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Corrida de la Prensa
REAL MAESTRANZA DE SEVILLA
Tarde del 1º de mayo de 1997
Ficha técnica Crítica de ABC Crítica de El País

Ficha Técnica

Ganadería: Sánchez Ybargüen. Bien plantados y presentados, nobles, que flaquearon

Diestro: Pepín Liria los seis. 1º: más de media estocada, oreja, resultó cogido. 2º: Media estocada y dos intentos de descabello, pitos al toro, silencio. 3º: Recibió muy bien a portagayola, buena estocada, oreja. 4º-bis: 1er. sobrero, puntazo, estocada trasera y caída de efecto radical, palmas. 5º-bis: 6º, estoconazo un poco contrario, pitos al toro, aplausos. 6º: 2º sobrero, recibió a portagayola, estocada en su sitio, oreja. Salió por la Puerta del Príncipe.

Picador que destacó: ---

Banderillero que saludaró: Santi Acebedo

Presidente: Francisco Teja

Incidencias:

  • El matador fue cogido en el primero de la tarde, tras la estocada, con pequeña herida en la frente. Continuó la lidia.

Entrada: más de tres cuartos

Tiempo: sol y calor 


EL PAÍS. Antonio Lorca

Pepín Liria, por la Puerta del Príncipe.

Pepín Liria se encerró con seis toros, cortó tres orejas, salió por la Puerta del Príncipe y no hizo faena. ¿Se puede salir en triunfo así? A la vista está que se puede, y es claro que se debe.

Y se debe porque el diestro protagonizó una interesantísima tarde de toros a pesar de la nula colaboración de sus oponentes y de su escaso repertorio como torero. Los toros sólo lucieron presencia -menudo trapío el del tercero, con una arboladura impresionantemente astifina-, y les faltaron las fuerzas y la casta; es decir, casi todo lo imprescindible para que sea posible el toreo.

¿Qué se premió, entonces? Pues, nada más y nada menos que el valor en su plena dimensión, los desbordantes deseos de triunfo y pinceladas de buen toreo a la verónica y al natural. Pero, por encima de todo, Liria demostró una entrega inconmensurable. Se jugó la vida sin cuento y se le premió merecidamente con el más alto galardón que se le ofrece a los toreros que son capaces de crear emoción.

Y Pepín Liria emocionó de principio a fin, con un esfuerzo sin precedentes ante la escasísima colaboración de los toros de Sánchez Ibargüen. Su lucimiento fue su valor, su disposición, su cercanía de los pitones, el desprecio al peligro, y que no se desesperó en una corrida que pudo ser desesperante.

Con ese hambre de triunfo no es difícil emocionar y protagonizar momentos inolvidables. Como, por ejemplo, su forma de matar volcándose literalmente en el morrillo de los toros, y que le costó una impresionante voltereta en su primero. Estuvo a merced del toro unos segundos interminables que hicieron presagiar una inevitable cornada. Por fortuna, los pitones sólo le destrozaron la taleguilla.

Inolvidables sus largas cambiadas a porta gayola al tercero y al sexto, y su toreo a la verónica ajustado y templado en el primero, en el quinto que fue devuelto y en el último. No hubo variedad con el capote, pero tampoco los toros lo permitieron, y a duras penas aguantaron los primeros capotazos antes de doblar las manos en la arena.

Y se inventó las faenas con la muleta a base de valor y de pasarse los pitones muy cerca de los muslos. De este modo, arrancó naturales largos a su primero, al que consiguió embeberlo tras un trasteo inteligente; desistió pronto ante el soso segundo, se jugó la vida ante el imponente tercero, lo intentó contra todo pronóstico ante el soso cuarto, asustó al manso y deslucido quinto y aguantó estoico las tarascadas del sexto. Al final, montó la espada, se fue derecho como una vela hacia los pitones y el toro cayó redondo. La emoción seguía cuando se lo llevaban a hombros por el paseo de Colón. 


ABC. Fernando Carrasco

Pepín Liria apostó su vida y ganó la Puerta del Príncipe.

Un total de tres orejas fueron el aval necesario para que Pepín Liria, que se encerró en solitario ayer en la Real Maestranza, saliese a hombros por la Puerta del Príncipe. Sus armas, un valor sin límites, un aguante fuera de lo común y una decisión impresionante al matar. La pena, que los toros de Sánchez Ybargüen, bien presentados, no rompiesen. Bajos de casta, justos de fuerza y con peligro, no contribuyeron al lucimiento estético.

Pepín Liria salió ayer por la Puerta del Príncipe de la plaza de toros de la Real Maestranza en solitario. Tras dos horas y media, había recibido de capa a ocho toros –dos de los titulares fueron devueltos tras entrar al caballo–; había aguantado lo indecible en cada toro y se había tirado a matar o morir –impresionante la voltereta recibida en el primero; un milagro que no le hiciese nada– en los seis astados. Desgraciadamente, no hubo faenas, no pudo haberlas, en el sentido estético de su concepción actual. Los toros de Ramón Sánchez Ybargüen anduvieron justos de fuerzas, bajos de raza y desarrollaron peligro en líneas generales. Sorprendió la gran entrada que registró ayer la plaza sevillana en la corrida a beneficio de la Asociación de la Prensa de Sevilla. Más de tres cuartos de entrada. De acuerdo que era de abono, pero el público respondió ayer. Había ganas de ver toros pero, desgraciadamente, no hubo lugar a ello. Los toros no dieron el juego apetecido. Bajos de casta, justos de fuerza, se pararon en su mayoría y también desarrollaron peligro. No acabó ninguno de romper. Sorprendió el tercero, un castaño impresionante de hechuras y con una arboladura espeluznante.

