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Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE SANTANDER
Tarde del jueves, 24 de julio de 2003
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA
Ganadería: Toros de Torrealta,
bien presentados y desiguales de juego.
Diestros:
Entrada: lleno.
Crónicas de la prensa:
ABC, El País,
El Mundo
ABC.
JL SUAREZ GUANES. El Juli justifica su
puesto cimero
Faltaba un minuto para que
se cumpliesen las dos horas de duración de la corrida. El Juli salía
por la puerta grande de la plaza santanderina, después de haber cortado
cuatro orejas y haber hecho dos buenas faenas y una tercera que enardeció
al público asistente.
Fue recibido con una ovación, tras deshacerse las cuadrillas. Toreó
bien a su primero a la verónica y ejecutó a continuación unas
tafalleras. En esta ocasión pareó con poca fortuna -banderilleó en
todos los toros menos en el segundo y en el cuarto- y su faena inaugural
se tuvo que basar en el unipase, por la cortedad de su oponente. Al
final enjaretó unos buenos naturales e hizo uso del cañón de su
espada. Incomprensiblemente el público no reaccionó, quizá por la
sosería de su rival.
En el segundo arrancó con unas verónicas con media rodilla en
tierra y se le aplaudieron unas chicuelinas. Tras un buen empezar, se
diluyó como un azucarillo el prólogo por la cortedad de la res.
Una lidia completa en el tercero: emocionante larga cambiada,
genuflexa, buenas verónicas y unos faroles magníficos. Brillante con
los rehiletes, pero el último de los pares, muy rápido, fue más que
nada espectacular. La faena, prologada andándole al astado, tuvo la
virtud de que todos los pases fueron acabados, rematados atrás,
perfectamente ligados, en ese toreo en ocho que decía Luis Bollaín.
Mató estupendamente -tónica de casi todas sus labores- y los pasos en
sus otros toros empezaron a tomar otro rumbo, aunque hay que reconocer
que el público respondió muy bien, olvidándose de frialdades
anteriores.
Nada de particular en el cuarto, con el que se mostró porfión y
deslavazado. Fue con el único que no mató a la primera y en el que no
estuvo lucido con la espada.
A partir del quinto todo fueron plácemes. El público fue a más en
su entusiasmo, pero el torero, indudablemente, se mostró a gran altura.
Simplemente cumplió con el percal, pero la suerte de banderillas resultó
magnífica. Fuera de la manera corriente y moliente que muchas veces es
su norma. El trasteo consistió en una primera parte extraordinaria. Me
quedo con una segunda serie de derechazos y un final a modo en el que
destacaron con luz propia dos molinetes con la izquierda, realmente artísticos,
y un pase de pecho sensacional. Por el medio, un ligero bache al torear
al natural. Pero, al alcanzar un alto diapasón en los tramos postreros
y matar de lo más eficiente, le pidieron la segunda oreja con mucha
fuerza. El presidente sólo concedió una.
Lo del sexto fue un verdadero lío. Un manicomio: verónicas de buen
ver, magníficas chicuelinas y arrolladoras zapopinas. Superó todavía
el tercio de banderillas anterior. La faena, iniciada de hinojos y
continuada con un magistral cambio de mano, siguió a magnífico ritmo
con pases fundamentales y adornos de lo más pictóricos. En algunos
momentos estuvo en artista. Colosal también con la espada y, por eso,
llegó el desiderátum.
El País. TOMAS
BLANCO. Parodia taurina
Cuando el usía blandió el pañuelo que ordenaba el inicio del
festejo en la plaza no cabía un alfiler. En esta ocasión Julián López,
El Juli, único espada, no pasó por el trago de ver el cemento
vacío de la televisada de Roquetas de Mar. Un lleno hasta la bandera
para presenciar la puesta en escena del taurinista espectáculo "la
emoción perjudica seriamente la salud".
