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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE SANTANDER
Tarde del viernes, 27 de julio de 2001
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Victorino
Martín, Sin presencia ninguna. Flojos. 3º, noble. 1º, abecerrado.
Resto, anovillados. Sospechosos de pitones.
Diestros:
-
Ruiz Miguel,
cuatro pinchazos, entera (palmas). Nueve pinchazos, dos descabellos
(bronca).
-
Pepín Liria, estocada
contraria, rueda de peones (leve petición, vuelta). Media caída y
tendida. Rueda de peones, descabello (palmas).
-
Juan
José Padilla, media atravesada. Rueda de peones, dos descabellos
(vuelta). Estocada ladeada (dos orejas). Salió por la puerta
grande.
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC,
El Mundo
El País.
TOMAS BLANCO. Padilla abre la puerta grande
Juan José Padilla reapareció sin aparentes mermas físicas. No
entraba en la cabeza de la afición su presencia tras la gravísima
cogida que infringió un miureño en la Feria de Pamplona. Su
raza, su valor, honradez y entrega le han abierto la puerta grande.
Para tal evento Victorino Martín se trajo un saldo con presencia de
becerretes que, aunque listos, no habían pasado de 3º de ESO. Un epílogo
light para una feria sin emoción, que un año más defraudó al
aficionado.
Padilla, ausente durante la lidia de los dos primeros toros, salió
de la enfermería donde estaba recluido a por todas. Con el que le
correspondió en suerte, ajustado por verónicas, algunas de calidad. No
se alivió y puso banderillas, el tercer par al violín, dignos los
tres. Brindó y se fundió en un abrazo con su apoderado. Su faena, con
dos series templadas y de calidad con la derecha, llevó la emoción a
los tendidos. Se apagó el toro y recurrió a lo festivalero. En el que
cerró festejo y feria, vulgar con el capote. Vulgar con las
banderillas. Faena de comienzo rodilla en tierra. Se olvidó de la
templanza y el sosiego que lució ante su primer enemigo. Despegado,
arrollado y tropezado, se perdió en trapazos, arrimones y desplantes,
que enloquecieron a los tendidos. Se ganó el respeto de todos.
Francisco Ruiz Miguel, en otras décadas grande entre los grandes,
conserva aún el aroma de torero. La experiencia de tantas batallas le
otorgaron la categoría de maestro. El tiempo no pasa en balde. Su
grandeza se disipó ante dos alevines de toros que le tocaron en suerte.
Aliviado, movido, sin recursos, sin fuerzas, asustado y a merced de sus
dos oponentes. Patético. La mítica imagen de Ruiz Miguel y los victorinos
quedó pisoteada. Tuvo que conformarse el maestro con los aplausos
que le dedicaron algunos aficionados por el respeto a su trayectoria.
Los años hacen empequeñecer hasta el corazón de los grandes
guerreros.
Pepín Liria consintió a sus subalternos una horrible lidia en su
primero. Faena a la carrera. Línea de trapazos que llegó a los
tendidos, a pesar de la ridícula presencia del toro y las distancias
que guardó el torero. Incomprensible e impasible altitud en el quinto
de la tarde, ante el peligro cierto al que estuvo sometido su picador
tras derribo de caballo y caballero, papeleta que solventó Padilla. Con
la franela, sin gusto, retorcida hasta la exageración, enganchado y
arrollado.
Éste fue el punto final de una feria en la que, como siempre, faltó
el toro. Cuándo se enterarán los responsables que la importancia y
categoría de una feria la pone el toro y no los trofeos que,
inmerecidamente, consiguen las figuras delante de conejos. Este año
fallaron hasta las figuras.
ABC.
SUÁREZ GUANES. Apoteosis de
Juan José Padilla
Juan José Padilla reapareció en Santander a las dos semanas de su
gravísimo percance de Pamplona. Esta gravísima cornada no le ha dejado
la menor huella. En la última tarde de la Feria de Santiago ha tenido
una actuación apoteósica. Toreó francamente bien a la verónica a sus
dos toros y realizó dos aplaudidísimos tercios de banderillas, siendo
un par al violín al tercero el más destacado de los seis que puso.
