Corrida
de ANDE: Tomás Campuzano corta dos orejas en Sevilla |
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Viernes, 9 de mayo 1997. Festejo organizado por la
asociación ANDE.
Ganadería: Joaquín Barral, bien presentados, blandos y sosos;
4º, encastado.
Diestros:
- Tomás Campuzano: pinchazo y estocada (ovación); estocada (dos orejas).
- Fernando Cepeda: estocada que asoma (ovación); casi entera (silencio).
- Rafael Camino: media (silencio); pinchazo y estocada (silencio).
Entrada: Lleno.
EL PAÍS. Antonio Lorca
Un presidente festivalero. Sevilla La plaza de
toros de Sevilla estaba de bote en bote. Sin embargo, no era Feria de Abril ni se
celebraba festividad alguna; incluso, el cartel contenía escasos atractivos. Pero el
misterio tiene una sencilla explicación: las entradas eran regaladas, de donde se deduce
que a corrida gratis no le mires el cartel.
La Real Maestranza había cedido el coso a la asociación benéfica
ANDE, que organizó la corrida y repartió las invitaciones entre personas de la tercera
edad y minusválidos. Así las cosas, nunca debió ser una corrida lo que se diseñó como
un festival, pero, al final, el único festivalero fue el presidente del festejo.
Los toros lucieron una más que correcta presentación; los toreros
estuvieron a la altura que de ellos se espera; el público, mucho más serio de lo que
cabía suponer, y el que naufragó es quien tenía que velar por la integridad y la pureza
del espectáculo. El presidente -que no pertenece al cuerpo de policía sino que es un
aficionado- erró al no devolver al tercero, un inválido de libro, sólo porque hubo
pocas protestas, y se equivocó gravemente al conceder dos orejas de pueblo en la
Maestranza a un torero que no las mereció.
Campuzano estuvo valiente y decidido toda la tarde, buscó el triunfo
con afán, pero su toreo no estuvo a la altura de su ambición. Se justificó ante su
descastado primero, al que robó algunos muletazos por su cercanía de los pitones, y se
encontró después con un manso encastado que embistió repetidamente a la muleta.
El diestro presentó pelea, pero no dominó. Su labor fue rápida,
superficial y efectista. Tres molinetes encandilaron al público, y una estocada de
efectos rápidos pobló los tendidos de pañuelos. El presidente hizo el resto y dejó por
los suelos el prestigio de la plaza.
Los toros colaboraron poco, y se encontraron con dos toreros que no
están sobrados de ánimo y se les nota la derrota a flor de piel. A Cepeda le molestaron
el viento, sus oponentes, que no le ayudaron, y su conformismo. Su actuación fue gris. Y
del mismo tono oscuro fue la de Camino, que no pudo dar ni un pase al inválido tercero, y
no se confió nada con el deslucido sexto. La verdad es que no expuso un alamar, y ni
siquiera consiguió justificarse.
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