GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE SANTANDER
Tarde del miércoles, 23 de julio de 2003
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Alcurrucén, nobles en general, escasos de fuerza y casta.

Diestros

Entrada: lleno.

Incidencias: Parte médico del banderillero Víctor García: herida en la parte interna del brazo derecho, con una trayectoria descendente desde la axila hacia el codo, paralela al hueso húmero, de diez centímetros de extensión. Interesa tejido celular subcutáneo y fibras del músculo biceps. Pronóstico reservado. Queda ingresado en el hospital de Valdecilla.

Crónicas de la prensa:  ABC, El País, El Mundo


ABC. JL SUAREZ GUANES.  Cogida del banderillero Víctor García y oreja regional para Francisco Marco

La nota más importantes del festejo fue la cogida del banderillero Víctor García con el tercer toro. Tras una voltereta de gran aparatosidad, sufrió una «cornada en la parte interna del brazo derecho, con una trayectoria descendente desde la axila hacia el codo de diez centímetros, de pronóstico reservado».

El triunfador de la tarde fue Francisco Marco, que se mostró dispuesto para alcanzar el triunfo. Eso no quiere decir que no tuviera el público a favor, porque, a pesar de ser estellés, se ha criado en la cántabra Santoña, famosa por sus conservas de salazones. Y ya que estamos con Marco digamos que se lució al veroniquear al tercero. Luego llevó con presteza el toro al caballo y volvió a brillar en unas chicuelinas. Su primera faena la empezó de rodillas y remató con un bonito pectoral. Manejó bien la franela a la hora de los derechazos y al emplear la zurda bajó su quehacer. Pero se adornó bien y sobrevino un trofeo benévolo.

Muy limpia le salió la portagayola al sexto. Volvió a bullir en quites, pero con la flámula no pudo hacer otra cosa que mantenerse torero sin perder nunca el sentido de la lidia. Su oponente se quedaba mucho y no había otra opción que matarlo, lo que hizo francamente bien. Dio la vuelta al ruedo con petición de oreja.

En orden de méritos siguió Caballero, que veroniqueó con bien a sus dos toros, especialmente al quinto. Los excelentes principios de su primer trabajo se diluyeron enseguida en un hacer tan sólo grisáceo. Mejor en el quinto, pero sin enfadarse. Pases bien concebidos, pero el conjunto total resultó mecánico. Se le ovacionó con fuerza.

El público se mostró frío con Jesulín, que empezó bien su faena inicial en dos rondas con la derecha. Posteriormente no pasó de fácil y correcto, y por esa facilidad, no acabó de llegar al público. Se silenció su labor. Tampoco hubo manifestaciones de ningún tipo en el cuarto en el que se limitó a cumplir con un toro de Alcurrucén -como todo el sexteto- que prometió mucho y terminó acabándose.


El País. TOMAS BLANCO. La necesidad pudo a lo rosa

Nuevo lleno en el coso santanderino. Los corrillos prefestejos lo asociaban a la presencia del más rosa del escalafón, Jesulín. El populismo colorista que antaño irradiaba el de Ubrique en los tendidos se ha quedado en aguas de borrajas. A Dios gracias.

La entrega de un torerito navarro que quiere ser algo en la profesión, si le dejan, le robó por méritos las ovaciones de la tarde. La necesidad en esta ocasión pudo con lo rosa.

Francisco Marco a la postre el triunfador de la tarde, tras un alegre y movido saludo capotero, dejó crudo en varas a su primero. Proporcionaría con ello emoción a su faena. A la buena presentación de los engaños le sucedieron suertes mal rematadas. La bisoñez por falta de rodaje reflejaba una muleta sin mando. El corazón, que no la cabeza, le dejó en varias ocasiones a merced de su enemigo. Entregó lo que tenía. Torero en algunos pasajes, perdido en otros. Pero quiso. Algunas veces pudo. En el que cerró festejo se estrelló ante la falta de fuerzas de su oponente.

Jesulín de Ubrique en el que abrió espectáculo ejerció de enfermero templado. Enfermero porque el borreguillo precisaba de mimos urgentes para no derrumbarse. Templado porque al más mínimo tirón se hubiera venido abajo. Para qué le hacen falta a la Fiesta toros si hay maestros enfermeros templados. En su segundo dejó entrever que ni queriendo calienta los tendidos. Pesado, aburrió. Escuchó protestas.

Manuel Caballero, en su primero, dejó vislumbrar una disposición que dio a entender que el sector se encontraba en huelga de celo. A él le debió corresponder los servicios mínimos. Se arrimó a la pala del pitón con su trasteo soso, vulgar y precavido. En el que fue su segundo y acabada la reclamación laboral, brindó a la concurrencia. Faena con más cuento que mérito. Las ventajas son cuentos.

El tostón de la tarde, como es habitual, fue magníficamente amenizado por la orquesta tocalotodo.


El Mundo. INDALECIO SOBRINO. Sosería y aburrimiento generalizado

Los taurinos suelen hablar con cierta frecuencia de los toros sin transmisión, pero el toreo es cosa de dos y el acto de transmitir implica una cierta voluntariedad por lo que creo se debiera hablar más bien de toreros con o sin emoción, o sea, toreros que tienen o no tienen nada que decir. Estos especímenes abundan mucho en la actual torería y para muestra los dos veteranos que ayer encabezaban el cartel.

El de Ubrique, en sus primeros tiempos, más que algo que decir parecía que tenía chistes que contar por el jolgorio con el que se coreaban sus actuaciones. Caballero era más serio y aportaba cosas más interesantes. Esta tarde tanto uno como otro fueron muy poco comunicativos para con el sufrido espectador. Los de Alcurrucén que le correspondieron a Jesulín no embestían con gran entusiasmo, pero iban y venían con cierta diligencia. La transmisión la tenía que poner el torero pero éste se afanó en interminables muletazos sin condimento.

Manuel Caballero estuvo en la misma línea, carente de contenido.Salvo unas buenas verónicas de recibo a su segundo, el resto fue un guiso sin sal. Francisco Marco sí tenía algo que transmitir por vía del entusiasmo. Con estas armas logró arrancarle una oreja al complicado toro de Alcurrucén que le correspondió en primer lugar, lesionado de una pata. En el sexto se fue a portagayola en aras del mencionado entusiasmo, pero al final se estrelló contra la sosería del animal.

 

 

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