Una parodia de lo que es o fue una corrida de toros. Para tal gala se
escogieron seis anovillados toros, por encargo personal del artista. El
público en general nada sabía del bochornoso espectáculo que por la
mañana se vivió en el apartado. El público en general, según la
nueva función taurina, está para pasar por taquilla y pedir todo lo
que haga falta. La plaza pedirían si viniera el caso. Tan justa
presencia de trapío y fuerza del ganado estuvo a punto de tirar abajo
el tenderete. Hubo que esperar el milagro, que llegó a punto de caer el
telón. El sexto de la tarde. Hasta ese momento todo transcurría en la
mediocridad. Eso sí, aplaudida a rabiar. Por tercios El Juli fue
desgranando entre cansancio y desilusión. Pareció no estar en el coso.
El capote de El Juli fue muy celebrado por la concurrencia. Porta
gayolas, tafalleras, faroles, lopesinas y chicuelinas por doquier. La
fundamental suerte de la verónica fue obviada o mal ejecutada. Ni una
media que guardar en el disco duro de la memoria. La suerte de varas no
existió. Ayer los picadores estuvieron como los buenos árbitros,
pasaron desapercibidos. A minipuyazo por morrillo salió la cosa. Claro,
que el espectáculo no era para detectar la bravura de los animales,
sino para que se luciera el artista contratado.
Banderilleó primero, tercero, quinto y sexto en su habitual línea,
corretona y colorista que irradia triunfalismo a los tendidos, lo que
deja al personal caliente para lo que pueda pasar. Pares desajustados a
cabeza pasada, recortes y monerías fueron las sutilezas. Sus faenas de
muleta hasta la irrupción del que cerró el festejo transcurrían
anodinas, sin ángel, clónicas. Fácil y mandón, si se quiere sabio
pero tosco y vulgar, no encontró el momento de venirse arriba. Acertado
con las distancias jamás pisó el sitio, nunca cargó la suerte. Por
debajo de las condiciones del tercero y el quinto. A pesar de la mala
cara que tuvo la tarde no recurrió al encimismo y la galería. A cara y
cruz se jugó la tarde con el que cerró plaza. Lucido, agradable y
populista con el percal. Faena de menos a más basada al natural. Bajó
en esta ocasión el engaño. Ganó en estética pero careció de
hondura.
La espada fue su fuerte. Su concepto es la sorpresa. El Juli
sorprende y mata. A destacar la gran estocada del quinto, posiblemente
lo mejor de la tarde. Otra nota destacada fue la correcta dirección de
la lidia. Se encargó de todos y de todo. Mención especial para el señor
presidente del festejo que en esta ocasión y en el cumplimiento de su
obligación defendió la categoría de la plaza y la de su afición,
tanto en el apartado de la mañana como en el palco durante el festejo.
Los aficionados abandonaron el coso defraudados, esperaban que el gesto
de El Juli hubiera contado con la imprescindible presencia del toro.
Quieran o no los taurinos el toro es el que da y quita. Como el
aficionado es un santo, cualquier detalle le sirve para que su moral por
los suelos tras todo lo que llevamos de feria, se eleve lo suficiente,
al menos para aguantar el tirón de los festejos que quedan. Y no
esperar al último día para que los toros de Victorino Martín y sus
oponentes salven la tamporada. Amén.
El Mundo. INDALECIO
SOBRINO.
Tarde vulgar de El Juli, aunque salió a hombros
Vino El Califa, de blanco y oro, que es el color beatífico de la
inocencia, y acaso por eso el torero de Xátiva no es carne de las
revistas y los programas de la entrepierna. Vino El Califa, de primera
comunión, y a punto estuvo de acabar con el cuadro.Su primer toro acabó
medio rajado y El Califa, en algunas fases de la faena, no logró
superar el medio muletazo; pero se arrimó como un león desde las
vigorosas verónicas de recibo hasta la estocada con la que se tiró a
morir.
