GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE SANTANDER
Tarde del lunes, 24 de julio del 2000
Corrida de toros
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería: Toros de El Pilar, sin trapío. 3º y 6º, con problemas; resto, manejables.

Diestros:

  • Joselito, estocada caída (saludos); delantera y caída (silencio).

  • El Juli, dos pinchazos y estocada (aplausos); bajonazo y división de opiniones. 

  • Francisco Marco, un pinchazo, media estocada; un descabello (saludos); bajonazo (palmas). 

Entrada: casi lleno.

Crónicas de la prensa: El País, ABC, El Mundo


El País. TOMÁS BLANCO.  El portón de la pena

Lo que hasta hace poco se conocía como el portón de los sustos y era el primer mal trago del torero se está convirtiendo, de un tiempo acá, en el portón de la pena. Ciertamente da pena ver lo que salta al ruedo cuando torean las figuras. Figuras hoy convertidas en sociedades anónimas y que hacen suya la máxima de la banca; a más dinero, menos riesgo. El encierro de El Pilar, sin trapío, sin raza, sin casta, sin clase, es todo un ejemplo del mal que sacude a la fiesta. Responsables: las figuras, por exigirlos, y los empresarios, por admitirlo.

El defensor del aficionado taurino, el presidente, sobra, porque no defiende nada, admite todo, y a los veterinarios no estaría mal que les mandaran el sueldo a casa, y así se evitan asistir a los reconocimientos.

Estas corridas, y para dar alguna ventaja al toro, debieran picarse en ponis, y no las moles de los jamelgos que están autorizados para corridas serias. Y asesorar a los señores del castoreño que arrasan con todo sin acierto a la hora de colocar la puya, sin medida a la hora de medir el castigo.

Joselito se fue del toro porque estaba perdido. Ha vuelto, pero sigue sin encontrarse; por no encontrar, no encontró ni la distancia, ni el temple, ni el mando. Parecía intentarlo, dando la impresión de no saber ni lo que quería ni lo que hacía. Y todo esto con el ruiseñor que le tocó como primero. En el segundo de su lote se reencontró, pero con la apatía y el mal humor. Cierto es que este pobre animal tenía algún problema, pero prácticamente no lo quiso ver ni de salida. Para colmo, unas leves protestas hicieron que Joselito cerrara la faena con el portazo de la intransigencia, yéndose a por la espada.

Adornos

El Juli, el niño precoz que dicen que conoce todos los saberes de la lidia, también conoce lo que le gusta al público, y se lo da: variedad, vistosidad, alegría, movilidad, pero torear, lo que se dice torear, de eso muy poco. De hecho, las mayores ovaciones se las lleva con los adornos finales de la serie. Con ese poquito, la gente, que no el aficionado, queda enderezada. A nada que entierre la espada, no importando el sitio, el éxito está asegurado. El Juli agrada, pero no emociona. Esto pasó en su primero, sólo que hubo dos pinchazos antes de una entera. La bronca que se montó con la aparición del quinto de la tarde, último de su lote, un alevín de toro, quiso tornar el enfado en aplausos; incluso su toreo gozó de unos momentos de hondura, pero nada tenía importancia: aquello era un torito de festival, al que despachó de indigno espadazo.

Francisco Marco venía a por todas. Su triunfo en Pamplona le hacía albergar esperanzas de que otro éxito le apuntaría al circuito de los elegidos. No le fallaron los nervios, le hundió la cuadrilla. Su lote fue el peor, acentuándose los problemas por el desastre de la lidia de sus hombres, tanto de a pie como a caballo. Ni siquiera en esos momentos de desconcierto pudo esperar el joven espada una ayuda del director de lidia, que, escondido tras el capote, parecía sumido en los pensamientos de su reencuentro. En su haber el valor de la necesidad, lo intentó todo, pero la diosa Fortuna no estaba con él; quizá fue porque al brindar al público su primer toro, la montera, caso curioso, no cayó ni para abajo ni para arriba, sino de costado. Su cruz sigue siendo la espada.

Esperemos que lo de esta tarde haya sido la excepción que confirma la regla, y por el portón de la pena salga el toro de una feria que se quiere denominar "del norte", porque, de no ser así, será la desilusión de los aficionados de esta tierra y la feria será una más de las del norte, no el titular que se la da a bombo y platillo.


ABC. José Luis SUÁREZ-GUANES. Destacó El Juli con una faena de enjundia, que no le fue reconocida

Después de la tempestad llegó la calma de una tarde cálida, con un leve brote de nordeste, cuando las cuadrillas hicieron el paseíllo. En los pasillos se especula con la casi segura presencia de El Zotoculo como sustituto de Liria, la tarde de los victorinos.

