco tendido, dos orejas; estocada y descabello, ovación y palmas al toro). Antonio Losada (media estocada tendida y siete intentos de descabello, silencio; estocada y aplausos)

Picador que destacó: ---

Banderilleros que saludaron: ---

Presidente: Francisco Teja

Incidencias: al primero de la tarde se le rompió el pitón derecho al derrotar en el burladero

Entrada: tres cuartos

Tiempo: sol y bueno


CRÍTICA DE LA PRENSA

EL PAÍS. Antonio Lorca

Un novillo bravo. Salió un novillo bravo al ruedo de la Maestranza y la fiesta alcanzó una belleza  indescriptible. El animal se llamaba Pobrecito, pero era rico, rico en presencia, bravura y nobleza. El toro   con el que sueñan los toreros en las noches de insomnio. La lotería le tocó a un novillero artista, Morante  de la Puebla, y no la aprovechó. Un triste gaje del oficio que lamentará de por vida.

Pobrecito no dejó de embestir desde que salió hasta que murió bravamente en los medios. Acudió largo al  capote, derribó con estrépito en la primera vara, y metió los riñones con fuerza y codicia en la segunda;  persiguió con extraordinaria alegría en banderillas, y, cuando vio la muleta, se la quería comer. Un novillo   bravo y noble que mereció el honor de la vuelta al ruedo, pero el presidente no se lo concedió. El hombre  no está acostumbrado a tales acontecimientos y se le fue el santo al cielo.

Es de suponer que el novillero aún estará lamentando su suerte. Morante tiene hechura de torero caro, y  le adornan sobradas cualidades artísticas. Así lo demostró en su primero -un novillo que no le permitió  faena al partirse un pitón- al que toreó primorosamente a la verónica; volvió a trazar capotazos hondos y   largos en el cuarto, pero no entendió nada con la muleta en las manos. Comenzó la faena doblándose con  torería y ahí se acabó la historia. Las tandas resultaron sosas y frías, los pases eran muy cortos y,  desbordado por la embestida del animal, buscó las tablas para poner fin a una labor muy por debajo de las  condiciones del novillo. Mató bien, le dieron una oreja, pero perdió las dos y la oportunidad de hacer  historia con un toro irrepetible.

Luis Mariscal es un joven sobrado de técnica que pide a gritos la alternativa. Le cortó las dos orejas a un  novillete artista, nobilísimo, en una pelea desigual. Mariscal parecía Gulliver y el toro un liliputiense. Y la  faena, trazada con gusto y con tandas largas y ligadas, careció de emoción. El quinto no quiso pelea y le   cerró la puerta del Príncipe, que tenía entreabierta.

Antonio Losada pasó desapercibido. Es verdad que tuvo peor suerte con sus novillos, pero tampoco su  toreo brilló por su especial personalidad.

 

 

 
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