Domingo,
21 de septiembre en la Maestranza: Abellán deja estela de novillero de lujo en su debut
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Crónica de El País
Ficha Técnica
Novillada en la Real Maestranza de Sevilla
Tarde del domingo, 21 de septiembre de 1997
Ganadería: Laurentino Carrascosa. Bien presentados, mansos y
sosos
Novilleros:
Tiempo: bueno, calor
Entrada: Menos de media entrada.
Olor a
torero. ANTONIO LORCA(El País) .
Miguel Abellán desprende un fuerte olor a torero. Si será o no figura
nadie lo sabe, pero su debú en la Maestranza ha dejado una estela de novillero caro.
Los aficionados captaron enseguida a una figura en ciernes; es tanta la
vulgaridad imperante, que sorprende el buen toreo. Así ocurrió desde que Abellán se
hincó de rodillas y recibió a su primero con dos vistosas largas cambiadas; después
lanceó a la verónica con lentitud, las zapatillas quietas y gusto exquisito. Volvió por
chicuelinas y, cuando tomó la muleta, ya se sabía que algo distinto estaba ocurriendo.
Comenzó con unos ayudados que fueron auténticos carteles de toros. El
novillo era blando y no aportó emoción, pero Abellán se lo pasó muy cerca, en pases
largos y lentos. Se tiró derecho como una vela y dejó una estocada trasera que retrasó
la muerte del novillo y alejó la posibilidad de la oreja. Demostró, sin embargo, que
puede ser torero, porque le acompaña el valor, posee una pasmosa facilidad para la
ligazón y su toreo encierra la estética que produce la quietud y el respeto a los
cánones.
El quinto no fue como el segundo y se paró pronto. A pesar de ello,
Abellán lo recibió con dos largas cambiadas y unas verónicas de enorme torería y
profundidad. Participó en quites y sorprendió con unas talaveranas de gran quietud. La
labor con la muleta no pudo alcanzar la altura deseada porque las pocas fuerzas de su
oponente no le permitían seguir al engaño. Sin embargo, dejó el sabor de un toreo nuevo
por desconocido.
José María Bejarano tuvo la peor suerte con dos novillos inservibles,
mansos y descastados. A pesar de ello, dejó claro que está muy toreado y que posee valor
y pundonor; tiene planta y maneras de torero serio y con posibilidades para el futuro.
A Barea le tocó el novillo con más acometividad y lo desaprovechó con
un toreo moderno y superficial. Cuando intentaba un natural sufrió una espeluznante
voltereta de la que salió dolorido. Con la cara desencajada consiguió -lo que es la
vida- unos naturales espléndidos, pero ya era tarde. En el último, que tenía recorrido,
tampoco superó la prueba.
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