Joselito, primer espada de la terna, reapareció en Santander tras su temporada de descanso. En este coso de Cuatro Caminos dejó una faena para el recuerdo hace siete años. Ganó terreno en las verónicas iniciales, sólo aceptables, rematadas con conseguida media y se limitó a apuntar al repetir el mismo lance, en el quite de turno. Faena voluntariosa y mecánica por los dos lados —destacaron tres naturales—, con algún adorno logrado y el desaire de un desarme. Mató con su habitual desenvoltura.

El cuarto no daba mucha opción, y Joselito, tras probarlo, decidió tirar por los caminos del aliño y desprenderse de él con prontitud, cosa que no agradó al público.

El Juli se encontró con un toro que tuvo celo en los dos primeros tercios. Incluso se fue para arriba en algunos momentos de la faena. Formó un verdadero alboroto en un inspirado quite por caleserinas, así como a la hora de parear. No mantuvo con la muleta el ritmo de capote y banderillas. El joven diestro intercaló momentos logrados, como los pases por bajo iniciales y tres naturales, en los que sometió a la res de verdad. Hubo un momento en el que el toro se paró y Julián López se quedó impávido hasta conseguir darle el muletazo correspondiente. Se sucedieron intermitentes los pases acabados con los enganchados, los unipases con los ligados —que vinieron al final—, pero la espada echó a perder del todo el voluntarioso e irregular trasteo.

El quinto —445 kilos— fue protestado por su poco trapío. El Juli no hizo nada con el percal y no quiso banderillear. Con la muleta cambiaron las tornas, y con la mano muy baja, como es su norma, toreó francamente bien con ambas, especialmente con la izquierda, con la que existió hondura, profundidad y sometimiento. Pero alargó su labor, colocó la espada en los sótanos y se diluyó lo logrado. No hubo casi pronunciamiento.

Me sorprendió Francisco Marco con un excelente toreo de capa al tercero, que no pudo repetir con la flámula por tropezar con un rival que se quedaba corto por un lado y se colaba por el otro. No pasó de voluntarioso en el que cerró plaza.


El Mundo. Indalecio Sobrino. Espectáculo lamentable

Tras las aguas torrenciales de ayer, que dieron al traste con la corrida de rejones, hoy el sol lucía en todo su esplendor y el gentío se acercó a la plaza con la euforia del buen tiempo y el tirón del cartel. La reaparición de Joselito, con muchos seguidores por estas tierras, el atractivo que aún mantiene El Juli y las esperanzas de ver triunfar al torero navarro eran elementos suficientes para que la gente se las deseara muy felices.

Pero hay un factor fundamental en la fiesta que el público no suele tener en cuenta a la hora de consultar los carteles: y es el toro, que es justamente lo que ayer faltó en Santander. Corrida muy mal presentada, siendo protestadísimo el quinto, un novillo vergonzoso.

Es difícil escribir algo sobre esta corrida que no sea una crónica del escándalo y la desvergüenza que supone maltratar a una afición que año tras año se ha ido consolidando y que hoy se ha visto defraudada por la lamentable y torpe actitud de estos taurinos. Hablar de que tal o cual torero ha estado digno, no tiene sentido porque hoy la indignidad ha cubierto a todo el toreo actual que lenta pero inexorablemente está echando al aficionado de las plazas.

Muchos espectadores han comprendido por qué Joselito está ausente de las grandes ferias, viéndole en esta pantomima. Sus dos toros sosos y descastados, de calamocheante embestida el primero y quedándose muy corto el segundo, no se prestaron a la práctica de ese de toreo que justifica el despropósito de ayer. Fue despedido con una sonora pitada.

El Juli esta vez no consiguió tampoco levantar la tarde. El segundo se quedaba corto y el quinto fue el del escándalo. Un novillo cuyo peso excedía en apenas 10 kilos el reglamentario. Aunque curiosamente fue el de más clara y larga embestida, fundamentalmente por el pitón izquierdo, pero a pesar de que el torero se hartó de darle pases la ausencia de emoción hacía la empresa imposible. Para colmo dejó una estocada caída.

El de más presencia le correspondió en sexto lugar a Francisco Marco, animoso pero con un lote cuya sosería y cortedad de embestidas le puso todo cuesta arriba.

El público salió indignado, claro. Mañana muchos volverán, pero cuidado, que tanto va el cántaro a la fuente...

 

 

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