Fuerte ovación para Liria antes de salir el primer toro, siendo obligado a saludar el murciano. «Feligrés» abrió plaza. Pepín lo recibió con verónicas de buen corte, pero el de Ybargüen manseó y se fue. Justo de fuerzas, el tercio de varas fue casi testimonial. Liria comenzó la faena con un tanteo por el pitón derecho para, después, basar su quehacer con la zurda. El toro, con buen fondo, tenía las fuerzas justas. Las series no resultaron ligadas. Pepín fue sobando al toro poco a poco, arrancándole pases muy meritorios. Pero el toro se iba quedando debajo. Estuvo bien el murciano. Se perfiló a matar. Entró por derecho, a matar o morir, y fue empitonado de manera espeluznante para después volver el toro y hacer por el diestro. Parecía que había cornalón. Se levantó Pepín con toda la taleguilla destrozada, pero no le había calado. Un auténtico milagro. Primera oreja y puerta a la esperanza.

«Afinador»

Segundo de la tarde, fue un toro serio, de mucha presencia en el ruedo pero que nunca acabó de entregarse. Arremetió al picador que hacía puerta. Esperando y parado en banderillas, al primer muletazo de Pepín en el que le bajó la mano, el toro perdió las suyas. Hizo bien Liria en abreviar.

«Goloso»

La gente esperaba a «Goloso», del que tanto se había hablado. Y Pepín se fue para la puerta del chiqueros. Run-run de expectación y posterior silencio cuando se adivinaba el final de un negro túnel por el que saldría el toro. Liria arrodillado y el de Ybargüen que sale. Impresionante cornamenta, con un pitón derecho que tocaba prácticamente el cielo. Se le paró a unos metros y el de Murcia no se movió. Fueron segundos que se eternizaron hasta que el toro se arrancó y Liria le vació el viaje de forma extraordinaria. Ya de pie, verónicas rematadas con una media y una revolera que pusieron a la gente en pie e hicieron sonar la música. Le dieron fuerte a «Goloso» en el caballo, que llegó con las fuerzas justas al tercio final. Liria no acabó de cogerle el aire por el pitón derecho, ya que lo toreaba muy en corto. Por el izquierdo, al natural, le aguantó, no se inmutó cuando el astado se le paró debajo y le robó muletazos que, sin ser de calidad, sí tuvieron la verdad del aguante. Estoconazo entrando a por todas y oreja para Pepín.

A partir de ese momento, la tarde se vino abajo. El cuarto, al que lanceó a pies juntos y se le quedó debajo, se lesionó tras entrar al caballo y fue devuelto. El primer sobrero, más gacho que sus hermanos, no contribuyó al lucimiento. Sin fuerzas, parado y andando más que embistiendo, hizo que Pepín no pudiese sacar prácticamente partido en una faena tesonera, muy en corto, llegando a ahogar a veces las embestidas y alargándola sin sentido. Fue aplaudido.

Se repitió la escena en el quinto, al que recibió con una larga cambiada al hilo de tablas y con verónicas muy apretadas pero que, tras el puyazo, fue devuelto. Se corrió el turno y salió el previsto en sexto lugar, un toro que se frenó, buscó al torero y casi le puede. Tras el tercio de varas perdió las manos. Muy bien lidiado por Curro Molina, el de Ybargüen llegó a la muleta tragándose el primero pero luego quedándose debajo. A éste le dio el murciano, que había brindado al público, más distancia, pero de nuevo tuvo que conformarse con tragarle y robarle los muletazos. Como un cañón detrás de la espada, dejó una estocada y fue ovacionado.

A portagayola

Quería Pepín abrir la Puerta del Príncipe. Y por eso se fue de nuevo a la puerta de chiqueros y lanceó entre verónicas y chicuelinas y el clamor de la gente. Cuidó al toro en el caballo, se lo brindó a Francisco Rabal y comenzó la faena en el centro con un pase cambiado por la espalda. La gente estaba con el torero. Pero el toro se había quedado parado y con peligro, puesto que buscaba al torero. Por eso, el de Murcia de nuevo derrochó valor a espuertas. Le robó los muletazos, se la jugó sin cuento y se metió entre los pitones. De nuevo una estocada a ley, de las que de por sí solas valen una oreja, que pidió, repito, mayoritariamente el público y que el presidente no tuvo más remedio que conceder. Puerta del Príncipe para el valor, el aguante y la forma de matar de Pepín Liria. 


Meridiano (Caracas)

Solo en la Maestranza. Pepín Liria abrió la Puerta del Príncipe (de EFE) http://www.meridiano.com.ve/paginas.html/toros3.html OTRAS NOTICIAS TAURINAS

 

 

 
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