|
|
|
Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE SANTANDER
Tarde del sábado, 22 de julio del 2000
Corrida de toros
Crónicas de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Alcurrucén,
flojos y sin presencia alguna. 1º nobilísimo. El resto, mansos a
distinta escala.
Diestros:
-
Manuel Caballero,
dos pinchazos y estocada tendida trasera (ovación y saludos);
estocada (oreja).
-
Rivera
Ordóñez, tres pinchazos y bajonazo (pitos); bajonazo trasero
escandaloso (pitos).
-
Morante de la Puebla,
bajonazo (silencio); media estocada (silencio).
Entrada: casi lleno.
Tiempo: calor
Crónicas de la prensa:
ABC, El Mundo, El País.
El País.
TOMÁS BLANCO. ¡Que cante Julio!
Arrastrado el tercer toro, y ya con España clasificada para la final de la
Copa Davis, accedió a una barrera del uno Julio Iglesias. La popular, ávida de
los colores rosa, reconoció y aplaudió a rabiar al afamado intérprete y le
solicitó que cantara. Julio sonrió, pero no cantó.
El que cantó, y cómo, fue el saldo de Alcurrucén. Ya se sabe que entre los
saldos siempre hay una ganga, que fue el primer toro de la tarde. A pesar de su
falta de presencia y fuerzas resultó ser un bombón de esos de carril, que más
que nobles son dóciles, y que cuando se apagan dan ganas de meterles 20 duros
para que duren un poco más. Este bombón, que precisa de templanza, hondura y
duende para lucirle, no las tiene Caballero. Tendrá otras, pero éstas no. Así
que dio un recital de pases sin ton ni son. Mató mal. La gente aplaudió al
toro y al torero para no hacerle de menos. En cambio a su segundo, un manso sin
exagerar, lo sobó porfión por ambos pitones, para construir una faena de menos
a más que tuvo en las últimas cuatro series, dos por cada mano, la vibración
necesaria.
Mató bien y se le concedió una oreja merecida y de conformidad de los
aficionados. El presidente aguantó estoicamente una bronca por no conceder la
segunda. El jaleo duró lo suyo. Las mulillas de arrastre tardaron un mundo en
salir. Seguro que los mulilleros estarían en alguna reivindicación salarial,
porque si no, no tiene explicación.
A Rivera Ordóñez le tocó un manso de esos que van a arreones. Cuando esto
pasa, las cuadrillas empiezan a correr, los banderilleros por delante y el
matador por detrás, como si quisieran conseguir la mínima para ir a Sidney.
Para colmo, en el trasteo le rozó el animal la taleguilla a Rivera y ahí se
acabó todo. En su segundo, un toro dulzón, Rivera dio un sainete de lo que es
torear despegado, tanto que parecía que lo estaba haciendo por Internet, por lo
de la distancia.
Morante de la Puebla no pasa por su mejor momento. En su primero entendió
perfectamente que el pitón bueno era el izquierdo. Con la muleta en la mano,
empezó por naturales, no encontrando en ningún momento ni el sitio ni la
distancia. Terminó aburriendo. En el sexto, el toro más soso del encierro, lo
intentó, también al natural, pero las cosas no le rodaron, cortó la faena y
acabó con media estocada en buen sitio.
El Mundo.
INDALECIO SOBRINO. Primera en tarde gris
La aparición en la plaza, a la muerte del tercer toro, del cantante Julio
Iglesias fue el momento de mayor emoción para muchos. Y la verdad es que la
corrida de Alcurrucén dio pocos motivos para emocionarse. El primer toro no era
para tirar cohetes, pero al menos tuvo la virtud de llegar a la muleta de
Caballero con un excelente son para practicar el toreo. Noble y con largo
recorrido, permitió al torero hacer con ambas manos, con plausible pulcritud,
aunque un poco carente de argumento. Lo malo vino con la espada. Dos pinchazos y
una estocada contraria enfriaron el ambiente y dejaron todo en una gran ovación.
La cosa tuvo mayor interés en el cuarto, un colorao que derribó
espectacularmente al caballo. Muy bien en banderillas José Antonio Carretero.
El de Alcurrucén llegó a la muleta medio rajado y el torero de Albacete tuvo
la gran virtud de meterlo en el engaño consintiéndolo mucho e, incluso, le sacó
una serie zurda con cierta vibración.
Llegó de lleno a los tendidos con un circular invertido pero ahí el animal
se rajó definitivamente. Una estocada caída y tendida acabó con la función,
y el torero consiguió la única oreja de la tarde.
El segundo fue un toro raro. Pero ni en éste ni en el quinto, que fue un
buen toro para la muleta, logró acoplarse Rivera, que practicó un toreo
distanciado y fue despedido con muchos pitos.
Morante de la Puebla, que era la gran esperanza, transmitió cierta
fragilidad. No le tocó un buen lote, por lo que su mayor virtud fue la de no
aburrir.
Las ovaciones últimas fueron para Caballero y, con sorna, el público salió
optimista de la plaza porque España triunfaba en la Copa Davis.
ABC. José
Luis SUÁREZ-GUANES. Madrid. Caballero
ratifica su recuperación
La Feria de Santander empezó con una buena actuación de Manuel Caballero
que, de haber acertado con la espada en su primero, habría salido con toda
justicia por la puerta grande. Veroniqueó con buen tono al toro que abrió
plaza. Con la muleta supo medir su falta de fuerzas y lucir las buenas dotes del
astado. Inició su hacer con unos entonados pases por alto y prosiguió toreando
con ambas manos en derechazos y naturales en los que sacó a relucir sus mejores
cualidades toreras. Estuvo mejor con la izquierda en dos tandas en las que
encontró el engranaje, la despaciosidad, el donaire y la torería. El final de
la faena resultó armónico y pictórico, con muletazos a pies juntos que
llegaron al público. Fue una pena que tan excelente actuación no la coronase
con la espada. Caballero estuvo mucho mejor en este toro que en el siguiente, en
el que logró un apéndice.
La faena al cuarto, brindada a Julio Iglesias, la inició con unos derechazos
mandones, en los que embebió la embestida y así prosiguió con la zurda hasta
que en el último muletazo perdió la flámula. Volvió a encontrar la senda,
con la misma mano, con pases llenos de hondura y autenticidad, aunque
suministrados de uno en uno. Al final encontró la ligazón y dio paso a los
circulares y a las espectacularidades. Al matar a la primera, aunque el estoque
cayera trasero, se le concedió la oreja con una fuerte petición de la segunda.
Demostró volver a estar en forma.
Rivera Ordóñez no se aclimató con su primero, que tenía genio, y en el
que fue desarmado y a punto de ser alcanzado, cuando iniciaba su labor muleteril.
Intentó hacerse con su rival en unos pases por bajo, sin terminar de
conseguirlo del todo, por lo cual optó por desprenderse de él.
En el quinto —que resultó muy noble para la muleta— se dobló muy bien
en los comienzos de la faena. Toreó después con la derecha con despaciosidad y
limpieza, como hace mucho tiempo no se lo veíamos hacer. Prosiguió, del mismo
modo, en nueva serie hasta que un conato de pérdida de trapo interrumpió lo
positivo. La faena fue a menos con pases sin tanto reposo y más distanciados,
pero decayó bastante al final, especialmente cuando la estocada se fue a los sótanos
y, además, trasera. A pesar de todo debieron de reconocerle el esfuerzo.
Morante de la Puebla estuvo voluntarioso en sus dos toros, quizá los más
deslucidos, apuntando cosas y sin decir mucho.
|
|