GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE SANTANDER
Tarde del viernes, 27 de julio de 2001
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Antonio Bañuelos, impresentables, sospechosos de afeitado. 1º devuelto por inválido y sustituido por otro del mismo hierro. El resto rozaron la invalidez. 4º aplaudido en el arrastre.

Diestros:

  • Enrique Ponce, media trasera y tendida, rueda de peones, nueve descabellos -aviso-, tres descabellos, se echa el otro (silencio); dos pinchazos -aviso-, dos pinchazos, bajonazo delantero (ovación y saludos).

  • El Juli, pinchazo, estocada trasera (ovación y saludos); cuatro pinchazos, bajonazo -aviso-, un descabello (división). 

  • Francisco Marco, dos pinchazos, entera, descabello (ovación y saludos); tres pinchazos, estocada caída, descabello (ovación).

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa:  El País, ABC, El Mundo


El País. TOMAS BLANCO. Torero y pico

Durante la faena pinturera, estética y vacía de contenido de Enrique Ponce a su segundo oponente, los tendidos se dividieron en dos bandos, el de los poncistas, llenos de frenesí, aplaudían y aclamaban; el otro, menos numeroso, achacaba al diestro de Chivas su sinsustancia. El gracejo, la chispa de un aficionado neutral puso fin a la disputa: 'Templarse, señores, que ambos bandos tienen razón, Ponce es algo más que un torero, es torero y pico'. Todos contentos.

Es la ganadería de don Antonio Bañuelos un sucedáneo norteño de la de Torrealta, sus toros pastan en la provincia de Burgos. Anunciados el año pasado, casualmente con las dos figuras que ayer hicieron el paseo, sus toros fueron rechazados en el reconocimiento. Parece ser que un electrónico apagón dejó a oscuras los corrales, porque la cosa no quedó clara. Hubo declaraciones para todos los gustos.

Don Antonio este año estaba exultante. Declaró a los medios que hasta seis veces los mentores de las figuras habían ido a su finca a repasar la corrida. No habría problemas. Tanto repasó dejó a los animales listos para la comedia.

La fiesta está llena de repasadores. Existen categorías como en todos los estamentos sociales. Los que más reparan y los más famosos son los conocidos por los tres uno. Este gremio, sin epígrafe conocido, se despierta ganadero, almuerza como empresario y se acuesta como apoderado. En estos tiempos que corren hay un nuevo tipo de raparadores, los familiares de las figuras.

Enrique Ponce, patético en su primero. Con el que cerró visita, fino estilista, guardando las distancias con la derecha. Gazapeó el maestro por naturales. Caché de figuras, faena de pegapases.

El Juli, figura por la gracia mediática, entrega cuanto lleva cada tarde, no importando nombre o categoría de la plaza. Todo lo quiere hacer, todo lo intenta. Su raza, casta, entrega, valor. Su conocimiento de las reses, de los terrenos y las suertes saltan todas las tardes a escena. Pone en marcha la maquinaria para saldar su carencia de hondura, naturalidad y calidad en el toreo fundamental. Ayer el intento fue fallido, vulgar, bullidor, sin más.

Francisco Marco, en el último de la tarde, hizo lo de mayor enjundia del festejo. Demostró que con oportunidades puede estar en el escalafón.


ABC. SUÁREZ GUANES. Corrida de decepción con tres toreros que fallaron a espadas

El tópico de corrida de expectación es corrida de decepción se cumplió una vez más. Por la mañana, me dijo un taxista -luego lo pude comprobar en la plaza- que se había agotado el billetaje para ver juntos a Enrique Ponce y a El Juli. El cartel, además, lo completaba un torero navarro -Francisco Marco- que se ha criado en la cántabra marinera e industrial Santoña, a dos pasos de Laredo, Colindres y Limpias. En el corazón marítimo de la vieja Montaña.

Los tres toreros anduvieron en tonos correctos. Incluso habrían cortado alguna oreja de no haber estado de lo más desacertados con los aceros. Enrique Ponce, concretamente, estuvo desdichado a la hora de descabellar.

