El Fandi, nuevo en la plaza de Santander, se trajo para este festejo
cosido al traje de luces el entusiasmo del que quiere llegar alto.
Entregó todo cuanto tenía: valor, variedad, maneras. Bullidor, alegre
y variado con el capote. Es en el tercio de banderillas, en el que, con
exposición y variedad, levanta a la plaza. Se vieron todos los géneros:
de poder a poder, de fuera adentro, la moviola y, por fin, el violín.
Lo del violín es el no va más; en los tendidos se pasaba del ¡huy! a
la ovación clamorosa.
Todo queda listo para sentenciar sus faenas, ambas de corte similar,
en las, que junto a pases y suertes de enjundia, siguen otras sin ritmo
ni ligazón. Adornado en exceso, su arrojo convenció a los presentes.
En resumen, le faltó quietud y le sobraron prisas.
David Luguillano, sin acoplamiento con el capote en sus dos enemigos,
con la frámula excesivamente rígido, falto de naturalidad. Más estético
que hondo. Dejó pinceladas de clase. Diluyó sus faenas entre paseos,
idas y venidas de la cara del toro a la raya del tercio en busca del
aplauso fácil. Superado por su primero, abusó del noble quinto, pero
sin convencer. Recurrió a la rodilla en tierra para calentar el
cotarro. Bien con los aceros.
Luis Miguel Encabo lució ante su primer manso capote de lidiador con
conocimiento de causa. Metido el burel en vereda tiró de variedad y
cantidad. Estuvo serio y con disposición en banderillas.
Con la muleta, a su primero, faena medida y de acuerdo con el estado
del carriquiri. Sosegado, valiente y templado por redondos.
Demostró que nada había que hacer por el pitón izquierdo.Con el noble
quinto, igual de bien con el capote, mandón, con ritmo y calidad con la
derecha. Bajó el nivel por naturales. Los adornos, los justos. Sus
ansias de triunfo le aceleraron a la hora de la suerte suprema, lo que
le privó de un merecido triunfo. Maduro, conocedor del estado de los
toros, pide paso en el carrusel de las ferias.
En definitiva, se trató de un epílogo feliz a la temporada
santanderina, que dejó en general buen sabor de boca entre los
aficionados, tanto en lo que se refiere a la presentación de los toros,
como a la actitud de los toreros.