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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE SANTANDER
Tarde del martes, 25 de julio del 2000
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de
Garcigrande, 1º y 2º inválidos; 3º, 5º y 6º mansos; 4º noble.
Diestros:
-
Joselito,
estocada desprendida y trasera (saludos tras ovación); pinchazo,
estocada (oreja). Mató el 3º por cogida de Rueda.
-
José
Tomás, pinchazo, media trasera, dos descabellos -aviso- (división);
media tendida (silencio). El 6º que mató en sustitución de Rueda,
estocada trasera (palmas).
-
Diego Rueda.
Incidencias: Ingresó
en la enfermería el diestro Diego Rueda con un puntazo en el gemelo izquierdo.
Entrada: casi lleno.
Crónicas de la prensa:
El País, ABC,
El Mundo
El País.
TOMÁS BLANCO. De profesión, veedor
Toda las empresas, en este caso los asesores taurinos contratados para la
plaza de toros de Santander, cuentan con un personaje en la sombra, el veedor de
toros. Es sin duda este personaje de los asesores de la plaza un lince. No le
bastó con traer un saldo de Alcurrucén, una impresentable corrida de El Pilar,
para que ayer nos trajera seis bueyes de Garcigrande.
En todas las ganaderías existen toros de mayor o menor nota, de mayor o
menor presencia. Yendo con tiempo para reseñarlos, y me consta que en Santander
se hace con el tiempo debido, debiera de saltar al ruedo algo digno de una plaza
y de una afición centenaria. Claro que igual toda la culpa no es del veedor
porque las figuras tienen un contraveedor que seguramente será el que al final
arregle todo a gusto de la figura que representa y los demás a callar.
Con este material y la plaza casi llena el público y los aficionados
tuvieron que soportar una soporífera tarde de bueyes.
Diego Rueda es un torero de la tierra que torea muy poco, más bien nada.
Cada vez que el hombre se viste de luces es como si reapareciera. Toreando tan
poquito los dineros son escasos. Hizo el esfuerzo de contratar a El Chano para
la brega, lo cual fue un acierto importante, pero descuidó la contratación de
los dos banderilleros que faltaban para completar la cuadrilla. Éstos por su
aspecto físico, uno tan grande y tan gordo y el otro tan bajito y delgado hizo
que la siempre aguda visión del público les comparara con el conocido dúo de
humoristas los Sacapuntas. Esta situación tragicómica se produce en el tercio
de banderillas y en el que los actuantes referidos salen premeditadamente a
poner las banderillas de una en una, que es como se hacen. A lo que hay que unir
gestos de terror, carreras con los consiguientes saltos al olivo. Todo esto dejó
más que avisado al toro para el tercio final.
La necesidad, madre del atrevimiento, junto a la falta de oficio, hizo que
Diego Rueda pisara una raya desconocida para él. Al cambiarse la muleta a la
mano izquierda fue enganchado y lanzado al aire, y en el suelo recibió cuatro
gañafones y librándose milagrosamente de un percance mucho más grave. El toro
Cantaor que así se llamaba el causante de la cogida fue muerto por
Joselito.
Joselito fue recibido con respeto a pesar de la bronca de ayer. Su primer
animal, un toro noble pero inválido, sirvió para la reconciliación con el público,
incluso se le vio humano a la hora de brindar a los componentes más bajitos del
espectáculo de El bombero torero. Su trasteo inicial y las series que
siguieron tenían la importancia de lo que puede ser un entrenamiento en un
tentadero. Pero ya se sabe, que como aquello ni mocha ni muerde, se puso pesado
y terminó aburriendo. Iba a ser en su segundo el reencuentro con la afición,
contando para ello con el toro más potable de la tarde. Brindó al público. Su
faena de menos a más fundamentada mayormente en la mano derecha fue del agrado
del respetable, aunque para el aficionado quedó a falta de sitio y mano
izquierda. Entró a matar señalando un pinchazo, que lo sintió más el público
que el espada. Algunos aficionados se echaron a temblar. Lo de Joselito era de
vuelta al ruedo. Pero claro, es que en esta plaza no se sabe quién dirige la tómbola
de los trofeos. Terminó de un cañonazo en buen sitio, pero sin marcar ningún
tiempo. José Tomás haría bien en volver a su plaza de Madrid, y al resto de
primera, donde la responsabilidad está más presente.
Esta ausencia voluntaria, por los motivos que sean del diestro de Galapagar
está haciendo que coja los modos, maneras y modales de los pegapases. Al menos,
es lo que ofreció esta tarde. Bien es cierto que le tocó el peor lote. Valor
demostró, pero todo lo que intentó lo hizo sin pisar el sitio al que nos tenía
acostumbrados. Apático, quizá cabreado con su mala suerte. Menos mal que como
en esta feria repiten las figuras tiene una nueva oportunidad.
ABC.
José Luis SUÁREZ-GUANES. Cogida de Diego Rueda y
reencuentro, al final, con un ilusionado Joselito
Al llegar a la plaza me dicen que la corrida de Bañuelos anunciada para hoy
ha sido desechada y que en su lugar vendrá un encierro de Montalvo.
