|
|
|
Real Maestranza de Sevilla
Novillada, 4 de mayo de 1997
Crítica de El País
Ficha Técnica
Novillos: Torrealta,
desiguales, mansos y blandos; 5º, encastado y noble.
Novilleros:
Chicuelo:
tres pinchazos y estocada trasera (silencio); pinchazo y estocada (silencio)
Morante
de la Puebla: dos pinchazos y estocada (palmas); dos pinchazos, estocada, descabello -
aviso -, y dobla el novllo (ovación)
Álvaro
Acevedo: estocada (silencio); estocada (silencio).
Entrada: media plaza
EL PAÍS.
Antonio Lorca
Nadie se enfada. Los novilleros se
lamentan de las escasas oportunidades que se les ofrecen. Pero muchos de ellos harían
bien en callarse; por ejemplo, los tres que actuaron ayer en la Maestranza. No tiene
explicación que desaprovecharan una oportunidad de oro. Pero así debe ser la vida de
torero: meses y meses de preparación, recomendaciones en los despachos, oraciones a todos
los santos, y una tarde llega el toro y lo descompone todo y se va al desolladero con las
orejas colgando.
Lo más inexplicable, sin embargo, es que nadie se enfade;
ni siquiera, los toreros, y eso es gravísimo. Ayer, no se enfadó ninguno y así les fue.
Uno, Chicuelo, frío y con el ánimo corto; el segundo, Morante de la Puebla, compuso bien
la figura pero se olvidó de torear, y el tercero no estaba recuperado de la lesión que
se produjo el sábado en Las Ventas.
A Chicuelo le molestó el viento, pero su auténtico
problema fue su conformismo. Es novillero poco experimentado, tiene gracia heredada, pero
no muestra interés en comerse el toro. Unos naturales y pare de contar ante el noble
primero, y mucha desconfianza en el cuarto.
Morante de la Puebla ha tenido la mala suerte de que le han
tocado dos excelentes novillos dos domingos seguidos y los dos los ha desaprovechado. Este
torero tiene delito. Su segundo, un manso encastado, embistió repetidamente y con nobleza
a la muleta. Morante pasó el apuro como pudo, a merced del novillo, en una labor
desordenada, con algún pase aislado en un conjunto cuajado de defectos; en el otro, más
soso y aplomado, tampoco se enfadó lo más mínimo.
Acevedo no estaba totalmente recuperado de la lesión y
pagó las consecuencias. Se mostró muy desconfiado. Su primero, soso, no dejó de
embestir y el torero no le plantó cara; en el último se justificó, pero ya no merecía
la pena.
|
|