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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE SANTANDER
Tarde del sábado, 26 de julio de 2003
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Hermanos García Jiménez,
complicados .
Diestros:
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa:
El País,
El Mundo, ABC
El País. TOMAS
BLANCO. Tauromaquia de la cañí
La función de ayer en la feria de Santander estaba calificada por el
aficionado como menor, de segunda división. Un receso, un descanso tras
tantas emociones vividas con toretes y figuras. Un respiro en espera del
último acto de la feria, la corrida torista.
También se beneficiaron del impás emocional manos y brazos
castigados de tanta ovación y pañuelo en ristre de los aplaudidores de
la clase A. Los aplaudidores tienen su status. Los del ortodoxo
sentimiento de lo estético y lo plástico de las figuras del mismo
material en estas galas dejan el protagonismo a la serie B. El público
de este epígrafe es el máximo exponente y defensor a ultranza de la
tauromaquia cañí.
Repartido el guión, el usía ordenó el inicio del espectáculo.
El descastado y blando encierro de los García Jiménez no precisaba
de la suerte de varas. Tal acto se realizó por puro formulismo. Los del
castoreño tenían que cobrar. A toreo cañí, morucho sin casta es lo
que le va. Otro fraude ganadero que sumar. Cuándo se enterarán los
responsables que solamente la seriedad del toro y el respeto de la afición
son los que ensalzan a una feria a la más alta categoría y
credibilidad.
Juan José Padilla resultó el más folclórico del cartel. Cinco
largas cambiadas recetó a su primero. Esto es lo que priva. Cómo se
puso la olla. Faena a base de garganta. Qué gritos le pegó al
descastado animal, bueno, gritos y trapazos. Volvió a las largas
cambiadas en su segundo. Tonto no es. Enganchado, desarmado y arrollado
pero simpático. Valiente de esa manera. Se dejó sin torear al más
potable del encierro. En vez de una multa le dieron una oreja. Menos mal
que el señor presidente estuvo en su sitio. Le pedían hasta el reloj
de la plaza. Feo gesto el del diestro al darse una segunda vuelta al
ruedo por su cuenta. Provocó las iras del público contra la
presidencia. Aparte de no torear pone banderillas. Con las denominadas
al violín monta la bomba.
Horas bajas
Víctor Puerto pasa por horas bajas. Perdido el torero desapareció la
cuadrilla. Desastre mayúsculo resultó la lidia dada a su primero.
Faena sin mando y sin conceptos. Lo intentó todo. El recurso del
encimismo le costó una voltereta espectacular que no le impidió seguir
la lidia.
Se sumó a las largas cambiadas en su segundo. Faena más entonada y
populista. Entre trapazo que va y trapazo que viene se le escaparon
algunos detalles de calidad.
Manuel Díaz, El Cordobés, rey de los olés sin sentimiento y
a destiempo, no estuvo a la altura de las circunstancias. Deslucido en
su primero, aprovechó las cercanías para jugar al aquí me coge aquí
no me pilla, para arrancar ovaciones. En esta ocasión su sonrisa no
sedujo tanto a sus juveniles admiradoras. En su segundo enemigo, no puso
ni ganas ni el salto de la rana. Se buscó la bronca. Al personal le
importa un pimiento si el torete de turno se presta o no se presta a tal
suerte. El salto de la rana se hace que para eso se paga. Y punto.
En esta ocasión la sinfónica de la plaza fue protestada por tocar
cuando no debía.
La feria, tal como está concebida para que el triunfalismo puntúe,
deja en manos del festejo de hoy con los victorinos Martín la única
ilusión que esperan los aficionados. Visto lo visto y si sucede tal
cual sueña la afición, habrán sobrado ocho festejos.
