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NOVILLADA
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del domingo, 11 de mayo 1997
Crítica de El País
Ficha Técnica
Novillos: de Peñajara.blandos
y descastados
Novilleros: Eugenio
de Mora: palmas en los dos. Carlos
Pacheco,: silencio y ovación. José
Borrero: aviso y silencio; silencio.
Entrada: media
EL PAÍS. Antonio Lorca
Novilleros sin alma. Los novillos de Peñajara no
ofrecieron facilidades para el triunfo; no desarrollaron una nobleza de carril que permita
a los toreros ejercitar «todo el toreo que llevo dentro», que dicen ellos.
Los novillos eran toros, lo que impone un respeto, y fueron mansos, con
genio y, además, se rajaron en el tercio final. En casos como éste, la supuesta torería
que se lleva dentro se guarda para los restos. Es decir, que la mayoría de los novilleros
modernos no están hechos para las dificultades; muchos ni para los toros bonancibles,
pero ése es otro cantar.
Con novillos como los de ayer hay que mostrar ganas de ser torero, hay
que dejarse la piel en el albero porque así se les exige a quienes pretenden alcanzar
algún día el título de figura del toreo.
Pero seguro que eso sería antes. Lo de ahora es muy distinto. Ahora,
muchos novilleros llevan la derrota dibujada en la cara, torean sin alma, se muestran
frágiles y no destacan, precisamente, por su torería. Así ocurre lo que ocurre, y
culpan a la mala suerte o a la negativa condición de los toros.
Eugenio de Mora tuvo el único novillo noble y no se dio por enterado.
Lo había desbordado con el capote, y con la muleta desarrolló un toreo superficial, sin
temple ni mando, más preocupado de la postura que de la calidad de los pases. Además,
utiliza el pico de la muleta que es un primor. Su labor resultó anodina, a pesar de que
la banda de música se empeñó en acompañar lo que no debe tener más acompañamiento
que el silencio. El primero también embistió y el novillero hizo un toreo rápido y sin
contenido.
Borrero está muy verde. Y lo que es peor, el ánimo, muy justo; y pocas
ideas le acompañan. Lo de matar tampoco va con él.
Carlos Pacheco no pudo torear con la muleta porque sus dos novillos se
pararon en seco. Fue el único torero, sin embargo, que buscó el triunfo e hizo por
sobreponerse. Estuvo muy variado con el capote y participó en quites y lo intentó de pie
y de rodillas.
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