El festejo quedó en un mano a mano, después de que Diego Rueda resultase
cogido de forma espectacular por el tercero de la tarde. El santanderino tuvo
detalles aislados con capote y muleta, pero le vencieron los nervios de la
responsabilidad, el estar poco toreado y tropezar con la dificultad del toro,
que fue muy mal lidiado en banderillas. Rueda sufrió «una herida en la cara
interna de la pantorrilla y varetazo en el muslo derecho, de pronóstico leve.
Fue trasladado a la clínica Mompía, donde hoy será operado».
Joselito, que mató con brevedad al toro que cogió al diestro cántabro,
anduvo con más ánimo que la tarde anterior. Cumplió al veroniquear a su
primero. Llevó la res al caballo por chicuelinas itinerantes y se lució en un
original quite. Su rival tenía poca fuerza, circunstancia que influyó a la
hora de juzgarlo el público. La primera parte de la faena resultó
voluntariosa, pero, a su mitad, el diestro toreó francamente bien con la
izquierda, con una respuesta glacial del gentío. Sólo al final reaccionó,
cuando José pegó un espadazo.
Por fin se justificó en el quinto, un toro con calidad, lo que no tuvieron
sus hermanos. Bien al veroniquear y mejor en unas chicuelinas rematadas con
airosas serpentinas. Empezó el trasteo sentado en el estribo para luego
proseguir con perfectos doblones y desarrollar todo el toreo fundamental con
lentitud, temple y rematando abajo. Mejor con la derecha que con la izquierda,
sin desdeñar el manejo de ésta en una de las tandas. Mató al segundo envite y
se le concedió una legítima oreja.
No le sobraban las fuerzas al primero de José Tomás, quien no pudo estar
con el percal con su ritmo habitual. Con la muleta todo lo hizo el torero, pues
su rival se rajó enseguida. José Tomás toreó con más suavidad y dulzor que
con la profundidad de sus tardes mágicas. Más lineal que antaño, pero siempre
torero, aunque a veces abusó del ahogo.
Al quedar la corrida en mano a mano se alteró el orden de la lidia, y el que
iba para quinto salió en cuarto turno. Huido y manso buscó siempre los
chiqueros, y José Tomás se limitó a cumplir con dignidad y a matarlo con
prontitud. El sexto, también manso y sin muchas fuerzas, embestía defendiéndose
y, además, entraba andando. El de Galapagar, poco a poco, lo fue metiendo en
vereda. Con eficacia y disposición, pero sin brillantez. Otra vez será.
El Mundo.
Indalecio Sobrino. Joselito
apuntó en la tarde
Esto no tiene arreglo. Nuevamente hemos tenido que soportar una descastada
corrida, ahora de Garcigrande: sosa y también justísima de presentación. Un
panorama desolador que, lamentablemente, algunas veces se encubre tras la sangre
de ciertos toreros. El percance, afortunadamente sin mayor gravedad, se produjo
cuando el torero local Diego Rueda pasaba de muleta por el pitón izquierdo al
tercer toro de la tarde, que ya había manifestado problemas de visión. No
sabemos si tal como están las cosas este tributo le servirá de algo, pero es
de justicia destacar que los muletazos previos a la cogida fueron los mejores de
la tarde, así como unas magníficas verónicas echando el capote hacia adelante
y llevando muy embelesado al toro en el quite correspondiente.
De la corrida sólo se ha salvado el quinto astado, que llegó a la muleta de
Joselito dejándose, que dice el argot. El toro tomó una sola vara saliéndose
suelto, Joselito se lució en un quite por chicuelinas muy ovacionado y vio
enseguida que el toro le iba a permitir estar a gusto con la muleta. La faena
tuvo sus altibajos, aunque predominando los muletazos de buen corte. Un pinchazo
y estocada desprendida dieron paso a la concesión de un trofeo.
El resto del festejo tiene muy poca historia. Quedó en un mano a mano por el
percance referido. El primer toro era un inválido en el que Joselito tuvo que
hacer labores de enfermero.
José Tomás tuvo su tarde triste. Este torero, como la corrida salga sosita,
él se pone rápidamente al compás que marca el toro y la cosa resulta
francamente tediosa.
En el segundo toro hay que reconocerle algunos muletazos templados, pero como
al bovino le costaba un mundo decidirse aquello se hacía eterno, tan eterno que
al primer pinchazo recibió un recado presidencial.
El cuarto no quería saber nada que no pasara por irse por donde había
venido. Rajado casi desde que salió de toriles, la faena fue un duelo de
voluntades contrapuestas, prevaleciendo lógicamente la del toro que, en algunos
casos, es el más bruto. Como final del festejo salió un colorao caribello, que
de bello no tenía nada. También manso a rabiar y al que hubo que picar entre
huidas. Bien El Chano con los palos y José Tomás se aplicó a la labor
imposible de hacer que aquello embistiera, lógicamente sin conseguirlo.
El cartel de hoy.- Toros de Montalvo (en sustitución de las reses del hierro
de Bañuelos) para los diestros Enrique Ponce, Víctor Puerto y El Juli.
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