GANADERÍAS DE
España

PLAZAS DE TOROS DE ESPAÑA

 

Corrida de abono
PLAZA DE TOROS DE SANTANDER
Tarde del martes, 22 de julio de 2003
Crónica de la prensa
FICHA TÉCNICA

Ganadería:  Toros de Daniel Ruiz, el cuarto como sobrero tras devolverse el primero y correr turno el matador, desiguales de presentación y juego. 

Diestros:

Entrada: lleno.

Crónicas de la prensa:  ABC, El País, El Mundo


ABC. JL SUAREZ GUANES.  Orejas burocráticas y sin excesivo peso para Joselito y Ponce

Nada más empezar el festejo, Joselito sufrió un traspié al abrirse de capa con el toro que inauguraba plaza. Como era un inválido -de Daniel Ruiz, como toda la corrida- fue devuelto a los corrales y José Miguel Arroyo ingresó en la enfermería, de donde salió para matar al segundo de la tarde. Se tuvo que correr turno y Ponce se enfrentó al primero bis, al que hizo una faena perfecta de técnica, llena de temple y con su magisterio habitual con las dos manos. Pero quizá por la poca transmisión de la res el buen trasteo no pudo pasar de lo que podríamos llamar pulcro. Como anduvo tan largo de metraje como de costumbre, llegó el aviso y la oreja mejor ganada de la tarde.

Dio algunos muletazos de buen porte en el quinto, pero la faena sonó a película ya vista. Había tardado en encontrar la senda, que perdió definitivamente al manejar la espada y dar un mitin con el descabello. Tras doce intentos con este arma, Ponce se hizo daño en una muñeca y Joselito remató a la res con tres intentos de verduguillo, cuando ya habían sonado dos avisos para el valenciano.

Joselito anduvo bien a su primer rival, pero enseguida su hacer se tornó intermitente y si lució algo con la derecha, estuvo muy apagado con la zurda. Su segunda faena tuvo momentos garbosos y galanos en la primera parte y en la última. Podemos destacar una serie con la derecha al empezar, además de un toreo accesorio francamente lucido. Pero por el medio hubo muchos pases cortitos de recorrido y un toreo despegado, aunque existiesen matices airosos.

César Jiménez no pudo hacer otra cosa que desprenderse con rapidez del inválido tercero. En el sexto -un sobrero de Montalvo- brilló con el capote, especialmente en unos faroles conseguidísimos. Empezó con sus característicos pases de rodilla y, tras una buena serie diestra, su trabajo se tornó mecánico, aunque mejoró mucho al final con bonitos adornos y algunos efectismos. La espada le privó de un posible trofeo, en tarde de buenas voluntades.


El País. TOMAS BLANCO. El descrédito del triunfalismo

A los fans de los toreros se les conoce en el mundillo como toreristas. Con tanto figurón del toreo como hay, los toreristas abundan.

Asistentes asiduos a coloquios, ágapes y homenajes coleccionan en la intimidad biografías-egos, revistas rosa-taurinas, fotografías con o sin dedicatoria de sus idolatrados. Ni imaginar se puede el gozo que experimentan el día que el maestro les saluda o les estrecha la mano. En la plaza los fans de los toreros lo perdonan todo, lo aplauden todo, lo piden todo. A los fans de los toreros les trae al pairo la materia prima de la Fiesta, el toro.

El encierro que el señor Yagüe presentó en Santander fue el fraude ganadero más importante de los últimos años. Anovillados, sin presencia, inválidos, nunca debieron saltar al coso santanderino. Una ofensa a la dignidad histórica de la plaza y su afición.

Joselito, lesionado al lancear a su primero, terminó la faena desconfiado y sin entregarse. En el segundo toreó como en el salón de su casa. Su oponente no existió. Con todo, tomó toda clase de precauciones.

Enrique Ponce, ya se ha dicho en más de una ocasión, que es más que un torero. Es torero y pico. Tirando de esto último, sobrado de técnica, conocimientos y gustos del respetable, volvió loco a la concurrencia con una faena interminable. Si toreara a ley, de arriba abajo, de adelante a atrás y ajustándose, la porquería ésa de toro no hubiera aguantado ni una serie, comentaban los aficionados. Fue volteado al entrar a matar. En su segundo, mermado de facultades, se justificó.

César Jiménez nada pudo hacer ante su inválido primero. En el que cerró festejo en vez de darle por torear, que está en la edad de ello, le dio por ponerse cañí. No era cuestión de molestar, debió pensar el muchacho. La tarde estaba cruzada; el ganado no solamente era indigno de una plaza y de una feria que se precia, también era indigno para que lo toreara cualquiera que se sienta torero. El presidente se hizo el orejas ante las protestas de la afición. Nunca debió dejar que esa corrida saltara al ruedo.


El Mundo. INDALECIO SOBRINO. Dos orejas en tarde accidentada

Espectáculo de máxima expectación de la Feria y por primera vez lleno absoluto en la plaza. El problema empezó cuando salió el primer toro, inválido ya de por sí pero que además un descoyuntamiento de la mano le dejó inservible permanente y para más inri y en el mismo lance el torero también se resintió del tobillo con lo que toro y torero tuvieron que retirarse cada uno por su lado.

Se corrió turno y salió el segundo para Ponce. Pobre de presencia, flojo y bondadoso. El valenciano es un todo terreno camaleónico por lo que se adapta a cualquier tipo de toro. Realizó una faena de acuerdo con las suavidades de la res, esteticista y académica.La emoción subió al sufrir una voltereta entrando a matar. Su segundo toro, también de pobre aspecto, era un cinqueño que al principio quería complicarle la vida.

Aquí el diestro sacó su faceta de torero técnico y acabó metiendo al toro en el canasto. Lo malo vino a la hora de matar. Evidentemente mermado en sus facultades por el percance en su primero. Aunque intentó descabellar con la mano izquierda, tuvo que recibir la lógica asistencia de Joselito con lo que pudimos contemplar la insólita imagen de dos figuras del toreo bandiendo muleta y verduguillo ante el mismo toro.

En tan accidentada tarde, Joselito, así mismo, sufría la merma en el tobillo y su primer toro en las cuatro extremidades. Sosería de toro y torero conjuntadas y aburrimiento general. En el cuarto el madrileño brindó al público dejando claros sus buenos propósitos, pero como suele ser últimamente habitual, la faena resultó intermitente aunque con la originalidad final de torear con la derecha sin la ayuda del estoque, idea no tan mala ante las querencias derechistas de los actuales diestros. Buena estocada para remate y una oreja, obsequio este, de la afición en recuerdo del Joselito de aquellas tardes de entonces.

A César Jiménez le había correspondido en primer lugar un inválido absoluto al que intentó hacer una faena imposible y que evidenció en el diestro una preocupante tendencia a la cursilería.

En sexto lugar apareció un manso de libro que sembró el desconcierto y ante tal desaguisado el presidente optó por devolver al astado sin que se nos alcance el motivo de su decisión que esperamos que no fuera por simple mansedumbre que evidenciaría una no deseable incompetencia.

 

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