GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE SANTANDER
Tarde del miércoles, 26 de julio del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de Montalvo, que sustituyeron a los anunciados de Antonio Bañuelos. 1º, 2º y 3º, justos de presentación, flojos, manejables; 4º, inválido; 5º y 6º, bien presentados.

Incidencias: 

  • Enrique Ponce, pinchazo, media trasera (ovación y saludos); trasera desprendida (ovación y saludos).

  • Víctor Puerto pinchazo hondo, dos descabellos (ovación y saludos); dos pinchazos, entera (vuelta al ruedo).  

  • El Juli, pinchazo, entera contraria, descabello (ovación y saludos); cinco pinchazos, casi entera (división de opiniones).

Entrada: casi lleno.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, El Mundo


El País. TOMÁS BLANCO.  ¿Qué quieren?

La verdad es que visto lo visto cabe preguntarse ¿qué quieren las figuras? Han tenido ante sí un encierro regularmente presentado y noble, sin problemas, con el público a favor y no ha pasado nada de nada. Lo único que les queda a estas figuras de papel es el recurso de usar la mano derecha. Y digo recurso porque ni con ella torean, se defienden sin más. Como suceda lo de hoy, que varios animales tenían su mejor recorrido, su mayor nobleza por el pitón izquierdo, amén de darse cuenta tarde, cuando utilizan esta mano, es para dar izquierdazos que no naturales, siendo enganchados, acosados y arrollados, no teniendo otra salida que utilizar el recurso de los derechazos para plantear faenas sin sentido, llenas de trapazos, largas en exceso, yéndose por último al arrimón para la galería o al adorno fácil que les pueda solventar la papeleta en estas ferias denominadas amables.

De esta falta de práctica con la mano izquierda bien pudiera tener la culpa el Reglamento por permitir usar la espada simulada. Si estos destajistas de la franela tuvieran que usar la tizona de verdad durante la faena no resistirían tanto, el peso de la muleta y de la espada se lo impedirían, y estarían obligados a utilizar la izquierda, salvo peligro de coger una tendinitis, y lo que es mejor, serían más cortas las faenas, no por falta de voluntad, que voluntad es lo que sobra y calidad es lo que falta, sino por fatiga en el brazo derecho. Esto serviría para aclarar una de las crisis que sufre el toreo por falta de la utilización de una mano.

Enrique Ponce, en esta su primera cita con la afición de Santander, ha demostrado una vez más que tiene su mente en otro sitio. Aburrido como siempre, hasta con el capote, se vio arrollado al torear al natural teniendo que volver a lo de nunca, al toreo despegado, sin transmisión, sin hondura, con el abuso del pico de la muleta que realiza con su mano derecha. Ponce no concibe una faena sin el uso del extremo de la misma. Temple no se le puede negar, la pena es que lo usa para sacar a los toros, no para traerlos. Como ni él mismo se llena con lo que hace se pasa de faena, teniendo problemas a la hora de la suerte suprema, en la que por cierto cada vez toma más precauciones. Hoy por fallarle, le ha fallado hasta la gracia. Sus dos faenas han sido un calco.

Víctor Puerto tiene otro concepto del toreo, pero no lo debe tener claro del todo. Ha sido tanto lo que ha intentado y lo que no ha terminado que sus dos faenas han sido un trajín continuo de pases sin sentido, cortando las series sin venir a cuento, intercambiando pases por alto, molinetes, redondos y un largo etcétera, recurriendo a un arrimón para poder llegar a los tendidos. Valor, honradez y entrega nadie se lo puede discutir. Pero hoy en Santander Puerto no ha toreado.

El Juli lleva la alegría a los tendidos con sus vistosos quites de capa pero el toreo fundamental como es la verónica, no se le ha visto en Santander. Lo de las banderillas es algo inusual en un matador que se precie ser figura del toreo. Los pares los prende siempre por el pitón derecho, a toro pasado, con todas las ventajas del mundo, aplicando la triquiñuela del adorno, con lo que motiva la exaltación de un público poco curtido en lides taurinas. Con la muleta nunca sentó las zapatillas, siendo arrollado, tropezado y desarmado por ambos pitones, sobre todo al natural. El Juli llenó la plaza. Sus seguidores le aplaudieron, pero dejó claro en este su paso por la Feria de Santiago después de dos actuaciones, que el toreo de El Juli es como las estufas de antes, que calientan pero no queman.

ABC. José Luis SUÁREZ-GUANES. Víctor Puerto, valiente y esforzado, salvó una tarde sin historia

Santander sigue en ebullición ferial. Coloquios, actos culturales- taurinos —tales como la presentación de la tertulia José María de Cossío— y exposiciones de pintura, como la de Jacaranda Albaicín, hija de la gran bailaora María y nieta de aquel Rafael Albaicín, que compartió tantas tardes de toros con Cagancho y Gitanillo de Triana. Muchos aficionados de Madrid, de Burgos, de Bilbao, de Salamanca, de Asturias. 

El primer toro de Montalvo flojeó y se paró tras los iniciales trances capoteros de Enrique Ponce. El torero de Chiva tuvo perfecta percepción al cambiar el tercio y, de este modo, el astado se recuperó y llegó con bien a la muleta. Ponce estuvo con la facilidad acostumbrada y con mucha mayor hondura de la que últimamente le solemos ver. Del conjunto sobresalieron unos galanos naturales, realmente acabados. Pudo haber trofeo, si llega a acertar a la primera.