El Mundo. INDALECIO
SOBRINO. Tarde torera de Víctor Puerto
El tercer toro de los Hermanos García Jiménez, terciado, que salió
olisqueando las rayas de picar, llegó a la muleta quedándose muy corto
y tirando algún que otro guadañazo. Víctor Puerto brindó al público
y con firmeza y seriedad aguantó las tarascadas de la res centrándose
poco a poco en una faena de arrimón pero de gran mérito. Faena de
torero recio. Sufrió una voltereta espectacular de la que salió con un
fuerte palotazo en el cuello. Una pena que necesitara de un pinchazo y
estocada trasera para rematar, pues hubiera sido una de las orejas más
seriamente conseguidas de la feria.
Al sexto le realizó una larga faena cuajada de buenos muletazos
destacando una espléndida serie de naturales. Mal otra vez con los
aceros. Una tarde muy torera con un desafortunado remate.
Padilla recibió a sus dos toros de rodillas con largas y faroles a
granel. Por supuesto que banderilleó a sus dos oponentes, con moviola y
violín incluidos. A su segundo le colocó cuatro pares, pues el astado
con el ajetreo perdió los palos. Todo ello con aire muy deportivo
habiendo de destacar el cuarto par. Con la muleta el diálogo con los
tendidos de sol funcionó a la perfección, sobre todo en el quinto, un
toro bien armado y de muy colaboradora embestida. Faena eléctrica
rematada con un desplante franela al hombro y rodilla en tierra. El
resultado fue un pelín esperpéntico, la verdad. Estocada desprendida,
entusiasmo verbenero en los tendidos y la presidencia, que parece ser se
había tomado la cosa en serio, sólo concedió una oreja.
De El Cordobés nada que reseñar, salvo su nuevo look a lo Cañizares.
ABC. JOSÉ LUIS SUÁREZ-GUANES.
Padilla tuvo una actuación
espectacular, pero la faena de la tarde la hizo Puerto
La corrida se podía resumir con aquella
de frase de «los muertos que vos matáis gozan de buena salud», y es
que dos toreros que habían quedado desahuciados después de las ferias
de Sevilla y Madrid, como Juan José Padilla y Víctor Puerto, han
resurgido de sus viejas cenizas. El jerezano, en su estilo de crear
espectáculo, y el manchego, con un toreo hondo, profundo y de
sometimiento, han llegado con fuerza a la afición santanderina. Si
Padilla consumó la suerte suprema y pudo cristalizar el triunfo, no le
pasó lo mismo a Víctor Puerto, que fue avisado por partida doble en el
toro de su éxito, pero no fue óbice para que el público le
reconociese su estupendo hacer con una clamorosa ovación.
Los toros de Hermanos García Jiménez -de Matilla para los taurinos-
colaboraron en parte a este resurgir que no sabemos si será flor de un
día o volverán a reverdecer sus frutos.
Las dos faenas de Padilla tuvieron el punto común de crear espectáculo.
En su primero ejecutó nada menos que cuatro largas cambiadas. Después,
de pie, llegaron verónicas y chicuelinas itinerantes, aplaudidas con
fervor. Volvió a ser el Ciclón de Jerez con las banderillas,
especialmente en el par del violín. Faena genuflexa, de principios, con
el remate siempre pictórico del pase del desprecio. Predominaron más
las fases efectistas que las de buen toreo, pero llegó lo
suficientemente a la gente para que se pidiera con mucha fuerza el apéndice
conseguido. Otra vez se lució con largas en el cuarto y las verónicas
las ejecutó mirando al tendido. Un verdadero clamor popular fue el
quite por navarras. El entusiasmo del público llegó al máximo con su
habitual forma de banderillear. La faena, comenzada de rodillas, continuó
a buena altura con la derecha. Sufrió un aparatoso revolcón, a la
altura del pecho, y continuó a excelente ritmo, pero terminó por el
camino de las excentricidades. Se le pidió la segunda oreja con mucha
fuerza.
Puerto resultó cogido cuando terminaba su voluntariosa, larga y, sólo
al final, hilvanada faena. Pasó a la enfermería y salió para matar al
sexto, en el que se lució mucho con el capote. Toreó con la muleta con
mando, temple, largura, en algunos momentos de forma soberbia. En
resumen: un trasteo de altura, fallado con el descabello.
El Cordobés se mostró vulgar y monótono con un lote deslucido.
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