Seguramente lo mejor de la tarde lo hizo Francisco Marco en el que cerró plaza. Ejecutó naturales y derechazos acabadísimos, e incluso alguna serie entera, se adornó con gusto y hubiera sobrevenido, quizá, la oreja de no haber llegado la sangría de pinchazos que necesitó para acabar con la res. En su primero, Marco se caracterizó por su total entrega, hasta el punto que entre cogidas y conatos de ellas llegaron tres, afortunadamente sin consecuencias. Había veroniqueado con bien -con remate de dos medias de rodillas- y con la flámula destacó en un par de series de derechazos.

Enrique Ponce vio cómo le devolvían el que abría plaza, ya en banderillas, por su mucha flojera. Con el toro reserva -con el que había pasado sin hacer nada con el capote- empezó su labor andándole bien. Instrumentó dos series eléctricas y una tercera realmente buena. Pero empezaron las pausas, no encontró el entente, sacó genio la res, se decidió a cortar por lo sano y luego llegaría el mitin con el verduguillo, del que hablábamos antes.

En el cuarto encontró momentos lucidos. Se le vio su habitual oficio y técnica, hasta que tuvo que recurrir al unipase al empezar a tardear la res. Al fallarle la espada, se olvidó lo que pudo haber de positivo en su discontinuo y largo trasteo.

El Juli hizo un precioso quite por chicuelinas a su primero. Banderilleó con sus habituales recursos. Empezó su labor muleteril genuflexo y echando al asunto sus reconocidas agallas. Aguantó alguna colada y, al quedarse el toro, no pudo andar de otra manera que dejar muestras de sus deseos. Meritorio en el sexto en todos los tercios. Como siempre. Sacó a relucir su casta y su afán. Se pasó de faena y falló repetidamente con la tizona.


El Mundo. INDALECIO SOBRINO. Corrida de decepción

Muy poca historia tiene la corrida de ayer en Santander. Suele suceder cuando un festejo despierta tanto interés. Desde hace tres días se había colocado el cartel de «no hay billetes» por primera y, suponemos, que única vez en la Feria, pero el espectáculo no pudo resultar más gris.

Muchos burgaleses se habían desplazado para ver el juego de los toros de su paisano Antonio Bañuelos. La corrida estuvo muy desigualmente presentada. Los tres primeros y el sexto, muy pobres de apariencia; el cuarto, un zambombo de más de 600 kilos, y muy bien presentado el quinto. De juego también fueron muy desiguales, destacando para el torero los lidiados en cuarto y sexto lugar.

La única vuelta al ruedo la dio in extremis el torero cántabro-navarro Francisco Marco. Muy entregado toda la tarde, animoso, el diestro inició su faena al tercero de rodillas, y el toro le achuchó y le propinó una aparatosa voltereta. Después, no hubo acople y con la espada no estuvo bien. En el sexto, las verónicas de recibo le resultaron vistosas y con la muleta inició muy bien la faena con una serie de redondos muy ligados y de planta erguida. Después, la cosa ya tuvo más altibajos, remontando al final con unos adornos rodilla en tierra que llegaron al graderío. La espada le privó de un triunfo mayor. Dos pinchazos y estocada caída dieron paso a una vuelta al ruedo.

Hacía mucho que no se escuchaba una bronca en esta plaza como la que soportó Enrique Ponce en su primero. La faena fue vulgar con un toro que no se acababa de entregar, pero lo malo vino con la espada y, fundamentalmente, con el descabello. No sé cuántas veces lo intentó hasta que el toro se echó de aburrimiento. Con el enorme cuarto, estuvo distanciado en una faena muy en la línea de la casa, con más estrecheces en los últimos muletazos. Parecía que esta vez iba a tocar pelo cuando se volvió a fallar a espadas. Varios pinchazos y una estocada muy caída acabaron con los casi 700 kilos de toro.

El Juli, como todas las tardes, salió decidido. Brilló con el capote, puso banderillas y este afán de espectáculo es algo que hay que agradecerle siempre a este torero. Después, con las banderillas estuvo desigual en sus dos ejemplares; y con la muleta, en el primero, que pegaba cabezazos por los dos pitones, lo arregló con un arrimón final. Con la espada necesitó un pinchazo y una estocada trasera de buena ejecución. El quinto era el mejor presentado del encierro. Comenzó con buen son, pero el toro se paró pronto y, al final, se rajó. Como la tarde iba de pinchauvas para no ser menos, estuvo fatal con la espada.

 

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