La corrida de rejones terminó con la salida a hombros,de Pablo
Hermoso de Mendoza y Andy Cartagena. El primero se hizo con una oreja de
su primer enemigo y las dos -la segunda, un punto generosa- del otro
rival. Por su parte, Cartagena logró un trofeo de cada uno de sus
antagonistas. Si tenemos en cuenta las condiciones de los toros, tuvo más
mérito el hacer de Cartagena, ya que tropezó con dos de los tres
mansos y entablerados astados de Flores Tassara.
Hermoso vio cómo se le enhebraba el primer rejoncillo de la tarde.
Después clavó arriba y corrió muy bien al burel de costado. En el
otro cumplió en la línea previa, anduvo muy bien -al entrar de frente,
montado sobre «Chicuelo»- y mantuvo una buena tónica en el resto de
la faena. Eso no quiere decir que sobrara el segundo apéndice, pero el
público lo pidió con fuerza.
Cartagena cada vez va a más. Había que sacar a sus oponentes de sus
tendencias a las tablas y lo hizo con magisterio y precisión. En su
primero destacó sobre el castaño «Manili», al que llegó mucho, y en
su segundo dio un recital en los quiebros sobre «Quito».
Joao Moura no pudo hacer nada en el imposible primero y estuvo en su
línea de torería y maestría en el cuarto, perdiendo el trofeo por el
descabello. Silencio y ovación fue su balance.
El País. TOMAS
BLANCO. Los caballos, las estrellas
Otro público diferente al habitual de festejos de toreo, a pie, en
coso, puebla los tendidos, gradas y andanadas de las plazas cada tarde
que se anuncia un festejo del arte de rejoneo. Un público juvenil,
infantil y femenino en su gran mayoría. Hasta los aficionados puros al
arte de a pie suelen ceder gustosos sus boletos a familiares o amigos
para tales eventos. Tiene esta concurrencia algo en común con la
habitual. Son aplaudidores sin medida. Pero, ante todo y sobre todo, son
fieles. Ni siquiera la pertinaz y fina lluvia conocida en estos pagos
como calabobos con la que fueron castigados los pobladores de los
tendidos desde el comienzo del espectáculo fue óbice para que ni uno
solo de ellos se moviera de su sitio.
Parece ser que la ausencia de la suerte de varas en estos eventos es
la causa o circunstancia de tal juvenil y femenina presencia. Aquí, lo
único que hiere la sensibilidad de niños, jóvenes, señoritas y señoras,
es que el caballo tenga un percance. Al caballo, ni tocarlo. El caballo
es la estrella. El caballero, con ser importante, pasa a segundo término.
El caballero debe dedicarse a clavar rejones de castigo, banderillas y
rejones de muerte. Estas suertes, con ser aplaudidas distan mucho de las
que suenan cuando los caballos artistas hacen alguna cabriola, adorno,
desplante o ejercicio de doma. Pobre del jinete que se deje prender el
caballo. Se le cae el pelo. También se dedican los caballeros a jalear
los tendidos. No uno, sino todos. Con estos propios de los trapecistas
cuando terminan un número arriesgado y buscan el aplauso. Ayer no fue
la excepción. Andy Cartagena, en esto, es un fenómeno. Conocedor del
oficio y del público, bailó más que toreó. Atropellado, acelerado y
con demasiadas ventajas y triquiñuelas en sus dos actuaciones. Forzó
en demasía a sus cabalgaduras. Con el caballo llamado Esfuerzo cosechó
las más fuertes ovaciones.
Pablo Hermoso de Mendoza goza para el público de un caché superior
a los de su escalafón. Se le tiene mucho respeto. Aunque según sus
seguidores no es el mismo de anteriores campañas. La sobriedad, la
torería y el bien hacer sin demasiados ajustes fue su aportación para
solventar la papeleta que le presentaron sus dos oponentes. Magnífico
el rejón de muerte que recetó a su segundo. A destacar, la exalta doma
de los caballos que presentó.
João Maura resultó ser el más flojo de la terna o el menos
aplaudido. Desconfiado en el primero, tuvo que esperar al cuarto para
conseguir, con su caballo Belmonte, dejar pinceladas de la
tauromaquia que su gran experiencia atesora. Fue largamente ovacionado.