No cortó orejas en su primer toro, pero estuvo a mayor altura que en
el del triunfo. Además de en los lances previos y dos rehiletes se había
lucido en unas rogerinas. Realizó una faena valerosa, pero en la que
hubo muy buenos pasajes de toreo, especialmente en una tanda de
derechazos. No podemos desdeñar tampoco algunos pases de pecho y tal o
cual natural aislado. Los dos descabellos, tras la estocada, le privaron
de la oreja. En el sexto fue todo entusiasmo. Más centrado en la
primera parte del trasteo que en la segunda. Pero siempre existieron
agallas, valor y deseos de agradar. La gente estaba con él y, cuando
agarró una eficiente estocada, pidió y consiguió las dos orejas, que
le abrieron la puerta grande ante una gran emoción del diestro. Esa
emotividad ya se había palpado mientras toreaba y la transmitió
totalmente a los asistentes.
Pepín Liria anduvo muy valiente en sus dos toros. Más eléctrico y
rápido en su primero, al que mató con eficacia, pero un punto bajo. En
el quinto se serenó más, sacó muletazos de mejor son, pero al final
el trasteo se difuminó.
Ruiz Miguel no tuvo una tarde afortunada. Tropezó en primer lugar
con un toro flojo y con poca casta. No se acopló para nada con él. No
recordó al gran Ruiz Miguel de tantas tardes. En el cuarto decidió
echar las tres cartas y, encima, estuvo desafortunadísimo con el
verduguillo. Brindó este toro a sus compañeros: ¿será ésta su última
tarde?
Al salir de la plaza recordamos la gesta de Padilla, pues gesta es
salir, después de aquel cornalón de Pamplona, a una plaza de toros y
con una corrida de Victorino, como si no hubiera pasado nada. Al
terminar la Feria de Santiago, que da nombre al abono santanderino, sólo
se nos ocurre un grito de guerra similar al que antaño se daba en las
batallas de la Reconquista: ¡Padilla y cierra España!
El Mundo.
INDALECIO SOBRINO.
Padilla, gesta y puerta grande
En esta última corrida de la Feria de Santander reaparecía Juan José
Padilla, después de la espectacular cogida que tuvo en Pamplona hace
tan sólo 15 días, donde un miura a punto estuvo de degollarle. No acusó
en absoluto ni en la forma ni en la moral la cercanía y la aparatosidad
del percance. Bulló toda la tarde, puso banderillas a sus dos toros,
con suerte diversa, y salió triunfador de la corrida y del ciclo.
Al principio, Padilla nos sorprendió con unas verónicas de recibo a
su primero de excelentísimo corte, sorprendente en este torero. Le
correspondieron dos de los tres mejores toros de la tarde y, la verdad,
aunque estuvo animoso no se encontró a la altura de los dos victorinos,
sobre todo en el sexto, al que toreó algo distante. A pesar de todo, el
público que estaba lanzado, tras un bajonazo atravesado, le concedió
las dos orejas.
La corrida de Victorino Martín despertó inicialmente las iras de
los aficionados por la penosa presentación de los dos primeros astados,
muy flojos de cuerna. El primero lucía una pobrísima cabeza con un pitón
que semejaba a una escoba gastada. Después subió el nivel en el
tercero, quinto y sexto. Como es habitual en esta divisa, dieron un
juego muy variado. Desde el complicado cuarto hasta los buenos tercero,
quinto y sexto; y un segundo muy encastado. Todos ellos, salvo el último,
tomaron dos puyazos.
Ruiz Miguel está claro que acusó su prolongada inactividad. Cierto
es que le correspondió el peor lote con un segundo ejemplar cercano a
las famosas alimañas, pero también lo es que en otros tiempos el
especialista en este tipo de corridas se mostraba con más autoridad. En
el segundo de su lote dio un auténtico mitin con la espada: un sinfín
de pinchazos y metisacas al pescuezo. Entre los pitos de despedida se
mezclaron algunos aplausos de justo reconocimiento a la trayectoria
ejemplar de este torero.
Lo mejor de Pepín Liria en su primer toro fue la estocada cobrada a
ley. El de victorino se hizo el amo, pese a la rechifla que provocaba
inicialmente su deficiente presentación, y Liria lo muleteó sobre las
piernas en un sinfín de regates. El quinto derribó espectacularmente,
y en la arena volteó repetidamente al caballo. Al final resultó un
gran morlaco para la muleta, y el trasteo del murciano fue movido y
vulgar, mostrándose muy por debajo de las condiciones de toro. Y por
encima de todos, la disposición de Padilla, su gesta y su Puerta
Grande. |
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