En otros momentos, El Califa volvió a dibujar, aunque fuera
fugazmente, el natural puro y ardiente que le ha hecho famoso: tan
ardiente y tan puro que el vestido blanco parecía tornarse rojo por la
intensidad. Yo creo que El Califa atacó demasiado a un samuel receloso
y reservón, que le exigió demasiado; que lo acojonó, en suma, con sus
desplantes y su «mirada del tigre». Esto de la mirada del tigre no es
cosa mía, se lo escribía alguien hace poco en algún sitio, me parece
que en Avance. Mas El Califa ni acabó con el cuadro ni nada. Le sacó
al manso sexto los muletazos con sacacorchos; y otra vez la «mirada del
tigre» (copyright Avance) y el corazón de León; y los desplantes de
rodillas y los innumerables descabellos.
Se demoraba Jesulín de Ubrique en salir a parar el toro y enseguida
se comprendió por qué: el samuel era feo; me explico a sabiendas de
que esto de la belleza de los toros es subjetiva y no está sujeta a
canon específico. Jesulín, desde hace mucho tiempo, está acostumbrado
al glamour de las revistas del corazón, a sus mujeres de rompe y rasga
y a sus amoríos de taberna; y aquel toro no era precisamente un sex-symbol.
Lo llevas a la tele tombolera y marciana, y no cuela. Aunque nunca se
sabe. Ahí, en los estercoleros, cabe todo; y cuanto más chabacano y
feo, mejor.
El samuel no tenía un pase, pero de eso no hay que echarle la culpa
a Jesulín. Que este hombre hiciera chacota del arte de torear cuando
estuvo en la cumbre, no es sólo culpa suya, sino de públicos zafios y
escribidores alquilones. Trata de regenerarse Jesulín, tras su regreso
a los ruedos y su travesía del desierto y los públicos desagradecidos,
no acaban de entenderlo. Y es una pena porque Jesulín de Ubrique trata
de ser serio en esta nueva etapa de su incierta vida; trata de hacerse
perdonar con la muleta sus peripecias y aventuras de braga y de
bragueta, el olor a sobaco y flujo de que impregnó sus lances
taurinos.Y a eso no hay derecho: una cosa son los trapos sucios y otra
cosa la muleta tersa y grande y cada cual, si quiere, tiene perfecto
derecho a cambiar de vida y lavar su imagen.
Por ejemplo, hubo redondos en el cuarto muy sentidos y muy templados
que, si nos olvidamos del tarambana que fue Jesulín, lo acreditan como
buen torero. Y una tanda de naturales, también. A Jesulín no sé si
van a dejarle cambiar de estilo, o sea, recuperar el que tuvo de
novillero. Pero dos series con la derecha, aunque no tuvieran un eco
estruendoso, merecen una confianza y un respeto.Tuvo que recurrir Jesulín
al parón espectacular, sin mover las zapatillas de la arena, y
encadenando media docena de pases por alto, para que el gentío se
calentara y le pidiera, moderadamente, la oreja.
Algo parecido, aunque de distinto signo, le ocurre a Rivera Ordóñez,
pasto también de las revistas de la víscera cardiaca y de la casquería
vaginal y testicular. Pero de eso, yo creo que él no tiene la culpa.
Entroncó con la nobleza pija y eso no es un baldón.Por encima del
pijerío y del cuché, y de las comadres bífidas y viscosas, Rivera Ordóñez
nunca ha olvidado el blasón glorioso de sus apellidos: Ordóñez, de la
estirpe del Niño de la Palma, y Rivera, de la sangre y la tragedia. No
lo olvidó en ninguno de sus dos toros ayer, quizá los más deslucidos
de la tarde, aunque no brillara ni por la derecha ni por la izquierda.
Rivera Ordóñez hace tiempo que lleva un crespón en el brazo en señal
de duelo. Parece que en recuerdo perenne de su abuelo, mas yo creo que
es luto por sí mismo.
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