En el cuarto, noblote pero soso, Ponce puso mucha voluntad. Gris con la capa, toreó con suavidad en los inicios y cuajó muletazos buenos con la derecha, en dos etapas diferentes de la faena. No se acopló igual con la izquierda y el conjunto se difuminó.

No asentó los pies Víctor Puerto al veroniquear a su primero. Predominó la electricidad. Con la muleta tropezó con un enemigo que se quedaba corto, con el que no se pudo acoplar con la mano derecha. A mitad del trasteo, el toro se paró. Puerto lo resolvió al permanecer en el sitio y sacarse al toro por delante con un péndulo no rematado. Dio paso a la espectacularidad de las giraldillas y a una serie con la derecha, con el reposo que no encontró en todo lo anterior.

No se le pueden negar las ganas en el quinto. Víctor lo intentó todo, lo que no quiere decir que le saliera. Ante un animal muy noble se lució con el percal en verónicas de rodillas, chicuelinas y un personalísimo recorte. La faena muleteril, valerosa y espectacular, estuvo llena de intermitencias. Pases buenos, especialmente con la derecha, y espacios muertos, como si pensara mucho entre pase y pase, pero siempre con un entusiasmo digno de resaltar. Sin el fallo a espadas hubiera cortado la oreja, porque el público estaba con él.

El Juli anduvo a tope en su primero con el capote: larga cambiada, verónicas, chicuelinas al paso y quite mixto de navarras, tafalleras y gaoneras. Tras un par trasero llegaron dos buenos, antes de una faena corajuda y desigual, brindada a la esposa del alcalde Piñeiro, que tuvo pasajes embarullados, especialmente con la derecha, y otros más asentados y firmes con la zurda, dentro de un cómputo final y regular.

Peleón y trabajador en el sexto, un toro manso, en el que anduvo desafortunado con el estoque, pues su enemigo no humillaba. A El Juli se le va la Feria en blanco. Esta tarde no ha sido la suya, pero yo recuerdo unos muletazos del otro día que no fueron tomados en cuenta por las protestas ocasionadas por el poco trapío de su antagonista.


El Mundo. Indalecio Sobrino. Otra decepción

Hay que reconocer a El Juli que desde su época de novillero descubrió a los compañeros algo por lo que los aficionados venían clamando hace muchos años: la variedad con el capote.

Una especie de reverdecimiento del tercio de quites. Bueno, el tercio de quites no hay quien lo reverdezca mientras los toros tomen una sola vara y los que en realidad quitan sean los subalternos, pero al menos se ha recuperado el regusto por la vistosidad en el toreo de capa.

Como confirmación de lo dicho, la muestra de Víctor Puerto ayer, que después de dos chicuelinas se echó el capote al hombro en actitud de embozado y después se lo sacó por la espalda en una especie de larga que terminó en revolera.

Variedad, divina palabra para la Fiesta. Claro que esto es la sal de la tauromaquia y un cocido sin sal no hay quien lo tome, pero sin tajadas es inexistente, y ayer en la quinta de feria hubo bastante sal pero poco chichi. Esta vez el encargado de la salazón fue el torero manchego. En sus dos ejemplares se aplicó en la realización de todo tipo de suertes. Largas cambiadas, verónicas de rodillas, chicuelinas, pases cambiados por la espalda, redondos de rodillas..., amén de la originalidad antes reseñada. Poco toreo fundamental, pero mucha brillantez en lo accesorio. Ni qué decir tiene que el público estaba en su bolsillo, aburrido ya de tanto fundamentalismo deslabazado, pero lo estropeó todo con los aceros. Un pinchazo hondo en el primero, otros dos pinchazos entrando con mucha fe y estocada final en el quinto, dieron al traste con la consecución de trofeos.

De lo demás poco tenemos que decir. Más mansedumbre, más vulgaridad y demasiado de lo de todas las tardes. La Feria ha entrado en barrena, en lo que a toros se refiere, y nos tememos que, como tantas tardes y en tantas ferias, tengamos que esperar a la corrida de Victorino para redimirnos.

La corrida de Montalvo, desigual de presentación, se salió suelta de los encuentros con los caballos. Algunos se medio dejaron en la muleta, pero todos carentes de la menor emoción.

Ponce con dos toros muy sosos hizo faenas largas, muy en la línea conocida de la casa, pero sin llegar al graderío. Muletazos templados pero distanciados que no supieron poner la emoción que la languidez de las embestidas requerían. Mal con los aceros, recibió ovaciones por su distanciada perseverancia.

No parece estar El Juli en su mejor momento. Lo más destacado de su labor fue un indefinido quite compuesto de diversos lances. Desigual y vulgarón en banderillas. Faena de muchos enganchones en su primero (y en el otro, que se quedaba muy corto) lo único que sí pudo hacer es matarlo bien y no a pellizcos. Hoy se cerraba para él la feria y no ha conseguido, como en otras ocasiones, ni poner el «No hay billetes» ni cruzar la puerta grande.

Una vez más, decepción generalizada.

 

 

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